Jazz 2020: el año en que el género tomó la calle, los grandes discos y los rescates

Atravesados por la pandemia, los espacios pasaron del streaming a recitales al aire libre. Por su parte, el encierro permitió muy buenas producciones discográficas y el surgimiento de piezas olvidadas. Una selección de lo más destacado

El jazz salió a la calle al encuentro de su público (Bebop)
El jazz salió a la calle al encuentro de su público (Bebop)

Seguramente no habrá actividad humana que no haya sido traspasada por la angustiante normalidad que se vivió en todo el 2020 bajo la amenaza del Covid. Y el jazz, como producción y arte, no fue la excepción.

Los interminables días de cuarentena fueron una condena inapelable para este arte de minorías. La cancelación de shows (entre ellos el de Pat Metheny en marzo en Buenos Aires), la prohibición de juntarse, hacer música en vivo, tocar, grabar o dar clases; no solo trajo la parálisis laboral para los músicos, sino también la de los estudios de grabación y los locales del circuito; todo lo que puso a la movida al filo mismo de la subsistencia.

Sólo en la segunda mitad del calendario el diseño de protocolos permitió una leve recuperación. La actividad comenzó a dar sus primeros pasos, vacilantes y lentos, como los de un enfermo en recuperación. Entonces los shows por streaming llegaron desde la propia casa de los músicos, en locales cerrados al público o desde algún estudio de grabación. Encuentros pasteurizados donde la pantalla fría hacía aún más entrañable la falta del escenario, la cercanía del encuentro.

Vereda de Virasoro (Candela Fuertes)
Vereda de Virasoro (Candela Fuertes)

Luego el verano mostró el tímido regreso de los shows presenciales con distanciamiento. El pequeño Virasoro en Palermo, uno de los locales emblemáticos de la movida, fue de los primeros y lo hizo cambiando el sentido de su puesta en escena. Sacó las mesas a la vereda y programó músicos tocando desde el interior a través de la única ventana del viejo edificio. Lo mismo hicieron Bebop, trasladando su escenario de San Telmo a una terraza en Palermo y Thelonious, que de las veredas pasó luego al local con protocolos de distancia y cantidad.

Esta nueva modalidad, si bien alejada del encuentro que tradicionalmente propone el jazz, donde los límites entre artistas y público se diluyen al terminar el show; es recibida hoy como lo posible en tiempos de barbijos y codos que saludan. Así lo entendieron desde el Festival Internacional de Buenos Aires que organiza la ciudad y que este año redujo la edición a sólo dos días, con streaming gratuito y un par de actuaciones presenciales desde el Museo Larreta y el anfiteatro del Parque Centenario. Además de los valores locales y las figuras emergentes, el Festival 2020 contó con shows virtuales de figuras internacionales, como el pianista italiano Danilo Rea, los israelíes Omer Avital y Yaron Herman y los argentinos Sofía Rei y Leo Genovese, todos con importante trayectoria en el exterior.

Leo Genovese (Facebook Leo Genovese)
Leo Genovese (Facebook Leo Genovese)

Discos más virtuales que físicos

A pesar de la pandemia, o quizás producto de ella, la producción discográfica del jazz local tuvo un año de muy buenos trabajos. Nuevos artistas, nuevos grupos hicieron su aporte y se sumaron a la entrega de los músicos más experimentados; para completar un interesante abanico de propuestas y estilos.

Posiblemente este atípico 2020 haya sido también el principio del fin para el formato CD en el jazz local. Los altos costos de producción –impulsados por la suba del dólar- y las escasas ventas que tornan imposible recuperar lo invertido; llevaron los principales esfuerzos hacia las plataformas virtuales. Pocos artistas y sellos independientes (entre ellos el rosarino BlueArt) produjeron discos físicos en el último calendario.

Emiio Solla (Josep Sogues Esteller)
Emiio Solla (Josep Sogues Esteller)

La masividad de sitios como Spotify o Deexer (con mínimos beneficios económicos para los artistas) o la plataforma Bandcamp, con una distribución más razonable de lo facturado (durante la pandemia determinó incluso un día al mes en que los ingresos iban íntegramente a los músicos); se han convertido hoy en el cauce casi excluyente para canalizar la producción de jazz nacional.

Y así entonces, entre el más de medio centenar de títulos que conformaron la oferta discográfica del 2020 convivieron la pujanza de pequeños sellos con novedades interesantes y fuertes apuestas a la innovación, la reafirmación de algunas trayectorias y la aparición de nuevos valores que desde el inicio reclaman la atención del aficionado.

Valentin Garvie (Sascha Rheker)
Valentin Garvie (Sascha Rheker)

Cuatro sellos se contaron entre los que mantuvieron una perseverante actividad solo disminuida durante los tiempos más duros de la cuarentena. Entre ellos el pujante ICM, integrado por músicos y promotores de aquella ciudad; que organiza festivales, edita libros y discos y promueve la veta más experimental de la música improvisada. A ICM se le deben algunos de los títulos más importantes del año, como Hormigombres, el disco que reunió por primera vez al saxofonista Rodrigo Domínguez, cofundador del histórico Quinteto Urbano, con el trompetista Valentín Garvie, regresado al país en 2017 luego de décadas en Alemania.

Otro tanto podría decirse de ears&eyes Records, el emprendimiento de Matthew Golombisky, un músico y productor norteamericano radicado en Buenos Aires, que abrió las puertas de su sello a la nueva generación del jazz argentino. En su catálogo más reciente, ears&eyes incluyó Sin tiempo, el notable trabajo del trio de Leo Genovese; los tres discos que durante el año editó la saxofonista Camila Nebbia, una de las voces emergentes de mayor talento; Aves, primer registro del grupo que integran los ascendentes Pablo Cavalchini, Ezequiel Dutil, Matías Crouzeilles y Lucas Goicoechea y Ordendes, el debut discográfico de este último como líder.

Camila Nebbia
Camila Nebbia

Desde BlueArt llegaron La forma inicial el solo piano de Pablo Socolsky, el quinteto del guitarrista Carlos Casazza, Beatitudes de Leandro Ruggieri y Lejos del torbellino, interesante disco del pianista Eduardo Elía. En 2020 rescató además Verano porteño, una grabación de Gerardo Gandini registrada en el 2002 en el Teatro Presidente Alvear con la participación de Fito Páez y Ernesto Jodos. En esta misma línea se inscribe Los dopados, del Club del Disco, el notable homenaje a Juan Carlos Cobian grabado en vivo en la Usina del Arte por el septeto de Juan Pablo Navarro y Puertos: Music from International Waters, el disco editado en Estados Unidos con el que su director Emilio Solla se alzó con el Grammy Latino al mejor disco de jazz del año.

Frido ter Beek, Juampy Juarez, Cristian Almada, Lucas Goicoechea y Sebastián Loiácono
Frido ter Beek, Juampy Juarez, Cristian Almada, Lucas Goicoechea y Sebastián Loiácono

También merecen destaque en esta reseña el primer disco de Motor, el trío de free jazz que lidera Marcelo von Schultz y que editó Nendo Dango, Veintisietesesentayuno (Uanchu), último trabajo el experimentado Hernán Merlo y su cuarteto, Sebastián Loiácono y su Happy Reunión con músicos norteamericanos editada por Rivorecords y los Cuentos de lo profundo que nos trajo Frido ter Beek, el saxo holandés radicado en la Argentina. Entre las propuestas independientes Juampy Juarez con sus Días de virus y rosas; Martín Robbio y su Liminal, Collage del potente Pulpo Trío y Yarará, el cuarto disco solista del cordobés Cristian Andrada.

Cantantes y rescates

El 2020 fue testigo también de buenas propuestas discográficas de cantantes. Entre ellas Barbie Martinez con Here and now, su debut como compositora; Delfina Oliver y su Tokyo Sessions, grabado en la capital japonesa, T´on–yah de la talentosa e impredecible Eleonora Eubel, el vivo de Julia Sanjurjo junto a Nataniel Edelman y Garvie en Cuerda Mecánica; el regreso de Paula Meijide con dos discos bajo el brazo: Bleary Blue y Live in Summer y el Late night, grabado en Dinamarca por Lyonne, una argentina que hace camino en el extremo norte.

Lyonne, Ele Eubel, Paula Meijide, Julia Sanjurjo y Barbie Martinez
Lyonne, Ele Eubel, Paula Meijide, Julia Sanjurjo y Barbie Martinez

Pero quizás uno de los aspectos más relevantes sobre la influencia de la nueva normalidad en esta producción, es la interesante cantidad de discos rescatados del olvido que cobraron nueva vida en el infinito universo del streaming. Obligados al confinamiento y sin posibilidad de actuar, no fueron pocos los músicos que bucearon en las profundidades de sus archivos en busca de cintas perdidas. Viejos registros que el imperio de la novedad había dejado al borde del camino.

Un caso emblemático y por partida doble es el de Ernesto Jodos. El pianista, reconocido por sus pares como un músico inquieto siempre dispuesto a la innovación; sorprendió con dos registros de su primera juventud musical, ambos editados ahora por ears&eyes. El primero de ellos es Earlier Trips, grabado en Estados Unidos en enero de 2001, en uno de los tantos viajes del pianista al Norte para tomar clases con Sophia Rosoff, una gran maestra de piano clásico.

Ernesto Jodos y su rescate doble
Ernesto Jodos y su rescate doble

En estos viajes tempranos Jodos visitó en Nueva York a su amigo el bajista Matt Pavolka, ex compañero en Berklee y le propuso grabar aprovechando la estadía. “Matt aceptó y trajo al baterista Jeff Hirschfield, a quien no conocía pero sí había escuchado en muchos discos. Y luego, recuerda Jodos, ambos acercaron a Donny McCaslin, con quien se completó la grabación”. Años después, McCaslin, un saxofonista de vastos recursos, alcanzaría fama fuera de las fronteras del jazz al participar en Blackstar, el último disco de David Bowie, publicado el 8 de enero de 2016, dos días antes de su fallecimiento. El segundo rescate es Un viaggio, grabado en 2009 luego de una gira por Italia con el trío que completaban Hernán Merlo y Eloy Michelini, y con el que participó en el Festival Umbria Jazz de Invierno en enero del 2009.

Algo similar podría decirse del siempre innovador Pablo Ledesma. El músico radicado en La Plata, sin duda uno de las primeras espadas de la improvisación libre en el país, también aprovechó el tiempo de encierro y cuarentena para desempolvar viejos registros. “Cuando uno está en el quehacer normal algunas cosas van quedando en los cajones. Quizás porque no tenés la perspectiva histórica o te parece que a lo mejor no tienen el valor suficiente. Pero ahora encontré estas grabaciones archivadas, y me sorprendieron” recuerda.

Pablo Ledesma (Facebook Pablo Ledesma)
Pablo Ledesma (Facebook Pablo Ledesma)

Esas grabaciones son Variaciones aeróbicas, sus improvisaciones en saxo soprano de 2011, en reciente edición del sello Numeral y el En vivo en Dr. Jekyll, de ICM, grabado en 1997 en el mítico local que ya no existe, junto al saxofonista inglés George Haslam, y los argentinos Pablo Puntoriero, el Mono Hurtado y Hugo Marino. El hallazgo de este disco perdido, sorprendió al propio Haslam, quien inició tratativas para editarlo en Gran Bretaña. Una pequeña luz, para un año de sombras y amenazas.

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