Martín Elizalde fue por 18 años la cara de Falsos Profetas. Esta faceta no lo ha limitado a desarrollar en paralelo su carrera solista. A cinco años de su separación ya se consolidó como músico, compositor y productor. Un trabajador de la canción inquieto y metódico capaz de editar casi un disco inédito por año con sonidos y temáticas que se diferencia uno de otro.

-¿Qué trae de nuevo este álbum?

– Si bien es un lugar común decir que uno está contento. Con el disco anterior, que lo saqué hace un año y medio, Llueve. Es de noche. Es verano, había quedado muy satisfecho y me parecía un gran desafío superarlo. Me había gustado mucho como había quedado, el concepto estético, la búsqueda sonora, las canciones, la instrumentación, cómo tocó toda la banda. Me enamoré mucho del sonido y las canciones era como un desafío grande ponerse a grabar algo nuevo y tratar de superar lo que había hecho antes. Con este disco trabajamos bastante con la canciones en la preproducción con la banda, que se tocan todo, venimos tocando juntos hace ya cuatro años de la presentación de La distancia perfecta, que es el primero que sacaba luego de la separación de Falsos Profetas. Si uno se pone a pensar, en ese tiempo ya sacamos tres discos, es una demencia. Es algo muy intenso ya que todos tienen canciones nuevas que se crearon y grabaron especialmente para cada ocasión, no arrastrando viejas. Me encuentro en una etapa donde estoy muy atento, muy despierto y abierto a nuevos estímulos y a inspirarme en cosas nuevas.

-¿Por qué sacarlo en vinilo?

– Creo que cada disco representa la profundización de una estética, una búsqueda del sonido de banda clásica de rock con piano, guitarra, batería y bajo. En esta oportunidad, me di el gusto de sacarlo también en vinilo con todo lo que eso implica. Hay muchas cosas que aprendí haciéndolo que tienen que ver con el arte del vinilo, desde que tenés que hacer una masterización especial no tan comprimida hasta que la dinámicas de las canciones trabajan de otra manera. El orden de las canciones tiene una razón de ser, no podés hacer un disco muy largo y cada lado no puede terminar con un tema muy intenso o muy fuerte porque afectaría la mecánica de púa. Son cosas que forman parte del arte de hacer disco que uno lo hacía de una manera intuitiva y ahora lo vas comprendiendo. Para mi los disco de Dylan siempre terminaban con una canción eterna y medio tranquila y eso tenía una lógica. No quería que tuviera un sonido superior, fue por un tema de "snobismo sonoro musical" sino que lo que a mí me pasa con los vinilos es que me gusta ponerlo y sentarme durante 30/40 minutos a escucharlo de corrido. Me gustaba volver a ese consumo de la música que es como trato de hacerlo yo, no significa que sea mejor.

– ¿Has observado repercusiones de este nuevo trabajo?

– Siento que con mis canciones pasa que van gustando de a poco, no hay como un impacto súper efervescente, es como me sale hacerlas. Creo que van entrando de a poco y una vez que lo hacen se quedan. Son canciones traicioneras, una vez que llegan es difícil sacarlas.

Presenta su quinto álbum solista (Foto: Abril Lavigna)
Presenta su quinto álbum solista (Foto: Abril Lavigna)

-¿Cuáles son las enseñanzas que te deja el trabajo autogestionado?

– Lo bueno de la autogestión es que ganás mucha libertad, aprendés mucho de vos, de tus miedo, de sus flaquezas, de tus puntos fuertes. Es una lectura muy buena. Antes, cuando me dedicaba a escribir las canciones mi preocupación era que fueran buenas, que la armonía y la melodía congeniaran con una buena letra. Desde que empecé a producirme, me di cuenta que la producción también era una herramienta de composición ya que las canciones no terminan cuando la terminás de escribir en el piano, sino en cómo la vas a armando, que estética sonora querés para cada una. Incluso cuando di un paso más adelante con el tema de la mezcla también me di cuenta que es una herramienta compositiva espectacular, con pequeños detalles o golpes de efecto podés lograr emocionar con la música y eso es fundamental con la mezcla y la producción. Cualquier persona que escriba canciones está bueno que conozca de ese tema, a parte es muy divertido. En este momento de mi vida trato de hacer cosas que me diviertan, me estimulen y me apasionen.

– A pesar de ser solista, el trabajo de músico es imposible hacerlo solo, ¿qué aliados encontrás a la hora de dejar la soledad?

– Estoy con una banda de chicos muy talentosos que además son productores. Ellos son fuente de consulta en todos los ámbitos. En ese sentido, soy muy abierto a escuchar consejos, hay mucho de ida y vuelta.  Para las fechas también busco socios ya que uno no se puede estar en todo. Está bueno tener un control sobre las cosa, una decisión la estética y artística, pero hay momentos en que uno tiene que soltar o te volvés loco y no es un momento para hacerlo, ya la vida está bastante complicada.

– ¿Cómo vivís el estreno de una obra en un contexto histórico particular con una marcada crisis económica?

– Trato de no enroscarme. El primer disco de Falsos Profetas salió en 2001 donde se fue todo el país al tacho. Arrancamos a tocar ahí. De alguna manera somos hijos un poco de la crisis y también hay que pensar que en estos momentos son generadores de oportunidades. Es donde menos hay que bajar los brazos para empujar los proyectos y donde más cabezadura y terco tenés que ser para no dejar que el día a día te aplaste. En este contexto, sacar un disco, presentarlo y hacer fechas y moverlo son cosas que me mantienen vivo, si no lo hiciera me volvería loco. Canalizo mucho en la música, no solamente en el hecho de hacer canciones y tocarlas sino en todo las instancias y áreas que están involucradas en el proceso de hacer música. Para mí, en el momento en el que estamos poder emocionar al alguien con la música es un acto heroico. Cuando vas a escuchar a alguien y te emocionás creo que hay algo en esa persona que construyó de una una manera genuina y le creés y eso hace que todo valga la pena. Mi objetivo no es hacer bailar a la gente o hacerla feliz, es tratar de atravesar ese blindaje emocional que tenemos que cada vez es más duro porque estamos con mil cosas sin tiempo para nada.  Si alguien se toma el tiempo de escucharte y lo conmueve es lo más primitivo y maravilloso que te puede pasar con la música.

La parte que olvidamos
La parte que olvidamos

-¿Cuál es el fuerte que encontrás en tu trabajo?

– Para mí en donde soy más fuerte con mis canciones es en el vivo. Mi meta es siempre tratar de llevar gente a los recitales porque la van a pasar bien y van a vivir una experiencia diferente, una pequeña transformación. El vivo es incomparable.

-¿Han cambiado tus expectativas desde que comenzaste?

– Si uno se mete en la autogestión tiene que entender su proyecto, como puede llegar a explotar al máximo cada una de las cosas que tenés con los recursos que contás. No meterse en gastos innecesarios, manejar las expectativas hacia donde tenés que ir. Por ejemplo, con el tema de los videos, hoy hacer uno sencillo de cuatro minutos te conlleva un gran sacrificio que capaz no vale la pena hacerlo. Además, la industria se va transformando permanentemente. Desde que arrancamos seguimos en una transición, somos una generación de músicos que nacimos con una incertidumbre crónica, no sabemos bien lo que hay que hacer. Hay que elegir bien y no hay que distraerse con los espejitos de colores ni tomarte todo demasiado en serio. Cuando arranca a tocar tiene esa expectativa de querer trascender y es un pensamiento ridículo. Antes lo tenía, ahora me fijo más en el presente. No hay nada más real que lo cotidiano, lo real es la única verdad. Entender eso me llevó muchos años. Uno va eligiendo más sus luchas, sus peleas y pasan a ser más tangibles, lejos de ser considerada como una derrota para mí es la victoria más grande que podés atravesar. Esta manera de entender la música, con los once disco que edité fue lo más importante que hice a nivel oficio, le tengo mucho respeto y cariño a eso.

-¿Creés que pertenecés a una escena?

– Nunca me vi reflejado en una escena. No por que fuera raro o atípico. Capaz cuando arrancamos a tocar con Falsos Profetas había una camada de bandas que iban para el mismo lado o compartían cierta búsqueda artística como Me darás mil hijos, Pequeña orquesta reincidente, o artistas que compartíamos escenario como Palo Pandolfo o Manuel Moretti. Esa identificación se da en la manera en que se trabaja la canción con la que me siento identificado pero nunca me consideré parte de una movida, no porque no quisiera sino porque no sé como se arman las movidas. Si me parece que hay una escuela de la emoción cotidiana real que es con la que más me siento identificado. No soy muy festivalero, me parece una locura esos espacios que ofrecen ver 90 bandas en dos días. No es algo que disfrutaría, prefiero los lugares más chicos, íntimos como los bares que suenen bien. A esta altura del partido busco lugares donde el trato sea bueno, la gente sea amable, haya piano acústico y eso ya es algo que limita mucho, por esa razón soy de repetir lugares. Priorizo la salud y paz mental de quienes vienen a ver el show, estar cómodo en el escenario con gente que le gusta lo que hace a estar a las corridas en un lugar donde la sala se asemeja a la caja de un supermercado.

Martín Elizalde: “En este contexto, poder emocionar a alguien con música es un actoheroico” (Foto: Abril Lavigna)
Martín Elizalde: “En este contexto, poder emocionar a alguien con música es un actoheroico” (Foto: Abril Lavigna)

– ¿Qué extrañás del trabajo en grupo?

– Todo tiene sus cosas buenas y males. En una banda sos un grupo de gente que tiene un mismo objetivo que empuja hacia el mismo lado. Se genera un sentimiento de unión muy bueno. Nosotros estuvimos 18 años juntos, es lo que más me duró en la vida, nunca nada me duró tanto, creo que conseguimos lo que conseguimos gracias a eso. El solismo tiene la libertad de hacer lo que quieras. Las circunstancias por las que se separó la banda fueron las lógicas del paso del tiempo. De repente íbamos a ser menos integrantes que la formación original y no queríamos que fuera una marca en las que van cambiando los miembros. Queríamos cerrarla con esa formación. Está todo súper bien, el año pasado nos juntamos a tocar pero necesitábamos un espacio para hacer cosas diferentes. De hecho, cuando nos separamos, solo había un hijo entre todos y ahora tres años después hay como diez. Había una necesidad de enfocarse en otra cosa. A mi me gusta la cosa de ir profundizando una búsqueda estética por esa razón, me gusta que me acompañe una banda estable con la que comparto mucho de mis intereses musicales.

– ¿Qué te pasa cuando escuchás tus primeros discos?, ¿te reconocés?

– Me noto muy pretencioso a la hora de tocar el piano, usaba palabras raras, tenía esa idea de la trascendencia que hablamos antes que cuando sos más joven te termina traicionando. Ahora, trato de usar un lenguaje más claro más directo. No hay nada que emocione más que utilizar palabras sencillas. Con la música pasa igual. Ser más inteligente en la elección de lo que vas a usar a la hora de armar una canción, no tocar notas de más, solo las que precisás. La calma de los años hace que uno tome decisiones mucho más inteligentes que cuando sos más chico y estás más rabioso. Esa energía es espectacular. Hay que tratar de combinar esas dos cosas. En los últimos nueve años saqué ocho discos, es mucho. Sin embargo no lo vivo como algo agotador, al contrario, ya tengo en mente como será el próximo. Pero creo que no tiene que ser algo forzado. Ahora a la composición se le sumó todo el proceso de grabar. Eran etapas que antes me generaban mucho estrés y ahora siento que lo fui domando y haciendo más míos. Eso hace que todo sea mucho más fácil.

*Martín Elizalde presentará "La parte que olvidamos" junto a su banda estable desde 2014 los Hermanos Soloman: Agustín Macías (Bajo, guitarras acústicas y coros); Augusto Coronel Díaz (Guitarras eléctricas); Alex Fank (Batería), el jueves 19 de septiembre a las 21 horas en el C.C. Richards (Honduras 5272, CABA).

 

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