Marcelo D'Alessio: "Hace falta un masterplan contra el narco"

El especialista en políticas y análisis de narcotráfico alerta sobre el explosivo aumento del consumo de drogas en la Argentina durante la última década y cuestiona la forma en que se ha abordado el tema desde hace muchos años. Por Juan Ignacio Cánepa
Experto en narcotráfico, D’Alessio se convirtió en uno de los referentes obligados del país y la región. Foto: Fernando Calzada.

En Marcelo D'Alessio conviven multitudes. Es abogado y economista, tiene un máster en Psicología Forense y Criminal, y una especialización en Química Orgánica. Eso, sin contar sus aptitudes de piloto de avión, instructor de tiro y músico. Pero lo que aglutina a todos estos saberes e intereses es su pasión por investigar. Su expertise es el narcotráfico. D'Alessio y su equipo colaboran con diferentes organismos del estado en el intento de dar fin a uno de los problemas más grandes de la Argentina y de la Región.

Esta vocación llegó por azar, o destino. Cada uno elija. Lo cierto es que uno de sus primeros trabajos como joven profesional a mediados de la década del 90 fue en el área de prensa de la Comisión Nacional de Valores. "Allí descubrí que mi pasión era investigar", comenta a DEF D'Alessio. Dentro de ese mismo órgano regulador del mercado de capitales empezó a realizar tareas de investigación sobre ilícitos. "Tuvimos el caso de Siembra", recuerda sobre la renombrada estafa que involucraba a la AFJP.

En ese entonces, según el especialista en narcotráfico, había un bache comunicacional y de formación respecto de lo que era la droga. "Era 1996 –recuerda–, apenas un par de años después de la muerte de Pablo Escobar. Todos los países de latinoamérica fuimos a buscar esos capitales que les permitieron mover a los narcotraficantes y a los 'pepes' (perseguidos por Pablo Escobar). Países como el nuestro recibieron a las familias narco pensando que, al tener tanto dinero, no iban a producir más", señala. Pero no fue así. Los lazos con el origen oscuro del dinero siguieron vigentes.

A lo largo de los años, Marcelo D'Alessio se fue especializando en el tema y llevando al detalle el día a día del negocio del narco. A tal punto, que creó un "índice Big Mac" de la droga. A semejanza del famoso indicador creado por la revista The Economist, que mide y compara los distintos precios de la hamburguesa en el mundo, D'Alessio mantiene actualizado al día el precio de los diferentes estupefacientes (precio mayorista y minorista) para todos los países del globo.

"Esta pasión te va a llevando a asumir cada vez más riesgos, he tenido ataques de todo tipo", asegura D'Alessio, al tiempo que destaca la importancia de hacer "trabajo de investigación en el campo, no en Google". "Hay que ver a la gente, escuchar sus silencios, ver las diferencias entre unos y otros, etc.", explica.

Hoy, justamente, por su experiencia de campo y por su dedicación total al tema, se convirtió en uno de los referentes obligados para conocer al detalle el estado actual del narcotráfico en el país y en la Región, y para pensar alternativas para erradicarlo de nuestra realidad cotidiana.

D’Alessio, en diálogo con DEF. Foto: Fernando Calzada.

-Lo he escuchado decir que hay que ir "a foja cero" en materia de narcotráfico. ¿Qué significa esto?
-"Foja cero" implica repensar absolutamente todo en materia de narcotráfico. Cuestionar cada paradigma.

-¿Por qué hacerlo?
-Porque en las últimas tres décadas no hubo ni un mínimo punto de inflexión en cuanto al avance de los estupefacientes en la Argentina. Es dable destacar que desde que asumió el presidente Mauricio Macri la Argentina decidió poner el tema sobre el tapete y, como dicen, "dar batalla al narcotráfico". Recordemos que el gobierno saliente era incluso cómplice a través del Sedronar, organismo mediante el que autorizó 18.000 kg al año de importación de efedrina contra los 157 kg que utiliza toda nuestra industria farmacéutica de ese insumo.

-Pero en los últimos meses hubo golpes fuertes al narcotráfico, con cifras récord de incautación.
-Las cifras récord de incautación nos hablan de la parte policial y judicial. También se duplicó la cantidad de gente que entra en la cárcel fruto de la ley de drogas. Esa es una de varias radiografías posibles. Pero la primera que tendríamos que ver es la de cómo estamos como sociedad.

En las últimas tres décadas no hubo ni un mínimo punto de inflexión en cuanto al avance de los estupefacientes en la Argentina

-¿Y cómo estamos en ese sentido?
-Mal. Estamos consumiendo el doble de estupefacientes que diez años atrás. En algunos casos se multiplicó por diez, porque no había estadísticas, como en el caso de las metanfetaminas, lo que se llama genéricamente "éxtasis". Noto una ausencia del Estado en cuanto a la población sana.

-¿Por qué concentrarse en la población sana cuando se dispararon las cifras de consumidores?
-Lo primero que tenemos que entender es qué pasa con los chicos que aún no consumen droga. Hay un 20 % de adolescentes que fuman marihuana. Ok. ¿Qué vamos a hacer, entonces, por el 80 % que no lo hace? Es fundamental saber qué pasa con mi población en riesgo, o sea, la población general menos los adictos. Qué se está haciendo en términos comunicacionales, educativos y de campañas. Cómo puedo hacer para que un chico no entre en el flagelo de la droga. Es una batalla menos espectacular que romper un búnker de paco. Es mucho más silenciosa, profunda y se ven mucho menos los resultados. Es una misión tediosa e invisible. La fantasía de romper un búnker en una villa solo sirve para respaldar a la madre que se animó a decir que en ese lugar venden droga, pero al día siguiente no va a haber desabastecimiento de paco. Ningún chico se va a ir a internar porque no tiene otro búnker que le venda el paco.

-¿No resulta efectiva la lucha contra el narcomenudeo?
-Por supuesto que hay que dar esa batalla, pero en tanto y en cuanto asumas que hay un equivalente a dos canchas de fútbol llenas de chicos que consumen paco todos los días. A los que trabajan en las cocinas de droga se les paga con pasta base. Entonces, el concepto de dealer de paco no existe. Son miles de chicos vendiéndoles a diezmiles de chicos la pasta base.

Para D’Alessio, las cifras récord de incautación hablan de la parte policial y judicial del problema, pero con eso se olvida la más importante, la de la sociedad. Foto: Emmanuel Bocchi.

-Entonces, existe un terrible déficit en lo comunicacional.
-Si contrastamos la publicidad antitabaco versus lo que se hace contra el porro, la diferencia es abismal. ¿Dónde hay una campaña que explique que el cannabis te destruye la dopamina natural? Es un mito social que la marihuana no hace nada. Es tan imbécil como el mito popular de la sandía con el vino. Si querés creer, creelo, pero la marihuana convierte a la persona en alguien mucho más apático. No va tener euforias ni depresiones, es una persona en la que va a ir mermando su nivel de dopamina medio. Va a ser una persona a la que le va a costar más trabajar, con menos deseos de tener relaciones sexuales, menos deseos de juntarse a comer un asado con sus amigos, etc.

-¿Se puede modificar esa percepción?
-En la medida de que no se haga nada, no. Estamos nadando detrás de un barco, estamos cada vez peor. La gente cree que la batalla contra el narcotráfico es agarrar narcotraficantes. Hay que hacerlo, sí, pero es una instancia posterior. Quedó tremendamente desbalanceado el rol del Ministerio de Seguridad de la Nación, que conduce con mucha valentía Patricia Bullrich, respecto del de Carolina Stanley (Desarrollo Social).

Es un mito social que la marihuana no hace nada. Es tan imbécil como el mito popular de la sandía con el vino

-¿En qué sentido?
-Pregunto: ¿Hay ambulancias que estén preparadas para abordar a un chico que está con un delirio después de haber tomado paco? ¿Existen hospitales preparados para recibir a ese chico? ¿Está preparado el policía para transportar a un chico en esas condiciones? ¿Lleva un médico a bordo el patrullero que entra a la villa? ¿La AFIP está pensando en algún incentivo para que las empresas contraten a chicos recuperados de la marihuana, el paco o la cocaína?

-¿Cómo modificar ese desbalance?
-Lo que hace falta es un máster plan. No que cada organismo haga lo que le parece o puede. El resultado concreto de la actuado hasta hoy es que el consumo aumentó. Como no sabemos la cantidad de marihuana que se fuma por día, no tenemos idea de lo que representa ese camión incautado con una carga récord. Esa estadística no nos dice nada. Tal vez se esté ganando la batalla de las incautaciones, pero se está perdiendo la guerra. Creer que por desabastecimiento o por aumento del precio va a bajar la cantidad de consumo o que la gente va a querer recuperarse es un concepto erróneo. Lo único que va a provocar es el aumento de precio, o que los consumidores se descuelguen de una droga de mayor calidad a una de menos. O sea, que el que aspiraba cocaína natural (la que tiene un 45 % de pasta base) se pase a la cocaína sintética (con un 10 % de pasta base y un 90 % de químicos), mucho más tóxica. Cuando aumenta el precio, si no hay una contención social para sacar a los chicos de la droga, no va a funcionar.

De la táctica a la estrategia

-¿Quién debería encarar este máster plan? ¿Una agencia federal?
-Falta un especialista global en droga. Creo que se está perdiendo la oportunidad de armar una agencia federal vinculada al narcotráfico donde converjan fuerzas federales de detección y detención, fuerzas federales de investigación (para que no haya divisiones jurisdiccionales entre provincias), y desde donde se coordinen todas las acciones de los diferentes órganos y organismos del Estado de acuerdo a un plan general. Esa estrategia debe ser presentada al presidente, no al Congreso, porque es algo que si entra en debate, termina en un callejón sin salida. Hay que presentarle un master plan al presidente y uno adaptado para cada provincia, porque cada una tiene diferencias y particularidades en la problemática.

-¿Qué puntos en particular debería contemplar esa propuesta?
-La propuesta consiste en entender que el 90 % de los esfuerzos genera algo parecido al 10 % de los resultados. Merecemos reunir a los mejores profesionales, con la mejor tecnología y la infinita voluntad política de ceder cualquier tipo de protagonismo en aras de un trabajo en equipo. Como dijimos antes, el primer objetivo es la prevención. El segundo es la recuperación de los actuales adictos (y eso implica que tengan un trabajo digno tras su esfuerzo de cambio de hábitos). El tercero es la limitación a la mínima expresión posible de cocinas, industrias químicas sin trazabilidad y todo tipo de fabricación de oxidantes o precursores químicos. El cuarto objetivo es el cierre de frontera en conjunción con herramientas tecnológicas predictivas y de rápida requisa de pasajeros y carga en tránsito. Y el quinto, consensuar de aquí en más con la UIF (Unidad de Información Financiera) los parámetros de planes, blanqueos u otros incentivos fiscales, para desincentivar el afincamiento de capitales del narco. La buena noticia es que está todo por hacerse.

-¿Hay algún país modelo que tenga un master plan como el que usted plantea?
-Canadá, Suecia, Finlandia, Australia, países culturalmente diferentes entre sí. En las películas se ve exclusivamente el tema de la persecución, la parte policial. Pero el primer problema es que tenemos mucha gente drogándose.

-Se discute mucho en términos semánticos la idea de "guerra contra el narcotráfico". ¿Es correcto hablar de "guerra"?
-Se puede hablar de guerra contra el narcotráfico en el sentido de que las guerras son largas. Pero en Argentina estamos confundiendo guerra con batalla. Las guerras conllevan estrategia. Las batallas, táctica. Como no hay una estrategia general, nos agotamos en las batallas particulares de las incautaciones. Una estrategia general comprendería, por ejemplo, que haya colegios especiales para chicos quemados por el paco. La guerra contra el narcotráfico requiere de un master plan con una estrategia que incluya una correlación de muchas batallas o frentes que deben darse, unas, en forma simultánea, y otras de manera correlativa.

Foto: Fernando Calzada.

La empresa

-¿Somos un país de consumo, tránsito o producción de estupefacientes?
-La presencia de paco implica que se produce cocaína en Argentina. Nadie va a asumir el riesgo de traer paco, que vale menos que un kiwi, desde afuera. El paco es el desecho de lo que se produce. Argentina es el cuarto país productor de cocaína del mundo, y no tenemos hoja de coca. La pasta base viene de Bolivia y de Perú, y algo de Colombia. Acá en Argentina le damos el valor agregado. Como tenemos una industria química totalmente fuera de control, muchas están abiertas al público y algunas hacen oxidantes vinculados a la industria del narco.

-¿No se reguló eso después del triple crimen y el tema de la efedrina?
-No es un tema de regulación. Si bien el Ministerio de Seguridad propuso algún tipo de modificación en cuanto a las penas, las leyes están. En Argentina los carteles trabajan de una forma muy diferente de lo que la gente se imagina. Por ejemplo, se arman fideicomisos para fabricar cristal o meta. Hay buenos padres de familia, que nunca tocaron una droga, pero que ponen plata en fondos que duplican o triplican el capital en tres meses. Imposible lograr esto en otro tipo de inversión. Se diversifica el riesgo.

Argentina es el cuarto país productor de cocaína del mundo, y no tenemos hoja de coca

-Se mueven de la misma forma que una empresa.
-Sí, y analizando los números de estas "empresas", te das cuenta de que el mercado mundial tiende a la droga sintética. Tengo un estudio que mide cómo aumenta el precio de cada alcaloide por el "riesgo país" compuesto por tres factores: el riesgo policial, el riego judicial y la capacidad de lavado. Son las tres patas que componen el precio de una droga, más allá del costo de fabricarla. En Argentina, hacer 1 kg de cocaína vale 3750 dólares y sale al mercado casi duplicado, a 6500 dólares.

-¿Por qué migrarían a otra producción, si da una ganancia cuantiosa?
-Porque solo se pueden hacer 1100 toneladas de cocaína al año. La cantidad de hectáreas plantables con hoja de coca (tierras entre los 700 msnm a 1500 msnm) es limitada. No se puede hacer más de eso en el mundo. Tal vez algo más en Afganistán y en la segunda cadena montañosa de Marruecos. Entonces, mientras que tengo una cantidad finita de cocaína, tengo una cantidad no infinita, pero sí que va en aumento, de adictos. Ese desabastecimiento, como no se ajusta por precio, se ajusta por alternativa de producto. Me voy a otra gama de productos. Si se ajustara por precios, terminaría en una guerra total.

-¿Cómo es el rinde de las drogas sintéticas?
-Con un kilo de cristal se hacen 9000 pastillas de éxtasis. La colada típica de éxtasis son 54.000 pastillas, para la que hay que invertir 87.000 dólares, pero sale a la venta por 311.000 dólares. O sea, 3,7 veces más. Mientras la cocaína es 2 a 1. Además, en el caso del éxtasis, no hay droga hasta el momento en que se terminan de combinar los químicos. No hay sustancia ilegal hasta que se obtiene el producto final. Esto da un riesgo menor desde el punto de vista judicial.

-En este contexto, ¿tendría algún impacto positivo una despenalización de las drogas para romper el negocio?
No estamos preparados como sociedad para despenalizar ningún tipo de droga. De hecho, hoy, sin estar despenalizado, se vende abiertamente todo tipo de producto para el consumo (pipas, picadores de marihuana, invernaderos para cultivo, etc). Pero pongo este ejemplo: supongamos que la policía coimee a todos los que no usen cinturón de seguridad. ¿A vos te parece no penar la falta de uso del cinturón para atacar el negocio de esos policías? Se estaría desprotegiendo a la población y no se me ocurre una función más importante para el Estado que la de cuidar a su población.

*La versión original de esta nota fue publicada en la revista DEF N. 121.

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