Cómo tejer una red al decir: una novela gelatinosa entre la poesía, el psicoanálisis y los silencios

La autora de “Litio” (novela editada por Concreto) narra el proceso de su escritura y la necesidad de enlazar los recuerdos con hechos donde supuestamente no pasa nada

"Litio" (Concreto) de Mailén Denis
"Litio" (Concreto) de Mailén Denis

Toda escritura es un ejercicio más o menos consciente de observación. Litio, si bien nace de una consigna puntual para un seminario de escritura de Tamara Kamenszain, comienza a ser libro tiempo después, cuando ver la imagen correcta en el momento indicado enciende la chispa del texto. En ese sentido, un texto es una tensión entre el caos absoluto y el control total. Entre el vértigo de lo fortuito y la parsimonia de la edición.

Estoy en la casa de mi mejor amigo, Mateo. Estoy sitiada. Rodeada por sus cosas y su misterio. Estoy cuidando a sus gatos. Estoy a salvo, en la casa en la que prácticamente crecimos. Algo me inquieta. Se acercan las elecciones y tengo pesadillas. Llevo un diario donde anoto los movimientos de los animales y de la casa. Un día, llego de hacer unos trámites universitarios a la casa en la que vivo temporalmente y veo un pájaro en el medio del living, las tripas por toda la casa.

Como echando nafta a un fuego ya encendido, la película empieza a proyectarse en mi cabeza: una ofrenda violenta, regalar algo muerto, ausencia, orfandad, la gente sola en las fiestas, con quién habla la gente sola, cómo habla la gente sola, la gente que se quedó con una piedra en la garganta. Piedra en la garganta.

La palabra Litio viene del griego y significa ‘piedrita’. Es una piedra chiquita, una piedra imaginaria con la que golpeo la ventana del otrx para contar una ausencia. Estirar los límites de la primera, escribir en segunda. Vos, vos, vos. Las canciones que consumí obsesivamente, los poemas. Hablarle a vos, es hablarle a yo. La persona que siempre me interesó, ese vos&yo que es nosotrxs. Porque, para mí, escribir es, esencialmente, decirle algo a otrx. Un secreto, un reclamo, una confusión, es decirte en todos los espesores posibles que la realidad tiene un orden cósmico, estúpido e inasible. Es decir de un modo exhaustivo y agotador. Tejer una red al decir.

Años antes de escribir mi primera novela, de tener la idea de atar el diario del cuidado con la ficción de la orfandad, había escrito un poema compuesto exclusivamente por preguntas, “¿sos de cuidarte?”, en algún momento dice “¿alguna vez disfrutaste estar por encima de alguien? ¿Cuál es tu objetivo en tus relaciones cuidar o cuidarte?”. Mientras escribo Litio, contesto a medias estas preguntas, las contesto con más preguntas. ¿Qué es el cuidado de todas formas? ¿Alguien se habrá cuidado alguna vez o es como un árbol cayendo en un bosque en el que no hay nadie?

Me interesa lo que a priori parece nada, una torcedura de brazo donde ni siquiera quedó un moretón. La idea de una torsión sin prueba, sin actor. No poder circunscribir, la violencia te vulnera. Inspirada por cómo te reduce hasta destruirte un maltrato imposible de delimitar y de narrar, quise hacer una historia con un momento poco historizable. Una novela gelatinosa. Donde las acciones son imperceptibles.

Mailén Denis
Mailén Denis

Quería generar un espacio donde el proceso mental fuera más importante que las acciones. El efecto dominó psíquico de la chispa de un despertar de la violencia. Bien sabía que las novelas pueden ser mentales. El cine que me gusta también es de acciones imperceptibles, cuenta por el silencio. El graduado, La ciénaga, Minnie and Moskowitz. Mis directores y mis escritorxs fueron mi brújula. Pero, sobre todo, lo fue el psicoanálisis.

No seré la primera ni la última escritora hija de una psicoanalista. Criada en una familia con psicopatologías graves, y con una madre que me leyó en voz alta durante toda su carrera los sagrados libros verdes alineados en la biblioteca de nuestro modesto departamento en Caballito, sé antes de saber conscientemente, que el espacio de la revelación subjetiva es el semillero del verdadero cambio radical.

Delimitar la historia por la acción, generando un relato unívoco donde hay una sola interpretación posible hubiera sido poco natural para mí, pero sobre todo porque hubiera sido una contradicción política. La decisión de escribir una novela brumosa donde los recuerdos se enlazan con la observación de hechos donde supuestamente no pasa nada, es un modo de reivindicar los espacios silenciados.

A lo largo de mi vida me había pasado ya que cuestionaran mi modo de narrar por carecer de pruebas, no estoy hablando de escribir, sino de contar desde la sutileza una anécdota, un romance, un hecho de violencia. La decisión de hablar desde una subjetividad creada para la ocasión encarna una discusión con la realidad.

Vida y escritura se enlazan de un modo inseparable. Es por eso que yo nunca hablo de ficción ni no-ficción. Creo que ambos universos simplemente existen de un modo ideal, pero que su división siempre es capricho y mentira, son polaridades imposibles de alcanzar, más bien herramientas, al servicio de un hecho que no es ni una cosa ni la otra. Tuve que tejer distintos discursos con diferentes espesores, buscar las imágenes, leer revistas viejas, buscar los movimientos, trabajé desde la poesía y eso fue mi desafío más grande. Usar algo que ya conocía y manejaba para crear una materialidad completamente distinta.


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