Después de una caída anual del 1,9 por ciento, en 2019 la economía crecerá apenas el 0,5 por ciento, lo que implica que el Producto Bruto Interno per cápita descenderá por segundo año consecutivo y se ubicará casi 4 puntos porcentuales por debajo del de 2016. Si además se tiene en cuenta que la inflación superará el 25 por ciento y que habrá algo más de desocupación y subempleo, es poco probable que los salarios, las jubilaciones, la AUH y otros beneficios sociales recuperen lo perdido en 2018. A ese cuadro se le podría agregar que los números de pobreza e indigencia que el Indec publicará en marzo y septiembre del año que viene difícilmente marquen el descenso que Mauricio Macri imaginaba cuando pidió que su gobierno sea juzgado en base a la evolución de esos indicadores.

Las cifras no son inventadas ni antojadizas. Son las que figuran en el Relevamiento de Expectativas de Mercado que difundió el Banco Central esta semana, promediando los pronósticos de unas cuarenta consultoras, centros de investigación, bancos y analistas extranjeros.

Si esa situación se diera, ¿tendría Macri chances de ganar la elección y renovar el mandato? Y la misma pregunta cabe en caso de que el candidato oficialista fuera María Eugenia Vidal u Horacio Rodríguez Larreta.

Una tentación es recurrir a la gran cantidad de encuestas que circulan, y que con matices y diferencias coinciden en mostrar que la aprobación de Macri y de su gestión han caído, pero que sin embargo conserva alrededor de un tercio de respaldo y tiene una intención de voto que lo ubicaría en segunda vuelta y en situación competitiva.

Pero todos esos datos se basan en la percepción que tienen los entrevistados sobre la situación actual. La pregunta sobre intención de voto suele estar formulada con el condicional de "si las elecciones fueran hoy…".

No hay encuesta que indague acerca de qué harían los votantes si el año próximo la situación fuera como se desprende del relevamiento entre consultoras económicas.

Y así como las encuestas del presente tienen importancia relativa para vaticinar el futuro, lo mismo vale para los análisis cualitativos como, por ejemplo, el del politólogo Julio Burdman, que interpreta que el semblante abatido que mostró Macri en sus recientes apariciones públicas revela su "reconocimiento de que el gris panorama económico le cierra el camino a la reelección".

Las elecciones están lo suficientemente lejos como para confiar en la predictibilidad de las encuestas y los análisis de hoy. Pero eso no impide especular acerca de lo que podría suceder si los pronósticos sobre la economía del 2019 fueran acertados.

Si así fuera, a Macri o al candidato de Cambiemos no le convendría aplicar la famosa frase "Es la economía, estúpido" que guió la victoriosa campaña de Bill Clinton contra George Bush (padre) en 1992. Lo lógico sería que aquel invento del estratega James Carville sea utilizado por la oposición como esencia de su discurso electoral, pegando en el punto débil del oficialismo.

Descartada la economía para jugar en la campaña, al candidato de Cambiemos le quedarían algunas otras barajas para poner sobre la mesa. En primer lugar, usando la ingeniosa figura de Martín Rodríguez, el oficialismo podría travestirse y presentarse como la oposición de la oposición. Hay y seguirá habiendo un porcentaje de la población dispuesto a votar cualquier cosa que impida el regreso del kirchnerismo, del "populismo" o del peronismo. Mucho más si termina resultando que la candidata fuera Cristina Fernández.

Volviendo a Burdman, si bien él supone que Macri estaría reconociendo que se le cierra el camino a la reelección, señala que "por eso está apelando a su núcleo duro de votantes con toda la batería del diccionario macrista: cambio, decir la verdad, nunca más corrupción, los cuadernos, el país que recibimos, no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades, tenemos que hacerlo juntos". La lista podría continuar agitando el fantasma de la Venezuela chavista y recordando las trapisondas de Guillermo Moreno.

Otra carta que podría jugar es el haber logrado superar lo que el propio Macri definió como un estado de emergencia. Sin mejoras para mostrar, le queda la posibilidad de presentarse como el que evitó lo peor. La apelación a elegir al piloto que atravesó una tormenta que, por supuesto, fue solo en parte resultado de errores propios, y en gran medida culpa de la herencia recibida, de la sequía, de la crisis turca, del caos brasileño, de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, del fracaso de Sampaoli y de la estampida en el precio del flan.

Claro que para hacer valer esta segunda carta, es imprescindible que para el tiempo de campaña lo peor haya pasado, aunque haya poco mejor que mostrar.

Es un escenario posible. Después de groseros errores en el manejo de la crisis, pareciera que el gobierno entendió cómo se frena la hemorragia de una corrida, y es evidente que el Fondo Monetario Internacional está comprometido con el salvataje. A condición de profundizar un flor de ajuste que achicará la economía y afectará el bienestar general.

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