Thiago con la pelota dominada con la mirada. El chico de Vélez aún no es titular y ya lo siguen desde Europa. (Fotobaires)
Thiago con la pelota dominada con la mirada. El chico de Vélez aún no es titular y ya lo siguen desde Europa. (Fotobaires)

Lo vio sentado en un sillón y se tildó. Quedó quieto, duro, sin poder creer que fuera real. Era tan igual al que salía por televisión, tan idéntico al que espiaba en las tapas de las revistas, que lo impresionó. No hacía falta mirarle la espalda para saber que era Román. Aún hoy Thiago Almada recuerda ese primer contacto visual con el ídolo. El tenía apenas ocho años. Ese día el asado no era lo más importante. De pibe no se alimentaba bien. Eran épocas de comida chatarra. O de lo que se pudiera comprar para llevar a la mesa. Pero las cosquillas en el estómago se sentían distintas esa vez. Difícil de describir para la inconsciencia de un chico si se trataba de ansiedad o simplemente de vergüenza. Daba igual. Ya le había pedido conocerlo al hermano de un amigo de Fuerte Apache, uno que lo conocía a Riquelme de las Inferiores de Argentinos. Y así fue hasta allá. Tardó poco menos de una hora desde Ciudadela hasta su casa en Don Torcuato. Él sintió que había llegado a Disney.

Almada no hizo el Topo Gigio en su festejo contra River pero corrió enloquecido como tantas veces hizo el crack del sillón. Parecía que en cualquier momento se largaba a llorar. Esta vez no se paralizó. Armani es un gigante frente a él. Pese a los 20 centímetros de diferencia, el pibe de Vélez lo encaró en el área en una época que casi ningún delantero gambetea al arquero. Hasta que el oso de 1,90 metro le hizo penal. Después Almada lo pateó con la misma personalidad que en la Bombonera en su noche consagratoria. Como si Román le hubiera dado algún consejo. Aunque ese día del encuentro apenas se saludaron y nunca más volvieron a verse. Sólo se sacó una foto que guardó pero no sabe dónde. No hace falta tenerla a mano para recordar ese instante."De él me gustaba la pegada. Los pases filtrados. Cómo aguantaba la pelota. Yo siempre miraba sus partidos", recordó hace poco Thiago en televisión. Riquelme se enteró. En otra noche de sus famosos asados le recordaron a ese chiquito que lo fue a conocer. Le dijeron que era Almada, el que este domingo le dio una alegría como hincha de Boca.

Thiago siempre declaró su predilección por el juego de Riquelme, Gracias a un amigo que lo conocía desde la época de Argentinos Juniors, el chico Almada pudo visitar al ídolo boquense en Don Torcuato. (NA)
Thiago siempre declaró su predilección por el juego de Riquelme, Gracias a un amigo que lo conocía desde la época de Argentinos Juniors, el chico Almada pudo visitar al ídolo boquense en Don Torcuato. (NA)

El pibe que bajó a River es riquelmista. Nació enganche cuando saltó de la tierra de Santa Clara -su club de barrio- a la cancha grande de Vélez. En su juego ahora tiene más de los quiebres de Agüero cuando sacó a pasear a Racing en un clásico inolvidable con Independiente. Su potencia y su origen lo acercan a Tevez, aunque Almada prefiere tener la cancha de frente. Jugar atrás de otro delantero, llegando por el centro o en diagonal. El primer Carlitos aguantaba de espaldas a los centrales y ganaba por potencia tipo Márcico o el Beto Acosta. De chico no se lo podía mover cuando iba a la cancha pelada del Fuerte. El departamento de Almada estaba en el monoblock 2, detrás de la casa que Tevez hizo famosa en su serie. El también jugaba con gente más grande y por plata. Se apostaba afuera y el ganador se llevaba quizá la comida de esa noche. Hay que ser guapo de verdad para pedir la pelota cuando el rival te amenaza no sólo con tapones filosos. No hay árbitro que te proteja ni VAR por si te pegan un codazo. Aunque se mudó a El Palomar, Almada vuelve todo el tiempo a visitar al abuelo a su verdulería. Ese fue su primer trabajo. Ayudaba a un muchacho que vendía verduras y le tiraba unos pesos. Así tenía el bolsillo un poco menos flaco. Costaba ganarla. El papá se levantaba a las tres o cuatro de la mañana para trabajar. Antes era ayudante, hoy es chofer de un camión que reparte gaseosas. La mamá vendía ropa por el Fuerte. Ahora dejó para estar con la hermana menor de los cinco hermanos. Thiago ya era el Guayo porque no le salía pronunciar Guacho.


No se achicó por su altura. Siempre fue rebelde debajo de su 1,71 metro que parece menos. No se apartó de su juego. Aun cuando había un entrenador -preso del supuesto fútbol moderno- que le pedía que no gambeteara. Fue en la Novena de Vélez. Paraba la práctica cuando Thiago encaraba en el uno contra uno. “A dos toques”, le gritaba sin saber que le podía cortar las alas. Un chico obediente quizás hubiera perdido su inventiva. Almada siempre fue un rebelde. Entender cuándo había que encarar lo llevó a ser señalado como el futuro crack del club y a la Selección. A ser campeón en Pre Novena y en Séptima. En el baby, en la 2001, jugaba en el medio. En la cancha grande se adelantó unos metros. Como “en la escuela era un burro” sólo se dedicó a jugar. Recién ahora piensa en anotarse para hacer la secundaria por Internet. Le insiste “una chica que maneja el colegio en el club”. Sabe que sería un gran complemento. Una foto para sumar a la que se tiene con Messi en la gira previa al Mundial de Rusia. “Aproveché que le pidieron unos compañeros y me saqué”, recuerda con picardía. Fue en la imponente ciudad deportiva del Manchester City. El mismo club que dirige Pep Guardiola y que se rumoreó hace unos meses que iba a pagar 26 millones de dólares para llevarse a la joyita. Ya está en el radar de varios poderosos del mundo. Y hasta Diego Latorre -por iniciativa propia y sin ningún interés más que su gusto por el Arsenal- le envió un mensaje a Emery para recomendárselo. La inglesa y la española son las ligas preferidas de Thiago.

Marcando a Messi en un entrenamiento de la Selección. Thiago fue sparring durante el Mundial de Rusia. (@thiago.almada10)
Marcando a Messi en un entrenamiento de la Selección. Thiago fue sparring durante el Mundial de Rusia. (@thiago.almada10)

Su sueño antes de volar es salir campeón con Vélez. Ya dejó de ser carne de rumores por la demora en su renovación con el club al que llegó a los cinco años. La película pasó en cámara rápida para él. Le resulta natural que Mascherano le explique dónde moverse en una práctica con la Selección, que Gago lo contenga en su llegada al club o que Sampaoli le mande mensajes de whattsapp. Almada escucha cuando le hablan ellos. O cuando lo hace el exigente Gringo que hoy es su entrenador. “Me pide volver con el 5. Cuando la tiene el rival tenemos que correr los once. Heinze me enseñó bastante. A buscar los espacios, a generarlos para el compañero. Es muy profesional. Nos pesan tres veces a la semana. De entrada me costó porque no me alimentaba bien. Después me acomodé”. Heinze le avisó que alguna vez se va a equivocar y no siempre escuchará elogios. No todo el tiempo será el crack del doble enganche en el área de la Bombonera. “Esa noche miraba al técnico porque tenía ganas de jugar. Lástima que nos quedamos afuera. Cuando fui a patear el penal no se escuchaba ni el silbato del árbitro por el grito de la gente”, recuerda y le hace un mimo inconsciente al hincha de Boca. Es el partido que más recuerda el público en general y el periodismo. Para él su mejor versión fue contra el Defensa y Justicia de Beccacece. Vélez perdió 3-2 y los dos goles los metió él. Aún hoy pese a su talento pelea por un lugar fijo como titular. La conversada firma del contrato pareció demorar ese despegue, que Almada volviera a ser Almada.

Junto a su vecino Carlos Tevez, cuya casa que se vio en la serie queda a metros de la vivienda donde creció Thiago.(@thiago.almada10)
Junto a su vecino Carlos Tevez, cuya casa que se vio en la serie queda a metros de la vivienda donde creció Thiago.(@thiago.almada10)

Fue tapa de diarios, lo entrevistaron en canales de televisión. Tiene 78 mil seguidores en su cuenta de Instagram dedicada casi íntegramente a fotos en Vélez y en la Selección. Igualmente aún no lo reconocen tanto cuando anda por la calle. Algo que no lo inquieta. Su ego no pasa por un like. Se lo ve maduro con sus 18 años cumplidos en abril. No es el típico chico que se encierra en su propio mundo con la Play Station. Jugaba con el City pero ahora ni siquiera la tiene en su casa. Trata de escuchar a su papá, lateral izquierdo o volante abajo del camión. Tampoco parece sacarlo de eje que se haya hablado de un interés de Boca en el último mercado de pases. O que se lo identifique como el mejor pibe del fútbol argentino. Por supuesto que le gustaría ser como Messi. Como Tevez. El Apache es el referente de todos los pibes que se criaron en esa pequeña ciudad corriendo detrás de una pelota que los rescate y los lleve a otro mundo. Con él compartió asados con amigos en común y tiene algunas fotos que están en Internet. O como Román, al que le gustaría disfrutar en su partido despedida en diciembre. Tal vez cuando lo vuelva a tener cerca, Almada no se quede callado como la primera vez que lo vio en el sillón...

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