Israel vuelve al confinamiento por el coronavirus: ¿hay un punto de contacto con la estrategia argentina y su impacto económico?

El economista argentino Esteban Klor explicó desde Jerusalén la estrategia con aciertos y errores del gobierno de Netanyahu y su impacto sobre el desempleo, las cuentas fiscales, el consumo privado, la inflación y las inversiones

El economista Esteban Klor explicó desde Israel las diferencias con la cuarentena argentina
El economista Esteban Klor explicó desde Israel las diferencias con la cuarentena argentina

Israel será desde el viernes el primer país de altos ingresos que ingresará en una segunda cuarentena estricta por la gran cantidad de contagios por coronavirus.

A raíz de este nuevo “lockdown” decidido por el gobierno de Benjamin Netanyahu, muchos en la Argentina comenzaron a comparar la situación de aquel país con el panorama local, pese a que en aquel caso la economía, salvo sectores puntuales, nunca dejó de funcionar, ni siquiera en el primer cierre, que fue muy estricto.

Y si bien se prevé que esta nueva cuarentena, que durará entre dos y tres semanas, genere una caída adicional a un PBI que ya tenía previsto un retroceso del 7%, las perspectivas de la economía real, de la moneda y de los activos financieros no han sido dañadas por la pandemia, según el economista argentino Esteban Klor.

Klor, un cordobés de 48 años que vive en Israel desde 1991, tiene un doctorado de la NYU y es profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalem. En diálogo con Infobae desde allí, afirmó que la inflación es un problema del pasado y que los acuerdos de paz que se confirmarán hoy en Washington con los Emiratos Árabes y Bahréin aumentarán las oportunidades comerciales.

—¿Cómo afectará a la economía israelí este segundo confinamiento?

—Somos el primer país desarrollado que entrará en una segunda cuarentena, en un momento en el que la gente no tiene tanta confianza en las medidas del gobierno. Creo que la cuarentena se desarrolla en medio de las fiestas de Año Nuevo y el Día del Perdón, porque así no afectará tanto el nivel de actividad. A diferencia de la primera cuarentena, la segunda incluirá más libertad para ir a trabajar en el sector privado y se podrá seguir haciendo deportes. A nivel económico, aunque hay posibilidades para seguir trabajando, los más damnificados serán las pymes y los autónomos. Ya hay 500 mil desocupados, un 15% de la población y algunos dicen que esta segunda cuarentena agregará otros 200 mil desocupados. Antes de marzo, el desempleo estaba en el 4%, pero subió al 25% enseguida en marzo y abril, luego bajó al 15% pero ahora se iría al 20%. Para contrarrestar este problema, el gobierno está otorgando seguros de desocupación muy generosos hasta junio de 2021, que equivalen al 70% del salario y así los desocupados no sufren tanto. Sin embargo, eso genera un problema fiscal, porque Israel tiene el déficit fiscal más alto de los países desarrollados, ya que pasó del 4 al 15 por ciento del PBI, en un contexto de inestabilidad política. De hecho, el último presupuesto aprobado es del 2018, así que se funciona sin presupuesto y el gobierno desembolsa este dinero en términos discrecionales sin control del parlamento ni de los funcionarios que estaban a cargo del tema en el Ministerio de Economía.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, decidió un segundo confinamiento
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, decidió un segundo confinamiento

—¿Estos cambios tan fuertes en el desempleo responden a la flexibilidad del mercado laboral?

—Los empleados estatales siguen trabajando y no fueron cesanteados. Los más afectados fueron los del turismo. Hay mucha gente que perdió su trabajo y que no saber cuándo podrá recuperarlo. Con el seguro de desempleo tampoco hay tanto incentivo a buscar trabajo ya.

—¿No se debate un recorte salarial en el sector público?

—Se está analizando, para que pague parte del costo económico de la pandemia.

—¿Durante la primera cuarentena la economía no dejó de funcionar?

No. La mayor parte de la gente no iba a su trabajo en forma presencial, pero siguió trabajando en su casa y cada empresa podía declarar al 30% de su plantel como trabajadores esenciales para que fueran a sus oficinas. Claro que también depende del sector; las empresas tecnológicas no tuvieron ningún problema por sus características, sí los peluqueros y todos los que no pudieron transferir sus negocios a Internet. Pero los supermercados, tecnología y ropa pudieron seguir vendiendo normalmente desde la web. Los que más sufrieron son los pequeños comercios y los servicios.

—¿Cómo compensó el Gobierno la caída del consumo privado?

-Hubo una caída muy grande en el consumo privado. Uno de los grandes temores del gobierno de que la recesión sea más larga que lo esperado. El gobierno está tratando de evitarlo, con subsidios universales, como un cheque de 1000 dólares a cada familia y ahora se habla de bajar el IVA del 17 al 12 por ciento. Pero hay un trade off entre querer incentivar a la gente a que salga y consuma y cómo cuidarla. Como mencioné, la gente se tomó la primera cuarentena muy en serio y se dijo que había que cuidar solo la salud. Luego se pasó al otro extremo y por eso ahora somos el país con el nivel de infectados por millón de habitantes más alto del mundo.

—¿Recibió el gobierno asesoramiento de economistas para evitar estos volantazos?

—El problema es que la pandemia arrancó cuando Netanyahu no estaba nombrado, era un primer ministro de transición y centralizó todas las decisiones en su oficina. Recién en agosto se nombró un gabinete en el que había representantes de las áreas económica, sanitaria y la educación entre otras. Por esta razón, salieron a protestar a las calles mucha gente joven, de la cultura y el comercio. Para muchos la ayuda es la adecuada, para otros son medidas populistas para las próximas elecciones, que serán en 2021.

—En la Argentina hace meses que no hay vuelos comerciales regulares. ¿Cómo fue allá?

Se pararon los vuelos en la primera cuarentena, pero luego se abrió el aeropuerto. La entrada de turistas está muy restringida. Los que no son israelíes solo pueden entrar con un permiso especial, pero los israelíes pueden viajar y lo están haciendo. Luego hacen cuarentena en hoteles que, como estaban vacíos, les sirvió porque el gobierno los contrató con este fin.

—¿Cuánto caerá la economía este año?

—Hay tanta incertidumbre que no se sabe cómo terminará el año, pero al menos caerá el 6 o 7 por ciento. Si la cuarentena sigue, la caída será del 10 por ciento. Pero Israel sigue siendo una economía estable, la inflación es negativa, la moneda -el shekel- se apreció contra el dólar, lo que demuestra que los mercados internacionales no perdieron la confianza en la economía israelí y creen que esto es algo pasajero.

—¿Pese a la inestabilidad política que predominó estos años?

—Tanto en la moneda como en las inversiones reales y financieras se observa que hay mucha confianza en la economía israelí.

El gobierno de Shimon Peres derrotó en 1985 a la inflación, que nunca volvió a niveles altos a Israel
El gobierno de Shimon Peres derrotó en 1985 a la inflación, que nunca volvió a niveles altos a Israel

—¿La inflación es un fantasma que ya no vuelve?

No. En julio de 1985 bajó de manera súbita de 3 dígitos a un 20 por ciento y en la década del 90 pasó a ser como la de los países desarrollados. Por el contrario, en los últimos cinco años el problema fue que la inflación fue más baja que la proyectada. Y ahora, inclusive pese al aumento del déficit fiscal, sigue siendo muy baja.

—¿Los acuerdos de paz anunciados con los Emiratos Árabes y Bahréin que se firman mañana generarán más inversiones y comercio?

Habrá un impacto económico positivo, pero no de corto plazo, sino de mediano plazo, sobre todo porque con estos dos países ya había relaciones comerciales; pero sí genera nuevas oportunidades. Con Arabia Saudita de hecho hay relaciones comerciales y los aviones israelíes pueden volver por ese espacio aéreo, lo que facilita el viaje de israelíes a esos países y al resto de Asia. Sí creo que habrá más acuerdos bajo cuerda que en el pasado porque es obvio que hay un acercamiento con otros países árabes y de África.

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