Los créditos hipotecarios están de moda. Las posibilidades del mercado son espectaculares porque mientras que en los otros países latinoamericanos el stock de préstamos para la vivienda ronda el 6% del PBI, en nuestro país es una sexta parte.

La principal razón del derrumbe de este mecanismo en el pasado es la inflación. Para cubrirse de la desvalorización de la moneda los bancos cargaban intereses muy altos en las cuotas, de suerte tal que para acceder a un crédito de 1.000.000 de pesos había que pagar 14.000 por mes. Como la cuota nunca puede representar más del 30% de los ingresos del hogar, para poder calificar para esos planes había que ganar cerca de 50.000 pesos; imposible para la mayoría de la clase media.

Los nuevos créditos en UVAs ajustan el saldo por la inflación y por lo tanto permiten que las cuotas iniciales sean mucho más bajas. Para el mismo ejemplo del párrafo anterior hay que pagar entre 6.500 y 7.500 pesos, dependiendo del banco. Los ingresos exigibles son prácticamente la mitad y entonces buena parte de la clase media ahora sí cumple los requisitos.

La cuota obviamente aumenta con la inflación, pero lo mismo pasa con el alquiler de alguien que no es propietario; sube cada seis o cada doce meses, al ritmo del aumento esperado en el promedio de los precios de la economía.

Por esta razón los créditos en UVAs son muy buenos para alguien que hoy alquila y una excelente opción para cualquier familia con ingresos inferiores a los 50.000 pesos. Para el segmento ABC1 los préstamos a tasa fija siguen siendo muy atractivos, porque la cuota se va licuando con la inflación, aunque empiece siendo mucho mas alta