A los 14 años, Santiago Muñiz tomó una decisión trascendental para su vida. Por aquel entonces, desestimó la invitación de Brasil para formar parte de su equipo nacional de surf y comenzó a representar a la Argentina en el circuito mundial de la disciplina.

"Santi" -como lo conocen todos- nació en Mar del Plata, pero con solo tres meses su familia se trasladó a Brasil. Allí se crió, fue a la escuela, hizo sus amistades y surfeó sus primeras olas en las playas de Bombinhas. Todo indicaba que debía defender a la "Verdeamarela", pero su amor por la tierra que lo vio nacer prevaleció.

Con los colores celeste y blanco en el corazón -y la cara de Lionel Messi y el escudo de San Lorenzo en su tabla- el joven de 25 años acaba de salir campeón mundial en Tahara, Japón, en el torneo que organiza la Asociación Internacional de Surf (ISA). Es la segunda vez en su carrera que se alza con el mismo título, luego del logrado en Panamá en 2011.

La reciente consagración le dio, además, un boleto a los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

"Ahora estoy empezando a caer de lo que pasó, de ser bicampeón mundial y de poder traer este título tan lindo para Argentina. Uno de los factores que me ayudó muchísimo es que Japón es un lugar donde me gusta mucho ir. Ahí me siento como en casa y siempre tuve muy buenos resultados. Toda esa energía positiva y las buenas olas hicieron que el resultado llegue", dijo Muñiz a Infobae.

Siete años pasaron desde aquel primer título mundial, al cual llegó con tan solo 18 años y como la gran sorpresa de un torneo al que había ingresado como invitado.

"En estos años hubo un proceso de preparación física y mucha paciencia, que es parte del trabajo. Fueron siete años, siempre estuve viajando y compitiendo en el circuito mundial. Eso me ayudó a crecer como deportista. Todo se hizo a su tiempo", reflexionó.

Para el surfista, el crecimiento profesional no depende solo de una mejora en la técnica, sino que el aspecto emocional y psicológico es clave para llegar lograr los objetivos: "Los torneos se ganan, primero, mentalmente, y después con lo la parte física. Tenés que estar confiado, con ganas y creer que vas a ganar. El atleta debe ser un poco egocéntrico y creerse que es el mejor. Eso hace que las cosas fluyan".

La preparación física implica una rutina diaria con trabajos de elongación y fuerza para desarrollar un cuerpo fibroso y ágil, acorde a la práctica del deporte. A cada competencia, el joven procura llegar descansado y bien alimentado. "A veces cuesta a veces dejar el chocolate, pero es parte del sacrificio", admite con una sonrisa.

Los viajes en el circuito mundial son extenuantes, pero Muñiz los logra sobrellevar a través de varios factores. Uno de ellos es la pasión por lo que hace y otra clave es el acompañamiento de su hermano Alejo (también surfista, que representa a Brasil) y de sus amigos, quienes paradójicamente también son sus rivales en las competencias. En las fotos de los festejos por el título en Japón, quienes lo llevan en andas y festejan con él son dos adversarios a los que derrotó en las rondas preliminares.

"El surf no solamente es un deporte lindo, sino que es un trabajo de mucho sacrificio. Son muchas horas de entrenamiento físico y dentro del mar. El circuito mundial tiene muchos torneos, unos 12 por año por puntos importantes y después hay otros más. La pretemporada también es bien fuerte. Hay que dejar muchas cosas de lado para mejorar en lo que a uno le gusta. Yo desde los 11 que no paso un cumpleaños, una Navidad o un Año Nuevo con mi familia. En las fechas en que se reúnen yo no puedo estar porque estoy compitiendo y viajando por trabajo. Amo lo que hago y lo hago con toda pasión, pero uno extraña estar en casa con papá, mamá y los hermanos. Son sacrificios que uno tiene que hacer para mejorar en el trabajo y eso también tiene su recompensa", sostuvo el deportista de 25 años, que actualmente ocupa el puesto 86° en el ranking mundial.

Estos desafíos no son nuevos para Muñiz, que se subió a una tabla por primera vez a los tres años y ya nunca se bajó. Los riesgos del surf son grandes y el joven lo sabe, tanto cuando entrena en las playas de Mar del Plata o cuando acepta el reto de subirse a una ola de casi 10 metros de alto en Hawai. Esos son los momentos en que el miedo, la adrenalina y la alegría se unen para formar una mezcla de sensaciones inigualable. Ese es el motor para seguir adelante en busca de un nuevo objetivo.

En lo que queda del 2018, el joven marplatense buscará sumar puntos que le permitan llegar a la élite del surf mundial por primera vez en su carrera, categoría en la que solo hay 32 participantes. Estuvo muy cerca de lograrlo en el 2016, pero se quedó a solo dos rondas en un torneo del gran sueño. Luego vendrá la pretemporada y la preparación para los Panamericanos de Lima 2019, en los que buscará la ansiada clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cita en la que el surf hará su estreno histórico dentro de la nómina de disciplinas.

En total, Muñiz usa unas 40 tablas por año. La intensa práctica y la impresionante fuerza del mar obligan a cambiarlas constantemente. A su próxima gira por Hawai llevará ocho y allí tendrá a su disposición ocho más.

Las tablas cambian, pero lo símbolos se mantienen. Lionel Messi y un escudo de San Lorenzo, club del que Muñiz es fanático, adornan su implemento de trabajo.

"A Messi lo admiro muchísimo, igual que los argentinos y que el mundo, pero no solo como deportista, sino porque es una persona bien de familia y simple. Me identifico muchísimo con él por el hecho de haberse ido a vivir fuera de Argentina de chico. Yo sé de la dificultad de ir a vivir a otro país, pero él siempre volvió a sus orígenes y quiso representar a la celeste y blanca. Es un honor que haya hecho eso por nosotros", señaló sobre el futbolista rosarino.

Conocer a Messi en persona y ganar una medalla olímpica representando a la Argentina. Esos son los sueños que mueven a Muñiz. Esas son las ilusiones que lo levantan cada mañana y que lo hacen deslizarse arriba de una ola en cualquier lugar del planeta.

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