Diario de un espectador olímpico III: nadie escuchó llorar a Simone Biles

La presión desmedida afectó a la candidata a ser gran estrella de los juegos. Cómo cambió la mayor competencia mundial a través de los años. Nuevos deportes y la presencia de la mujer en todas las disciplinas, salvo en una

La imagen del día. Simone Biles es retirada tras un actuación con falencias.
La imagen del día. Simone Biles es retirada tras un actuación con falencias.

Lunes 26 de julio. 20.30. Empiezan las semifinales del surf. Se ven muchas más olas que en la jornada previa. La televisión, una vez más, logra contar el cuento aunque sea difícil. Es uno de los deportes nuevos, de los que se agregaron para esta edición de los JJ.OO, junto con el escalamiento y el skate. Actividades dinámicas, individuales, explosivas, de resolución rápida que atraen a los jóvenes. También el básquet 3x3. Un detalle más que tal vez pase desapercibido en esta edición de tribunas vacías: el ambiente en cada una de estas disciplinas es festivo, hay música fuerte, público que es arengado por locutores siempre excitados. Vivir una experiencia. Los deportes que se suman no son tradicionales, ni de equipos, ni de estrategias urdidas en noches de insomnio, ni de playbooks. En 1964, cuando Tokio fue sede por primera vez, se sumaron actividades en las que los locales eran favoritos: el voley femenino -ya vamos a hablar de ese equipo- y el judo. Hoy el criterio es otro (aunque también volvió el béisbol por su preponderancia en Japón). Y todo esto de la juventud, de las nuevas audiencias, del público- y los participantes- de los X Games quedó plasmado en el podio femenino de skate: la más veterana tiene 16 años; las otros dos, 13. Pero la comparación interesante con los anteriores juegos japoneses es otra. En Tokyo 64 las mujeres participaron en 33 disciplinas (en 8 deportes) sobre 163 posibles. 57 años después en este Tokio 2020, participan en 338 de 339 posibles. Sólo no hay categoría femenina en la lucha grecorromana.

Un último dato más. Muy significativo. En 1964, las mujeres representaban nada más que el 13% de los participantes. En esta edición llegan al 50 %.

22.00. Pasan finales de arquería. Vemos la tensión y la concentración del tirador y el blanco en el que las fechas se clavan con precisión. Los niveles de aciertos, a este nivel, son muy altos. Después de ver un rato, nos damos cuenta que cualquiera de los dos equipos posee la capacidad técnica para acertar el centro en cada disparo. Pero todo se convierte en una lucha de nervios. Al contrario que en otros deportes acá no hay que demostrar pasión. El que pierde el temple, se derrumba. Ganan los coreanos. Esta victoria sirve para pensar otra cuestión. Los coreanos tienen una hegemonía absoluta en este deporte. En especial las mujeres. Busco información y descubro que ganaron la medalla dorada en cada Juego desde 1988 y todas las individuales menos una desde 1984. ¿Cuáles son los países que dominan o monopolizan una actividad? Brasil lo hace en el voley en todas sus posibilidades (masculino, femenino y Beach). Los varones de Estados Unidos ganó todos los torneos de básquet desde la irrupción del primer Dream Team, excepto el que le arrebató la Generación Dorada en Atenas 04. Y las mujeres norteamericanas se quedaron con 8 de 11 medallas doradas. Japón hasta estos Juegos se había quedado con 84 medallas en Judo (en esta edición ya tiene tres doradas). Los chinos se quedaron con 28 de las 32 medallas doradas posibles de tenis de mesa. Los keniatas ganaron las últimas 9 medallas en los 3.000 mts con obstáculos, desde Los Angeles 84 en adelante. Hay otras hegemonías: Turquía en lucha, China en saltos ornamentales o Cuba en boxeo.

La última: de las 78 medallas que Jamaica ganó en su historia, 75 las consiguieron sus velocistas.

23.00. Veo una final de Tenis de Mesa Mixta que contradice todo el párrafo anterior. Los japoneses se quedan con el oro. Los chinos quedan perplejos.

Martes 27 de julio. 00.01. En los Juegos de Río en una nota previa, en esas que se hacen pronósticos, dije que mientras todas hablaban de Las Leonas, yo le tenía fe para el oro al equipo masculino de hockey. Me vanaglorié del acierto bastante tiempo (el lector está comprobando que lo sigo haciendo). En este momento, Los Leones la están pasando mal. Australia tuvo un segundo cuarto arrasador. Un ráfaga prepotente que los devastó. No sólo en el marcador. Perdieron la fe, llegan tarde, se desordenan. Esos partidos en los que todo sale mal. Y ya no tienen esa máquina de hacer goles gratis, sin importar el trámite del partido, que era el Hacha Peillat. Retegui, el técnico -aunque técnicamente no es el técnico-, siempre exuberante y decidido, también está desorientado. Pero el torneo da revancha. Los Leones todavía van a dar batalla.

01.00. Mientras el usuario de las redes en Argentina se está yendo a dormir, en Twitter quedan los restos de una guerra. La de siempre, la de la grieta. El detonante, esta vez, fueron las declaraciones de Delfina Pignatiello. No dijo nada grave, ni hubo odio en sus palabras. Fue más un lamento, una manera de tratar de explicar a través de razones su actuación. Dijo algo extremadamente razonable: no pudo entrenar en condiciones mínimamente lógicas durante demasiado tiempo. Eso en el mundo de la alta competencia se paga. Pero, como es noble, también habló de ella, de sus nervios. Y hasta valoró la experiencia de ser olímpico. Pero no importa cuán razonable sea alguien. Cada uno escucha lo que quiere, según su sesgo. Muchos le brindan a su elección en las urnas el don de la infalibilidad. Delfina ni siquiera puso en tela de juicio la pertinencia o no de la medida sanitaria. Sólo expresó cómo influyó negativamente en su preparación. Eso bastó para que muchos la lapiden. Y otros, más cautos, más calculadores, hagan como que hablan del tema pero en realidad ni siquiera bordean el problema que ella planteó. Si la cosecha de medallas en los Juegos de la Juventud o en los Panamericanos no fue agitada lo suficiente para que no pareciera un apoyo al gobierno de Macri, sobre las derrotas actuales tampoco se hace foco para que no parezcan críticas al gobierno actual (y a la inversa sucede igual). Pero no se parece entender que el deporte, que la cosecha de medallas no depende de un fenómeno o de una jornada afortunada o desafortunada de alguien.

Y que un plan de desarrollo debe elaborarse y apoyarse durante años, durante décadas. El problema no es que no funcione un talento en un momento determinado. El verdadero inconveniente es que no tengamos casi diplomas olímpicos, que nuestros deportistas vayan sólo a adquirir experiencia y no a tratar de meterse entre los 8 mejores del mundo. Un solo bote en remo, poca representación en la pileta, nulas chances en esgrima, atletismo y otras especialidades típicamente olímpicas que hablan de desarrollos deportivos de un país durante décadas. Para esa se necesita inversión, centros de entrenamiento, especialistas actualizados, competencias en el exterior, programas de desarrollo de talentos juveniles. Mientras muchos chicos de otros países que se destacaron en los Juegos de la Juventud en 2018 ya se destacaron en Tokio, muchos de los nuestros no viajaron o no mostraron un progreso pronunciada (y no es sólo de 2018: en las anteriores ediciones de los Juegos de la Juventud los nuestros que habían sobresalido, luego se estancaron o no consiguieron establecerse en la elite mundial). La excepción son los equipos de deportes colectivos. Argentina clasificó a una gran cantidad casi al nivel de Estados Unidos, Australia, España y Brasil

La brasileña Rayssa Leal en acción en una de las pruebas de skate de los Juegos de Tokio resume los cambios a través de los años. 
Se suman deportes con nuevas audiencias, y la presencia femenina alcanzó al 50% de los atletas participantes
La brasileña Rayssa Leal en acción en una de las pruebas de skate de los Juegos de Tokio resume los cambios a través de los años. Se suman deportes con nuevas audiencias, y la presencia femenina alcanzó al 50% de los atletas participantes

Delfina pasó de ser la reina argentina de los Juegos a ser denostada por un rendimiento que no fue el que muchos esperaban y, en especial, por una declaración -hecha al calor de la derrota: los niños, los borrachos y los vencidos siempre dicen la verdad, que muchos toman como una imputación. Otro tema es el de las falsas expectativas. El jueves en una cena con amigos míos, aficionados al deporte e informados, varios la mencionaban como una posibilidad de medalla. Cuando les dije que estaba, todavía, lejos de esa posibilidad, se sorprendieron. Mucho

02.00. Hace un rato Emannuel Lucenti sufrió una derrota fulminante. Un Ippon a los 20 segundos de combate. Una toma veloz y terminante. A los pocos minutos habló con la prensa. Y habló de falta de apoyo, de tener que vender el auto para continuar, de querer cambiar la situación para que los que siguen no sufran lo mismo.

04.00. ¿Para qué está Jaite?

06.30. Los Pumas juegan los cuartos de final frente a Sudáfrica. Los Springboks empiezan con todo. Un gran try. En la jugada siguiente recuperan la pelota, un kick, un choque del jugador que pateó con Gastón Revol, el árbitro que cobra penal o penal, un diálogo con el juez de línea, una tarjeta roja. En la repetición, el choque se ve fuerte, con contacto en la cara y hasta deliberado. La expulsión, por más que los periodistas televisivos no estén de acuerdo, no parece una decisión injusta. Lo que sí parece es lapidaria. Imposible competir a este nivel con un jugador menos. Revol llora en el banco. De frustración y también porque está convencido que condenó a sus compañeros a la derrota. Todos pensamos lo mismo. Pero sucede el milagro (que en este caso tiene una explicación lógica). Los seis jugadores llevan a cabo un plan perfecto. Cada try es extraordinario. La defensa perfecta. Los sudafricanos ayudan con varias pérdidas de pelota. Los seis que quedan pasan a utilizar recursos del rugby de 15. Patear los penales al touch, hacer correr el reloj. Pero faltando menos de un minuto, Sudáfrica logra descontar. Un try penal y una tarjeta amarilla para el que trata de interceptar el pase. Queda una pelota en juego y son 7 contra 5. El que obtenga la pelota en el saque del apertura sudafricano ganará el partido. Es de Argentina tras un salto monumental y Mendy la saca de la cancha. Una hazaña. Ahora viene la potencia desbordante de Fiji. Pero todo puede pasar.

Marcos Moneta ya apoyó la pelota y el sueño argentino se hace realidad. Se sigue por una medalla.
Marcos Moneta ya apoyó la pelota y el sueño argentino se hace realidad. Se sigue por una medalla.

07.00. En los Juegos anteriores, Michael Phelps apareció con unos extraños círculos morados en su espalda. Se tejieron varias conjeturas hasta que alguien develó el misterio. Era un tratamiento de ventosas que algunos utilizan para mejorar el rendimiento. En Tokio 2020, la innovación en el tema es otra. Los torniquetes. O dicho técnicamente: la reducción del flujo sanguíneo para la recuperación muscular. Lo cuenta en un magnífico artículo Matthew Futterman en el New York Times. Lo sorprendente es que es una mezcla entre avance científico y método atávico.

08.30. En la madrugada perdió Noami Osaka. Fue casi un colapso. El primer set fue arrasada, en el segundo amenazó con la recuperación, pero si no fuera por el nombre nadie hubiera creído que lo podía levantar. Se la veía lenta, pastosa, como si la superficie en la que jugara la rival fuera rápida pero la de ella arena movediza. Una de las dos grandes estrellas femeninas de los Juegos, la que encendió el pebetero, quedó eliminada. La otra gran estrella es, sin dudas, Simone Biles. En la clasificación para las finales de equipos, cometió varios errores pero nadie lo tomó como una señal de atención, nadie lo quiso ver. Su exuberancia, su arte hipnótico, nuestras ganas de disfrutar lo tapan todo. Ayer fue un posteo en las redes que ella escribió desnudando lo presionaba que se sentía. Tampoco nadie pareció escuchar. Hoy en el primer ejercicio, en el salto, cuando se descartaba una ejecución perfecta, volvió a fallar. Su puntaje fue muy bajo. Las caras de sus compañeras mostraron sorpresa y preocupación. Simone se retiró de la prueba inmediatamente después. Una vez más la presión aplastó a un talento, en este caso sobrenatural. Veremos qué sucede en los días siguientes. Veremos si regresa. Ojalá que sí.

09.00. Hay Beach Voley masculino. Comenta, con precisión, Hugo Conte, elegido por la FIVB como uno de los ochos mejores jugadores de la historia. Conte es una leyenda del juego. Sus comentarios técnicos no caen ni en la condescendencia ni en el resentimiento, vicios en los que suelen incurrir los ex deportistas. Pero Conte tiene que superar otra dificultad. En el voley masculino juega su hijo. Y si no fuera por algunas intervenciones del relator (José Montesano: al único que le permito excesos pasionales; me suele emocionar cómo se nota que ama lo que hace) el espectador incauto no sabría de la filiación.

10.00. Japón consigue la medalla en softball. La apuesta les rinde. Como en Tokyo 64 con el yudo y el voley femenino. Ahora falta el béisbol, otra gran foco de atención de los locales. Pero eso será más adelante. Ahora a descansar porque mañana la jornada es agotadora. Voley, basquet, hockey, fútbol. Todos partidos decisivos. Y la definición del rugby. Y la final por equipos de la gimnasia masculina. Y más finales en la pileta. Bah, otro día olímpico.