Sectores industriales como textil y calzado están en serios problemas.
Sectores industriales como textil y calzado están en serios problemas.

Acaban de diagnosticarnos una enfermedad grave. Una de esas que implican remedios dolorosos, un proceso largo de sanación y un pronóstico no del todo claro sobre la posibilidad de recobrar la salud.

No hay dilema: salud mata economía. La cuestión es que el refrán no se convierta en una verdad literal. El remedio más fuerte del gobierno para combatir al COVID-19 fue el decreto del aislamiento social, preventivo y obligatorio: para evitar males mayores, paramos todo y paramos todos.

El Coronavirus, además de ser una pandemia de alta contagiosidad, se convirtió en un problema mayúsculo para la economía, que ya venía con serias patologías preexistentes. Aislados, los argentinos no sólo no producen ni ahorran, sino que tampoco consumen (o consumen muy distinto).

Luego de tomar nota de la preocupación de varios sectores, los ministros de Economía, Martín Guzmán, y de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, anunciaron un paquete de medidas que apuntaban a garantizar el abastecimiento, la producción y el trabajo de algunos sectores, a la vez que buscaron mitigar el impacto del parate sobre otros. Pero si la cuarentena, como es un secreto a voces, se extendiera por más tiempo, estas medidas no van a alcanzar.

¿Por qué algunas industrias que están totalmente paralizadas tienen que seguir pagando aportes patronales y el paquete total de todos los impuestos, en general?

La industria textil y la construcción generan cientos de miles de puestos de trabajo y, por la dinámica inherente a la cuarentena, están paradas. La automotriz mantuvo algunas líneas pero bajó su operación al mínimo negociable con sindicatos. Lo mismo le sucede al dueño de una óptica, de un gimnasio o de cualquier pequeño comercio. La medida que reduce o exime del pago de aportes patronales debería ganar extensión y hacerse casi universal. Pocas empresas dudan de su capacidad de pago de sueldos para la quincena de Marzo que quedó anulada, pero si esta situación se extiende, ¿qué pasará en Abril?

Mientras tanto, el Reino Unido anuncia que el gobierno pagará el 80% de los salarios de los trabajadores que ganen hasta un máximo de 2.500 libras esterlinas (poco más de 3.100 dólares). En el plano impositivo, no hubo anuncios ni siquiera de diferimiento de ciertos impuestos: parece que si bien la capacidad productiva y la comercialización están paradas, los impuestos no entraron en cuarentena: el ajuste y el esfuerzo lo tienen que hacer los 600.000 empresarios pymes que generan empleo y tributan.

Las medidas anunciadas por los ministros Kulfas y Guzmán son insuficientes si se extiende la cuarentena
Las medidas anunciadas por los ministros Kulfas y Guzmán son insuficientes si se extiende la cuarentena

Existen campañas bien intencionadas de concientización entre consumidores, invitando a que la gente consuma productos de pymes y comercios de barrio. La renovación del programa Ahora 12 será de mucha utilidad cuando “volvamos a la normalidad” y cuando la rueda de la economía haya vuelto a girar. El problema es quién la empieza a mover: ¿el trabajador informal que está recluido en su casa sin generar ingresos? ¿El profesional independiente? ¿El empleado de una pyme cuyo sueldo de abril no está garantizado? El gobierno, acertadamente, prometió el lanzamiento de créditos por 320.000 millones de pesos a tasa subsidiada para capital de trabajo. Sin embargo, aún no ha podido operativizar esta medida y hay renuencia de parte de algunas instituciones bancarias a prestarle a algunas empresas.

Mal momento eligió el gobierno nacional para llevar adelante su embestida contra las Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS). Mientras todos somos llamados a la reclusión hogareña, volvemos incomprensiblemente al formato papel y a la presentación personal de trámites que ya estaban digitalizados y que aceleraban la creación de una empresa al plazo de 24 horas. Supongamos que una persona creara cualquier invención que fuera de utilidad para combatir el COVID-19: un dispositivo de diagnóstico rápido; elementos de protección impresos en 3D para personal de la salud; etc. y quisiera crear un vehículo jurídico para poder producirlo y comercializarlo. Deberá esperar a que termine la cuarentena y presentar la documentación personalmente.

Parece pedir mucho. Pero, ¿qué se supone que debe hacer un dueño de una pyme a quien, en unos días, le toca pagar sueldos, aportes patronales, otros (muchos) impuestos, el alquiler? ¿Qué debe hacer cuando le lleguen las facturas de los servicios públicos, quizás la cuota de algún crédito y deba reservar un monto de capital de trabajo para poder “volver a empezar” cuando se termine el aislamiento?

El gobierno un mal momento para llevar adelante su embestida contra las Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS). Mientras todos somos llamados a la reclusión hogareña, el gobierno vuelve incomprensiblemente al formato papel y a la presentación personal de trámites que ya estaban digitalizados

Es a estos empresarios a quienes no les podemos pedir tanto. No son miserables: están asfixiados en un país que ostenta el triste récord de encontrarse entre uno de los de mayor presión fiscal del mundo. Sería oportuno, siguiendo al Papa Francisco, que el sector público mostrara ejemplaridad en la austeridad que exige e hiciera los ajustes necesarios para hacer un uso prudente, adecuado y, aunque les suene feo, eficiente de los recursos que tienen que administrar.

¿Es este el momento de reasignar partidas presupuestarias para que diferentes artistas hagan shows desde sus casas y nos entretengan durante la cuarentena? ¿No sería oportuno que, al igual que en Uruguay o que en Mendoza, los políticos que más ganan se impongan a sí mismos un tope salarial y ese excedente se destine a recomponer la economía argentina? No va a ahorrarse un monto de dinero significativo, pero será un gesto tan necesario como esperado.

Inevitablemente, algunas empresas cerrarán. El problema reside en que el cierre generalizado va a impactar negativamente en la rueda de la economía, generando mayor concentración, desempleo, pobreza y presión fiscal sobre quienes se mantengan a flote. Ahora es el momento indicado para convocar al gran acuerdo económico y social que propuso el presidente Alberto Fernández durante la campaña.

Porque de esta situación vamos a salir sólo si nos mancomunamos atrás de bienes superiores desde todos los sectores, incluida la oposición. Estamos de acuerdo en priorizar la salud. Pero también debemos morigerar las consecuencias negativas del remedio sobre el sector productivo de la sociedad. Si no, cuando nos curemos, vamos a estar enfermos de otra cosa.

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