"Y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez", cantaba uno de los grupos de hinchas argentinos en la tribuna lateral del Wuhan Sports Center ubicada detrás de los bancos de suplentes. Sin embargo, esta vez la mayoría de los chinos que se acercó al estadio alentaba por el equipo africano. En el ambiente se respiraba que sería una tarde especial en la capital de la provincia de Hubei. A diferencia del domingo nublado y lluvioso, este lunes había salido el sol. Ese mismo sol de la bandera Argentina. Y el mismo que decora las zapatillas celestes de Luis Scola. El capitán ya había avisado a través de sus redes sociales apenas terminado el partido del debut que quería jugar "ya" ante Nigeria. Y Luifa transformó sus ganas en una nueva marca histórica. Cuando restaban 2.31 minutos del tercer cuarto, acertó un triple que llevó su cuenta personal a 15 en el partido y a 603 en su trayectoria en mundiales. Así superaba al australiano Andrew Gaze.

"Es algo importante, pero siento que no es el momento para disfrutar de esas cosas. Subir al segundo lugar en esa tabla no cambia tanto con ser tercero, aunque lo que sí hace es marcar que estuve mucho tiempo a un nivel determinado. Habitualmente los jugadores no se mantienen durante tan largo período a ese nivel. Cuando termine el torneo o un poco más adelante voy a poder darle el valor que se merece", analizó Scola con la claridad y tranquilidad con la que suele expresarse.

El capitán argentino fue el máximo anotador del equipo de Sergio Hernández con 23 puntos. Y dejó en evidencia, una vez más, ante los ojos del mundo, su enorme repertorio. Porque a la versión actual que se anima a los triples y a atacar el aro picando la pelota, le agregó los movimientos cerca del canasto de aquel joven Scola que volvía locos a todos los defensores. El entrenador nacional lo llenó de elogios: "Mantenerse tantos años en la élite y ser tan competitivo todo el tiempo es admirable. Se lo agradezco. Nos empuja, nos ayuda, nos aconseja. Me alegra su récord, es un mimo que se merece".

Facundo Campazzo también distinguió el logro de Scola: "Es un ganador, un líder que cualquiera quisiera tener en su equipo. Es un competidor nato y nosotros lo aprovechamos mucho".

Pero antes del registro histórico de Luis, hubo un partido con algunos altibajos en el juego y también en el fervor de los hinchas. Cuando Argentina se lucía en un primer cuarto sólido, tanto en ataque como en defensa, apareció el ya clásico "Vamos vamos Argentina".., gritado a viva voz por todos los fanáticos vestidos con la camiseta del seleccionado. Durante ese período, Nicolás Brussino, clave en el inicio del juego, mostraba también sus habilidades para el fútbol y hacía jueguito mientras uno de los árbitros le marcaba una falta a la mesa de control.

Sin embargo, las sonrisas y la euforia se aplacaron con el cambio de rumbo en el desarrollo del partido. La recuperación de Nigeria silenció a los hinchas. Apenas se escuchaban quejas por los fallos arbitrales. Con los africanos al frente en el marcador tras un parcial de 10-0, el aliento del público era más un pedido de reacción que otra cosa.

Mientras los hinchas sufrían, el locutor del estadio se encargaba de pronunciar mal a cada jugador argentino que protagonizaba una conversión. Su "Lepvitola" para un triple de Nicolás Laprovittola generaba carcajadas entre algunos fanáticos.

La demostración de autoridad y juego colectivo de Argentina en el segundo tiempo les devolvió las sonrisas a los seguidores de la selección. Cuando se acercaba el final y la victoria ya no podía escaparse, el hit que se escuchó bien fuerte fue: "Esta es la banda de la Argentina, que está bailando de la cabeza".

Esa banda de Argentina tiene un emblema indiscutido. Scola, a pesar del paso del tiempo, parece que no envejece. Continúa como el gran abanderado argentino. Su talento y capacidad para anotar puntos son condiciones que mantendrá hasta el día que decida jugar el último partido de su brillante carrera.

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