Ya había pasado una hora larga de la suspensión de la segunda Superfinal de la Copa Libertadores (el duelo pasó para el domingo a las 17). Los futbolistas de Boca aguardaban por el micro que reemplazó al que hinchas de River le rompieron cuatro vidrios en el momento de la llegada; el Monumental ya se hallaba deshabitado, excepto en su campo de juego. Allí surgió Marcelo Gallardo, quien durante las idas y vueltas mantuvo la postura de no jugar el partido si los adversarios no se encontraban aptos tras las agresiones recibidas.

Entre los que vieron aparecer al Muñeco estaban Pablo Pérez y el juvenil Gonzalo Lamardo, ambos con uno de sus ojos cubiertos por la úlcera de córnea que les provocaron las astillas de los vidrios. El DT se acercó y saludó a Guillermo Barros Schelotto, con el que, más allá de la rivalidad, mantiene una buena relación. Conversaron algunos segundos (el Mellizo tapándose ,a boca ante el ramillete de medios que tomaban el encuentro) y luego se arrimó al plantel, también para transmitirle su solidaridad.

Antes, Gallardo había pasado por el vestuario visitante y les había comentado a Daniel Angelici, titular de Boca, y a Ramón Ábila, que él en esas circunstancias prefería no jugar. Y que había instruido a Rodolfo D'Onofrio, presidente de River, para que se conociera su mensaje.

No todos los jugadores de Boca tomaron el buen gesto de Gallardo como tal. Carlos Tevez señaló: "Muy inteligente Gallardo cuando vino a saludar. Estábamos hace 7 horas, cagados de calor. Los jugadores de River no vinieron a vernos".

"A las 16 transmití mi opinión, no a las 18 o 19. Pero claramente no decidíamos ni los jugadores ni los técnicos. No era un partido que se viera en condiciones normales de jugar", declaró luego, de alguna manera, subrayando la honestidad de su gesto y de su postura.

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