Clara Esborraz (Foto: Guido Limardo)
Clara Esborraz (Foto: Guido Limardo)

Un meteorito, una pava, una flor, una botella de champagne, una caja de regalo, un sol. Son elementos, cosas inanimadas que, acá, en la obra de Clara Esborraz, cobran vida. ¿Y cómo lo hacen? Llorando. Así, en cada uno de los dibujos que conforman esta muestra titulada La hora rota, estos objetos lloran. Si se los observa detenidamente, lo que prevalece es el llanto —tristeza, dolor, angustia—, sin embargo esa expresión funciona como ruptura dentro de todo lo demás, porque el paisaje es todo lo contrario. Hay algo gracioso en una pava llorando sobre la hornalla encendida, así como también resulta humorístico un meteorito surcando el cielo entre lágrimas.

"Sí, me siento a gusto con la etiqueta del arte contemporáneo", dice ahora Esborraz. Sus obras, detrás, dan cuenta de ello. Más que cuadros, son posters o dibujos. Sobre un papel fino y frágil, rayaduras de lapicera construyen formas y significados. Cuatro colores —azul, rojo, verde y negro—, los más tradicionales de la birome, se dispersan en las obras forjando un estilo, un sello, una clara continuidad estética que aborda este pequeño habitáculo del segundo piso del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Afuera, la avenida San Juan tiene al sol en cenital; adentro, una conversación de Infobae Cultura con la artista, pero también con su curador, Marcos Krämer.

Sin título (2019)
Sin título (2019)
Sin título (2019)
Sin título (2019)

"La titulamos así porque nos dimos cuenta —dice Krämer— que había una temporalidad extraña. Si bien son una serie, no son parte de una narración que se pueda seguir como un cuento. Es difícil saber ubicar en qué tiempo sucede. Hay una presencia constante del sol y la luna, y si bien podría pensarse que es de noche, por la cantidad de negro que tienen las imágenes, en verdad son parte de un tiempo extrañísimo. Y además por ese gran reloj que se despedaza".

¿Son obras en crisis? "Sí, aunque crisis es una palabra fuerte, coyunturalmente. Yo creo que hay mucho de precariedad. No sólo por los materiales, sino también lo que le sucede a los objetos representados en la obra", responde el curador, mientras que la artista, minutos después, comenta: "Fue un poco inconsciente todo, porque apareció a partir de una crisis real y personal. Fue también una manera de divertirme: estar mal, buscar cosas que lloran, jugar con lo que sentía y con el vínculo con los dibujos. Después pensé en los íconos de la crisis y empecé como a exagerar."

(Foto: Guido Limardo)
(Foto: Guido Limardo)

La birome es un invento argentino. Aunque la historia empezó en Hungría en los años treinta. Ladislao Biro trabajaba como periodista y siempre tenía el mismo problema: cuando estaba en medio de un reportaje escribiendo sobre un cuaderno lo que el entrevistado le decía, la pluma se le atascaba y se quedaba sin tinta. Una tarde, viendo a unos niños jugar en la vereda con unas piedras redondas sobre el agua, pensó: ¿y si ponía en la punta una esfera metálica que pueda girar pintando con tinta la superficie del papel contenida dentro, en un tubito? Lo hizo y funcionó. Patentó un prototipo en Hungría y Francia en 1938, pero no lo llegó a comercializar. Cuando escapó de Europa por la persecución antisemita del nazismo cayó en Argentina.

Unos años antes, en Yugoslavia, el presidente argentino Agustín Pedro Justo se quedó asombrado al ver al húngaro escribir con una herramienta tan rara y efectiva. Según cuenta el historiador Daniel Balmaceda en Historias de las palabras, Justo no le dijo que era Presidente, sólo se limitó a darle una tarjeta y le dijo que en Argentina podría desarrollar mejor su invento. Finalmente llegó a estas frías tierras sureñas en mayo de 1940. No vino solo. Lo acompañaba su hermano Geor y un amigo, Juan Jorge Meyne. Juntos fundaron la compañía Biro Meyne Biro y en un garage con cuarenta operarios trabajaron el invento. Lo registraron el 10 de junio de 1943 en Buenos Aires como birome. ¿Se habrá imaginado el húngaro que su invento, además de ser un herramienta efectiva de escritura, podría convertirse en un material ingenioso para las artes visuales?

Sin título (2019)
Sin título (2019)

"Venía trabajando con estos materiales hace bastante —continúa Clara Esborraz—. Me gustan mucho los materiales accesibles. Me gusta trabajar con pocos elementos. Me gusta ese desafío. Pero nunca había trabajado con color. Venía con el negro, y ahora empecé a incursionar en el color. Se amplió la paleta, digamos. Me divierto mucho en el vínculo con el dibujo y las imágenes que van apareciendo. Me pasa que mientras dibujo a veces me río".

Santafesina, nacida en Rafaela en 1991, esta artista estudió Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario y a partir de 2015, cuando obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes, empezó a exponer su obra. La birome parece ser su material favorito. "La obra de Clara tiene un carácter salvaje, por esta forma de dibujar sobre el papel casi hasta romperlo. Es algo característico de esta nueva generación de artistas. Además, en estas imágenes —dice Krämer y señala las obras detrás suyo— hay sentimientos contradictorios. Lo que pareciera ser divertido o alegre, por momentos se torna opaco o terrible".

 

* La hora rota
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
Av. San Juan 350 – CABA
Lunes, miércoles, jueves y viernes: de 11 a 19
Sábados, domingos y feriados: de 11 a 20
Entrada general: $50 | Miércoles gratis

 

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