Messi y Luis Suárez en la primera foto de aquella pretemporada juntos (@LuisSuarez9)
Messi y Luis Suárez en la primera foto de aquella pretemporada juntos (@LuisSuarez9)

La historia de amor puro entre Lionel Messi y Barcelona estuvo a punto de romperse un año atrás. Una tormenta perfecta casi quiebra la armónica relación que los une desde hace 16 años, pero un as inesperado escampó el cielo: Luis Suárez.

La historia sucedió en el lapso de un mes pero el proceso tuvo su desenlace en apenas cuatro días de extrema tensión. El 27 de junio del año pasado Argentina perdió por segunda vez consecutiva la final de la Copa América ante Chile y la Pulga anunció que se retiraba de la Selección. Una semana más tarde, el 6 de julio, se lo condenó a 21 meses de prisión junto con su padre por estafar al Fisco. Messi estalló.

Según cuenta el periódico catalán Mundo Deportivo, Lionel se presentó ante el presidente Josep Maria Bartomeu y le comunicó que abandonaría la institución. La crisis se había apoderado de él. Sentía que había quedado prisionero de la tensión política que existe entre España y Cataluña. Creía que la decisión judicial había sido injusta y estaba cansado del asedio mediático.

Messi fue condenado a 21 meses de prisión el año pasado (AP)
Messi fue condenado a 21 meses de prisión el año pasado (AP)

Necesitaba una carta que le sirviera para la salida y la tenía: el Manchester City de su amigo Josep Guardiola. Los directivos fueron tajantes: no lo iban a vender. Sólo tenía una salida y era que abonasen los 250 millones de euros que vale su cláusula de rescisión. El foco de luz en su futuro se empezaba a apagar porque la entidad inglesa no estaba dispuesta a abonar esa cifra.

Sí podrían negociar con una oferta inicial de 150 millones de euros, pero necesitaban un guiño por parte del Barça. Messi estaba enojado con la situación, a punto tal que barajó la posibilidad de hablar ante los medios para hacer público su deseo de abandonar España y allí detallaría estos mismos motivos.

El 18 de julio, Bartomeu y Jordi Mestre –vicepresidente deportivo– intensificaron las negociaciones para alcanzar su continuidad y encabezaron un viaje relámpago a Estados Unidos para sentarse a hablar con Jorge Messi. El padre de Lio estaba hospedado en un hotel de Miami Beach con una parte de la familia y les entregó el mismo panorama desalentador.

Al día siguiente –el martes 19– ya estaban de regreso en España para acompañar a Luis Enrique en el primer día de pretemporada con malas noticias: Messi, que tenía dos semanas de licencia por haber disputado la Copa América, quería irse del Barcelona y el escenario era negativo.

Por la tarde de ese mismo día, Bartomeu y Mestre se presentaron en la casa de Lionel ubicada en el barrio Castelldefels. Más de tres horas mano a mano con el ídolo blaugrana sirvieron para agrietar su decisión. Vieron que había una manera de quebrar lo que parecía una determinación tomada.

Suárez terminó siendo fundamental en la continuidad de Messi
Suárez terminó siendo fundamental en la continuidad de Messi

Allí irrumpió en escena un actor fundamental en esta trama oculta: su amigo Luis Suárez. El uruguayo era uno de los más preocupados del plantel por la posible decisión de la Pulga y decidió interceder. Lo llevó a cenar cerca de su casa y hablaron durante un buen rato.

Al día siguiente, una nueva charla con la cena como excusa le dio el indicio que necesitaba: tenía que sacar a Messi del sillón de su casa y llevarlo al entrenamiento. Con la pelota en los pies y el calor del vestuario, la crisis que lo tenía a punto de abandonar el club iba a ir desapareciendo lentamente. Lo convenció.

El día previo a reincorporarse a los entrenamientos del Barcelona, Messi sorprendió a todos con su famoso cambio de look. "Le metí un cambio, para empezar de cero otra vez. Venía de mucho lío, de cosas que me habían pasado, y dije 'hay que romper esto y empezar otra vez'", le confesó a Minguito tiempo después sobre aquella decisión.

El 25 de julio, Messi cortó sus vacaciones una semana antes de lo planeado y viajó junto con el plantel a Inglaterra. En el Saint George's Park de ese país, Barcelona continuó su pretemporada con la Pulga, que ya había dejado atrás su furia. Nada se había filtrado del temblor. Bartomeu aprovechó el escenario favorable y terminó de ordenar el tablero para evitar una nueva preocupación.

Hoy, a un año de aquel hecho, ya se puede afirmar que la operación secreta fue un éxito: Messi está a punto de oficializar la renovación de su contrato hasta 2022.

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