Maradona nos devolvió por un rato lo que la pandemia nos había sacado

“Pelusa” logró que los estadios volvieran a abrir sus puertas para los hinchas luego de mucho tiempo

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La fuerza de la muerta de Maradona logró abrir las canchas (Franco Fafasuli)
La fuerza de la muerta de Maradona logró abrir las canchas (Franco Fafasuli)

Van en grupos de dos, tres o cuatros personas, como se va a cancha. Son amigos, padre e hijo, familias. A dos cuadras ya se escuchan los cantos y los bombos. Las calles están cortadas al tránsito y los policías miran lo que ocurre contra las paredes, como ocurre en las canchas cada vez que hay un partido. Pero en Juan Agustín García y Boyacá no jugará ningún equipo pero hay hinchas, muchos. La cancha está cerrada pero están ahí, estamos ahí, para despedir a Diego Armando Maradona.

La pandemia del coronavirus nos quitó volver a la cancha con el regreso del fútbol y los partidos ahora se juegan con estadios vacíos. Pero Maradona, con la fuerza de su muerte, nos hizo volver a los hinchas a un estadio. Aunque sea a sus puertas.

La escena transcurre en el barrio de La Paternal, en el estadio de Argentinos Juniors, donde debutó Maradona el 20 de octubre de 1976 en el fútbol profesional y el que desde el 26 de diciembre de 2003 lleva su nombre. Pero se repitió en muchas otras chanchas. En la Boca Juniors, en la de Gimnasia de La Plata, en el estadio Azteca de México donde fue campeón del mundo, en la del Nápoli donde conquistó a una ciudad y su estadio San Paolo pasará a llamarse Diego Armando Maradona.

Los hinchas también despidieron a Maradona en el estadio de Gimnasia (Aglaplata)
Los hinchas también despidieron a Maradona en el estadio de Gimnasia (Aglaplata)

Si para muchos los goles a Inglaterra fueron uno de sus milagros, ayer Maradona provocó otro. Logró abrir las canchas a pesar de la pandemia. Fueron los casos de la de Argentinos Juniors y de Gimnasia que permitieron que los hinchas entren para despedir a su ídolo y como corresponde desde donde los hizo felices, las tribunas de un estadio. Casualidad o no las puertas se abrieron en el primer y el último club de Maradona.

Los hinchas peregrinaron con velas, fotos, flores, camisetas, carteles con mensajes que le ofrendaron en altares a las puertas de las canchas. Sobre los murales con la cara de Maradona. “Ole, ole, ole, Diego, Diego”, cantaron una y mil veces, muchos con lágrimas y todos cargados de recuerdos. “Vení, veni, canta conmigo que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Maradona, todos la vuelta vamos a dar”, fue otro de los himnos más cantados.

Uno de los homenajes de los hinchas en la cancha de Boca (REUTERS/Martin Villar)
Uno de los homenajes de los hinchas en la cancha de Boca (REUTERS/Martin Villar)

A diferencia de un día de partido no había una sola camiseta. En la cancha de Argentinos eran mayoría las del Bicho y en la Bombonera, las de Boca. Pero había de Independiente, de Racing, de San Lorenzo, de Banfield, de Tigre. De todos los equipos. Por supuesto que muchísimas de la Selección argentina con la 10 o el Maradona en la espalda y del Napoli. Eso no provocó disputas por la localía. Todos eran hinchas de Maradona.

“Abrí la cancha la puta que te parió”, gritaban en Argentinos Juniors con las ansias de despedir a Maradona ahí donde más le gustaba estar y a donde los hinchas más nos gustaba verlo. Y lo lograron cuando a la noche las puertas se abrieron para los hinchas.

Hinchas del Napoli en las puertas de su estadio (REUTERS/Ciro De Luca)
Hinchas del Napoli en las puertas de su estadio (REUTERS/Ciro De Luca)

Sobre el sector de boleterías de la calle García hay un mural de Maradona. Es un dibujo de Diego joven, con sus rulos negros, la camiseta de Argentinos y arrodillado gritando un gol. Está de espalda y sobre la camiseta una de las boleterías en las que siete velas forman uno de los altares de homenaje. En la de al lado hay flores. Los hinchas pasan y sacan fotos, se lo quedan mirando en silencio. Se acercan y lo besan.

Como si el partido hubiese terminado, los hinchas se van. Caminan por las mismas calles por las que llegaron en silencio, con la cabeza gacha. Su equipo no perdió, perdió el fútbol. Murió Maradona.

“Que no termine nunca el amor que me tienen”, pidió el 10 de noviembre de 2001 en su partido despedida en la cancha de Boca. Nunca terminó y nunca terminará.

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