La belleza del día: “El taller de fundición de yeso de Sadaune”, de Claude Firmin

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

“El taller de fundición de yeso de Sadaune” (1901) de Claude Firmin
“El taller de fundición de yeso de Sadaune” (1901) de Claude Firmin

I

Ya en el Antiguo Egipto se usaba el yeso para sellar las juntas de los bloques de la Gran Pirámide de Guiza y en millares de tumbas. También para los revestimientos del Palacio de Cnosos en la isla de Creta en Grecia; lo usaron los Sasánidas, los Omeyas, los artistas del Renacimiento, los del periodo Barroco, los franceses del Rococó. El yeso, sulfato de calcio hemihidrato, como producto industrial y artístico está incrustado en la historia de la humanidad.

Todo eso se le habrá pasado por la cabeza a Claude Firmin cuando visitó un taller de fundición de yeso. Como un relámpago de microsegundos, escenas del fondo de la historia atravesaron su mente. En esa figuras, que aquel hombre enigmático llamado Sadaune trabajaba en su estudio ubicado al final del patio en 21 Rue Visconti en París junto a sus ayudantes, estaba una esencial que lo interpelaba profundamente a Firmin, por lo que decidió llevarla al lienzo.

El taller de fundición de yeso de Sadaune es un óleo sobre lienzo de 81 centímetros de alto y 101 de ancho que se encuentra en una colección privada en Italia. Es de 1901, año en que participó de la exposición del Salón de Paris 1901. Para ese entonces, el pintor francés tenía 37 años. Le quedaba más de media vida por delante, sin embargo en ese preciso momento y en esa precisa obra logró un punto cumbre en su producción: una estética descollante del detalle y del color.

II

Nació el 18 de febrero de 1864 en Aviñón, en el sur de Francia, la ciudad donde pasó prácticamente toda su vida. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Aviñón con el destacado retratista y paisajista Pierre Grivolas, su director. Luego partió a París para asistir a la Académie Julian primero, y a la Escuela de Bellas Artes después, donde tuvo como maestro al pintor realista Léon Bonnat. A partir de entonces expuso en el Salón de París y en el Salón de los Independientes.

De esa época es esta obra que presentamos como belleza del día: cuando el academicismo de la perfección que le pedía su formación se alineaba con las chispas juveniles que aún perduraban en su manera de pintar. A simple vista parece un paisaje blanquecino, grisáceo, con las pieles anaranjadas de los trabajadores sobresaliendo entre la nube de polvo. Pero vista en detalle: hay miles de colores y tonalidades arremolinándose hacia el interior del cuadro.

La escena guarda mucha paz, silencio, paciencia. Más que un taller es un gran santuario artesanal. Hay bustos de hombres, de mujeres, de animales, muchísimos rostros de diversos tamaños, hay brazos colgando, un torso desnudo, cuerpos esculturales, platos, muchos platos, también todo tipo de vasijas, y los tres trabajadores —la mujer adelante, detrás los dos hombres— fijando sus miradas en el material maleable que poco a poco se convierte en arte: el yeso.

III

Después de tanto trabajo, tanta exposición y seguramente tanta bohemia —en ese momento París vivía su Belle Époque—, Claude Firmin volvió a Aviñón. Allí pintó numerosos frescos para el municipio y se unió al Grupo de los Trece que fue fundado en 1912 por Clément Brun, con quien estudió en su ciudad y en París. En el grupo estaban también Lina Bill, Jules Flour, Joseph Hurard, Alfred Lesbros y Joseph Meissonnier.

En 1922, a los 58 años, empezó a dar clases en la Escuela de Bellas Artes de Aviñón; quince años después fue nombrado director, así como también Caballero de la Legión de Honor. Murió a los ochenta, el 8 de diciembre de 1944, y dejó una gran variedad de cuadros: Interior de un reparador de objetos de arte, La partida, Hombre de pie, Berger, Interior de una granja y Los herreros, entre otros. Quizás este, El taller de fundición de yeso de Sadaune, sea el mejor.


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