La belleza del día: “Ballet, New York City, 1938”

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

"Ballet, New York City, 1938", de André Kertész
"Ballet, New York City, 1938", de André Kertész


André Kertesz (1894-1985) había llegado a Nueva York en 1936, luego de pasar nueve años en París, envuelto entre amistades de artistas e intelectuales pero respirando la segunda guerra mundial que se avecinaba. Así como había abandonado a mediados de la década del 20 Hungría, su país natal, dejó Europa imaginando que por su condición de judío Norteamérica podía ser un lugar más seguro para preservar su vida.

En 1938, no lograba instalarse como fotógrafo, en parte por su problema con la lengua pero también porque su relación con los editores solía ser problemática. Kertesz buscaba una manera de escribir con las imágenes y conservar la libertad de creación. “Uno no ve lo que fotografía, sino lo que siente”, es una de sus frases. A la que se le puede añadir otra de Henri Cartier-Bresson, que resume el impacto de la obra del húngaro. “Cada vez que André Kertész oprime el obturador, siento el latido de su corazón”, dijo.

Peleado con los editores de varias revistas y publicaciones diversas -Kertesz buscaba menos indicaciones y más libertades para moverse, los editores solo buscaban ilustrar sus artículos-, le llegó el encargo de retratar al American Ballet de la ciudad de Nueva York. A esa serie de obras pertenece nuestra belleza del día.

“[…] Llegué y comencé a organizar mis luces, cuando una voz me gritó: ‘Alto, no tiene permiso de utilizar esas luces aquí. Le dije: Estas son mis luces y estoy haciendo mi trabajo’… ‘No tienes permiso’. Aunque perdí la paciencia, igual no me dejaron tomar las fotos.” "Más tarde, quise hacer algo a mi manera, sin complicaciones. Me llevé a los bailarines a un parque infantil cercano. Algunos niños estaban jugando al escondite y al gato y al ratón y los bailarines comenzaron a mezclarse con los niños. Mira la adoración de los niños en la imagen. Fue un momento fantástico. Las bailarinas con ese glamour, y los niños observándolas. El gerente de publicidad envió las fotos a la revista Life. Las imágenes regresaron un año y medio más tarde con una frase en el sobre: “No encontramos un lugar para hacer uso de ellas.”

Nació como Andor Kertész en 1894, en Budapest. Renacería como André con su viaje a París, en 1925, cuando eligió ese nombre para siempre. A los catorce años murió su padre, un vendedor de libros, y su tío materno, Lipot Hoffman, se hizo cargo de su educación y de la de sus dos hermanos, Jëno y Imre (Jëno llegaría años más tarde a la Argentina, donde formaría una familia mientras que Imre se convertiría con los años en uno de los mayores narradores del siglo XX y terminaría ganando el Premio Nobel de Literatura en 2002).

Licenciado de la Academia de comercio de Budapest, obtuvo un empleo en la Bolsa, un trabajo celebrado en su familia. Entre sus primeras fotografías más conocidas se encuentra Joven adormecido (1912) que anuncia lo que será lo más esencial en su arte: claridad de estilo y preeminencia de la emoción. Ese año había comprado su primera cámara.

"Joven adormecido", de Kertész (1912)
"Joven adormecido", de Kertész (1912)

Convocado a integrar la Armada Austro-Húngara durante la Primera Guerra, con sus fotos describe la vida cotidiana de los soldados, a la espera en las trincheras y las largas caminatas. Kertész quiere ser fotógrafo y la emoción es uno de los puntos clave de su ideario. Su deseo se verá realizado en Francia.

En 1925 llega a París y se instala en Montparnasse, donde comienza a frecuentar los medios literarios y artísticos (conoce a Piet Mondrian, Marc Chagall, Tsuguharu Foujita y a Colette, entre otros) y comienza a fotografiar a sus amigos húngaros, los talleres de artistas y las escenas callejeras, con gran talento para el registro nocturno. Su talento es reconocido rápidamente y expone en 1927 en la galería Au Sacre Du Printemps.

En 1933 realiza la célebre serie de Las Distorsiones, en las que los cuerpos desnudos de dos modelos rusas se reflejan en un espejo deformante. Es en París que Kertész produce obras de arte como La bailarina satírica (1926).

"La bailarina satírica" (1926)
"La bailarina satírica" (1926)

En Francia como en Alemania, la prensa le pide hacer reportajes e ilustraciones. Utilizando la cámara Leica desde 1926, es uno de los principales colaboradores de la revista VU hasta 1935.

En 1936, Kertész viaja a Nueva York con su esposa Elisabeth. Tiene un contrato con la agencia Keystone, la agencia mundial más importante de la época pero su vínculo con ellos dura menos de un año. Publicaciones como House and Garden, Harper’s Bazaar y Vogue le solicitan su colaboración. Las exposiciones en la PM Gallery (1937) y en el Art Institute de Chicago (1946), al igual que la publicación de su libro Of Paris (1945) concebida por el diseñador Alexey Brodovitch, no bastan para imponer a Kertész como uno de los principales representantes de la fotografía vanguardista en Estados Unidos. Nacionalizado estadounidense en 1944, firma en 1949 un contrato de exclusividad con las ediciones Condé Nast para las que realiza esencialmente fotografías de arquitectura de interior.

Sintiéndose incomprendido y sin reconocimiento -algo que lo acompañará hasta el final de su vida-, decide poner fin a su carrera profesional en 1962. “Soy un eterno aficionado”, solía decir. En la actualidad es considerado uno de los padres del fotoperiodismo.

En 1963, Kertész encuentra sus negativos de los períodos húngaro y francés que había dejado en París en 1936. Después de exhibir su obra en la Biblioteca Nacional de Francia, en 1964 el MoMA Nueva York presenta una exposición individual del fotógrafo. Se le han hechos muchos homenajes en el mundo y sus exposiciones se han multiplicado en ciudades como Tokio, Estocolmo, Budapest, Londres, París, Helsinki.

En los años 70 Kertész deja de recorrer las calles y hace gran parte de sus fotografías desde su ventana.

El enmarañamiento de los techos y las vistas desde lo alto sobre Washington Square le fascinan, hay fotos maravillosas con el parque nevado en las que se ven pequeñas figuras humanas. Desde mediados de la década de 1950 hace también fotografía en color, algo que toma con naturalidad. En 1984, con la voluntad de salvar su obra, Kertész dona el conjunto de sus negativos al igual que su documentación personal al Estado francés (Ministerio de la Cultura y Comunicación del Estado de Francia).

André Kertész murió en Nueva York el 28 de septiembre de 1985.

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