
La selección argentina todavía no tiene confirmada la formación para enfrentar a Jordania. No sabemos quiénes van a jugar y quiénes no. Evidentemente, hay un par de futbolistas que pueden tener cierta ascendencia sobre las decisiones del entrenador. El técnico puede consultar con ellos si realmente necesitan o quieren estar, como en el caso de Lionel Messi o Dibu Martínez.
Este último quizá justifique su presencia porque necesita agarrar aún más seguridad. Fue poco exigido y sabemos la lesión que acarreaba en un dedo. Si bien ya pasaron varios días, quizá lo conveniente sea jugar para tener más seguridad. El arquero rara vez presta el arco; es un puesto muy particular. Mucho más aún en el caso de Dibu, con toda la influencia que tiene.
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Lo de Messi también es aparte. Recordemos aquel episodio que alguna vez tuvo con Luis Enrique, que lo dejó en el banco en un partido como estos, que en este mundo utilitario no significan mucho. Para Messi, sí. Él está acostumbrado; su cuerpo está entrenado para jugar cada tres días. Ahora, está viviendo un período en el Inter de Miami, que quizás juega de manera más espaciada. Si hacemos un ejercicio de memoria para recordar que él, desde Barcelona y París Saint-Germain hasta hoy, siempre jugó Champions, campeonatos y copas internas.
Es un Messi especial: tiene 39 años, ha aparecido en el último tiempo alguna lesión y puede presentarse el temor de que sufra el cansancio y la rigurosidad de la competencia. Pero si hay un don que ha tenido él, primero es el conocimiento de su propio cuerpo y sabe administrarse. No es un jugador cualquiera. Camina, espía, tiene un radar y detecta la oportunidad para intervenir en el juego. Quizás, en estos once días que hay entre un partido y otro (vs. Austria y 16avos de final), lo más conveniente para él sea jugar unos minutos. Son muchos días y el jugador también se entrena jugando. Me parecería acertado si Messi juega media hora, 45 minutos o el tiempo que él mismo considere. El entrenamiento siempre es una simulación, los movimientos son controlados, pero en un partido es el fútbol real, que se pone a prueba todo.
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Después, hay casos particulares como el de Leandro Paredes o Nicolás Tagliafico: uno viene con amarilla y algo de inactividad, el otro con lesiones.
También es un partido aparte para algunos jugadores que vienen desde el banco, acompañando al equipo, y se les presenta esta oportunidad. Creo que en todos los partidos de la selección argentina, incluso en los más comunes, hay algo de representatividad. Al jugar con la camiseta de la Selección o de cualquier club uno representa el sentimiento de un hincha, el sentimiento por el fútbol, la dignidad del jugador, el amor propio, la vanidad del futbolista.
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Si ingresan Paredes, Giovani Lo Celso, Valentín Barco, Giuliano Simeone, tendrán que responder y estar a la altura de los titulares del Mundial. Por eso, hablaba de orgullo y de generarle esa duda al entrenador para los futuros partidos. El que mejor está, aunque el partido sea descartable quizás para los demás, el que la rompe puede ser el primer cambio en los partidos futuros. Eso le abre la posibilidad a los jugadores de ganarse minutos en compromisos con el equipo titular.
Jordania es un rival muy menor. No está garantizado que ponga a los titulares. Ya está fuera del Mundial, perdió los dos partidos y no ganó ninguno en 2026. No es un rival competitivo, a la altura ni siquiera de los suplentes de Argentina. Por eso, vivirlo desde la desdramatización me parece interesante, porque nos reencuentra con el sentimiento de ver un partido de fútbol sin el drama habitual, en una época en la que el juego se ha banalizado.
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Mucha gente, sobre todo en los mundiales, va al fútbol a participar de la fiesta, por la selección, la camiseta, el nacionalismo, pero el juego queda en un segundo plano. Muchos no entienden o no les interesa el juego, solo quieren ganar o perder. Nosotros nos enfocamos en otras cosas. Yo disfruto de los partidos y, en este caso, me obliga a mirar el partido tratando de analizar el fútbol. Para quienes están en contacto con el juego y quienes no, poder ver un partido sin drama es algo para resaltar.
No mucho más ofrece este partido. La oportunidad, el sentido de la oportunidad. Los jugadores que ingresan tienen que tener el colmillo afilado, porque es lo que estaban buscando después de tantos días, tanto entrenamiento y momentos lejos de la familia. Poder entrar a la cancha y jugar un partido a la altura de sus sueños y de la camiseta de la selección.
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