La belleza del día: “El mediodía de los herreros”, de Thomas Anshutz

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

"El mediodía de los herreros" (1880), de Thomas Anshutz
"El mediodía de los herreros" (1880), de Thomas Anshutz

I

En Wheeling, Virginia Occidental, Estados Unidos, al mediodía, cuando el sol se posa en cenital sobre las cabezas de los transeúntes, un grupo de herreros sale al patio de la fábrica a descansar un rato luego de una mañana de mucho trabajo. Es 1880, tal vez antes, pero ese es el año en que el pintor Thomas Anshutz capta el momento y lo eterniza en un lienzo. Esta pintura al óleo lleva por título El mediodía de los herreros y está en el Museo de Bellas Artes de San Francisco.

En esta postal de 43.2 centímetros de alto por 60.6 de ancho hay hombres y niños —la explotación infantil era común en aquella época—, algunos se refrescan, otros conversan o simplemente descansan. El estilo es decididamente naturalista aunque tiene una gran presencia del realismo. Se exhibió por primera vez en Filadelfia, en el Philadelphia Sketch Club de 1881, y muchos críticos de arte compraron a Anshutz con Thomas Eakins, su maestro en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania.

Al exponer su obra, todos quedaron boquiabiertos. ¿Por qué? Según el historiador de arte Randall C. Griffin, porque es “una de las primeras pinturas estadounidenses en representar la desolación de la vida en las fábricas” y aunque “parece ser una clara confrontación con la industrialización”, “u brutal franqueza sorprendió a los críticos, que la vieron como algo disruptivo e inesperado: una escalofriante instantánea industrial, no por eso menos pintoresca o sublime”.

II

Tenía treinta años cuando exhibió esta obra. Había nacido en 1851 en Newport, Kentucky, y crecido a 300 kilómetros de allí, en Wheeling, Virginia Occidental, lugar que representa en El mediodía de los herreros. Estudió en la Academia Nacional de Diseño junto a Lemuel Wilmarth y en 1875 se mudó a Filadelfia. Allí conoció a Thomas Eakins, que tenía solo siete años más que él, pero un estilo mucho más trabajado, además de la experiencia, claro. Se hicieron muy amigos.

Eakins comenzó a incorporar en sus clases y en su estudio la fotografía. Lo hacía para ayudar la representación a la hora de pintar, pero también como un arte en sí mismo. Así fue que tomaba fotos de modelos, de él y de amigos, muchas veces desnudos. Una tarde de enero de 1886, Eakins tenía que dar una clase frente a un nutrido grupo de estudiantes donde había muchas mujeres. Llevó a un modelo masculino y le pidió —para sorpresa de todos— que se quitara el taparrabos.

Como buen retratista obsesionado con los detalles de la anatomía, habló con mucha elocuencia sobre cómo debía pintarse cada parte del cuerpo. Algunos alumnos se escandalizaron, otros se sonrojaron, pero la mayoría prestó mucha atención. Todo empeoró cuando algunos estudiantes dijeron que fueron al estudio de Eakins a posar desnudos. Las autoridades de la Academia de Bellas Artes de Pensilvania se enteraron y le pidieron la renuncia.

III

Thomas Anshutz, que formaba parte del grupo de docentes, no defendió a su amigo y maestro. Al contrario, puso su firma en una carta dirigida al Philadelphia Sketch Club que decía: “Por la presente acusamos al Sr. Thom S. Eakins de conducta indigna para un caballero y desacreditada para esta organización, y pedimos su expulsión del club”. Al poco tiempo Anshutz fue ascendido al puesto de Eakins en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania.

La respuesta de Eakins a la Academia fue paradigmática. “¿Alguna vez hubo tanto humo por tan poco fuego? Nunca en mi vida seduje a una chica, ni lo intenté, pero ¿qué más puede pensar la gente de toda esta rabia y locura?”, comienza diciendo, y concluye: “¿No puede nadie ver a qué despreciables inconsistencias conducen todas estas locuras y qué tan peligrosas son?” El caso fue conocido como “incidente del taparrabos”.

Anshutz y Eakins nunca más volvieron a hablarse. Anshutz se ocupó de su vida y de su carrera: en 1892 se casó con Effie Shriver Russell y aprovechó la luna de miel de un año en París para tomar algunas clases en la Académie Julian. En 1893 volvieron a Filadelfia. Siguió pintando, expandiendo sus conocimientos, experimentó con el arte abstracto y se dedicó, fundamentalmente, a enseñar. Además, llegó a ser presidente del Philadelphia Sketch Club.

IV

En el otoño de 1911, por problemas de salud, Anshutz se retiró de la Academia y dejó de pintar con la frecuencia que lo hacía. Fue una época triste, sobre toda para un pintor como él, tan comprometido con la disciplina. Es fácil imaginarlo en su casa de Filadelfia, sentado en una silla mecedora, mirando por la ventana el parque, el césped, el rocío, los árboles, con ganas de sentarse frente al lienzo y plasmarlo como sólo él sabía hacerlo. Pero apenas podía moverse.

En esos tiempos oscuros, ¿se habrá acordado de su amigo y maestro, Thomas Eakins, y del “incidente del taparrabos”? ¿Habrá cambiado de opinión? ¿Se habrá replanteado la función del arte, la utilidad de su transgresión? ¿Se lo habrá comentado a su esposa Effie, recostado en la cama, en esas frías noches de cansancio y agonía? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que el 16 de junio de 1912, a los 61 años, cerró los ojos y nunca más los volvió a abrir.


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