Imágenes de la barbarie que se desató en Floresta tras el partido entre All Boys y Atlanta (Thomas Khazki)
Imágenes de la barbarie que se desató en Floresta tras el partido entre All Boys y Atlanta (Thomas Khazki)

La calma después del huracán. A pocas horas del torbellino que se generó en la zona aledaña al estadio Islas Malvinas, los vecinos y comerciantes volvieron a su rutina habitual. Ya pasaron el sobresalto. Pero jamás olvidarán la sensación de desesperación y pánico que atravesaron después del partido entre All Boys y Atlanta.

Paradójicamente, este duelo válido por la fecha 11 de la B Metropolitana debía haberse disputado en el mes de octubre, pero como las fuerzas de seguridad estaban abocadas al desarrollo de los Juegos Olímpicos de la Juventud en la Ciudad de Buenos Aires, se decidió suspenderlo. Nadie imaginó que esta postergación iba a derivar en otro oscuro episodio para el fútbol argentino.

Para comprender este nefasto suceso, hay que repasar y entender el contexto. Existe una gran rivalidad entre los clubes de Floresta y Villa Crespo, que no se cruzaban hacía diez años (la última vez había sido en 2008, por Copa Argentina en cancha de Huracán). Las diferencias futbolísticas y territoriales atravesaron lo cultural y religioso. Ayer no fue la primera vez que los hinchas de All Boys entonaron canciones antisemitas contra Atlanta, institución identificada con la colectividad judía. E incluso ya es habitué la exhibición de banderas o camisetas de Palestina en sus tribunas. Existe un gran porcentaje de comunidad musulmana dentro de Floresta, aunque incluso hay una mayor cantidad de judíos en este distrito. A la hora de distinguirse del otro, en el fútbol parece valer todo.

Lo cierto es que la demencia con la que se manejan los violentos en las canchas desde hace años escribió un nuevo triste capítulo. Infobae recorrió la zona y habló con vecinos, comerciantes, dirigentes e incluso policías que ofrecieron sus partes del rompecabezas.

Dos hombres que tienen abierto un taller de autos en una esquina en diagonal a la cancha cuentan que jamás han visto un hecho igual. De un tiempo a esta parte optaron por cerrar su local los días de partido. La violencia que reina en casi todos los estadios del suelo nacional los motivó a tomar precauciones y no exponerse. Cuando el micro que trasladó al plantel de Atlanta se metió en las entrañas de la cancha, bajaron la persiana y se alejaron del barrio, casi previendo lo que iba a suceder.

La imagen de uno de los heridos tras el enfrentamiento entre barras y la Policía
La imagen de uno de los heridos tras el enfrentamiento entre barras y la Policía

La intersección de Miranda y Chivilcoy fue uno de los focos del conflicto. De un lado de Miranda está la tribuna visitante; del otro, un importante edificio de ladrillo con algunos retazos de verde al que concurren infantes que por milagro habían terminado su turno tarde a las 17 horas, cuando recién comenzaba el partido (los disturbios empezaron alrededor de las 19).

A pocos metros de allí, madres paseaban a sus niños antes de que anocheciera cuando irrumpieron varios vehículos de la Policía, incluidos patrulleros y motos. La balacera y el lanzamiento de vallas y proyectiles se había iniciado hacía rato y estaba llegando a su fin. Pero cuando los ánimos se estaban apaciguando, la entrada en escena de los uniformados fue como echar nafta al fuego. "Por favor, no tiren que hay chicos", fueron algunos de los pedidos desesperados de los transeúntes, que quizá ni siquiera sabían que allí se había jugado un partido de fútbol.

Los cinco patrulleros que se visualizaron en los videos que circularon desde los edificios contiguos al estadio en las redes sociales fueron enviados cuando se alertó del cruce entre los efectivos del operativo y los barras de All Boys. Todo fue para peor. Incluso los nervios fueron generalizados en la cancha de baby de al lado del estadio, en la que había menores afectados a su actividad deportiva semanal.

Encargados de una parrilla y un café apostados en las esquinas de Chivilcoy y Álvarez Jonte advirtieron claramente que la furia de los Albos se había desatado contra los policías de turno. "Pese al horrible momento de tensión que nos tocó vivir, nunca hubo agresión contra los negocios de la zona", cuenta uno de ellos.

Tras el escándalo, el estadio de All Boys fue clausurado por tiempo indefinido (Thomas Khazki)
Tras el escándalo, el estadio de All Boys fue clausurado por tiempo indefinido (Thomas Khazki)

Hay dos datos a tener en cuenta para hallar los porqués del desmadre

1) Históricamente, la comisaría encargada de los operativos en cancha de All Boys fue la N° 43, pero desde hace algunos meses, por cuestiones de división territorial, la 44° fue designada para este tipo de eventos. "Son inexpertos, no saben cómo organizar un partido. Es más, no saben ni las calles del barrio para hacer los traslados", aseguran fuentes cercanas al club que prefieren reservar su identidad. Y un par de efectivos que a menudo forman parte de los operativos en All Boys admiten que "hubo mucha gente nueva a cargo, sobraron la situación por el hecho de que no iba a haber visitantes".

2) Por un par de situaciones en las que quedaron disconformes con el accionar policial, los dirigentes de All Boys elevaron una queja contra las autoridades a cargo hace algunos meses. Entienden que hubo un pase de factura por la denuncia".

Todo pareció estar mal organizado. El contingente que acompañó a los futbolistas de Atlanta excedió la capacidad permitida. Hubo dirigentes del club, prensa partidaria y un puñado de jugadores que no habían sido convocados en esta ocasión. Pero desde Floresta denunciaron la presencia de algunos barrabravas del Bohemio.

En principio, los de Villa Crespo iban a ser ubicados en un palco para seguir el encuentro. Pero por cuestiones de capacidad y el intenso calor que presentó la jornada de miércoles, optaron por liberarlos en la tribuna visitante. ¿Lo curioso e inentendible? La Policía jamás colocó un pulmón para distanciar a los allegados de Atlanta de la popular local. Es más, no hubo efectivos presentes en el sector visitante.

Las agresiones verbales fueron multiplicándose con el transcurrir del partido. Y los tantos de Atlanta, que se adelantó 3-0 en el tanteador (terminó 3-2), transformaron al Islas Malvinas en una caldera. Los Bohemios gritaron los goles. Por cuestiones protocolares, las autoridades deben desalojar al grupo visitante antes de la finalización del encuentro, pero esto no sucedió. Tras el pitazo final, cerca de un centenar de individuos bajaron corriendo a la salida de la popular local para ir en busca de sus rivales, que quedaron como rehenes en el pasillo que comunicaba a su tribuna con la salida.

"Hubo gente que hacía rato no se veía en la cancha. No sé qué interés tenía, quizá venir a pelearse con los de Atlanta. Capaz el haber identificado a algún barra del otro equipo, pero es injustificable lo que hizo", reveló un hombre ligado a All Boys.

Por Chivilcoy comenzaron las corridas y el enfrentamiento entre barras y policías se extendió por varios minutos. La "Casa del Futbolista Héctor Bertoni", pensión en la que viven algunos de los jugadores de inferiores de All Boys, se transformó de un momento a otro en una enfermería de guerra. Varios efectivos fueron ingresados allí para ser atendidos y recibir primeros auxilios. Mientras, persistían los cascotazos y balazos de goma. Los vecinos afirmaron que las detonaciones se oyeron hasta a cuatro cuadras de distancia.

El cruce fue feroz: 17 agentes terminaron heridos (uno tuvo una lesión ocular y otro una fractura expuesta en un brazo). Testigos de la balacera aseguraron que la represión fue indiscriminada en algunos casos luego de la agresión recibida por la Policía. Incluso el presidente de All Boys, Fabián Aguirre, recibió un cachiporrazo en un brazo y el encargado de la pensión del club otro en la cabeza y un balazo de goma en una pierna.

Aquí es donde varios efectivos policiales fueron atendidos tras sufrir heridas
Aquí es donde varios efectivos policiales fueron atendidos tras sufrir heridas

Aproximadamente a las 20:30 pudo retirarse el micro de Atlanta con alrededor de 100 personas, incluidos jugadores, cuerpo técnico, auxiliares, dirigentes, futbolistas no citados y los acusados de integrar la barra. Algunos directivos que habían llegado a la cancha en sus autos particulares tomaron la decisión de dejarlos estacionados en la zona e ir a buscarlos recién hoy.

La ola violenta esta vez tuvo escala en Floresta y parece seguir su camino. Las clausuras de estadio, prohibición de hinchas visitantes y partidos a puertas cerradas ya son moneda corriente en Argentina. Pero el problema es más profundo y preocupa que nadie se haga cargo de la parte que le toca.