Lo descubrió, formó y entrenó hasta los 18 años: quién es Marcelo "El Negro" Gómez, el hombre detrás de Juan Martín del Potro

El tandilense carga en sus hombros con haber sido el mentor del actual número cuatro del mundo. Además, hizo lo propio con nombres como el de Máximo González y Juan Mónaco, entre otros
Marcelo Gómez fue el primer entrenador de Del Potro en Tandil (Fotos: Lihue Althabe)

Tarde gris y húmeda en Tandil. El frío hace que los ventanales de la casa que posee en El Valle de Tandil Country Club, en las afueras de la ciudad, estén empañados. Una mujer le abre las puertas a Infobae y se presenta de manera muy amable: "Soy la mujer del Negro".

Dentro del living-comedor está el hombre parado contra el televisor. "Desde el Mundial que me peleé con los del cable, así que miro todo por internet. Tengo como 40 segundos de delay pero por suerte no me entero de nada", afirma con un poco de rabia y con una mano sobre el teclado de su computadora portátil, antes de presentarse. Es verdad, afuera no se oye nada, solo el viento que golpea contra las sierras del paisaje.

Marcelo Gómez recibe a este medio en su hogar y se muestra tal cual es, como si fuese uno más. En sus hombros carga con haber formado nombres como el de Máximo González, Juan Mónaco y Juan Martín del Potro. Pero eso solo es un detalle.

El Negro y su nerviosismo antes de la final del US Open

Se le nota un destello de nervios, está un poco inquieto y sus manos van de acá para allá. El reloj marca las 15:30 del domingo 9 de septiembre, apenas restan menos de 90 minutos para que su obra maestra salga al Arthur Ashe Stadium y dispute su segunda final de US Open ante Novak Djokovic.

"Desde chiquito era un obsesivo del trabajo, de la planificación, de cómo enfrentar a los rivales. Terminaba los partidos y ya estaba pensando en cómo ganarles. Eso es una cosa que él tenía, siempre fui igual. Era súper competitivo, no importa si jugabas al tenis, a la pelota o a las cartas. Siempre trataba de buscarle la vuelta para que las cosas salgan de la manera que él quería", comienza su relato el Negro.

Gómez comenzó a entrenar a Del Potro cuando la Torre tenía seis años. Él ya hacía fútbol pero su tía lo llevó al club Independiente para que aprendiera a jugar al tenis. "Me acuerdo que cuando Juan Martín llegó al club jugaba bien y nunca había tomado clases. Después hablé con la familia y ahí me comentó la madre que no tenían tradición de tenis. Me comentó que le regalaron una raqueta y él solo le empezó a pegarle contra el portón de la casa. Tenía mucho entusiasmo y aprendió solo. Cuando lo vi, parecía un pibe con experiencia", confiesa.

Gómez junto a un joven Delpo

– ¿Cómo era Del Potro de chico?

– Competía todo el tiempo. Me acuerdo que cuando tenía 10 años, él estaba en un torneo Sub 12 en Villa María, Córdoba, y con el padre nos ausentamos por tres o cuatro horas. Cuando volvimos, entramos al club y lo primero que nos encontramos fue con un grupo de chicos al que le teníamos que pagar las deudas, un pancho o una Coca. Él perdía porque era más chico pero era un plomo, siempre quería jugar y ganar. Entonces eso era lo que hacía él, le jugaba a los más grandes para intentar ganarles y terminaba perdiendo y pagando las apuestas.

– Marcás mucho la obsesión de él. ¿Pensás que esta característica le jugó a favor para rehabilitarse y volver en su mejor forma después de sus lesiones en la muñeca?

– Esa obsesión la tiene todo el tiempo. Él en 2015, cuando volvió, estaba para jugar torneos. Podía haber jugado con slice y su derecha invertida estaba muy bien, pero él quería volver con el revés porque sentía que era la única manera de poder competir con los grandes. Si no podía competir con los mejores y poder ganarles, no iba a regresar. Eso lo tenía bien en claro y lo charlamos. Cuando empezó la etapa de su último regreso, que volvió a jugar, el golpeaba muy poquito de revés pero entendió que había que empezar de a poco e ir evolucionando. Él sabía que si no se recuperaba de la forma que él quería no iba a jugar más.

– Estuviste con Del Potro desde los seis hasta los 18 años, ¿cuándo fue que le viste chapa y dijiste 'este es distinto'?

– Siempre me pareció un jugador que veía más allá. Cuando empezó a competir a los ocho años, nos dimos cuenta que iba a ser bueno. Ya a los 10 años me di cuenta que este tipo estaba para ser top ten seguro.

– Cuando asumió Agustín Calleri como presidente de la AAT, Del Potro lo felicitó y le mencionó una idea como de un Enard del tenis a futuro. ¿Sabes a que proyecto se refería?

– Por lo que sé y entendí, él siempre estuvo a favor de crear un lugar en donde convivan los jugadores profesionales y los juniors. Eso es una idea que siempre tuvo. Nosotros cuando estuvimos en la AAT (NdR: fue capitán de la Copa Fed) no se pudo lograr por cuestiones económicas y demás. Esta gente entró con mucha fuerza, muchas ganas y ojalá puedan realizar el sueño de Juan Martín, que es ir a entrenar a un centro nacional del tenis argentino y que estén todos. Ahí nos vamos a poder nutrir de las cosas que pasan en el tenis argentino. Que sea algo bueno para las generaciones que vienen, que esa es la preocupación de Juan, la de apoyar a los chicos. Él siempre nos pregunta y nos habla acerca de los jóvenes de Tandil, nos aconseja. Me ha dicho que en caso de que algún chico necesite algún tipo de ayuda, él va a estar presente. Por ahora no se ha presentado el caso pero cuando lo necesitemos seguramente va a estar.

El Negro celebra la temporada del tenista. “Cuando está así es muy peligroso”, afirma

¿Cómo lo ves hoy dentro del circuito después de la temporada que tuvo?

– Juan Martín está en un momento en que las cosas están más alineadas. Está más maduro, en un nivel tenístico muy alto y físicamente se lo ve entero. Está con un apoyo psicológico y personal muy importante, están sus amigos y su equipo de trabajo. Se lo ve muy motivado y cuando está así es muy peligroso.

– ¿Por qué Del Potro, formado en la cuna del tenis argentino, no tiene ese estilo de sus compatriotas y no se hace fuerte en polvo de ladrillo?

– Fue una decisión mía. Yo veía que el futuro estaba en cemento y así lo trabajamos. Era una locura porque nosotros trabajamos el estilo que te pide una superficie rápida en polvo de ladrillo. Por eso nos salteábamos Buenos Aires, porque le apuntábamos al cemento. Desde chico la empuñadura de Juan era con una derecha plana, sin top. Es diferente a todos los demás y eso se vio reflejado después. Que haya llegado a una semifinal de Roland Garros es un milagro, su físico es para las canchas rápidas.

En 2009 se coronó campeón del US Open con 20 años, ¿te acordás cómo fue la recepción por parte de la ciudad?

– Nunca vi a Tandil recibir a alguien de esa manera, y mirá que tenemos deportistas muy importantes, de muy alto nivel y que han logrado muchísimas cosas. (Mauro) Camoranesi consiguió un campeonato del mundo con Italia, por ejemplo. Ese día la final fue un lunes y la gente dejó de trabajar para ver el partido, salió a festejar después, fue todo una locura. Cuando él vino y se subió a la autobomba fue increíble. Esa vez yo vi el partido en el club, lo disfruté mucho. Me tiré al piso y salí corriendo a la calle.

Gómez y su caja de recuerdos, repleta de fotos junto a Del Potro

– ¿Te sorprendió verlo campeón de un Grand Slam?

– Cuando salió campeón habían pasado menos de tres años desde que lo entrenaba yo, fue ahí nomás. Fue una emoción muy grande. Siempre hablamos con el padre y nos reímos porque siempre hace estas cosas. Desde chico que nos cambiaba todo, nos recalculaba todo como un GPS. Íbamos a ver que onda en un torneo y lo terminaba ganando. De pronto vuelve a llegar a una final del US Open y hace que todo el mundo esté en un estado de locura. Eso lo hace él nada más. Son esas cosas que ya sabemos como termina todo, como cuando se le dio la Copa Davis. Lo único que falta es que se le cumpla su segundo deseo que es ser número uno del mundo. Yo ya tengo una promesa hecha, ojalá lo pueda lograr. Yo lo veo más posible que nunca. Siempre le pedí que viva y disfrute adentro de la cancha, que sienta que está vivo y con ganas. El resultado es solo una consecuencia.

– Esta épica que tiene, de la que hablas. ¿Que anécdota se te viene a la memoria que digas 'esto es Juan Martín'?

– En el año 2005, cuando debuta como profesional y empezamos a viajar, jugó su primer Future en Chile. Fuimos a ver qué pasaba. Jugó qualy, la pasó y llegó a la final. Al siguiente torneo lo ganó. Fuimos a Córdoba, nada, y ganó el siguiente. Planificamos una gira de Challengers, fuimos al primero y llegó a segunda ronda; al siguiente llegó a la final y terminó el año ganando Montevideo. De empezar a ver qué onda su carrera profesional terminó 157 del mundo a los 17 años. Una locura. Eso nos hacía, arrancábamos de una manera y terminábamos el año haciendo otra cosa porque el tipo te superaba. Había que estar siempre muy pendiente de cómo trabajar con el porque siempre te subía un escalón más.

Gómez posee miles de anécdotas junto a su obra maestra

La entrevista llega a su fin. El celular del Negro no para de sonar. "Todos me llaman, quieren que vaya a ver el partido con ellos o que les pase fotos de Juan. Ya estoy grande, lo voy a ver solo", expresa mientras se acerca a un armario antiguo a un costado de la sala. De adentro extrae una caja repleta de fotografías que reflejan todas las etapas de Del Potro desde Infantiles hasta Profesional. "No les puedo mostrar todas, algunas las tengo que guardar para mi libro. Porque vieron que con todo esto voy a tener que escribir uno, ¿no?", desliza con una sonrisa, como si todavía no fuese consciente del todo que fue él el arquitecto de este talento, este paradigma que a los 29 años vuelve a poner el tenis argentino arriba de todo y que con el tiempo quedará como la mejor raqueta nacional solo por debajo de Guillermo Vilas.

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