Claves para hacer humor político, según Landrú

Landrú falleció este viernes 7 de julio. Tenía 94 años

Este viernes lluvioso de julio se conoció la noticia: a los 94 años, murió Juan Carlos Colombres, más conocido como Landrú, uno de los mejores humoristas gráficos que tuvo nuestro país. Desde la cuenta de Twitter de la fundación lo anunciaron y enseguida su nombre fue trending topic. Hacía más de 70 años que sus dibujos y chistes empezaron a mostrar sus colmillos y a dejar huellas sobre todos los temas que mordía. "Soy un respetuoso del lenguaje", se definió alguna vez. Pero, ¿quién fue concretamente Landrú? ¿Cuáles eran sus dones, sus particularidades, sus características que lo volvían un humorista gráfico que sobresalía del montón?

El humor político era su espada de Damocles, la herramienta que tenía para contar la realidad y, desde luego, satirizarla. Ya desde muy joven, cuando decidió dejar de firmar con su nombre original, encontró un seudónimo acorde a todo lo que haría después. "Cuando el hijo de Lino Palacio me dijo que con barba era parecido al asesino francés [de nombre Henri Désiré Landru, fallecido el mismo día que nació Colombres], decidí adoptarlo y resultó todo un éxito. Entonces firmé Landrú, con acento en la u, para que no me echaran de Tribunales. Si me identificaban, me echaban. En el año 53 me querían obligar a afiliarme a un partido político. Como no quise tuve que renunciar y me dediqué, gracias a que me prohibieron, al humor político y al humor en general", contó en una entrevista con Ana Da Costa en noviembre de 1999.

Tapa de Tía Vicenta, en 1978, diseñada por Landrú

Argentina tiene una larga y rica tradición de humor político en medios gráficos. De Satiricón y Humor a Barcelona y Eameo hay una línea de acción que aún se mantiene con la correspondiente pregunta que subyace: ¿cómo desmenuzar la política para que nos haga reír y, por al menos unos instantes, no nos cause dolor, frustración, impotencia?

El humor absurdo y surrealista lo aprendió de la revista italiana Bertoldo, y de la española La Codorniz. Ambas se reían de una forma sutil y disparatada –imperceptible para los altos mandos militares– de los dictadores Benito Mussolini y Francisco Franco, respectivamente. "En el año 55 no se podía hacer humor político, entonces descubrí la fórmula: no había que hacer un chiste ni en contra ni a favor de algo, sino sobre. No se podía inventar. Ni tampoco hacer un chiste todos los días sobre una persona, porque si no, se convierte en campaña. Hay que desparramar el juego. Un día hacer sobre el presidente, otro sobre un ministro, otro día sobre un político de la oposición, así se mantiene el equilibrio. Eso es la única manera. Con ese sistema nunca me hicieron una querella por juicio, ni por desacato", dijo en la entrevista con Da Costa.

Viñeta de Landrú dentro de la revista Tía Vicenta, número de 1977

En 1957 apareció en el mercado Tía Vicenta, una revista que se autodefinía como "del nuevo humor". Junto con Oscar Conti, más conocido como Oski, alquilaron un cuarto en la Galería Güemes y, con la ayuda de algunos colaboradores, pusieron manos a la obra. Fue un éxito tan grande que, cuando Onganía la cerró tras el golpe de Estado de 1966, el distribuidor había pedido 450 mil ejemplares. En aquella ocasión, la política aparecía para censurar, para limitar la risa, la gracia, el humor y, por ende, la inteligencia. "El humor funciona mientras que la sorpresa no sea desagradable", decía Landrú, y tenía su manera de verlo, una concepción, una teoría y un deseo: "¿De qué nos reímos los argentinos? Hay argentinos que son, como dice Portal, caracúlicos y no se ríen nunca. Otros que son jocosos y se ríen porque sí nomás, de tontos que son. Creo que hay que reírse de las cosas inteligentes".

Landrú siempre supo que "en política se repite la historia", por eso los buenos chistes predicen y prosperan. Para Juan Sasturián, la importancia de este humorista que acaba de fallecer está en sus logros y su forma de llegar a ellos: "Superó el costumbrismo desde el delirio, reinventó el humor político tras el paréntesis obligado del peronismo e hizo profesión consecuente del cultivo del absurdo". Eso era Landrú: un delirante que sabía cómo quitarle el manto de seriedad a la política argentina.

Landrú y una de las primeras tapas de Tía Vicenta en 1958

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