Gianni Infantino, Ezequiel Melaraña y Alejandro Domínguez en el medio de la imagen que difundió Tigre en sus redes sociales
Gianni Infantino, Ezequiel Melaraña y Alejandro Domínguez en el medio de la imagen que difundió Tigre en sus redes sociales

La Superfinal de la Copa Libertadores capturó la atención de todos. La definición entre River y Boca fue noticia en el mundo. A la Argentina vinieron el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Estuvieron en el Monumental e intervinieron en la decisión de las sucesivas postergaciones del encuentro cumbre del fútbol sudamericano. Pero antes de la Superfinal, ambos compartieron un evento junto a otro equipo argentino.

Ambas autoridades mantuvieron el sábado una reunión con el presidente de Tigre, Ezequiel Melaraña. En el cónclave, procedieron a entregarles las medallas al segundo puesto correspondientes a la Copa Sudamericana 2012. Desde las redes sociales de club, celebraron la premiación y valoraron que así pudieron cerrar una cuenta pendiente en su historia, aunque el "evento" resultó extraño, sobre todo por el contexto.

Para comprender los hechos, hay que sumergirse en los anales de la competición. En 2012, Tigre, dirigido por Néstor Gorosito, accedió a la instancia más importante de su historia cuando clasificó a la final de la Copa Sudamericana: el rival, San Pablo de Brasil. El 5 de diciembre se jugó el partido de ida: fue 0 a 0 en La Bombonera. La vuelta se disputó el 12 de diciembre en el estadio Morumbí. Los acontecimientos establecen relación directa con el bochorno que se vivió los últimos días por las postergaciones infinitas de a Superfinal.

Al cabo de los primeros 45 minutos, San Pablo vencía a Tigre 2 a 0, con goles de Lucas Moura y Osvaldo. La etapa inicial terminó con un clima violento y con varios enfrentamientos entre jugadores de ambos equipos. La hostilidad al club argentino había comenzado cuando le negaron el reconocimiento del estadio y continuó con piedrazos al micro en el ingreso al escenario. Pero la situación más controversial se vivió durante el entretiempo: según las denuncias de jugadores, cuerpo técnico y la delegación del equipo argentino, al ingresar al vestuario los futbolistas fueron emboscados y agredidos por la seguridad privada del club brasileño.

"Sacaron dos revólveres en el vestuario. Eso es San Pablo, son cagones, mano a mano no se la bancan. No se juega más", acusó el técnico argentino. Rubén Pasquini, jefe de seguridad de Tigre, afirmó que un personal de seguridad de equipo local le puso una pistola en el pecho al arquero Damián Albil. "Nos pegaron a todos. A mí me dieron en la cabeza. Ahí, los tipos estos nos estaban esperando después del primer tiempo", denunció.

En el Morumbí, Tigre no salió a jugar el segundo tiempo porque denunció agresiones de seguridad privada del club (Foto Baires)
En el Morumbí, Tigre no salió a jugar el segundo tiempo porque denunció agresiones de seguridad privada del club (Foto Baires)

El vestuario se había bañado de sangre. Las cámaras divisaron agresiones y tumultos en las escaleras camino al vestuario. Cumplidos los reglamentarios quince minutos, San Pablo salió a jugar el segundo tiempo, mientras los jugadores de Tigre seguían recluidos en el vestuario. El árbitro chileno Enrique Osses dio por finalizado el partido bajo la carátula de "abandono". "Vi que había jugadores agredidos, pero no sé por quién", argumentó en diálogo con la transmisión oficial.

La Conmebol montó rápidamente el escenario de la premiación. San Pablo festejó el campeonato y Tigre no apareció para recibir las medallas de subcampeón. A días de cumplirse seis años de una de las páginas más tristes en la historia del fútbol sudamericano, la Conmebol y la FIFA se unieron para homenajear al subcampeón de ese certamen. Justo el mismo fin de semana en el que River, Boca y la Confederación Sudamericana de Fútbol protagonizaron un papelón histórico.

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