A medida que transcurren las horas, se van conociendo detalles sobre el vuelo de LaMia que trajo de regreso a nuestra Selección Nacional desde Belo Horizonte el último 11 de Noviembre. La revelación de algunos hechos, hasta ahora desconocidos, provocan dos sensaciones inequívocas: indignación y escalofrío.

Por ahora, deberemos manejar valores gramaticales como los pronombres indefinidos. Por caso la palabras "alguien" o "algunos", pues estamos en la plena investigación de poder dar responsablemente los nombres propios que sustituyan, en un futuro cercano,  a los "alguien" o a los "algunos" aquí mencionados.

Comencemos. Alguien de la Conmebol le recomendó a Armando Pérez, titular de la Junta Regularizadora de la AFA, que tuviera seriamente en cuenta a la empresa aérea LaMia para transportar a la Selección Argentina de Fútbol hasta Belo Horizonte en virtud de su partido por Eliminatorias frente a Brasil a disputarse el jueves 10 de Noviembre de 2016.

Armando Pérez, entonces, le dio precisas instrucciones a alguien un empleado de la AFA del área de Selecciones Nacionales de Ezeiza- para que contratara a la desconocida LaMia con la precaución de tener, cuanto menos, dos presupuestos de las empresas que se ocupan del negocio de las charteras.

O sea que para contar con los servicios de una transportadora aérea, se recurre a personas conocidas en ese ambiente que son las que resuelven la difícil gestión de pedir presupuestos, reservar horarios de vuelo supeditados a los de la Selección, asegurar los permisos para decolar y aterrizar, reabastecerse de combustible, revisar que los papeles estén en absoluto cumplimiento de reglamentos y leyes nacionales, para presentar el Plan de Vuelo y todo aquello vinculado a las condiciones requeridas por la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil) que depende del ministerio de Transporte de la Nación.

Los dos pasos de ese alguien de la AFA fueron hacerle saber a la empresa Andes –que venía haciendo la mayoría de los viajes de la Selección– que a pesar de haberle pedido presupuesto y demás requerimientos de costumbre, ésta vez el equipo nacional viajaría por otra empresa. Luego el alguien de la AFA inició las gestiones con Starways, conocida broker que factura bajo la gestión de la señora Sara Muñoz.

Consecuente con sus amigos, Armando Pérez acudió a Gustavo Carmona para que no dejara de participar en el negocio ofreciendo respaldo técnico y administrativo a la gestión, asociándose éste con Sara Muñoz y dividiendo entre ambos la comisión consecuente.

Gustavo Carmona es el piloto que está involucrado en una investigación que se le realiza por éstos días a Daniel Scioli por múltiples viajes al interior y al exterior en aviones de su compañía –Emprendimientos Aeronáuticos S.A- y que se habrían pagado con fondos de la Provincia, según la imputación de un fiscal .

El piloto Miguel Quiroga
El piloto Miguel Quiroga

Años atrás, Gustavo Carmona era titular de Fly Zar y tenía tres aviones: Challenger 601, Lear Jet 60 y Hawker 400. Con esa moderna flota, Carmona se había convertido en el transportador preferido de algunos funcionarios del gobierno anterior. Es así que debió frecuentar los Tribunales para dar testimonios judiciales, declaraciones indagatorias y juicios como el que condenó a seis años de prisión a Ricardo Jaime, ex Secretario de Transporte, por su probada responsabilidad en la Tragedia de Once. Gustavo Carmona fue el "piloto de las autoridades, las celebridades y los empresarios".

Entre sus clientes tiene desde hace años a Armando Pérez a quien llevó en viajes privados a muchas partes del país y del mundo. Especialmente a ciudades con casinos como Punta del Este o Las Vegas.

Tanta confiabilidad por parte de Pérez, sería fundamental como para que Gustavo Carmona -también broker de charters- vigilara desde cerca el viaje de la Selección en una compañía con un dueño chino ausente (o preso), otro de nacionalidad venezolana, más precisamente de Mérida (allegado, funcionario o testaferro del fallecido Comandante Hugo Chávez quien debió transferirla o hacer figurar tal venta), a una compañía boliviana que pudiera matricularlo en ese país y operar desde Santa Cruz de la Sierra.

LaMia tenía un solo avión, un BAE AVRO RJ 85, discontinuado en su fabricación desde hace más de 15 años. Los otros dos que figuran en su flota, están en hangar, sospechosamente, para fines sobre los cuales la policía boliviana se halla investigando.

AP
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En éste avión que se estrelló cerca de Medellín y le costara la vida a 71 personas, involucradas en el ilusionado viaje del Chapecoense que enlutó al mundo, viajó la Selección Argentina de Fútbol contratado por una orden del presidente de la Comisión Regularizadora de la AFA, Armando Pérez.

El piloto Miguel Quiroga Murakami, que comandaba el trágico vuelo del Chapecoense, fue el copiloto de los vuelos de ida y vuelta de la Selección Argentina a Belo Horizonte.

Es patética la foto en que se lo ve al pie de la escalerilla del avión de la muerte dando la bienvenida en la pista de Ezeiza a los jugadores de la Selección.

Y más grave aún, el video de marketing que grabó con su figura y su voz antes de un viaje en el que expresa: "Somos la transportadora oficial de la Conmebol para la Copa Sudamericana…". Y a continuación menciona equipos y selecciones nacionales transportadas o a transportar.

El piloto Miguel Quiroga
El piloto Miguel Quiroga

Si el fallecido piloto Quiroga dice que LaMia es la transportadora oficial es porque la Conmebol lo permitió o no lo impidió por cuanto se trató de una pieza promocional pública y oficial.

En términos jurídicos significa claramente que la Conmebol tiene responsabilidad penal objetiva y deberá afrontar cualquier causa futura que pudiera llevar a cabo familiar alguno de las víctimas. Y la FIFA no está exenta, toda vez que no existe protocolo alguno sobre seguridad aérea impuesta a sus confederaciones miembros.

Tan grave como ello, resultan las actuaciones de la AFA por forzar el permiso ante la ANAC para operar ilegalmente y también del ministerio de Transporte de la Nación -cuyo titular es Guillermo Dietrich-, quien debió tener conocimiento desde el primer momento de las presiones e influencias que se estaban llevando a cabo desde algún otro poder.

La esperanza de un expediente con sumario, parece esfumarse. Lamentablemente. Una desilusión. La hipótesis de la coima es inimaginable. La Policía de Seguridad Aeropotuaria luchó hasta el final para impedir que el avión partiera, pues estaba fuera del convenio de bilateralidad que se conoce como la "Séptima Libertad".

No podía hacerlo. Se cometió un delito. La ANAC -cuya máxima autoridad es el doctor Juan Pedro Irigoín- tenía pleno conocimiento sobre la situación del funcionario Gregorio Borda a quien venían presionando desde más de 24 horas atrás para que autorizara lo imposible.

Ese avión, que además debió declararse en emergencia pues sólo tenía combustible para 18 minutos más de vuelo al momento del efectivo aterrizaje en Ezeiza, reiteró la fatídica transgresión a la ley 18 días después, cuando también debió declarar la emergencia en el approach al aeropuerto de Medellín, y no lo hizo, provocando muerte de 71 personas.

Desde la AFA alguien le pidió a Gustavo Carmona, ampliamente conocido en Ezeiza por todos los funcionarios, especialmente los de la ANAC, que entrara en acción e hiciera valer toda su influencia. Lo hizo. Resultó infructuoso.

Recién a las cuatro de la tarde del domingo 6 de noviembre, o sea, cuatro horas antes del horario previsto para la partida y tras más de un día de gestiones y presiones telefónicas, se logró el ilegal, corrupto y "milagroso" permiso. Tanto es así que los utileros mostraban su estado de preocupación por cuanto el traslado de sus baúles demandan no menos de tres horas de anticipo para embarcar su carga en bodega.

El último llamado lo hizo desde el Aeropuerto de Ezeiza el presidente de la Comisión de Selecciones de la AFA, Jorge Miadosqui. Al ver que nadie podía torcer la voluntad de quienes querían cumplir con la ley -ya fueran de la P.S.A o de la ANAC-, Jorge Miadosqui, desde ese mismo lugar del Aeropuerto de Ezeiza, llamó a alguien de la AFA.

Ese alguien de la AFA llamó a alguien de algún otro estamento, presumiblemente superior en la vida del país. Y por último alguien abusó de su poder e influencia y ordenó que permitieran decolar al maldito avión. A su vez alguien, un curioso de aquellos que siempre existen en las delegaciones deportivas, filmó algunas secuencias que podrían servirle a quien quisiera investigar en nombre de la Justicia.

Tal como lo obliga el cumplimiento de la ética, hemos llamado al ministerio de Transporte para conocer su versión. El vocero oficial del ministro Guillermo Dietrich, Gustavo Gómez Repetto, recién pudo responder a nuestros múltiples llamados el viernes alrededor de las 18.25 hs. Le pedimos la versión oficial sobre la denuncia aquí expresada y con mucha cordialidad y respeto se excusó de dar la respuesta. No obstante, pidió más tiempo para que sea el Director de la ANAC, Juan Pedro Irigoín quien nos ofreciera las explicaciones técnicas y específicas que el grave caso exigía. Fue así que ampliamos en 24 horas la espera para el diálogo o la comunicación oficial. Lamentablemente, ninguna de estas alternativas se dio.

Más allá del escalofrío que transfiere la tragedia de los otros en la propia tragedia, lo que nos pudo haber ocurrido y le ocurrió a otros que no dejamos de ser nosotros, éste episodio es muy grave.

Todo resulta indignante. La contratación directa de la AFA por influencia externa, la presión ejercida para infligir la ley, la recurrencia a un poder superior para complacer la recomendación dolosa y la falta de responsabilidad para no privilegiar la seguridad de la Selección por encima de las peligrosas relaciones de conveniencia personal.

En poco tiempo más podamos acceder, tal vez, al conocimiento más cruel de éste trágico episodio: estas pequeñas compañías, en nuestro continente, tienen otro objetivo principal que justifica su existencia. Y llevar equipos de fútbol es sólo la excusa que maquilla esa execrable finalidad.