El comandante general retirado Joaquín Matías Urruty posa junto a su retrato en el Edificio Centinela. Foto: Gabriel Palmioli.
El comandante general retirado Joaquín Matías Urruty posa junto a su retrato en el Edificio Centinela. Foto: Gabriel Palmioli.

Creada el 28 de julio de 1938 por el Congreso, la Gendarmería Nacional Argentina cumple 80 años de historia. Con 37 mil efectivos, es la principal fuerza de seguridad del país y la encargada nada menos que de combatir el narcotráfico, cumpliendo también sus misiones en el marco de la seguridad interior, defensa nacional y apoyo a la política exterior.

En estas 8 décadas, los "centinelas de la patria", como se los denomina, acumulan hitos en su historia que quizá pocos conocen. Por ejemplo, la Gendarmería participó activamente en la Guerra de las Malvinas, donde el alto nivel profesional de sus hombres hizo que combatieran con las Compañías de Comando 601 y 602, tropas de elite. Además, como dato curioso, fue un gendarme quien, a cargo del registro civil de la Antártida, registró a los primeros 8 habitantes del Continente Blanco, que, vale destacar, fueron argentinos.

Personal de Gendarmería en la Laguna del Desierto, provincia de Santa Cruz en 1965. Foto: Archivo Gendarmería Nacional.
Personal de Gendarmería en la Laguna del Desierto, provincia de Santa Cruz en 1965. Foto: Archivo Gendarmería Nacional.

Para conocer más sobre su historia, DEF dialogó con el comandante general retirado Joaquín Matías Urruty, de 88 años, quien fue el primer director nacional de esta fuerza a partir de que lograra su independencia del Ejército, en 1986.

-¿Qué edad tenía cuando ingresó a la Gendarmería? ¿Cuál fue su primer destino?
-Soy de la Provincia de Buenos Aires, del pueblo de Lima. Ingresé a la Escuela de Gendarmería a los 18 años, me recibí a los 21, y me mandaron como primer destino al Escuadrón de Río Mayo, Chubut. Allí había un viento muy intenso, que entraba por un cañadón, había que agarrarse de los árboles para no salir volando. Fui como jefe de sección de un grupo denominado "el Triana" en la frontera con Chile. Recuerdo que cuando mi jefe de escuadrón me puso a cargo, estábamos en la frontera, íbamos a caballo los dos, tomó la carta topográfica, me marcó los límites, me señaló dónde estaba el hito y me describió el terreno y la población con un nivel detalle que aún hoy me sigue sorprendiendo. Entonces me dijo: "Ahora, subalférez, usted queda a cargo de lo bueno y de lo malo que ocurra acá; usted es el único responsable". Saludo militar uno, saludo dos, me dio la mano, montó a caballo y se fue a trote levantado. Quedé solo, con 21 años, con cuatro personas a cargo, solos y sin despegarnos del hito. ¡Linda forma de empezar! Empecé como jefe de un grupo denominado "el Triana" y terminé como director nacional de la Fuerza.

Urruty, en diálogo con DEF. Foto: Gabriel Palmioli.
Urruty, en diálogo con DEF. Foto: Gabriel Palmioli.

-¿Qué significa la Gendarmería para usted?
-Es una Fuerza muy importante para el país. Fue creada en 1938, por razones de seguridad nacional. En la zona norte, particularmente en Formosa y el Chaco, había bandas que estaban operando y asaltaban a la gente, raptaban y cobraban rescates, mataban, incendiaban. Existía un gran desorden local. La policía no era suficiente para resolver esa situación porque eran pocos efectivos. El primer lugar donde se asentó fue la localidad de Sáenz Peña, en Chaco. A partir de allí, la Fuerza se fue desarrollando en forma natural en Formosa, Misiones, o donde surgieran circunstancias de seguridad pública que requiriesen nuestra presencia. La evolución fue muy buena, siempre respetando la concepción política que tuvieron los congresistas cuando crearon la Fuerza. La Gendarmería Nacional nació del Congreso de la Nación. Ese es el gran orgullo que tenemos los gendarmes.

-¿Cómo era la vida del gendarme en sus inicios?
-En aquel momento, cuando se pensó todo en detalle, se organizaron los diferentes componentes de la Fuerza y fueron mandados al terreno muy bien equipados, con muy buenos vehículos y monturas. En general, los gendarmes paraban en carpas, ya que no había viviendas. Incluso los gendarmes casados con hijos. Esa era la realidad. Se empezó a operar en forma natural, se tuvo éxito en lo que se hizo, y los primeros integrantes le dieron una fuerte impronta a la institución, ya que el personal tenía que tener una gran conducta. En ese entonces, se impuso el Código de Justicia Militar que, aplicado, tuvo muy buenos resultados. Mantenía una conducta institucional, un orden interno, manifestado después en la conducta pública en ejercicio. Creo que la institución ha tenido éxito, estuvo bien pensada, bien organizada, bien analizada, presupuestariamente muy bien consolidada. No le faltaba nada, vehículos, motos, una muy buena caballería y gente muy bien formada tanto intelectual como espiritualmente.

Una patrulla de caminos del Escuadrón “Sáenz Peña” realiza controles viales en 1940. Foto: Archivo Gendarmería Nacional.
Una patrulla de caminos del Escuadrón “Sáenz Peña” realiza controles viales en 1940. Foto: Archivo Gendarmería Nacional.

-¿La misión de custodiar las fronteras fue planteada desde un primer momento?
-No. Al principio la Gendarmería tenía presencia en la parte norte y centro de nuestro país. Luego, le transmiten la nueva misión de custodiar las fronteras. Aquí hay que hacer una distinción: frontera es un concepto cultural y el límite es un concepto lineal y separador. La frontera está a ambos lados del límite. Esta distinción tuvo mucha repercusión, ya que se comenzaron a ocupar puestos fronterizos fundamentales, como mi primer destino en Triana (límite con Chile a la altura del sur de Chubut). Puedo decir, con satisfacción, que la República Argentina nunca perdió territorio donde estuvo la Gendarmería en los límites. Siempre se preservó el territorio y los intereses nacionales.

-Su designación como Director de la Fuerza (1986) se dio en el marco de la trágica muerte del Director Nacional de ese entonces, comandante general Arturo Lopetegui, en un accidente aéreo. ¿Cómo vivió ese día?
-El comandante general Arturo Lopetegui y otros tres oficiales de esa Fuerza perdieron la vida en el accidente de aviación ocurrido en la zona oeste de Gualeguaychú, Entre Ríos, ese 4 de julio de 1986. Yo era el subdirector. Tuve el honor de haber acompañado al comandante general Lopetegui durante su gestión. El impacto de la muerte de un momento para otro fue impresionante. Me acuerdo que al lado de la oficina del Director Nacional había un salón donde lloraba solo. Nunca nadie me vio llorar. Fue impresionante, pero no tuve tiempo de pensar. Tenía que asumir, tenía que hacerme responsable. No había tiempo para el dolor. Había veinte mil hombres que estaban conmocionados. La Fuerza debía ser conducida y en ese contexto me hice cargo.

Gendarmes realizan obras de acción social entre la población rural de Formosa. Foto: Archivo de Gendarmería Nacional.
Gendarmes realizan obras de acción social entre la población rural de Formosa. Foto: Archivo de Gendarmería Nacional.

-¿Cómo encaró el desafío en aquella Gendarmería que acababa de independizarse del Ejército?
-Lo primero que nos dimos cuenta con el comandante Lopetegui era que teníamos que darle muchísima importancia a la educación, a la formación intelectual y a la instrucción, porque la autoridad tiene que ejercerse sabiendo lo que se tiene que hacer y por qué se tiene que hacer. Y uno tiene que explicarle al ciudadano qué es lo que tiene que hacer y por qué lo debe hacer. Para eso hay que instruir bien a la gente y educarla para que sepa cómo decirlo, de buena manera. Conocimientos con buenos modales y comunicar con energía, es decir, con voluntad de hacer. Todo esto sin que lo que uno está diciendo cause resistencia en el ciudadano. Ese siempre fue un factor fundamental para nosotros. También le dimos mucha importancia a la disciplina, al orden interno. Si no existen estos factores, no funciona ninguna organización. La Gendarmería tiene que ser eminentemente verticalista. Acá el superior se hace responsable de lo que ordena y no le puede sacar el cuerpo a la orden. Ordenó mal y se va. Así de simple es la cosa. Se respalda al subalterno en el cumplimiento de la orden que se le imparte.

-¿Cuál era el estado de la infraestructura de la organización en ese momento, hace 35 años?
-Había muchos cuarteles rancho, con techos de paja y condiciones precarias. La situación habitacional era muy mala. Sin cocinas, con agujeros en el suelo donde se cocinaba con leña, lleno de vinchucas. El mal de Chagas llegó a ser en ese momento la enfermedad profesional de la Fuerza, porque la gente vivía así. Esto le arruinó la vida a varias personas, ya que con esta enfermedad no podían cumplir más con las actividades propias del servicio. Entonces, nosotros sacamos todos esos cuarteles rancho. Los gendarmes hicieron cuarteles nuevos con sus propias manos: se hacían ladrillerías, se compraba chapa, se daba un determinado plazo, apoyo logístico y material. Cada uno tenía que mejorar el lugar dónde vivir. Hoy no hay más cuarteles rancho. Están todos conectados con internet, calefacción, viven razonablemente bien, como tiene que vivir un ser humano. Además, terminamos con la enfermedad del mal de Chagas.

La Gendarmería tiene que ser eminentemente verticalista. Acá el superior se hace responsable de lo que ordena y no le puede sacar el cuerpo

-¿Qué lugar ocupó en su vida su familia?
-Mi familia fue fundamental. Lo gracioso es que mi señora no fue cadete de Gendarmería y mis hijos tampoco. Lo que sucede es que el tema del desarraigo es muy marcado, y más en la vida de los oficiales. Los destinos son muy dispares y los hijos tienden a sufrir. En la actualidad cambió el concepto de familia, de integración y hay muchas más formas de mantenerse en contacto. Hoy se llega más rápido de Ushuaia a Formosa, con un avión, que viajar desde la Ciudad de Buenos Aires al Gran Buenos Aires en hora pico. En ese tiempo, era impensado viajar tanto y las distancias se sentían mucho más. Por lo cual, a todo esto, mi familia fue vital en mi vida, tengo a mi señora y dos hijos, ambos economistas.

-Se cumplen 80 años de la creación de la Gendarmería. ¿Qué mensaje le daría a un joven que está por terminar la secundaria y piensa en la Fuerza como una opción a futuro?
-Yo diría que es una opción de vida para todos, una vocación. Hay cada vez más candidatos para ingresar a la Fuerza. Es un buen desafío personal, ya que uno aprende a hacerse responsable porque tiene que resolver con madurez situaciones que se le presentan en el terreno, y uno está solo y no tiene a nadie a quien preguntarle. Y más vale no equivocarse, porque la situación en el trabajo que hacemos tiene un marco legal. Si uno se equivoca legalmente, no hay retorno, ya que el juez no perdona, el fiscal menos. Debemos ser muy racionales para resolver una situación de un procedimiento. Para esto son clave los institutos de formación. La función policial requiere de mucho estudio. Hay que estudiar mucho derecho constitucional, penal, procesal y administrativo, técnica policial, criminología, criminalística. Es decir, un gendarme tiene que salir muy bien formado intelectualmente para tener todas las herramientas que le permitan actuar de forma correcta ante cada situación que se le presente.

Nosotros sacamos todos los cuarteles ranchos. Los gendarmes hicieron cuarteles nuevos con sus propias manos

-¿Cómo encuentra a la Gendarmería ante un aniversario tan importante?
-La Gendarmería está mucho mejor de lo que yo la dejé, está muy bien conducida en todo sentido. Tiene más medios, más responsabilidades. Hay una mayor capacitación del personal. La Escuela de Suboficiales en Jesús María debe tener dos mil hombres que están estudiando dos años, de lunes a viernes, con la modalidad de pupilo. Además para ser suboficial, uno tiene que hacer un período mínimo de dos o tres años habiendo sido gendarme. Recién ahí te seleccionan para hacer los dos años de capacitación de la Escuela de Suboficiales en base al mérito. Estoy muy contento de la evolución que ha tenido la Fuerza. Ha habido muchos progresos en todo sentido. Lo importante es que hay una continuidad en las políticas de la Fuerza, hay una coherencia en continuar y afianzar los buenos valores que la Gendarmería ya tiene incorporados. Cuidar a la persona siempre debe ser el norte.
Para concluir, podría graficar la importancia de la Gendarmería Nacional en la figura de la mula, porque llega a donde nadie más, sin importar lo difícil de la geografía. Nuestros gendarmes están presentes en los lugares más recónditos de la República, brindando asistencia a quien lo necesite y cuidando nuestro territorio. Eso solo se logra con profesionalismo, vocación de servicio, una total entrega y un excelente componente humano. Somos centinelas de la patria y estamos orgullosos de serlo.

*La versión original de esta nota será publicada en la revista DEF N.122