Diego Giacomini: “En ningún país la caída del PBI será tan fuerte, la moneda perderá tanto valor y la pobreza crecerá tanto como en Argentina”

El economista criticó con dureza la decisión del Gobierno de haber "apagado" la economía con la extensión de la cuarentena obligatoria, porque carece de los instrumentos de política monetaria y fiscal, y por tanto de moneda, para enfrentar los altos costos de la pandemia. Proyecciones para el corriente año y el próximo

"La Cuarentena Obligatoria es un delito que la casta política perpetúa desde el Estado contra el derecho natural del ser humano, atentando contra el derecho de cada individuo a su persona, al uso de su primera propiedad (el cuerpo), su energía y al usufructo de su trabajo"
"La Cuarentena Obligatoria es un delito que la casta política perpetúa desde el Estado contra el derecho natural del ser humano, atentando contra el derecho de cada individuo a su persona, al uso de su primera propiedad (el cuerpo), su energía y al usufructo de su trabajo"

La extensión de la cuarentena a más de 100 días está generando estragos en el orden económico y social, como lo evidenciaron en las últimas semanas un conjunto de indicadores oficiales, desde la aceleración del déficit fiscal y caída generalizada de la actividad productiva, comercial y de inversión en la construcción, hasta el saldo singularmente negativo en el flanco laboral, con el cierre de empresas, suspensiones y despidos.

Claramente, el fenómeno de la pandemia del COVID-19 es inédito, y por tanto no existen recetas probadas en el mundo para atenuar los inevitables perjuicios, no sólo en lo que respecta a la salud de las personas humanas, sino también jurídicas, como son las empresas, porque hacen al entramado social con la generación y sostenimiento del empleo y sostén del erario público.

Pero la Argentina dispone de una ventaja comparativa, propia del hemisferio Sur, que es la contraestación que le permite recibir con un rezago de tres meses lo que sucede en el hemisferio Norte, donde se inició la pandemia, y cómo fue enfrentada, tanto en lo sanitario como en lo económico, para poder imitar y copiar los mejores resultados, los cuales aún son parciales, pero orientativos. Aunque, a diferencia de la mayor parte de los países, carece de instituciones sólidas y por tanto de instrumentos monetarios, fiscales, financieros y cambiarios; y además transita un nuevo escenario de default parcial a 4 años de haber cerrado el anterior que se extendió por casi tres lustros.

Frente a ese cuadro, Infobae entrevistó al economista Diego Giacomini, profesor titular en la Universidad de Belgrano, profesor adjunto en la Universidad de Buenos Aires, director de E&R, y coautor de varios libros junto al economista Javier Milei, el último “Libertad, Libertad, Libertad, Para romper las cadenas que no nos dejan crecer”.

- ¿A 100 días de haberse decretado la cuarentena preventiva del COVID-19, qué evaluación hace del impacto sobre la economía en conjunto?

- El primer impacto que quiero resaltar lo hago desde el plano moral. Dejo la evaluación utilitarista de la economía para más adelante. Me gustaría dejar bien en claro que la Cuarentena Obligatoria es un delito que la casta política perpetúa desde el Estado contra el derecho natural del ser humano, atentando contra el derecho de cada individuo a su persona, al uso de su primera propiedad (el cuerpo), su energía y al usufructo de su trabajo; impidiendo así que las personas se hagan de los medios (bienes y servicios) para alcanzar sus fines (sobrevivir, vivir, desarrollarse y progresar). Entendiendo esto, se visualiza que el ASPO atenta contra lo que dice proteger, es decir; contra la vida misma.

El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio viola la moral y la ética, porque el Estado está utilizando la violencia física sólo en forma ofensiva, y no lo hace defensivamente como respuesta a una agresión previa de parte de los individuos. Además, el Estado utiliza dicha violencia ofensiva “por las dudas”, metiendo a todos en la “misma bolsa”, intentando prevenir una amenaza o daño potencial que no sólo no es certero, sino que es impreciso y futuro. Se están violentando los derechos naturales de los individuos sanos. Adicionalmente, el COVID-19 tampoco produce un daño certero, y mucho menos uniforme, palpable, inmediato y directo, que son las condiciones previas y necesarias para poder responder con violencia. En este sentido, es claro que un enfermo puede no contagiar, o puede generar diferentes tipos de contagios: a) asintomático; b) cuadro leve; c) cuadro complicado, o d muerte.

Y como si todo esto fuera poco, la Cuarentena Obligatoria crea dos “clases” diferentes de personas ante la ley, es decir; ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Los primeros son aquellos que la fatal arrogancia de los políticos ha elegido como “esenciales”. Los segundos, son la mayoría de la gente. Acá hay nuevamente un error grosero. La esencialidad es un concepto que emana de la individualidad. Para un actor es esencial actuar, para un cantante cantar. ¿Por qué? Porque dado la diversidad de conocimientos, habilidades e intereses de los individuos, para ellos actuar y cantar son los medios que les permite vivir. Y lo que es esencial para cada uno de nosotros, no es sumable. Ergo, no existe “lo esencial” desde lo “colectivo”.

<b>La Cuarentena Obligatoria crea dos “clases” diferentes de personas ante la ley, es decir; ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Los primeros son aquellos que la fatal arrogancia de los políticos ha elegido como “esenciales”. Los segundos, son la mayoría de la gente</b>

En síntesis, con el accionar frente al COVID-19, la mayoría (no todos) de los gobiernos del mundo han abierto la puerta hacia una escalera que lleva al despotismo, la tiranía y la erosión de los derechos naturales del ser humano. Es una escalera muy peligrosa. Algunos países subirán escalones. Otros, subirán pisos. Sin lugar a duda, en Argentina parecería haber una escalera eléctrica. Cuidado!, esta escalera puede llevarnos a Venezuela. En ese tipo de sociedad hay un solo pequeño grupo de ciudadanos con sus derechos naturales preservados (la casta política), mientras que la mayoría de la gente (pueblo) los tiene violentados por completo.

De hecho, Latam se va del país no por el pasado, ni por el presente, sino que se va del país como resultado de la Argentina que ve a futuro. Se va porque vislumbra una Argentina cada vez más socialista, en la cual la lesión de la propiedad privada será cada vez mayor. En este sentido, hay que tener en cuenta que, tanto desde el enfoque ético (más importante), como desde el enfoque utilitarista, la propiedad privada es clave para la prosperidad y desarrollo de la civilización. O sea, Latam está descontando una Argentina más decadente a futuro; por eso se va.

"Como profesor de política económica, tengo en claro que antes de diseñar una política económica, hay que evaluar con qué instrumentos se dispone, así como también el impacto y los costos de su utilización"
"Como profesor de política económica, tengo en claro que antes de diseñar una política económica, hay que evaluar con qué instrumentos se dispone, así como también el impacto y los costos de su utilización"

- Los paliativos que puso en marcha el Gobierno, ¿fueron suficientes, o los máximos esperables dada la debilidad que caracteriza a las finanzas públicas y la ausencia de moneda?

- En su interesante pregunta está el meollo del problema. Como profesor de política económica, tengo en claro que antes de diseñar una política económica, hay que evaluar con qué instrumentos se dispone, así como también el impacto y los costos de su utilización. Todos los países desarrollados han salido a hacer política fiscal y política monetaria expansiva; es decir; aumentar el déficit fiscal y expandir la cantidad de dinero. ¿Cómo financian el aumento de gasto? Con colocación de deuda. En épocas de crisis, en los países desarrollados los agentes privados se refugian en papeles de deuda soberana, ya que perciben que estos activos son los más “seguros”. Esto provee financiamiento a bajo costo para el sector público.

Del otro lado, también pueden financiar el aumento del gasto con emisión monetaria. El fenómeno es parecido. En crisis, los agentes privados aumentan su demanda de dinero en efectivo, es decir; quieren más moneda emitida por sus bancos centrales. En consecuencia, los bancos centrales pueden expandir la oferta monetaria sin generar pérdida del poder adquisitivo del dinero (inflación). En pocas palabras, los países desarrollados aplican medidas expansivas porque tienen con qué hacerlo, y porque los costos de hacerlo son reducidos.

<b>En épocas de crisis, en los países desarrollados los agentes privados se refugian en papeles de deuda soberana, ya que perciben que estos activos son los más “seguros”. Esto provee financiamiento a bajo costo para el sector público</b>

Ahora bien, si hay un país en el mundo que no puede hacer nada de esto es Argentina. ¿Por qué? Porque para Argentina sus condiciones iniciales se encuentran en las antípodas de las que se necesitan para poder aplicar paquetes de asistencia construidos sobre políticas fiscales y monetarias expansivas. Desde el plano fiscal, Argentina está en default y por ende, no tiene financiamiento genuino para pagar la expansión del gasto. En este contexto, el gobierno tiene que pagar todo el incremento del déficit fiscal con expansión monetaria. Y acá está el problema, porque Argentina tampoco tiene las condiciones dadas para hacer esto. La Argentina no puede financiar déficit con emisión monetaria, porque los argentinos tenemos repudio por los pesos que emite el BCRA por cuenta y orden de la casta política.

En Argentina la demanda de dinero cae y seguirá cayendo. Con caída de la demanda de dinero, el poder adquisitivo del peso caerá aún sin que el BCRA emita. Es decir, habrá más devaluación del peso (suba del dólar) y más aceleración inflacionaria aún sin que el Central emita. Ahora bien, con el BCRA emitiendo ahora y emitiendo a futuro, el desequilibrio monetario no sólo será mayor, sino que se retroalimentará, potenciándose aún más la suba del dólar y la aceleración inflacionaria. Menor poder adquisitivo del peso será menos ahorro, inversión, producción, empleo, peores salarios, menos consumo y más pobreza.

En este marco, queda claro que la Argentina no tiene las condiciones macro, fiscales y monetarias para aplicar las recetas económicas puestas en práctica en los países vecinos, Europa, EEUU y/o otros países desarrollados. Ninguno de estos países está en default como nosotros, ni tampoco tiene repudio por su moneda. En este marco y desde un enfoque utilitarista, Argentina nunca debió haber aplicar un “shut down” de su economía con una Cuarentena Obligatoria. Aplicando las mismas recetas que pusieron en práctica otros países, el país terminará pagando costos macro, microeconómicos y sociales que ninguno de los otros afrontará. Parados a finales de 2021, el desempeño del PBI se ubicará entre los peores del mundo a lo largo de la tendencia de todo el período 2020-2021. En ningún otro país la caída (punta a punta) del PBI per cápita será tan fuerte, la moneda habrá perdido tanto poder adquisitivo y la pobreza habrá aumentado tanto.

"El país terminará pagando costos macro, microeconómicos y sociales que ninguno de los otros afrontará"
"El país terminará pagando costos macro, microeconómicos y sociales que ninguno de los otros afrontará"

- ¿Para usted habrá más devaluación y más aceleración inflacionaria a futuro?

- La cotización del dólar y la inflación son fenómenos monetarios. La suba (aceleración) del dólar (de la inflación) es en realidad la contracara de la caída del poder adquisitivo del peso en términos de divisa norteamericana (bienes y servicios). Para saber qué sucederá con el tipo de cambio de mercado y con la inflación, hay que anticipar que acontecerá con el poder adquisitivo del peso, que depende de la oferta y la demanda de dinero en el mercado de pesos.

Dado una determinada demanda de dinero “fija”, si aumenta la oferta monetaria se genera un exceso de pesos (desequilibrio monetario), el poder adquisitivo del peso cae, el tipo de cambio sube y la inflación se acelera. Del otro lado, dada una oferta de dinero “fija”, es decir, si el BCRA no emitiera nada, una caída de la demanda de dinero también generaría exceso de oferta de pesos (desequilibrio monetario), con lo cual el poder adquisitivo del peso también baja, el dólar sube y la inflación se acelera. Con un BCRA emitiendo al mismo tiempo que cae la demanda de dinero, el efecto negativo sobre el poder adquisitivo del dinero sería redoblado y potenciado, incentivando más devaluación del peso contra el dólar y más aceleración inflacionaria.

<b>Con un BCRA emitiendo al mismo tiempo que cae la demanda de dinero, el efecto negativo sobre el poder adquisitivo del dinero sería redoblado y potenciado</b>, <b>incentivando más devaluación del peso contra el dólar y más aceleración inflacionaria</b>

Por el lado de la oferta, en noviembre 2019/mayo 2020 (punta a punta), la oferta de base monetaria creció $744.938 millones (53,7%) explicada en un 161% por la emisión de pesos que el BCRA tuvo que hacer para pagar gastos del Tesoro ($1.200.002 millones). Luego, a través del canal financiero y utilizando Leliq y Pases, hubo una esterilización (retiro de pesos) neta de $562.043 millones. Sin embargo, la emisión monetaria se expande con la Cuarentena Obligatoria. El 56,2% (418.695 millones) de la expansión de la base total, $744.938 millones, de los últimos siete meses tuvo lugar en los últimos tres meses de Cuarentena Obligatoria. Paralelamente, el 62,7% ($752.705 millones) de la emisión total para asistir al Tesoro, también tuvo lugar durante los últimos tres meses. Sin embargo, la esterilización del último trimestre ($249.720 millones) significó tan sólo 44% de la absorción realizada en los últimos siete meses.

Fuente: Diego Giacomini con datos del Banco Central
Fuente: Diego Giacomini con datos del Banco Central
Fuente: Diego Giacomini con datos del Banco Central
Fuente: Diego Giacomini con datos del Banco Central

En este marco, la oferta de base monetaria crece 33,9% en términos reales cuando se compara mayo 2020 en relación con octubre 2019. El hecho que haya un aumento de la cantidad de dinero en términos reales, pero al mismo tiempo haya una caída del nivel de actividad presente y esperada a futuro, lo que está mostrando es que el sistema de precios todavía no ha empezado a hacer su trabajo, es decir; primero el dólar saltará y luego la inflación se acelerará. Para peor, el BCRA seguirá emitiendo oferta de base monetaria, porque déficit fiscal primario (¿5% del PBI piso o más?) seguirá creciendo; y su única fuente de financiamiento será la emisión monetaria.

Por el lado de la demanda, se pide dinero en función de: a) expectativas con relación a su poder adquisitivo futuro y b) la incertidumbre. Si la gente tiene expectativa de que el poder adquisitivo del dinero bajará en el futuro, el dinero se gastará “ahora”, procediéndose a “desatesorar” y a reducir su demanda en el futuro. Con respecto a la incertidumbre, cuanto más (menos) incierto sea el futuro, más (menos) dinero en efectivo se demandará.

¿Qué pasa con estas variables y la demanda de dinero en Argentina? Utilizando tanto un modelo de expectativas adaptativas, como de expectativas racionales, el público espera más inflación a futuro. Los “números” y la nula reputación del BCRA juegan en este último sentido. Por el lado de los números, el Banco Central está cada vez más quebrado. Por el otro lado, tiene nula reputación y credibilidad, consecuentemente la gente no cree que el Central vaya a bajar la inflación en el futuro inmediato. Es más, teniendo en cuenta los fundamentos macro (intenciones de expandir el gasto público y más déficit fiscal), la gente descuenta más política monetaria expansiva y más inflación en el mediano plazo; y por tanto la demanda de dinero caerá más, y se terminará dando la profecía auto cumplida: mayor desequilibrio monetario, mayor caída del poder adquisitivo del dinero, más alta cotización del dólar y más inflación.

<b>El BCRA seguirá emitiendo oferta de base monetaria, porque déficit fiscal primario (¿5% del PBI piso o más?) seguirá creciendo; y su única fuente de financiamiento será la emisión monetaria</b>

Si se descuenta más inflación, también se espera más incertidumbre a futuro, con lo cual la demanda de dinero por motivo precaución se incrementará. Sin embargo, no aumentará la demanda pesos, sino que crecerá la demanda de dólares, lo cual es más caída demanda de pesos.

En pocas palabras, tanto las expectativas de inflación, como los grados de incertidumbre operan para que la demanda de dinero siga cayendo y en consecuencia, (primero) la cotización del dólar en pesos siga subiendo y (más tarde) la inflación se vuelva a acelerar.

Además, el CEPO y corralón cambiario sólo pueden pisar la velocidad de circulación del dinero por tiempo acotado. Es decir, más temprano que tarde, la caída de la demanda de dinero volverá a entrar en escena y recargada (por más emisión), dando lugar a que (primero) salte el precio del dólar y (más tarde) se acelere la inflación.

En este sentido, hay que considerar que el cepo es poner un precio máximo al dólar (subvaluado) y un precio mínimo al peso (sobrevalorado). La gente correrá a sacarse los pesos de encima que están artificialmente sobrevalorados para intentar cambiarlos denodadamente por dólares oficiales baratos. Como hay escasez de dólares, el cambio paralelo subirá más y aumentará su demanda. Este exceso de demanda de dólares se transformará en exceso de oferta en la economía real respecto de la demanda de bienes y servicios, o sea recesión, y todavía menos demanda de dinero por motivo transaccional y menor demanda de dinero total, lo cual retroalimentará y potenciará negativamente el desequilibrio monetario de exceso de pesos, caída del poder adquisitivo del dinero, (primero) suba del dólar y (más tarde) aceleración de la inflación.

Fuente: Diego Giacomini con datos del Banco Central
Fuente: Diego Giacomini con datos del Banco Central

- ¿Por qué si se emite y la demanda de dinero cae, la inflación de estos últimos meses es “baja” en términos relativos?

- Porque con la Cuarentena Obligatoria gran parte de la emisión de base monetaria se encuentra “encerrada” en el sector bancario y porque, la intermediación financiera ha perdido volumen, reduciéndose el valor del multiplicador monetario. Además, hay una suerte de corralito de pesos que contiene la corrida contra el dólar. Todos fenómenos (en distinta medida) circunstanciales.

El sistema bancario tiene mucha mayor liquidez que la usual y/o que la que debería tener, lo cual contribuye a que la inflación se sostenga artificialmente baja. Cuando sumamos los depósitos del sistema bancario en cuenta corriente en el BCRA más las reservas libres excedentes, el dinero líquido del sistema bancario ha crecido 46,1% en términos reales entre octubre 2019 y mayo 2020. Del otro lado, el dinero en billetes y monedas en poder del público ha crecido tan sólo 28,7%. De esta manera, la relación dinero en bancos/dinero en la “calle” ha crecido 10 puntos porcentuales durante el período, pasando de un aumento del 69% a 78,3%. El multiplicador de los depósitos cae de 1,67 (octubre 19) a 1,57 (abril 19), para luego recién subir nuevamente a 1,69 (mayo 19). Pero esta suba está sostenida a partir de un aumento del multiplicador de los depósitos a la vista y una caída de las colocaciones a plazo fijo, lo cual puede anticipar una futura corrida contra el dólar (con la tasa de interés sin subir). El multiplicador de los depósitos a plazo cae de 0,84 (octubre'19) a 0,72 (mayo'20), mientras que el multiplicador de los depósitos a la vista (cuenta corriente + caja de ahorro) sube de 0,84 en octubre 2019, a 0,97 en mayo del corriente año.

<b>El sistema bancario tiene mucha mayor liquidez que la usual y/o que la que debería tener, lo cual contribuye a que la inflación se sostenga artificialmente baja</b>

Claramente, todos estos fenómenos hacen que el desequilibrio monetario sea circunstancialmente menor a lo que debería ser porque, por un lado, gran parte del aumento de la oferta de base monetaria queda encerrado en los bancos y, por el otro, la demanda de dinero luce momentáneamente sostenida. Pero nadie puede pensar que este fenómeno será “eterno”. Por el contrario, más temprano que tarde el dinero va a “salir”, la oferta monetaria en la “calle” aumentar y la demanda de dinero “ceder”, con lo cual el desequilibrio monetario se ensanchará, la caída del poder adquisitivo del dinero se incrementará consecuentemente, (primero) el dólar libre saltará y (posteriormente) la inflación volverá acelerarse.

Hay que tener en claro que los efectos del desequilibrio monetario sobre el tipo de cambio y la inflación no son instantáneos. El dólar salta primero, rápido y fuerte. Por el contrario, la inflación reacciona más suave y con retardo (entre 12 y 18 meses). El dólar medido en términos reales se encarecerá en su tendencia de corto y mediano plazo. A nadie le puede sorprender. Es lo que viene sucediendo hace años. Y seguirá ocurriendo cada vez más, ya que no sólo no se corrige, ni revierte el rumbo; sino que se lo acentúa y profundiza día a día. Es de gente que no está en su sano juicio hacer cada vez más de lo mismo y esperar que los resultados no sean diferentes.

La política monetaria que se viene aplicando desde octubre pasado va a empezar a hacer impacto, de a poco y en forma creciente, desde el segundo semestre 2020 y hasta la primera parte del 2021. Lo más razonable sería tomar decisiones pensando que el dólar subirá más entre julio ’20 y marzo ’21 que lo que subió entre octubre ’19 y junio ’20. Paralelamente, también sería prudente tomar decisiones descontando que la inflación entre julio ’20 y marzo ’21 será mayor que la inflación registrada en los nueve meses anteriores.

- En una columna en Infobae a mediados de abril alertaba: “La Argentina se dirige a una crisis 2020/21 que será peor que la de 2002” ¿hoy con el nuevo escenario en cuánto prevé la contracción del PBI, y en qué proporción atribuye a los efectos de la pandemia del COVID-19, y en cuánto a desaciertos de política de Gobierno?

- De acuerdo con nuestra visión, aún sin COVID-19, la Argentina se dirigía hacia la peor crisis. Un ejemplo en este sentido es el default. La Argentina está en default, y el COVID-19 no tiene nada que ver con esto. De hecho, la cuarentena está conteniendo los efectos monetarios negativos (devaluación e inflación) de la cesación de pagos default. Esta crisis en materia de actividad también tiene orígenes anteriores al COVID-19. El país destruye riqueza hace 10 años, y lo hace en forma acelerada y creciente. El PBI per cápita de 2019 cerró -8%; -12% y -3,5% en comparación con 2015; 2011 y 2007. Esta destrucción de riqueza es única en la región.

<b>La destrucción de riqueza es consecuencia del sobredimensionamiento del Estado que ahoga al sector privado, no dejándolo hacer negocios y ganar dinero</b>

La destrucción de riqueza es consecuencia del sobredimensionamiento del Estado que ahoga al sector privado, no dejándolo hacer negocios y ganar dinero. La prueba es que los tres mecanismos que financian al Estado, presión tributaria, impuesto inflacionario y deuda son récord. Hay un exceso de Estado y de gasto público que asfixia a los privados que en consecuencia no invierten, no acumulan capital, no amplían sus posibilidades de producción y por ende no crecen. Como consecuencia, primero dejan de generar empleo y más tarde destruyen puestos de trabajo. En un marco en el cual la población crece, el desempleo está condenado (cada vez más) a aumentar y en consecuencia los salarios sólo pueden caer en términos reales.

Fuente: Diego Giacomini con datos del Indec
Fuente: Diego Giacomini con datos del Indec

El gobierno de Alberto Fernández ya había venido a agrandar todos los problemas de fondo que hacen que la Argentina destruya riqueza y su prosperidad vaya en declive. Antes del COVID-19, la coalición gobernante ya planeaba agrandar el Estado, incrementar el gasto, aumentar la presión tributaria y expandir los controles de precios y cantidades, más aún en una economía condenada al default cuya única fuente de financiamiento era la emisión del BCRA. En este marco, aún antes del COVID-19, se esperaba más caída del PBI per cápita y más inflación para 2020 en relación al año anterior.

El COVID-19 agrava, tanto en intensidad como en duración, todos los problemas macro y microeconómicos que el sector privado ya estaba condenado a enfrentar este año. Paralelamente y desde el punto de vista del gobierno, la pandemia sirve, por un lado, para “pisar” circunstancialmente la inflación en la primera mitad el del año, y por el otro, como excusa para acelerar el camino hacia el socialismo siglo XXI. Más adelante, el gobierno intentará utilizar al COVID-19 como causa y excusa de toda la situación económica mucho más complicada que vendrá.

<b>La suerte del 2020/2021 está echada. En este marco sin superávit fiscal primario y sin crecimiento, de no mediar reformas estructurales luego de las legislativas de 2021, si no se cierra la actual negociación con bonistas, la deuda permanecerá en default</b>

La suerte del 2020/2021 está echada. En este marco sin superávit fiscal primario y sin crecimiento, de no mediar reformas estructurales luego de las legislativas de 2021, si no se cierra la actual negociación con bonistas, la deuda permanecerá en default. Si por el contrario se firma el acuerdo con bonistas pero no hay reformas estructurales, la deuda no podrá ser honrada cuando deba comenzar a pagarse en 2022. En este sentido, hay que recordar que la caída del PBI y el déficit primario impiden honrar la deuda, que se paga financieramente con superávit primario y económicamente con crecimiento.

En este marco, un déficit primario de 5% del PBI implicaría que se necesitaría un ajuste fiscal de aproximadamente 7 - 8 puntos del PBI para que la deuda sea solvente intertemporalmente y pueda ser honrada. De hecho, fue el ajuste que se hizo entre 2001 y 2004; y fue fundamental para que Guillermo Nielsen re estructurara exitosamente la deuda defaulteada en 2001. En definitiva, salvo que luego de las elecciones de octubre 2021 se encare un proceso de reformas estructurales pro mercado, privatizaciones, con reforma del Estado, baja de gasto, reducción de impuestos y reforma monetaria, lo más probable es que la economía argentina prosiga no sólo sin crecer, sino cayendo con (más) altos niveles de inflación (con tendencia creciente todo le mandato, más allá de reducciones circunstanciales y transitorias) y de devaluación.

En otras palabras, sin profundas reformas estructurales de por medio, el escenario seguirá siendo similar al actual; es decir, parecido al que venimos enfrentando hace casi diez años. Tampoco puede sorprender que durante todo el mandato de Alberto Fernández haya una tendencia de baja en el PBI, ya que sería el tercer mandato en “caída” libre. Ya disminuyó durante toda la presidencia de Mauricio Macri y también todo el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Al igual que en el paracaidismo, la caída se intensifica con el paso del tiempo. Concretamente, sin reformas estructurales pro mercado, el PBI per cápita seguirá cayendo y la Argentina continuará destruyendo riqueza; es decir, se seguirá comportando como lo viene haciendo desde hace más de una década, pero con más devaluación y más inflación.

Fotos: Thomas Khazki

Seguí leyendo:

Bono Anses en julio, créditos y ATP para el AMBA: los anuncios económicos de Alberto Fernández

Golpeados por la cuarentena, los cafés y bares reclaman subsidios, indemnización simple y hasta la refinanciación en 60 cuotas de las deudas entre privados

El FMI advirtió que la Argentina debe profundizar la reducción de la inflación tras la salida de la pandemia

MAS NOTICIAS
COTIZACIÓN PRINCIPALES MONEDAS