En Hacienda, el equipo de Nicolás Dujovne, cree que la devaluación mejoró la competitividad del sector exportador, pero por ahora es relativo (Patricio Murphy)
En Hacienda, el equipo de Nicolás Dujovne, cree que la devaluación mejoró la competitividad del sector exportador, pero por ahora es relativo (Patricio Murphy)

La eliminación de dos terceras partes de los reintegros que el Estado pagaba a las exportaciones industriales y la suspensión por seis meses de la rebaja que estaba pautada en las retenciones a la exportación de harina y aceite de soja, reconfirma que la prioridad absoluta del Gobierno es cumplir con el drástico ajuste fiscal comprometido con el Fondo Monetario Internacional, y que la urgente necesidad macroeconómica de achicar el déficit comercial y el desequilibrio del sector externo en general queda relegada.

Las novedades sobre reintegros y retenciones no fueron las únicas medidas de reducción de gasto anunciadas el martes. También eliminaron el Fondo Federal Solidario que transfería a las provincias el 30% de la recaudación de las retenciones a la exportación de soja. El cálculo oficial es que el paquete ahorrará unos $12.500 millones en lo que resta del año y $53.000 millones el año próximo.

La diferencia radica en que la eliminación del Fondo Federal Solidario es una transferencia de recursos a favor del Estado Nacional y en contra de las provincias, mientras que el recorte de reintegros y la suspensión de la baja en las retenciones mejoran las cuentas fiscales de Nicolás Dujovne y empeoran los números de los exportadores, por un total de $6.500 millones en lo que resta del año y de $41.000 millones en 2019.

La eliminación del Fondo Federal Solidario es una transferencia de recursos a favor del Estado Nacional y en contra de las provincias, mientras que el recorte de reintegros y la suspensión de la baja en las retenciones mejoran las cuentas fiscales y empeoran los números de los exportadores

Una clara prueba de que, entre los dos grandes déficits que jaquean a la economía, el Gobierno antepone el problema fiscal por sobre el externo; y lo fundamentó señalando que tanto los exportadores como las provincias se han visto beneficiadas por cambios impositivos.

Pero el argumento de fondo no explícito para los exportadores es que se han beneficiado de la enorme devaluación, y que a pesar de que estas medidas les quitan rentabilidad, igualmente quedan en una mejor situación que antes de que se desatara la crisis. Pero, ¿cuánto mejor?

La dinámica del tipo de cambio real multilateral

Si bien el brusco salto del dólar da la idea de que la mejora ha sido enorme, una mirada más en detalle lo relativiza. Una alternativa es observar qué ha sucedido con el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), que además de considerar la cotización local del dólar también toma en cuenta la evolución del dólar en los países con los que hay más intercambio comercial y los respectivos precios.

Según la estadística que diariamente publica el Banco Central, el ITCRM de ayer fue 112,7, es decir un 12,7% más alto que el 17 de diciembre de 2015, que fue el día en que se levantó el cepo cambiario y que se toma como número base 100 para las comparaciones futuras; y también 5,3% más alto que el promedio de julio último.

Pero hay otras comparaciones posibles que muestran que la mejora de la competitividad cambiaria no ha sido tan grande como la sensación que provoca ver que el dólar ronda los $30 cuando a principios de año valía $19. Por ejemplo, el ITCRM de finales de enero de este año era 97 y el del día de abril en que se produjo la primera corrida era de 90 puntos, que sin duda son menores que el 112,7 de ayer pero no tanto como parece al mirar las pizarras de la city.

Hay comparaciones posibles del tipo de cambio real que muestran que la mejora de la competitividad cambiaria no ha sido tan grande como la sensación que provoca ver que la cotización del dólar ronda los $30 cuando a principios de año valía 19 pesos

Por supuesto, el 112,7 de ayer sí es significativamente más alto que los momentos de más atraso cambiario de 2015, cuando tocó un piso de 73,5, o de 2017 cuando se acercó a 80 puntos.

Además, el recorte de reintegros y la suspensión de la rebaja en las retenciones erosiona parte de la ganancia de competitividad que tenían los exportadores: según el ministro Dante Sica, entre 2 y 5 por ciento.

La Unión Industrial Argentina salió al cruce de la rebaja de reintegros diciendo que "es un misil contra el valor agregado", y que "posterga el objetivo de convertir al país en el supermercado del mundo", como había proclamado Mauricio Macri.

Para los industriales, el recorte de reintegros supone una pérdida de ingresos de $5.000 millones de aquí a fin de año y de $29.000 millones en 2019, lo que equivale a aproximadamente la mitad del ahorro fiscal de todo el paquete.

Para el caso de la industria vitivinícola, por ejemplo, que en conjunto exporta unos USD 900 millones, la pérdida anual rondaría los USD 25 millones, contó el miércoles en una cena un importante empresario del sector mientras brindaba por la devaluación y despotricaba por el anuncio. Estas medidas caen justo en momentos en que las exportaciones comenzaban a dar signos de alguna recuperación.

Riesgo de frenar la recuperación de las exportaciones

A pesar del fuerte impacto de la sequía, en el primer semestre del año el total de exportaciones aumentó un 5,5% y las exportaciones de manufacturas industriales un 12,5%. A lo que se suma que el déficit que tenía la balanza comercial de energía estaría próximo a quedar en el pasado gracias a Vaca Muerta, y que hay perspectivas de que en un futuro la energía deje importantes saldos de divisas.

El Ministerio de Energía proyecta para el 2020 un excedente de petróleo y gas de entre 3.000 y 5.000 millones de dólares, que se duplicaría hacia 2022. Quizás por eso, y porque la recesión y el aumento del dólar van a cerrar parte del agujero externo por la vía de un descenso en las importaciones y en los gastos de turismo y compras en el exterior, es que el gobierno ha sacrificado algo del impulso que venían teniendo las exportaciones en pos de lograr el objetivo prioritario y casi excluyente de cumplir con las metas de reducción del déficit fiscal.

El Gobierno sigue apostando ciegamente a la idea de que el esfuerzo fiscal y los gestos políticos en ese sentido van a servir para despejar las dudas que hay acerca de la sustentabilidad externa. Volvió a decirlo Macri ayer ante los popes de la Asociación Empresaria Argentina: "Mi intención no es negar para nada la agenda de dificultades, especialmente hasta que no lleguemos a un equilibrio fiscal, que nos hace depender del financiamiento externo".

Que hay dificultades, lo saben porque lo padecen la inmensa mayoría de argentinos.

Está la idea de que el esfuerzo fiscal y los gestos políticos en ese sentido van a servir para despejar las dudas que hay acerca de la sustentabilidad externa

Pero que un eventual equilibrio fiscal termine con la necesidad de financiamiento externo es falso. Aunque equilibren esas cuentas, el país está condenado por varios años a pedir fondos prestados porque el Gobierno acumuló una enormidad de deuda externa, abusando, y mucho, del bajo nivel de endeudamiento que dejó el kirchnerismo.

No todo fue una pesada herencia.

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