La historia del técnico del Ascenso que predijo el futuro de Franco Armani y venció al cáncer

Por Matías Szpigiel
(Julieta Ferrario)

Es difícil encontrar en el fútbol argentino a un personaje como Felipe De La Riva. El hombre, de 45 años, las vivió todas: se tuvo que retirar joven por una lesión que le duele hasta el día de hoy, comenzó su carrera como entrenador a los 30, ascendió, descendió, dirigió en todas las categorías del ascenso, "descubrió" al actual arquero de la Selección y hasta ganó, quizá, su batalla más dura, el cáncer.

El actual director técnico de Villa Dálmine nació en Montevideo, Uruguay, pero al mes de vida sus padres decidieron irse a vivir a la Argentina por trabajo. De todas formas, no deja de aclarar: "Siempre mamé cultura uruguaya. La música de allá, los libros de allá, los amigos de mis viejos de allá. Quiero a la Argentina, pero soy uruguayo".

Su carrera en el fútbol es corta y, precisamente, no es conocido ni recordado por lo que hizo como jugador. Una osteocondritis, que según sus palabras todavía le genera dolor (camina con dificultad), lo obligó a retirarse con 26 años. A partir de allí se puso como objetivo dirigir. Comenzó a los 30 en Juventud Unida, en la Primera D, y la buena campaña realizada lo depositó en Leandro N. Alem, equipo con el que logró el ascenso a la Primera C: "Si me hubiera ido mal ahí hubiese sido difícil continuar. Muchos colegas que empezaron conmigo ya no dirigen. Cuando estás en la D sos entrenador, canchero, psicólogo, utilero y hasta papá".

Como entrenador tiene una extensa trayectoria, siempre en el ascenso del fútbol argentino. Dirigió 13 equipos (Juventud Unida, Leandro Alem, Flandria – tres períodos -, San Miguel, Acassuso, Deportivo Merlo, Chacarita, Tristán Suárez, Los Andes – dos períodos -, Almirante Brown, Douglas Haig, Almagro y Villa Dálmine), que incluyen la D, la C, la B Metropolitana y la B Nacional.

Lejos de alardear por haber ascendido en tres categorías distintas, De La Riva aclara que lo más importante no son esas conquistas: "Todos los ascensos que logramos (con Alem a la C, con Acassuso a la B Metropolitana y con Deportivo Merlo a la B Nacional) se disfrutan, pero nosotros tenemos objetivos personales que a veces son más satisfactorios. Mi logro principal fue haber mantenido a Merlo tres años en la B Nacional, incluso compitiendo contra River, Rosario Central y Huracán. Disfruté más eso que cualquier ascenso".

De los clubes en los que trabajó, Chacarita es el de mayor renombre. Poco tiempo atrás, el Funebrero había jugado en Primera División, y es el único de los 13 conjuntos que dirigió que tiene un título de la máxíma categoría del fútbol argentino. En octubre de 2011 lo fue a buscar Chaca, cuando estaba en Merlo. "Nos pareció un desafío importante. Uno siempre espera que lo vengan a buscar de una institución de las denominadas grandes. No me cerraba que estuviera último con un gran entrenador como (Héctor) el Chulo Rivoira, pero aceptamos. El primer día dijimos de hacer doble turno y los jugadores nos contestaron que no porque hacía tres meses que no cobraban. Nos dimos cuenta de que lo que se veía de afuera no era lo mismo que se veía adentro. Me ofrecieron un contrato muy alto, pero no cobré ni un peso en los cuatro meses que estuve. Fue una mala experiencia en lo deportivo pero fue un aprendizaje. Ahora, si nos llaman, analizamos que esté ordenada, aunque sea un equipo grande".

Probablemente el equipo bisagra en su carrera fue Deportivo Merlo. En ese momento (2009) adoptó un reconocimiento público porque obtuvo el ascenso a la B Nacional siendo el equipo con menor presupuesto de la categoría. Hoy, luego del Mundial de Rusia 2018, se confirmó otro logro (sí, casi 10 años después): "Franco Armani había jugado dos años en Merlo y no podía seguir con nosotros. Debía definir si seguía en un equipo grande de la B Nacional o irse al Atlético Nacional de Colombia, ya que tenía la chance, para pelear de atrás. Le aconsejé que se quedara en el fútbol argentino y le dije que 'si hubiera que hacer la lista de los tres arqueros de la selección argentina, para mí tenés que estar, pero el problema es que atajás en Merlo. Andá a un grande del Nacional B, eso te va a llevar a Primera División y ahí es evidente que te van a llamar de la Selección'. Pero decidió otra cosa, irse a Colombia, donde tuvo la suerte de romper todos los récords, atajó bárbaro, pero la realidad es que lamentablemente tuvo que venir a la Argentina a atajar a River para que lo llamaran de la Selección, sino no lo hubiesen llamado nunca. Tomó una buena decisión, pero le llegó tarde".

En su momento se lo dijo convencido, absolutamente seguro, y el tiempo le dio la razón. El entrenador y el arquero se volvieron a cruzar el 28 de julio de este año, cuando River eliminó a Villa Dálmine por Copa Argentina. ¿Le recordaste lo que le habías dicho? "Con Franco hablamos seguido, pero mucho menos de fútbol de lo que se pueden imaginar"

Con el Charro ascendió a la B Nacional un martes a la noche. El jueves, mientras continuaban los festejos y todo parecía alegría, llegó una noticia inesperada, que De La Riva asumió en forma notable: "Cuando me dijeron que tenía cáncer no es que fue una noticia triste. Es una noticia y punto. Es una realidad. Tuve la posibilidad de enfrentarlo y me puse a trabajar para solucionarlo. No es fácil para la familia decirles que tengo cáncer y que tengo que arrancar con quimioterapia ya, porque si no la cosa no va a andar. Pero para mí no fue tan problemático. Enseguida hay que asumirlo. Me encontraron un cáncer de alta reproducción en el sistema linfático. Me sacaron los ganglios. Había dos posibilidades: uno más curable y otro más complicado. A mí me tocó el más complicado. El tratamiento no es fácil, es duro, pero tuve la suerte de salir adelante. Igual, nunca te dicen que estás curado".

(Julieta Ferrario)

"Siento que tuve la enseñanza del fútbol, porque nosotros trabajamos contra la adversidad. No es lo mismo, pero estamos acostumbrados a salir a luchar ciertas adversidades. Por suerte el tratamiento dio buenos resultados y al año estaba curado. No reniego de haber pasado por esa situación. Todo lo contrario, me hizo crecer muchísimo. Le puse optimismo, estuve a disposición de los médicos. En ningún momento abandoné la actividad, a lo sumo falté a algunos entrenamientos porque cuando hacés quimioterapia hay cuatro o cinco días que tal vez no te podés levantar", cuenta con absoluta entereza, hasta con la intención de tratar de llegarles a los que puedan pasar por una situación similar. Luego, agrega: "Cuando me encontraron esto las posibilidades eran 50 y 50, así que lógicamente pensás que te podés morir. Yo soy práctico y recomiendo a todo aquel que le pase que haga el tratamiento, que sea optimista, que trate de ir a todos los cumpleaños y todo lo que sea necesario para curarse".

¿Cuál es la categoría más difícil para dirigir? "Todos tenemos el curso de técnico hecho, pero el mayor aprendizaje lo tenés cuando dirigís en la D. Ahí es la verdadera escuela de entrenador. Si pasás ese filtro, te acomodás en la categoría y lográs conseguir objetivos con el equipo, a medida que vas subiendo se te va haciendo más cómodo trabajar. Para los técnicos que no fuimos conocidos como jugadores de fútbol es todo el tiempo tener un buen presente. Sabemos que siempre hay que andar bien, porque si no se nos hace muy difícil trabajar".

En ningún momento se desvía de su objetivo actual, que es salvarse del descenso con Villa Dálmine. Si bien el Viola arrancó último en el promedio, el armado del equipo tuvo que ver con que no iba a haber descensos. No se queja, pero sí reflexiona: "El club nos pidió que nos acomodáramos económicamente y nos pareció bien. La reglamentación cambió 10 días antes del inicio del campeonato. No deja de llamarme la atención por qué no nos podemos organizar. Me cuesta entenderlo, no me entra en la cabeza. Si yo hoy pregunto cómo va a ser el torneo del año que viene nadie te sabe contestar. No podés planificar".

De todas formas, ya vivió una situación complicada con el descenso con el elenco de Campana. Fue apenas asumió, con el equipo en la "zona roja" y acumulando varios partidos sin conocer la victoria. El ánimo estaba por el piso. Entonces, el DT trató de reactivar a sus jugadores de una manera distinta: "Les pregunté qué daban por ganar. Uno me dijo un asado, pero nada más. Un jugador me preguntó a mí qué haría. Le dije que si ganábamos iba desnudo a la conferencia de prensa. Más que nada para descomprimir. Cuando peleás el descenso el clima es muy duro, hay que vivirlo para saber. Mucha tensión, mucha angustia, te saluda mal el que estaciona los coches, mal el utilero, mal el médico, mal los dirigentes, los jugadores están con vergüenza, miran el piso. No es fácil. Ganamos 2-0. Y, si quiero que los jugadores me respondan, tengo que cumplir… aunque me puse una toalla". Quedó a la vista que la metodología sirvió, porque a partir de ese momento ganaron cinco partidos consecutivos y finalmente mantuvieron la categoría.

Su referente es Marcelo Bielsa. Lejos de lo que uno se imagina, no tiene que ver con el estilo de juego. De hecho, los equipos del uruguayo suelen ser más defensivos que los del Loco. Entonces, ¿por qué le agrada? "Es un buen entrenador, pero a mí lo que me gusta es cómo declara, el manejo de grupo, la frontalidad, que te mire a los ojos, sostener valores. Después si juega con dos o tres delanteros no me varía demasiado".

De La Riva es centrado, trata de no excederse incluso para sus sueños dentro del fútbol. "La realidad es que a mí me gustaría dirigir a la Selección uruguaya, aunque sé que es casi imposible. Pero después lo que sí hay son objetivos, que es a lo que apuntás a llegar. Cuando empecé en la D quería dirigir en la C. Hoy, quiero dirigir en Primera División". ¿Lo logrará?

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