Cerrar la negociación de la deuda es condición necesaria pero no suficiente para normalizar la economía

Se espera que el anuncio ayude a despejar la incertidumbre y aporte un alivio financiero. Sin embargo, es sólo el punto de partida. Controles cambiarios, inflación, tarifas y ajuste fiscal, los puntos de la agenda en medio de la pandemia

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Condición necesaria, no suficiente. El acuerdo entre el Gobierno y los acreedores de la Argentina contiene dos cualidades indispensables para la economía que viene: despeja los peores fantasmas de una política económica radicalizada y empieza a delinear un rumbo. Despeja por cuatro años la pesada carga financiera por unos USD 34.000 millones y ofrece una ventana de tiempo invalorable para recuperar el sendero del crecimiento y también el acceso a los mercados para, a partir de 2025, refinanciar esos mismos pagos que se repogramarán en la inminente operación.

Sin embargo, eso ya no alcanza. Es, simplemente, tal como lo define el propio ministro de Economía, Martín Guzmán, “un punto de partida” para iniciar el camino de la salida de una crisis que la pandemia del coronavirus profundizó dramáticamente.

Una renegociación en la que el Gobierno depositó, en un principio, toda potestad de allanar el camino hacia la implementación de un programa económico que permitiera la reactivación pero que, con el correr de los meses, se convirtió en apenas un factor más, imprescindible pero no el único, para resolver las intrincadas vicisitudes económicas de la Argentina. Inflación, controles de capitales, brecha cambiaria, falta de competitividad, congelamiento de precios y tarifas; la agenda por delante es extensa. Tiene definido ya el primer punto, que tampoco será rápido ni sencillo de alcanzar: el otro acuerdo, esta vez, con el FMI.

El acuerdo con el Fondo debería aportar algún programa económico con reformas para reactivar la economía de una forma consistente. No un rebote o crecimiento pasajero. Para eso se necesita atraer inversiones. (Fausto Spotorno)

Por lo pronto, el dilatado logro con los bonistas no es menor: destierra temores sobre una solución “irracional” para el mercado y sus consecuencias económicas. Aun con las concesiones no menores que debió hacer el Gobierno -al pasar de una oferta con un valor de USD 40 a cerrar apenas por debajo de los USD 55- el acuerdo, coinciden los analistas, “es bueno” para la Argentina.

“Es un buen acuerdo, en lo económico y en lo financiero. Hay costos que son reputacionales y que afectarán las condiciones de financiamiento futuras y la efectividad de las medidas por su credibilidad. Pero hay alivio para el pago de la deuda por la reducción de cupones y los nuevos plazos de amortización, y una expectativa de mejora en las condiciones de acceso de los privados, en particular la prefinanciación de exportaciones”, sostuvo Gabriel Caamaño, director de la consultora Ledesma.

Con un enorme desgaste, en lo financiero y también en lo político tras el fallido intento de establecer un nuevo parámetro en la historia de la reestructuraciones de deuda soberana, que se resolvería en los términos previsto por el mercado desde el inicio de la negociación, el presidente Alberto Fernández deberá, a partir del cierre definitivo del canje, remontar una cuesta bien empinada. Aun cuando se produzca una recuperación a partir de la flexibilización de la cuarentena, el déficit fiscal es récord, la inflación es alta y, aunque se achique, la brecha cambiaria seguirá en niveles nocivos para el normal funcionamiento de la economía. La lista de asignaturas pendientes sigue siendo larga.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.
El ministro de Economía, Martín Guzmán, y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.

“La solución a la renegociación de la deuda no es condición suficiente para volver a crecer. De hecho, durante gran parte de los últimos cuatro años no estuvimos en default y tampoco crecimos. Sí es cierto que reduce la incertidumbre y mejora las condiciones para algunas operaciones de comercio exterior y multinacionales. Además, va a hacer más fácil llegar a un acuerdo con el FMI”, opinó el economista Fausto Spotorno, director de OJF Consultores, quien también puso la lupa sobre las cuestiones clave que se deberán abordar a partir de ahora.

El acuerdo con el Fondo debería aportar algún programa económico con reformas para reactivar la economía de una forma consistente. No un rebote o crecimiento pasajero. Para eso se necesita atraer inversiones. Y para atraer inversiones, será requisito combatir la inflación, contar con un sistema tributario más sencillo, lo mismo que el sistema regulatorio. Y, tarde o temprano, habrá que atacar las restricciones cambiarias que hacen prácticamente imposible que alguien venga a invertir”, cerró Spotorno.

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