Con la crisis cambiaria por delante, ¿el Gobierno modificará el equipo o la táctica?

El análisis oficial y de los economistas sobre los protagonistas y las medidas bajo análisis para rever el clima de desconfianza; qué postura adoptaría el FMI si se planteara una decisión más drástica

Marcó del Pont, durante una reunión del gabinete económico
Marcó del Pont, durante una reunión del gabinete económico

Cuando un equipo va perdiendo un partido, el director técnico está obligado o a modificar el esquema táctico o a los jugadores. En política económica ocurre algo similar, pero las restricciones son mayores. En general, quienes toman decisiones prefieren esperar hasta último momento a ver si los salva un gol de milagro o si el equipo rival se equivoca, porque los gobiernos son extremadamente conservadores para cambiar.

¿Qué implica un desconcierto semejante en esta compleja coyuntura financiera y cambiaria? Por un lado, que el Gobierno no va a cambiar ministros o funcionarios de áreas sensibles bajo presión, como lo señaló una fuente de la Casa de Gobierno. No ha sido ni el estilo de Néstor Kirchner, ni de Cristina Kirchner y parece que Alberto Fernández tampoco se comportará en este sentido.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, juega con una ventaja: fue colocado por el presidente, pero logró convertirse en “un sobrino político” de la vicepresidenta, como comentan con cierto humor en Balcarce 50.

Entre el resto de los actores del gabinete económico ya hay un recelo propio de un equipo en el que los jugadores le pasan más la pelota a los contrarios que a los propios y en el que algunos funcionarios políticos miran con asombro la ascendencia intelectual que tiene la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, sobre otros. En particular, por su influencia sobre las desacertadas medidas que adoptó el Banco Central en torno de la deuda de las empresas, una secuela agravada de las decisiones que la misma funcionaria llevó adelante cuando dirigió la entidad monetaria en el segundo mandato de Cristina Kirchner, con los resultados ya conocidos. “Mercedes fue clave en este paquete”, reconocen en Gobierno.

Ante la pregunta de por qué no se tomó una medida puntual con las empresas que tenían los vencimientos más urgentes en lugar de disparar un cañón para todo el sector privado -detonando la efímera baja del riesgo país lograda después del canje de la deuda- la respuesta fue el silencio.

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En cualquier caso, si hay que mirar al banco de suplentes, como se señaló en Casa de Gobierno, uno de los jugadores sentados -que de hecho fue candidato antes del ingreso de Guzmán- que podría ingresar al campo de juego es Guillermo Nielsen, el actual titular de YPF que fue secretario de Finanzas con Néstor Kirchner y embajador ante Alemania con Cristina.

Por otra parte, está la cuestión del juego en sí mismo, más allá de quién lo instrumenta. Y allí el problema, según el diagnóstico oficial, es que el creciente cepo parece exitoso para asfixiar la compra de dólares, pero, a la vez, es un obstáculo para lograr que entren divisas para recomponer las reservas del Banco Central. “No hay confianza”, se lamentan en los despachos oficiales, como si se tratara de un problema ajeno a las decisiones que se toman.

Con el paquete de medidas que se preparan -la posible baja de algunas retenciones a las exportaciones, entre otras- se confía en que llegará ese gol salvador que revierta la derrota parcial, reflejada nítidamente en los últimos días en la constante salida de depósitos minoristas. “Pasamos de un promedio de 5 a 25 millones de dólares diarios”, comentaron en un banco importante, un diagnóstico que se repite en otras entidades líderes del mercado.

Para los economistas que tienen buen diálogo con el equipo económico, la salida es muy clara: oficializar el desdoblamiento cambiario, con algunas intervenciones puntuales en el mercado financiero para no repetir las malas experiencias del pasado en las que la inflación terminó en cuatro o cinco dígitos. Cuando a estos analistas se les recuerdan aquellos episodios traumáticos de fines de los 80, afirman que las circunstancias cambiaron y que, además, las alternativas son más negativas. La semana pasada, Guzmán negó que esa sea una posibilidad, pero aclaró que todo se analiza.

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“Los dólares que no estaban en los 80, hoy están; guardados, pero están. Deberían estabilizar el mercado permitiendo más operaciones en el mercado del MEP, evitando así perder más reservas”, señaló un economista que ya libró varias batallas duras desde la función pública.

Cuando la semana próxima llegue la primera misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) a Buenos Aires, posiblemente el menú de opciones cambiarias esté sobre la mesa.

El staff ya le hizo saber a algunas personas que de ningún modo va a proponer un desdoblamiento formal pero, si el Gobierno lo sugiere, preguntará cuáles son los parámetros para implementarlo y si se trataría de una medida transitoria, para no entrar en contradicción con los estatutos del organismo.

Si la respuesta fuera razonable, podrían aceptarlo, no porque sea una buena idea, sino porque todas las que se han puesto en práctica hasta ahora parecen haber sido ser peores.

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