El general chileno Eduardo Aldunate fue Segundo Comandante de la Misión de la ONU para la Estabilización en Haití (Minustah). Foto: Gentileza General Aldunate.
El general chileno Eduardo Aldunate fue Segundo Comandante de la Misión de la ONU para la Estabilización en Haití (Minustah). Foto: Gentileza General Aldunate.

Con un gran bagaje de conocimientos teóricos y una vasta experiencia de mando en el terreno, el general chileno Eduardo Aldunate asume, con cierto escepticismo, que "las dirigencias políticas de nuestra región nunca se han interesado ni han estudiado en profundidad los temas de la Defensa". Es por eso que, antes de cualquier enunciación de nuevas hipótesis de conflicto o atribución de tareas adicionales al elemento militar, advierte: "El desafío para el siglo XXI es plantearnos qué Defensa necesitamos y qué Fuerzas Armadas requerimos".

Aldunate, un oficial de Infantería con mando en unidades de montaña y Fuerzas Especiales, ha sido comandante en diversas unidades del Ejército y se ha desempeñado también como profesor de Estrategia en la Academia de Guerra de Chile. Cuenta, además, con un máster del Colegio de Comando y Estado Mayor del Ejército de los EE. UU. y es magister de la Academia de Guerra del Ejército de Chile y se desempeñó como docente en el Colegio Interamericano de Defensa en Washington. Es además autor de diversas publicaciones sobre liderazgo y la historia de las Fuerzas Armadas en Chile, y de la obra Misión en Haití: con la mochila cargada de esperanzas, en la que hace un minucioso análisis del trabajo de la Minustah en el país caribeño.

En diálogo con DEF, Eduardo Aldunate no eludió ninguna de las grandes discusiones que rodean a las Fuerzas Armadas en este siglo XXI y brindó valiosas claves para encarar una gestión eficaz y coherente de la Defensa en América Latina.

-¿Cuál es el rol que los gobiernos asignan hoy las Fuerzas Armadas en nuestra región?
-Históricamente, la Defensa Nacional ha sido un tema abordado por los militares por desinterés del mundo civil, ya que a las dirigencias políticas de la Región nunca les ha interesado. Al margen de situaciones de intromisión de los militares en política en el pasado –no exenta de la participación en nuestras sociedades de todos los sectores– y de traumas políticos que posiblemente se han dado en algunos países, en general, la sociedad civil de nuestra región tiene un profundo desconocimiento de las cuestiones que hacen a la Defensa. Seamos claros, la Defensa es un tema esencialmente político, no militar, que articula diferentes instrumentos del Estado ante potenciales amenazas donde lo militar es solo una parte de esta estrategia. Ciertamente, si bien en el empleo de los medios como tanques y aviones son del ámbito militar en cuanto a sus características tácticas y técnicas, por su letalidad e impacto requieren de una sensibilidad política. La Defensa debiera ser un tema de la mayor importancia de una sociedad a través de sus autoridades civiles, lo que no ocurre en nuestra región. Quiero precisar que resulta necesario contar con una formación conjunta de civiles y militares en estos temas.

Aldunate destaca el profesionalismo de las FFAA de la región. Foto: Fernando Calzada/DEF.
Aldunate destaca el profesionalismo de las FFAA de la región. Foto: Fernando Calzada/DEF.

-¿Qué impidió que surgiera un debate honesto sobre el rol de las Fuerzas Armadas?
-Lo que nos limita para avanzar en esta senda son los efectos colaterales de la Guerra Fría y de las realidades políticas y sociales del siglo pasado en nuestros países, donde conceptos como "derechas e izquierdas", "nacionalismos", "buenos y malos", "terroristas y héroes", nos siguen afectando. Espero que podamos, algún día, lograrlo y para eso se requiere de un largo trabajo de sensatez, prudencia y, sobre todo, poder extraer las lecciones aprendidas de lo que vivimos en el siglo XX, donde ciertamente, de una manera u otra, todos fallamos. La evidencia es clara: en nuestra región, las Fuerzas Armadas cuentan con personal altamente calificado, con una mirada de Estado, y que cuenta con grandes potencialidades que podrían poner al servicio de sus países, pero los distintos gobiernos –excepto, quizás, el de Brasil– han sido renuentes a solicitarles su aporte, esencialmente, por razones ideológicas. Espero que ese escenario pueda cambiar. Nuestros países cuentan con comisiones de Defensa en sus Congresos y, si analizamos cuál es el grado de conocimiento que tienen los legisladores y la capacitación con la que cuentan sus asesores, observaremos una pobreza franciscana. Lamentablemente, soy un poco escéptico y no creo que esto cambie en el escenario más cercano si no tomamos el tema en serio. En nuestra región el mundo académico civil debe aún realizar su aporte, a diferencia de los países más desarrollados que generan estudios y propuestas en cuanto a la defensa, capacitando a civiles y militares. En nuestros países, los institutos castrenses hacen esfuerzos en esta dirección, pero han sido insuficientes.

Las Fuerzas Armadas cuentan con personal altamente calificado, con una mirada de Estado y con grandes potencialidades que podrían poner al servicio de sus países

-Si hablamos de nuevas doctrinas a nivel regional, como es el caso de la protección de nuestros recursos naturales, ¿cree que los militares están preparados para asumir responsabilidades en estas cuestiones?
-Yo estoy convencido de que los militares pueden asumir tareas en múltiples dimensiones, pero insisto, en que estas deben ser inspiradas y consensuadas básicamente desde el nivel político. Es el Estado en su forma estructurada en cada país quien determina el rol de los distintos actores de la sociedad entre ellos, las Fuerzas Armadas. Tener una fuerza militar preparándose para una guerra que se percibe que nunca tendrá lugar, gastando recursos importantes sin considerar su aporte en otras múltiples dimensiones, supone la urgencia en la definición en cada país de qué Fuerzas Armadas requerimos. Así considerado, si a los militares se les otorga una misión específica como la citada, se les deben brindar los recursos, equipamientos y entrenamiento, pero tan importante como lo anterior resulta definir su quehacer para este objetivo con los otros ámbitos en cuanto a sus impactos en lo económico, político, diplomático, social, medioambiental, derechos humanos, etc. Si miramos con atención nuestra región veremos que, en general, hemos optado por fuerzas militares mixtas, es decir, profesionales de carrera, en el caso de los oficiales y suboficiales, y soldados que cumplen, con el servicio militar, que en algunos países es voluntario y en otros, es obligatorio. Algunos países han optado por contar con fuerzas militares profesionales en su totalidad, opción que, entre otras consideraciones, resulta muy onerosa para nuestros países y que, creo, profundiza más la idea de que la Defensa es un tema de todos.

-Considerando su experiencia en Chile, un país muy afectado por las catástrofes naturales, ¿qué importancia tienen el apoyo de los militares en la actuación frente a este tipo de emergencias?
-En la línea de lo planteado, que cada país tiene que definir para qué quiere a sus militares. En Chile, un país acostumbrado a sufrir terremotos, sismos e inundaciones, está muy afincado en la sociedad civil el contar con la presencia de los militares para brindar seguridad y apoyo a los afectados de desastres naturales. De hecho, una de las críticas que se instalaron en nuestra sociedad es que, ante el megaterremoto del 27 de febrero del 2010, ese trabajo no se haya hecho con la diligencia que se esperaba por consideraciones políticas. Es muy importante subrayar que, incluso después de la transición que vivimos en los años 90, hubo situaciones de emergencia por desastres naturales y, a pesar del traspaso de un gobierno militar o dictadura a uno civil, la sociedad chilena siempre mantuvo ese concepto respecto al rol de los militares. Chile, dadas las condiciones climáticas, también ha sufrido megaincendios forestales en los últimos años. Las Fuerzas Armadas cuentan, dentro de sus unidades, con personal entrenado y equipamiento para colaborar con las organizaciones civiles y con los organismos del Estado para atender este tipo de catástrofes como lo están haciendo en estos días en curso.

Soldados abocados a tareas de ayuda humanitaria. Foto: Archivo DEF.
Soldados abocados a tareas de ayuda humanitaria. Foto: Archivo DEF.

-¿Cómo definiría la preparación que deben tener las Fuerzas Armadas del siglo XXI?
-El soldado en nuestros países tiene que tener ser polivalente, lo que significa que debe estar bien entrenado para el combate y la disuasión, pero también para apoyar a la comunidad, como ocurre en el caso de Chile, en situaciones de emergencia, desastres naturales e, incluso, curiosamente, para brindar seguridad en actos eleccionarios. Yo pienso que, probablemente, esa última cuestión, más propia de comienzos del siglo XX, debe ser modificada porque los actos electorales en democracias sólidas deberían ser custodiados por autoridades u organismos civiles. Vuelvo a señalar, entonces, que la Defensa de América Latina en el siglo XX va a requerir de militares que cumplan múltiples funciones, pero esa definición deber ser fruto del consenso en cada sociedad. Hay una tentación, que no comparto, de tener unidades especializadas para funciones específicas, como combate de incendios, operaciones de paz o desastres naturales. Mi visión al respecto es que la base de ese soldado que se emplea en situaciones complejas, como un megaincendio o un terremoto, solo se logra cuando se cuenta primero con un buen soldado para el combate con disciplina, instrucción y entrenamiento militar y sentido de equipo, valores que son la base de esta polivalencia.

El soldado en nuestros países tiene que ser polivalente, lo que significa que debe estar bien entrenado para el combate y la disuasión, pero también para apoyar a la comunidad

-¿Cuál es su visión de la participación de los militares en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado?
-Cada país tiene su propia realidad. El nivel de incidencia de este flagelo será el que indique la mayor o menor participación de los militares en cada caso. Dicho lo anterior, evaluado el rol de las policías, los sistemas de inteligencia y los sistemas judiciales existentes en cada país, pareciera de toda prudencia reflexionar sobre las implicancias de emplear a los militares en el combate del narcotráfico y de la delincuencia organizada. Esa respuesta tiene que estar fundada en un razonamiento que considere si son realmente los militares quienes deben cumplir ese tipo de funciones. En caso de que la respuesta sea afirmativa, hay que determinar sus alcances, límites y establecer cómo pueden contribuir los militares al trabajo de las fuerzas de seguridad. Son discusiones muy trascendentes porque tienen consecuencias no solo en términos económicos, sino que también requieren de años de capacitación e instrucción muy especializada, estructuración de las Fuerzas Armadas con un muy eficiente sistema de inteligencia en conjunto con otros actores y un análisis de las implicancias legales, entre otros aspectos. Ciertamente que hay etapas en las cuales se involucra a los militares desde el apoyo de inteligencia residual, patrullajes fronterizos hasta llegar al contacto directo. Por cierto, las amenazas emergentes para los militares pasarán a ser los potenciales efectos de la corrupción y las consecuencias en temas de derechos humanos, todo lo cual requiere de una claridad meridiana por parte de la sociedad y del mundo civil respecto de las consecuencias de emplear sus soldados, ya que no será gratis.

-Cuando hablamos de nuevas amenazas, ¿estamos ante una superación de la vieja división entre seguridad interior y exterior? ¿Existe al respecto una estrategia política en nuestros países?
-El mapa real se ha desdibujado, y las fronteras físicas y lo roles son más difusos. La mera defensa de la soberanía como rol esencial ya no es tan clara. Por lo tanto, se requiere de lo que los militares denominamos en táctica "la visión de helicóptero", que es la que nos permite separarnos del terreno para observar, desde una altura un poco mayor, qué es lo que está sucediendo en el terreno. Y esa mirada es necesariamente política. Es una mirada mucho más amplia que la de las Fuerzas Armadas. El orden natural es que la sociedad civil, en la forma estructurada por la democracia y sus poderes, diga cuáles son las amenazas y los problemas que debemos enfrentar. Muchas veces nosotros, los militares, proyectamos y hablamos de la importancia de esos temas, pero hemos sido incapaces de sensibilizar a los actores políticos para involucrarlos en estas discusiones.

La integración y la amistad de las FFAA de la región en operaciones de paz. Foto: Gentileza General Aldunate.
La integración y la amistad de las FFAA de la región en operaciones de paz. Foto: Gentileza General Aldunate.

-Considerando su experiencia en la Minustah, ¿cómo observa la posibilidad de realizar operaciones de paz conjuntas entre países de la Región, como Argentina, Brasil y Chile?
-Yo creo, absolutamente, que podemos complementar fuerzas. A los militares no nos es difícil ponernos de acuerdo para operar, ya que tenemos una disciplina similar, una forma de actuar parecida, contamos con procedimientos estándar y nos es muy fácil trabajar juntos; curiosamente, nuestra dificultad –según mi experiencia– es trabajar con civiles que poco entienden de las capacidades de los militares en estas operaciones de paz. Entendiendo que los recursos modestos con los que contamos en nuestros países, comparados con los de las grandes potencias son ínfimos, podemos tener unidades conjuntas y combinadas orientadas a una operación de paz. Dicho esto, cabe aclarar que, para ello, se requiere una preparación, una capacitación y un entrenamiento previos. Juntar unidades en un aeropuerto antes de partir a una misión es un insulto al profesionalismo de los militares. Pero yo sí veo posible y creo que podemos contar con unidades preparadas, entrenadas e instruidas con ese espíritu de cuerpo y la solidez que se requiere desde mucho antes de partir hacia su despliegue.

-¿Cuál será el futuro de la relación bilateral entre Chile y la Argentina? ¿Se necesita una mayor integración entre los dos países?
-Es vital que Chile y la Argentina se sigan integrando con una visión de largo plazo. Ahora bien, cuando se toman decisiones, deben exceder el marco temporal de los gobiernos. Nosotros hemos tenido ejemplos en la historia reciente de que la relación se ha visto afectada por los cambios de gobierno. Yo creo que, en los temas de integración, defensa, economía y relaciones exteriores, debiera seguirse una línea progresiva, larga y continua, que no se vea afectada por los distintos gobiernos. Son decisiones que deberían ser estratégicas. El intercambio, la interacción y la integración requieren del cuidado de la relación y de las instituciones para que estos asuntos no queden sujetos a decisiones menores y coyunturales. En cuanto a los militares de ambos países, soy muy optimista sobre una mayor integración basada en mi experiencia de haber tenido bajo mi mando a un batallón argentino con gran desempeño en su zona de responsabilidad y de haber trabajado con excelentes oficiales. A los militares de Chile y Argentina nos queda un solo camino: seguir avanzando en la integración y amistad.