En dialogo con DEF el capitán de navío y doctor en Ciencia Política Eugenio Facchin. Foto: Fernando Calzada.
En dialogo con DEF el capitán de navío y doctor en Ciencia Política Eugenio Facchin. Foto: Fernando Calzada.

La lista de hazañas que vinculan a la Argentina con la Antártida es innumerable. Solo por mencionar algunos ejemplos: A comienzos del siglo XX, más específicamente en 1904, nuestro país se convirtió en el primero con presencia permanente en la isla Laurie, la segunda más grande del archipiélago Orcadas del Sur. En 1962, la expedición comandada por el capitán de fragata Hermes Quijada aterrizó en el Polo Sur sin ningún tipo de cartografía ni referencias. Sin embargo, hasta hace unos meses, el resto del mundo no tenía registro de ninguna de ellas. ¿Los motivos? "Se trataba de crónicas e historias escritas en español y el mundo solo lee en inglés", explica el capitán de navío Eugenio Facchin, doctor en Ciencia Política. Hace una pausa y agrega: "Si bien con un grupo de historiadores antárticos ya veníamos planteándonos la necesidad de difundir nuestro trabajo, la urgencia surgió cuando, en una reunión del Scar Hasseg –el grupo de expertos de Humanidades y Ciencias Sociales del Comité Científico Antártico–, los países angloparlantes afirmaron que no existía una historiografía latinoamericana".

Así, sin más rodeos, surgió Antártida. Verdad e Historia, un ejemplar de 175 páginas que reúne el trabajo de siete historiadores de Argentina, Chile y Uruguay en el sexto continente. "Creo que lo más importante es mostrar el punto de vista de los países latinoamericanos que, no solo son los más cercanos, geográficamente hablando, sino que participaron de las distintas etapas de la historia antártica: desde la heroica época del descubrimiento hasta la actualidad", resume Facchín acerca de los aportes del libro. Y cierra: "Podemos decir con orgullo que logramos publicar el primer libro bilingüe de la historiografía antártica latinoamericana".

Presentación del libro en la Corbeta ARA Uruguay.En la foto Fachin, el Dr Claudio Parica y Carlos Pedro Vairo. Foto: gentileza Gaceta Marinera.
Presentación del libro en la Corbeta ARA Uruguay.En la foto Fachin, el Dr Claudio Parica y Carlos Pedro Vairo. Foto: gentileza Gaceta Marinera.

–¿Cómo fue el proceso de recopilación de historias?
–La idea inicial fue hacer un trabajo conjunto de investigadores de América Latina. Yo, como compilador, convoqué a varios países pero solo se sumaron Chile y Uruguay (Colombia, Perú y Ecuador declinaron la invitación y esperamos que puedan colaborar en los próximos desafíos, ya que tienen mucho por aportar). En definitiva, este libro está conformado por el trabajo de siete historiadores de tres países que lograron plasmar sus investigaciones en el primer documento con perspectiva latinoamericana. Las metodologías utilizadas son diversas –heurísticas de diarios, documentos oficiales, diarios de navegación, archivos, informes, entre otros–, a lo cual se suma, como valor agregado, el hecho de que varios de los integrantes del grupo han formado parte de campañas antárticas.

–¿Qué temas específicos abordan y quiénes son los historiadores convocados?
–Sobre la importancia de esta década, el despertar de la conciencia antártica y el desarrollo de las exploraciones, escribimos los argentinos Pablo Fontana, doctor en Historia, docente, e investigador del Instituto Antártico Argentino; Pedro Vairo, museólogo, especialista en etnografía marítima, investigador y antártico; y yo. Mauricio Jara Fernández, doctor en Historia e investigador; Consuelo León Wöppke, doctora en Historia, magíster en Estudios Internacionales; Nelson Llanos Sierra, magíster y doctor en Historia, todos especialistas en temas antárticos e integrantes de la Fundación Valle Hermoso, de Valparaíso, abordaron la importancia que tuvo el presidente Pedro Aguirre Cerdá en la construcción de un Chile con visión antártica en un contexto complejo, y los primeros pasos concretos que se realizaron hacia un objetivo cada vez más codiciado a nivel global. Y el coronel retirado Waldemar Fontes, investigador, escritor, docente y conferencista, escribió sobre la posición de Uruguay referida a la Antártida, las presiones políticas y los intereses comerciales que devinieron en su ausencia en las negociaciones del Tratado Antártico.

Este libro está conformado por el trabajo de siete historiadores de Argentina, Chile y Uruguay que lograron plasmar sus investigaciones en el primer documento con perspectiva latinoamericana.

–¿Por qué eligieron trabajar sobre la década del 40?
–Se trata de un período en el que cambió la historia. En el caso de la Argentina, pese a que desde 1904 teníamos presencia permanente al sur del paralelo 60, no habíamos logrado consolidar nuestras acciones. La década del 40 fue clave: comenzamos la exploración del continente, fundamos bases, profundizamos las investigaciones científicas, realizamos relevamientos hidrográficos y publicamos cartas náuticas, entre otras acciones destinadas a expresar nuestra voluntad política sobre ese sector.

–En un principio usted mencionó al grupo de historiadores antárticos. ¿Cómo surge?
–A instancias de los primeros investigadores, estudiosos de la talla de Eugenio Genest, Ricardo Capdevila, Jorge Berguño y Oscar Pinochet de la Barra. Nos reunimos por primera vez en 1992 en Base Esperanza. A partir de entonces, los encuentros se siguieron realizando bianualmente en el marco de la Reunión de Administradores de Programas Antárticos Latinoamericanos (RAPAL) hasta que, en 2008, el grupo fue dejado afuera de esta organización por razones que desconocemos. Este hecho generó un fuerte impacto inicial que, afortunadamente, pudimos revertir en escasos tres años cuando reiniciamos las reuniones en Uruguay. Este reencuentro nos dio un nuevo impulso y decidimos incorporar las ciencias sociales y las humanidades al campo de la Historia, que era el que nos ocupaba hasta entonces.

Los países de la Región deberíamos protegernos y concordar una opinión unívoca sobre la existencia de una Antártida latinoamericana.

–Como grupo, ¿cuáles son las principales dificultades que deben enfrentar?
–La más relevante es la falta de presupuesto, hecho que se traduce en discontinuidad, ya que cada reunión representa un gran esfuerzo. Creo que este problema es un espejo de la importancia que cada país adjudica a la cuestión antártica. En Chile, por ejemplo, los historiadores tienen el respaldo de la Fundación Valle Hermoso que colabora con pasajes, estadías y becas para investigación. Incluso, en la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso, casi toda la carrera de Ciencia Política está destinada a estudiar el tema antártico. En la Argentina tenemos la Asociación de Historiadores y Educadores Antárticos Argentinos que funcionará en la Escuela de Ciencia del Mar, dependiente de la Armada, pero no logramos ponerla en marcha debido a la falta de presupuesto.

Tripulantes del ARA 1 de mayo en el muelle de la factoría ballenera de la isla Decepción. Foto: gentileza Antonio Silva.
Tripulantes del ARA 1 de mayo en el muelle de la factoría ballenera de la isla Decepción. Foto: gentileza Antonio Silva.

–Por último, ¿considera que es posible hablar de una Antártida latinoamericana?
–Se trata de una perspectiva tenida en cuenta por muchos antárticos, pero lo que antes tenía un matiz político hoy considero que se ha transformado en una cuestión de supervivencia, de autopreservación. Si bien la creación de la RAPAL, –foro de coordinación regional de temas científicos, logísticos y ambientales– a instancias de la Argentina (que congrega además a Brasil, Chile, Uruguay, Ecuador y Perú) fue un paso enorme que produjo un cimbronazo dentro del programa antártico mundial y, con el paso del tiempo, se transformó en un instrumento político importante; en la actualidad la situación es compleja. Por esta razón, los países de la región deberíamos protegernos y concordar una opinión unívoca sobre la existencia de una Antártida latinoamericana.