Por Claudia Aboaf 

(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

Una mujer se aleja del fuego de la tribu, el resplandor ya no ilumina su marcha pero eso no la detiene. Lleva con ella el signo del fuego. Se pone en movimiento.
"¿Adonde va esa mujer? ¿Viaja sola esa mujer? "

María Muratore, en el El río de las Congojas de Libertad Demitrópulos, baja de la Asunción por el Paraná hacia una nueva ciudad que se fundaría a orillas de Santa Fe. Al llegar ve que es una ciudad de hombres: "¿no tiene la mujer derecho a elegir? Soy libre, dice, sin madre, sin marido. Sabrán que soy la mujer que han querido matar y no han podido ". María viaja a Buenos Aires donde las negras quieren enseñarle a vainillar, a aderezarle el pelo, pero esas cosas no la conforman. Continúa su viaje en canoa, dispuesta a volver a Santa fe, toma los remos y moviliza sus reservas, mete ritmo al movimiento, rola encima de la barca: "Pero tú ¿dónde vas?, mujer y sola. Es peligroso."- Vivir es peligrar, responde la guerrera de Santa fe, vestida de hombre, lista para salir a dar batalla. También en Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara, la China deja su hogar miserable para lanzarse a una travesía visceral y alucinada donde descubre el goce, otro idioma y una pampa bárbara donde lo masculino está degradado.

En todo viaje hay un inicio, uno o varios puntos de arribo y hay un durante. El durante se vuelve arduo para las que muestran la cara, exponen el cuerpo, y pierden la vida. Esas marchas no se cuentan en kilómetros, son persistentes y se miden distinto. Peligrando, las mujeres marchamos con el fuego sostenido, transgeneracional, transformándonos, gritando lo indecible del abuso, echando luz sobre lo clandestino. Pero esa luz de "las pibas" despertó la oscuridad de los mitos eclesiásticos semidormidos, y se despertaron antiguos. Urgidos de que el infierno siga envolviendo el cuerpo de las mujeres.

Así, el pasaje a la matria, como nombraban a la patria los mapuches y los aymaras, es un viaje de antorchas: una mujer se la entrega a la otra. Esa mujer fuera de la protección de la tribu dominada por hombres se la entrega a María Muratore que sujeta la espada vestida de guerrera para abrirse camino, la China Iron deja su casa de la mano de otra mujer y, desde la carreta, la entrega a otra, a una, a cualquiera de nosotras. En movimiento siempre, juntas, como en Ni una menos, La Campaña por el aborto legal y seguro, Nosotras Proponemos y tantas otras colectivas.
Tampoco fue común la crónica de viaje escrita por una mujer, era territorio mayormente de hombres, pero esta vez la crónica la escribimos nosotras.
Nos pusimos en movimiento.

El debate del aborto, y fechas elocuentes como el 8 M Paro internacional feminista exigen acción inmediata. La propuesta feminista de las escritoras es cambiar el campo cultural, literario e intelectual. Comisiones, firmas, rescate de autoras invisibilizadas, difusión; cuestionamos las ferias literarias con mesas machistas, absurdas.

Las desproporciones nos vuelven una sociedad torcida. Y esta sociedad desigual se está desmoronando ante el peso de su propia asimetría.
Tomemos la palabra escrita, la recitada. La poesía, la prosa larga, el fuego: pañuelo verde, manifiestos, banderas y leyes que necesitemos.
La mujeres estamos en viaje, uno que nunca se detuvo, solo hay épocas en que movilizamos las reservas y sonamos más fuerte.

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