El presidente del Banco Central Guido Sandleris (Foto: Matias Baglietto)
El presidente del Banco Central Guido Sandleris (Foto: Matias Baglietto)

El debut de las bandas cambiarias resultó satisfactorio para el Gobierno. El tipo de cambio frenó su escalada y en ningún momento amenazó -como presagiaban muchos economistas- con "testear" la banda superior. Al contrario, el peso se terminó apreciando más de 9% en el balance semanal y fue la moneda emergente más fuerte. El cierre del dólar mayorista el viernes a $37,85 fue inferior incluso al precio de fin de agosto, levemente arriba de $38.

El primer round de la pulseada por el dólar bajo el nuevo acuerdo con el Fondo la ganó el Banco Central. Sin embargo, quedó sabor a poco entre los inversores. Hay dos factores que le sacaron un poco de brillo a la estrategia de política monetaria que lleva adelante el titular del BCRA, Guido Sandleris, pero que es monitoreada puntillosamente por el FMI. Son los siguientes:

La tasa de interés para conseguir el objetivo de domar al dólar llegó a niveles astronómicos. El rendimiento de las Leliq, el nuevo título de regulación monetaria que utiliza el BCRA, arrancó en 67% anual en pesos la semana y terminó en el 73%. Es decir, fueron necesarias tasas crecientes para contener y finalmente hacer descender el tipo de cambio.

El Central dibujó una escalera ascendente de las tasas para forzar la caída del dólar. Arrancó en 67% la semana y terminó arriba del 73% anual. Lo mismo sucedió con la tasa de descuento de cheques y adelantos a empresas.

Semejantes tasas en pesos generan grandes inconvenientes en las empresas, que deben aceptar costos de hasta 100% en los bancos a la hora de descontar cheques o pedir un adelanto en cuenta corriente. Este aumento en el costo del capital de trabajo de las empresas provoca un efecto "boomerang", ya que se traslada directamente a los precios de venta. En otras palabras: ahora no es el dólar lo que agrega presión inflacionaria, sino el aumento de los costos relacionados con la actividad financiera, que es un insumo más para los empresarios.

-El riesgo país rebotó en forma significativa y volvió a ubicarse por encima de los 650 puntos básicos. Esto significa que los mercados no se quedaron tranquilos por la baja del dólar. Tampoco parece suficiente el acuerdo millonario alcanzado con el FMI, que desembolsará USD 13.500 millones en lo que resta del año y otros USD 22.000 millones el año próximo para que el Gobierno pueda hacer frente a los compromisos de la deuda. Es probable que al menos una parte de la caída de los bonos se explique por el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, que tuvo su impacto en la deuda emergente. Pero al mismo tiempo hay muchas dudas sobre el impacto de una política monetaria que agravará la recesión económica. Esto significa más recaudación, un peso mayor de la deuda en dólares en relación al PBI y finalmente más dificultades para enfrentar esos vencimientos en el futuro.

El economista Rodolfo Santángelo esbozó esta semana su teoría de lo que en realidad estaría buscando el acuerdo con el Fondo: "La idea de mantener tasas muy altas es forzar la baja del dólar hasta el piso de la banda y permitirle al Banco Central que empiece a comprar. Así podría emitir pesos y se flexibilizarían las condiciones tan duras del programa".

Pese a la baja del dólar, rebotó fuerte el riesgo país, por arriba de los 650 puntos. Los mercados ven una recesión que se profundizará en los próximos meses, por lo que habrá menos recaudación y más complicaciones para llegar al déficit cero

Es indudable que se si acelera la baja del dólar en las próximas dos semanas resultaría mucho más fácil empezar a aflojar estas tasas cercanas al  75%. El objetivo del Gobierno es forzar a los empresarios a vender un poco de dólares en vez de salir a financiarse con los bancos. Y al mismo tiempo atraer inversores de afuera que aprovechan las tasas tan altas para conseguir fuertes ganancias en moneda dura, gracias al regreso del "carry trade". Pero eso implicaría replicar un peligroso esquema que terminó con una estampida cuando el dólar valía $ 20 a fines de abril.

Una combinación de ambos efectos ya está ocurriendo. Por algo el dólar se movió con tendencia bajista en cuatro de las cinco jornadas de la última semana. Esto demuestra que aún sin intervención del Central, hubo más oferta de divisas que demanda en el mercado.

Lo que resta hasta fin de año será una sucesión de malas noticias económicas: mucha inflación (en septiembre alrededor del 7% y octubre al menos 5%), fuerte retracción del consumo y caídas de hasta dos dígitos en la industria.

Sin embargo, el dólar alto también empieza a corregir los desequilibrios que llevaron a la crisis. Con Brasil ya hubo superávit comercial el mes pasado (por primera vez desde 2015), el atesoramiento de dólares cayó a la mitad, hay un notorio aumento de turismo del exterior (en especial de Chile) y el gasto con tarjeta en dólares cayó a la mitad.

El tipo de cambio tan alto ya está corrigiendo los desequilibrios que llevaron a la crisis. Cae el atesoramiento en divisas, el rojo comercial y el gasto con tarjeta en el exterior. Es el “lado bueno” de la devaluación

Por lo tanto, las expectativas de un repunte en 2019 se mantienen, aunque la salida será lenta. Con un déficit fiscal en pleno descenso, una reducción de la salida de capitales y la cancelación de vencimientos de deuda en dólares, la confianza podría reconstituírse. Pero habrá que atravesar los meses más duros, donde se mezclarán los reclamos de organización sociales, oposición, sindicatos y también de los empresarios. De la cintura que tenga el Gobierno para enfrentarlos y salir airoso dependerá en buena medida la chance de una recuperación imprescindible para el año electora que se avecina.