Cobre, en pleno trabajo
Cobre, en pleno trabajo

Cincuenta y dos kilómetros al norte de Rosario, yendo por la Autopista Rosario-Santa Fe primero, y completando el viaje con diez minutos por la Ruta 91, está Serodino. Es un pueblo pequeño, sí, pero enorme en términos culturales.

Allí nació Juan José Saer, uno de los escritores más importantes de la literatura, no sólo argentina, sino también latinoamericana.

Juan José Saer
Juan José Saer

En la casa en que este autor nació, por iniciativa del Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe, se decidió crear un centro cultural. Sus 3600 habitantes podrán disfrutar de sus actividades, pero también todos los que quieran visitarlo. Es parte del "Circuito Saer".

Y para coronar este proyecto, a modo de "frutilla del postre", se le encargó al prestigioso artista Andrés Iglesias, más conocido como Cobre, que realiza un mural con el rostro del escritor.

Saer, inmortalizado en su Serodino natal
Saer, inmortalizado en su Serodino natal

Hasta hace unos meses, en esta vieja casa, que supo ser un almacén de ramos generales atendido por el padre de Saer, había un taller mecánico. El Estado lo compró y comenzó a montar el centro cultural y documental dedicado a su obra.

Cobre, en pleno trabajo
Cobre, en pleno trabajo

La foto en que se basó Cobre la sacó David Fernández en 2003, la última vez que Saer pisó su pueblo natal. Antes, vivió en París, donde daba clases de literatura en la Universidad de Rennes. Desde aquellas tierras europeos escribió muchas novelas, todas basadas en estas tierras americanas.

Dos años después de sacarse esa foto, murió víctima de un cáncer de pulmón, en París. Tenía 67. Logró el reconocimiento que se merecía, pero tal vez tarde, porque durante gran parte de su vida su obra fue ignorada. SIn embargo el tiempo le terminó dando la razón, como un hecho de justicia lógico.

Andrés Iglesias, más conocido como Cobre
Andrés Iglesias, más conocido como Cobre

El mural está en un galpón ferroviario, lugar donde Fernández le realizó la foto en 2003. Desde allí, desde ese pequeño pueblo santafesino, su Serodino natal, Juan José Saer está inmortalizado, continuando su obra. Una obra que, ahora, quienes la escriben son sus lectores.

 

SEGUÍ LEYENDO