La conmovedora historia de la futbolista a la que René Houseman apadrinó: la última visita en el hospital, sus enseñanzas y un tatuaje fruto del amor

Carolina Teisseire conoció al campeón del mundo cuando jugaba en Excursionistas. Ambos establecieron un lazo de amistad que se extendió más allá de las canchas y que dejó numerosas anécdotas

dlichinizer@infobae.com
René Houseman y Carolina Teisseire se conocieron cuando ella jugaba en Excursionistas
René Houseman y Carolina Teisseire se conocieron cuando ella jugaba en Excursionistas

“¡Dale, Gordi, levantá el centro!”. El que grita desaforado de un lado del alambrado es René Houseman. La destinataria de esa indicación adentro de la cancha es Carolina Teisseire. Esa secuencia se repitió una y otra vez durante varios años, cada vez que el equipo femenino de Excursionistas jugó en el estadio del Bajo Belgrano. En ese reducto fue donde el Loco y la futbolista consolidaron una amistad que trascendió los límites del campo de juego y que ni siquiera la muerte del campeón del mundo pudo apagar.

Carolina había empezado a jugar al fútbol de pequeña junto a su primo en un equipo de varones en el club Estrella de Maldonado de Palermo. Por aquel entonces hacía también danza clásica, pero su verdadera pasión era la pelota. Sin embargo, la falta de espacios para el fútbol femenino hizo que recién pasada la adolescencia pudiera encontrar un lugar para jugar. A los 18 años, su papá, Luis Teisseire, un exquisito 10 que no pudo llegar a la primera de Atlanta por una lesión en la rodilla, le consiguió una prueba en River.

A Núñez, Carolina llegó con un par de botines dos talles más grandes que le había prestado un conocido. A la hora del partido, jugó de 8 (“Vos subí, bajá y marcá un poquito”, le había dicho su papá) y le tocó la más difícil: evitar las subidas de Mariana Larroquette, por aquel entonces figura del conjunto Millonario. Su desempeño fue irregular y hasta tuvo que salir por una molestia muscular, pero el entrenador le vio condiciones y le dijo que se quedara para ser parte del equipo.

Tras dos años en un River que tenía grandes nombres, la jugadora decidió alejarse del fútbol. Tiempo después, fue otra vez Luis el que le insistió para que volviera a jugar y la llevó a Excursionistas, que estaba por participar de su primer torneo de AFA. En su nuevo club logró asentarse por la banda derecha y volvió a disfrutar del deporte.

El hecho que marcó a la futbolista ocurrió durante un partido en el Bajo Belgrano: su papá divisó a René Houseman en una de las tribunas y se acercó a saludarlo porque era uno de sus grandes ídolos. “¿Quién es la 7?”, le preguntó el campeón del mundo, a lo que Luis respondió orgulloso: “Mi hija”. “Buena jugadora, eh”, acotó el Loco.

El campeón del mundo y la futbolista establecieron un vínculo de profunda amistad
El campeón del mundo y la futbolista establecieron un vínculo de profunda amistad

“Cuando salí, mi papá me lo presentó. Me dijo que René era un campeón del mundo, pero yo no tenía mucha idea de quién era. Después llegué a casa y me mostró videos de sus jugadas. Para él era lo máximo”, recuerda Carolina en una charla con Infobae en su departamento en la zona de Parque Centenario en el que vive junto a su novia, la jugadora de River Daiana Leguizamón. Es la primera vez que habla por fuera de su círculo íntimo del profundo vínculo de amor y de amistad que estableció a partir de ese momento con una de las máximas leyendas del fútbol argentino.

Lejos de pensar que el fútbol no es para las mujeres, René Houseman tenía un vínculo muy especial con el equipo femenino de Excursionistas. “Él vivía en el club. Se levantaba temprano para ir a ver los partidos de fútbol femenino y estaba siempre en los entrenamientos. A veces la barra brava era medio pesada, pero a él le tenían respeto y nos cuidaba mucho. Aparte de eso, nos enseñaba. Se involucraba mucho y el cuerpo técnico le daba el lugar porque era un privilegio que él estuviera ahí. Siempre nos daba consejos y antes de entrar a la cancha nos alentaba. No se perdía ningún partido: fuera a las 9 de la mañana en Pilar o a las 11 de la noche en Excursionistas. Se tomaba la combi con nosotras y nos preparaba la ropa. Era el utilero, el director técnico, el ayudante de campo, era todo”, destaca Carolina.

Houseman estableció un vínculo muy particular con la familia Teisseire. Luis lo consideraba su mejor amigo y para Carolina se convirtió en su “segundo papá”. El Loco la llamaba o le mandaba mensajes todos los días y, cuando la futbolista empezó a jugar futsal, la iba a ver a todos sus partidos también en esa disciplina. En las canchas se generaba una revolución cada vez que alguien lo detectaba entre el público.

“De la nada nos llamaba y nos decía que iba a pasar Navidad o Año Nuevo con nosotros, era común que viniera en las Fiestas. Su familia estaba acostumbrada a esas cosas y ya no le decían nada, estaba todo bien. Él era santiagueño, le gustaba mucho la chacarera y se ponía a cantar, nos contaba anécdotas y nos hacía reír. En la sobremesa, a la hora del truco, yo hacía equipo con él contra mi mamá y mi papá. Era muy difícil porque nunca sabías cuándo te decía la verdad y cuándo mentía. Una vez vino un amigo de mi papá que es fanático de Huracán y se volvió loco cuando lo vio a René, pero después de jugar al truco lo terminó odiando y se fue enojado. No le gustaba perder a nada, hacía cualquier cosa para ganar, era muy competitivo”, relata la futbolista de 28 años, con una sonrisa constante.

El Loco pasaba las Fiestas con la familia Teisseire
El Loco pasaba las Fiestas con la familia Teisseire

El único momento incómodo en la relación fue el día que a Carolina la vinieron a buscar de Boca. La entrenadora Marcela Lesich la había llamado para ir a jugar la Copa Libertadores con el conjunto Xeneize y la mediocampista no pudo decir que no. “Me tuve que despedir de Excursionistas, pero la parte más complicada era decirle a René que me iba del club. Él se enojó un poco conmigo; me dijo que no me fuera y que me iba a extrañar”, contó.

El tiempo que estuvieron distanciados fue muy breve. Pronto Houseman comprendió que era una gran oportunidad en la carrera de Carolina y, aunque su fanatismo por Huracán le impedía ir a verla jugar con la camiseta de Boca, retomó la amistad tal como siempre había sido. “Me llamaba en la semana y me decía que fuera con él a un parque a practicar cómo levantar los centros porque era algo que a mí me costaba. Él ya tenía algunos problemas en las rodillas y no podía jugar mucho, pero una vez me mostró cómo hacer jueguitos y se pasaba la pelota de taco a taco de una manera increíble”.

Tras aquel paso por el Xeneize, la jugadora volvió a Excursionistas. Una vez más, del otro lado del alambrado la esperaba el Loco. “Como había confianza, me gritaba de todo. Cuando me cansaba de escucharlo yo le hacía ‘Fuck you’ con el dedo o hacía como que lo ignoraba. A veces me acercaba y le decía ‘No te soporto más, no me hables’. Lo peor es que mi viejo le aplaudía todo, era su cómplice. Yo jugaba por la línea y los tenía a los dos al lado, eran insoportables”, cuenta la mediocampista, siempre con humor.

Cuando Carolina se fue a Boca, el Loco tuvo un breve enojo, pero pronto se reconciliaron
Cuando Carolina se fue a Boca, el Loco tuvo un breve enojo, pero pronto se reconciliaron

En determinado momento, Carolina decidió dejar el fútbol 11 y dedicarse solo al futsal (hoy juega en el Club Pacífico). “Eso no es fútbol”, solía decirle el Loco. Aunque no estaba conforme con ese cambio, René nunca la dejó sola: en algún momento del día ella siempre recibía en su celular un mensaje que decía “¿Qué hacés loquita?”, “¿Qué estás haciendo?”, “¿Cuándo nos vemos?”, “Pásate por el club o voy para tu casa”.

“En mi casa al lado de la puerta del baño había un gancho y, cada vez que venía, René me dejaba ahí colgada una camiseta de Excursionistas de regalo. La traía puesta abajo de su remera y cuando iba al baño la dejaba sin que yo me diera cuenta. Cuando se iba me avisaba por mensaje que me había dejado un regalito y ahí yo las encontraba. Tengo una cantidad incontable de remeras que me dejó él”, cuenta.

Las conversaciones, telefónicas o cara a cara, se extendían por horas. Houseman se refería a César Luis Menotti como “My father” (mi padre) y no se cansaba de expresar su admiración por Lionel Messi. Tampoco se guardaba comentarios sobre cómo había vivido el Mundial de 1978 en el marco de la sangrienta dictadura militar: “Decía que había sido algo increíble y único, que lo marcó para siempre. Contaba que como jugadores de fútbol ellos no podían hacer mucho, que la situación era triste y que internamente los afectaba, pero también estaba la parte deportiva a la que ellos le dedicaban su vida. Por esa razón no terminaron de disfrutar eso de ser campeones del mundo, que fue algo inmenso. Él lo contaba y se le ponía la piel de gallina, se le llenaban los ojos de lágrimas porque fue algo muy duro”.

Un día, el Loco fue a ver un partido del equipo femenino de Excursionistas y Carolina, que ya no jugaba en el club, lo acompañó. Se puso a charlar con él en la tribuna y notó que su voz ya no era la misma. Houseman le contó que estaba haciendo un tratamiento porque le habían encontrado “algo” en las cuerdas vocales y que estaba esperando los resultados de unos estudios. Esa semana, el campeón del mundo llamó al papá de la jugadora -porque no se animaba a decírselo a ella- y le habló del diagnóstico que le habían dado: era cáncer.

“Cuando empezó la quimioterapia, yo le dije que iba a salir todo bien, que estuviera tranquilo. Él me respondía que no pasaba nada y me hacía chistes. Lo invité a mi cumpleaños y me dijo que no iba a venir por toda esta situación, pero llegó el día del festejo, me tocaron el timbre y era él. Ya estaba muy flaco, decaído, comía poco. Ese fue el último cumpleaños que pasé con él”, rememoró la jugadora.

El Loco fue clave para el crecimiento del fútbol femenino en Excursionistas
El Loco fue clave para el crecimiento del fútbol femenino en Excursionistas

Durante la internación del Loco, Carolina y su papá fueron de las pocas personas por fuera del ámbito familiar que lo pudieron visitar: “Cuando me vio en la habitación se le llenaron los ojos de lágrimas. Yo me descompuse porque lo vi mal. Traté de disimular, pero fue complicado. Tomé aire y le hablé de cómo había salido Huracán. Yo no quería que él sintiera que yo lo estaba viendo mal, quería que la situación fuera lo más normal posible, así como éramos nosotros de vernos y ‘gastarnos’. Justo en ese momento me llamaron para la selección de futsal, se lo conté, le mostré unas fotos y me agarró las manos fuerte. Me decía ‘Vos te lo merecés’ y a mí se me partía el alma. Me preguntó cuándo jugaba, le dije que faltaba un tiempo, charlamos un poco y me fui”.

Más allá de algún atisbo de recuperación, la salud de Houseman se fue deteriorando y la futbolista lo acompañó hasta sus últimos días. Recuerda que ni siquiera en esos momentos el Loco perdía el humor y las mañas: tenía un spray para tomar agua y con eso molestaba a las enfermeras y a cualquiera que entrara a su habitación. El televisor siempre estaba puesto en un canal de deportes y no se perdía por nada del mundo los partidos de Huracán.

“Un día estaba en mi trabajo, me suena el celular y era René, que le había sacado el teléfono a mi papá para llamarme. Me preguntó si iba a ir a verlo, le dije que iba a ir cuando saliera de trabajar y me pidió por favor que no dejara de ir. Fui y me quedé hasta pasadas las nueve de la noche, cuando por fin se durmió. Le di la mano, lo abracé, le dije que lo quería mucho, que se cuidara y que se portara bien, que era como yo lo despedía siempre. A la mañana siguiente me mandó un mensaje su hija Jesi y me puso ‘Se nos fue’. Yo venía cruzando avenida Callao y me largué a llorar ahí en medio de la calle”. El relato de Carolina conmueve, desnuda el profundo vacío que le dejó la partida de su amigo aquel 22 de marzo de 2018. Sí, 22, el número que representa al Loco en la Quiniela.

La futbolista no pudo ir más a Excursionistas porque cree que ese lugar no es el mismo sin René. Durante mucho tiempo durmió con una de esas camisetas que él le había regalado. Tiempo después de la muerte del Loco, una ex compañera le mandó una foto que ella nunca había visto: la imagen fue tomada el día en que jugó su último partido en el equipo del Bajo Belgrano y se la ve abrazada a Houseman. Hoy esa foto adorna su brazo en forma de tatuaje.

La foto original y el tatuaje en el brazo de la jugadora
La foto original y el tatuaje en el brazo de la jugadora

Dentro de la cancha, René le dejó a Carolina una enseñanza sobre cómo levantar los centros. Fuera de ella, le inculcó el valor de la humildad y la sencillez: “Él decía que no le importaba la plata. Todas las camisetas, los botines y las cosas que tenía las donaba a los pibes de la villa. Cuando Excursionistas jugó un partido de Copa Argentina contra Boca, le dieron una camiseta de ese partido. Después vino y me la regaló aún cuando era una remera que no se conseguía en ningún lado. Él podía usar zapatillas de 20 pesos, pero a vos te iba a dar las que usó para ganar la copa del mundo”.

La jugadora de Pacífico, que entra a la cancha siempre con las medias bajas y sin canilleras, tiene una particular visión respecto de cómo trató el mundo del fútbol a Houseman en sus últimos años. “Él vivió situaciones adversas en su carrera por los problemas que tuvo con el alcohol, pero en ese momento ya no consumía más y a mí me molestaba que lo tildaron de borracho. Su esposa y su familia lo acompañaban mucho y en los seis años que yo pude compartir con él jamás lo vi tomar una gota de alcohol. Pero por ese tema lo desplazaron y no le dieron el espacio que hubiera merecido por la alegría enorme que le dio a la Argentina. A René lo juzgaron de más. Eso me pone triste y sé que a él en algún punto le afectaba. El fútbol masculino no se portó bien con él y él sentía que el femenino le había dado un lugar de reconocimiento”.

Una de las camisetas de Excursionistas que el Loco le regaló a la jugadora
Una de las camisetas de Excursionistas que el Loco le regaló a la jugadora

Y agregó: “Jamás lo escuché decir algo como el fútbol no era para mujeres, él no pensaba así en absoluto. Es más, hasta se peleó con gente por defendernos a nosotras. Él fue muy importante para el crecimiento del femenino en Excursionistas porque era una persona de renombre y nos dejó una enseñanza enorme a cada una”.

“Él siempre me decía que yo era su ídola”, revela con una sonrisa Carolina, que hasta el día de hoy le dedica posteos en las redes sociales a su gran amigo y padrino futbolístico. “Siempre lo tengo muy presente en todo. Es muy difícil hablar de él y no emocionarme. Ya pasaron casi tres años desde que se fue y para mí fue ayer, por todas las emociones que él me dejó. ¿Qué me diría si me viera hoy? Que me haga hincha de Huracán, que deje el futsal y que vuelva al fútbol 11... Ah, y que aprenda a levantar un centro”.

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