Pablo "Cholo" Guinazú conversó con Infobae

Todo se cocinó a fuego lento bajo la calurosa noche brasileña, con el fernet cordobés como testigo. Pablo Guiñazú, el "Cholo" para los futboleros, hablaba con su padre sobre las deudas pendientes. Algunas, quizás, serían simples fantasías. Pero había una que tenía que cumplirse y Guiñazú en su interior lo sabía: jugar en Talleres, su club preferido de la provincia que lo vio nacer.

Un día, ya con 37 años y los últimos cartuchos deportivos en el bolsillo, lo decidió: "Me voy a Córdoba". El anunció se lo hizo a su mujer; a su familia. Ya había recorrido buena parte del mundo gracias a sus estadías en el fútbol ruso, el italiano, el paraguayo y el brasileño. Era hora de volver a casa, a la que en realidad todavía no conocía porque en Argentina sólo había defendido los colores de Newell's e Independiente.

A los 40 años, y tras un exitoso paso por Talleres, el mediocampista decidió ponerle un punto final a su carrera profesional –realizará su partido despedida el 7 de septiembre en el Estadio Mario Alberto Kempes– para iniciar un proceso de sanación interna. Es hora de recorrer el camino de saldar, ahora, las viejas deudas con aquellos que estuvieron siempre cerca y lo apoyaron contra viento y marea.

— ¿Cómo estás viviendo este momento de tu vida?
— Muy tranquilo, relajado, tratando todavía de asimilar lo que fue una decisión muy difícil. Pero estoy feliz porque terminé cuando quise, terminé como quería. 

— ¿Cómo tomaste esa decisión?
—  Con 40 años no podía dejar que siga pasando mi vida en algo a lo que ya le di todo durante 23 años. El fútbol me dio muchísimo, pero muchísimo más de lo que yo me imaginé alguna vez. Y ya con 40 años creo que era el momento de aprender a ser mejor esposo, mejor amigo, mejor hijo, mejor papá… Devolverle un poquito el tiempo a toda esa gente que me acompañó, me ayudó y que dejó de hacer cosas también para estar con uno.

— ¿Te perdiste mucho de tu vida personal?
— Sí, no tengo dudas. O sea, muy feliz con lo que hacía y cada decisión que tomé, pero sin dudas se pierden momentos con tus hijos, con tu esposa, con tus amigos. No podés salir… Si querés salir, salís. Lógico. Pero no las veces que vos querés o cuando querés o cuando hay algo especial, siempre todo muy medido, cuidadoso. Entonces perdés. Yo siempre digo que vivir es disfrutar, es una horita, dos horitas más con tu amigo tomando agua, un mate o lo que sea porque necesitamos del descanso. Entonces yo ya quería dedicar mi vida a todo eso. 

— ¿Por qué no te imaginabas que ibas a llegar tan lejos?
— Creo que nos pasa a la mayoría de los que terminamos siendo o haciendo una carrera de deporte a nivel profesional. Yo soy de un pueblito, de General Cabrera, entonces estás todo el día jugando a la pelota y vos tenés el sueño. Ves la tele, veíamos River, Boca, Talleres, Racing… Al que le gusta el fútbol dice "quiero jugar un día en Primera División". Entonces vos vas con ese sueño, entregas todo, pagas un precio muy alto que es lo que te digo yo de cuidado, de cosas. Vos ya no hacés una vida normal de un chico de 16 años que está esperando el sábado para poder ir a dar una vuelta, vos ya concentras y si no estás en Primera igual jugás el sábado. Te tenés que cuidar. Es realmente muy complicado ser profesional del deporte. 

— ¿Qué es lo más difícil?
— Lo más difícil es la constancia de extrañar a tu familia. Estar solito; que a veces no te toca jugar y seguís aguantando. De que a veces vos no estás en tu mejor momento futbolístico por más que sepas jugar al fútbol. Se van a probar mil chicos, entonces cuando uno ya no rinde mucho, hay otro… Es así, lamentablemente. Viene uno nuevo. Es complicado. Entonces por eso cuando a los chicos les dicen que estudien, es "estudien". Y si llegan a profesionales y estudiaron mejor todavía, bienvenido sea porque se pueden las dos cosas. 

— Vos no terminaste el colegio de hecho…
— Bueno, y lo digo: el primer ejemplo que pongo siempre soy yo. Encima el colegio no me costó jamás. Yo no me llevé nunca una materia, nada. Y me tocó en tercer año irme a Rosario. Llego a Newell's, en cinco meses estaba entrenando con la Primera y había pasado por la selección Sub 20; y al mes siguiente me tocó debutar ya en Primera División. Entonces fue todo…

— ¿Te la llegaste a creer en algún momento?
— Los que tienen que opinar de eso son los amigos, son los familiares, la gente que te conoce. Yo traté siempre, con la poca edad y todo, de estar tranquilo. Sin desesperarme porque me había tocado jugar. O, cuando me iba un poquito mejor, traté de no volverme loco. No nos olvidemos que en esa época tampoco había redes sociales, que hoy vos jugás un partido, te va bien y estás en todos lados. Por ahí es difícil controlarlo para los más chicos. También tuve esa suerte. Y sí me seguí enfocando en que yo quería llegar a la selección argentina.

— ¿Esa era tu meta?
— Hasta el último día que me tocó jugar estuve diciendo que quería volver a jugar en la Selección porque eso me mantenía vivo, me hacía competir. Pero traté siempre de mantener esa persona que venía de un pueblo, que fue aprendiendo porque empezó a vivir en la ciudad y empezó a jugar en los estadios lindos del fútbol argentino. 

— Me imagino el cambio, de nada a todo…
—Yo salí de General Cabrera con 11.000 habitantes, llegué a  Buenos Aires y decía "acá me pierdo". Hasta que te vas acostumbrando, te vas soltando y  empezás a tener tus propias experiencias. El fútbol me dio tantas cosas lindas, clubes espectaculares, momentos, tristezas, que me enseñaron… 

— ¿Tristeza recordás alguna?
— Yo era un loco de tratar de buscar la perfección. Cada vez que perdía, me volvía loco. Decía ¿por qué? ¿qué pasó? ¿qué hice mal yo? Pero eso me mantuvo alerta hasta el último día para competir. Creo que me impulsó a estirar la carrera. Pero a su vez me daba mucha tristeza una derrota, ¡y está mal! Está mal. Hoy yo me siento y digo que está mal porque no tenés que tener esos desequilibrios. Cuando decidí firmar con Talleres, que yo elegí venir desde Brasil a pesar de que estaba cómodo (NdR: estuvo nueve años seguidos), al tercer día me fracturé la mandíbula en un amistoso. Los compañeros no me conocían todavía. No había tenido prácticamente contacto con ellos. Doble fractura, porque me pegó el chico sin querer. 

— ¿Cómo te recuperaste de eso?
— La tristeza fue tan grande que llegué a pensar que no iba a jugar más. En el momento decís no, no juego más. No puede ser, no puede ser que me pase ahora en Córdoba donde yo quería venir a terminar la carrera.

— ¿El fútbol es más mental que físico?
— Sí, es todo mental. Lo físico nosotros nos cuidamos, nos entrenamos, pero vos tenés momentos como todos que llegas a tu casa o estás sola y algo te preguntas. Y, si estás solo y encima lejos, por momentos decís ¿qué hago acá? Por más que te guste el fútbol. Y en esos momentos, si vos tenés a las personas indicadas, te ayudan y te levantan el día a día. Y yo siempre las tuve. Gracias a Dios siempre las tuve.  

— ¿Le habías prometido a tu papá que ibas a jugar en Talleres antes de retirarte?
— Sí, tal cual, tal cual. Fuimos alimentando ese sueño en nochecitas de fernet digo yo. Porque a veces nos quedábamos con mi viejo escuchando el cuarteto nuestro en Brasil. Yo allá estaba en un club bárbaro, la gente me tenía un cariño enorme porque íbamos ganando cosas y estaba bárbaro, pero siempre salía a lo último ese tema:"Vos te tenés que retirar en Talleres, porque Córdoba, porque nos gusta ese club y porque tiene que ser". Y en ese momento a los 28 años, pensaba "sí bueno, sería espectacular". Porque soy cordobés, pero arranqué en Newell's, no había jugado nunca en Córdoba. Entonces cada vez que salía la conversación él era el "tenés que terminar en Córdoba, por tus amigos, para que tus familiares te vean cerquita". Y mi viejo nunca hablaba nada, no opinaba nada, pero a mí me decía muchas cosas. Y lo fuimos alimentando, lo fuimos alimentando. 

— ¿Hoy si miras para atrás hubieses hecho algo distinto, hubieses cambiado de club, hubieses jugado en otro club?
— Nada. Tal cual salió. Yo no me animaría a tocar nada. Cada decisión fue mía, cada error fue mío, y cada acierto fue mío. Así que yo me hago cargo en el buen sentido. Fui un bendecido con todo lo que viví.

— ¿Qué aprendiste con los años?
— Aprendí que me equivoqué muchísimo. Aprendí que somos humanos por más que a veces aparezcamos en una tele, nos toque hacer un gol o tener un buen partido y tengamos un poquito más de "glamour". Aprendí que me equivocaba mucho como ser humano entonces me preocupo todos los días por mejorar. Por mejorar y aportarle algo a los más jóvenes para que no cometan ciertos errores. Tratar de ser un mensajero de ellos.

— ¿Errores como cuáles?
— Uno se equivoca a veces en situaciones familiares, por decisiones que tomé por el fútbol. Cuando me tocó venir a Talleres le dije: "Érica, me voy a Talleres". Y me contestó: "Pero hace 10 años que estamos en Brasil, los chicos en el colegio, acá estamos bárbaro". Ya con 37 años… "Yo voy". Fui egoísta muchas veces y lo asumo, y de ahora en más trataré de no serlo más, más allá de que ya no juegue al fútbol. Uno va aprendiendo. O sea vine, jugué en Talleres, cumplí el sueño. Después lógicamente uno habla. Érica entiende, hoy están viviendo en Córdoba porque me acompañaron hasta siempre, vinieron y me acompañaron. Pero en ciertas decisiones… Por ejemplo, a Rusia también la decisión de ir la tomé solo. Entonces, fui egoísta muchas veces por esto de la carrera y eso son errores. O sea hago lo que a mí me gusta pero cuando vos tenés la familia te das cuenta que son errores, que sos egoísta. Siempre digo que hay que aprender a asumir y aprender. Lo que me va a quedar es seguir aprendiendo de los errores que cometí.

— ¿Tenés pensado qué vas a hacer o cómo va a seguir tu vida?
— Sí, me gustaría estar cerquita del fútbol. Si es posible de los más jóvenes, mejor. Porque yo creo que la juventud de hoy necesita herramientas, necesita fundamentos, necesita gente que los quiera transformar en mejores seres humanos. No digo que yo sea un profesor, que no se entienda mal, pero si puedo aportar mi granito de arena en algunas de esas cosas estoy dispuesto y me encantaría. 

— ¿Qué ves, qué te preocupa?
— Me preocupa que los chicos de inferiores puedan aprender muchísimo más siendo jugadores y que por ahí no haya tanta gente que los prepare. Por lo menos que los aconseje a la hora de salir del club. Eso me preocupa: cómo se comportan con el resto, en integridad, en humildad, en ética. Creo que son valores que hay que sembrar, sembrar y sembrar, y regar, regar y regar como para que sean mejores seres humanos.

— Esto de creérsela…
— Eso es un tema que yo no critico porque hoy nos manejamos así, lamentablemente, pero hay pibes que no lo pueden controlar. En esos descontroles veo que por ahí te suben mucho y cuando no estás bien te castigan mucho. Y a esos castigos, si los pibes no los saben controlar o asimilar, los descontrola mucho. Entonces empiezan a tener pequeñas fallitas después a la hora de rendir, ya sea como personas o como jugadores. Porque nosotros, que nos enfocamos en ser jugadores y en llegar, cuando tenés desequilibrio capaz que terminás haciendo un 10% y vos podrías haber hecho un 70% o un 80% de tu carrera. 

— La fama, la popularidad, de repente poder comprarte un súper auto, o ir a lugares que antes quizás ni pensabas, de nada a todo debe ser difícil también…
— Es muy difícil. Y lo podés hacer, porque no hay que ser hipócrita. Yo cuando hablo siempre digo que amamos jugar al fútbol y que también está la parte económica, porque después te da los réditos económicos. Eso lo podés hacer: podés tener tu auto caro, el que vos quieras, y podés ir a comer a un lugar caro y que vos no pudiste ir nunca. Podés ir. Pero hay que saber manejar esas cosas. No digo que no lo tengan al auto y que no vayan a comer al restaurante, no. Digo que lo sepan manejar, que lo sepan administrar. Que puedan ir, que puedan comprar, pero que la integridad y la humildad en el día a día con la gente sea siempre la misma. 

— ¿Lo notás mucho esto en jugadores de acá?
— Yo creo que es a nivel sudamericano, pero también a nivel mundial. Lógicamente que hay jugadores que ganan un dinero que se pueden dar muchísimos gustos y lo hacen sueltos. Y hay otros que lo hacen y no están tan sueltos. Pero a mí lo que me preocupa es si te subís al auto y cambias tu manera de ser, eso me preocupa. Si yo me subo al mejor auto y cambio un poco mi manera de ser –y encima con gente que me apoyó siempre–, me preocuparía. Por eso digo que tendría que existir esa gente que te encarrile, ¿entendés? Juegues o no juegues, que te encarrile.

— ¿Vos los tuviste?
— Yo los tuve, los tuve en compañeros, los tuve afuera de la cancha. Por eso te digo: yo soy un bendecido. Hasta que vos a la primera, a la segunda, a la tercera ya aprendés o no aprendés. Cuando aprendés te das cuenta cuánta verdad y cuánta razón tienen.