Federico Andahazi: "El kirchnerismo tiene todos los rasgos de una secta"

"Cristina tiene una megalomanía muy notable" dice el escritor en esta charla con Infobae en la que analiza la actualidad y habla de "El equilibrista", su nueva novela. Además, cuenta por qué, entre sus libros, "El conquistador" ocupa un lugar especial y cuestiona a los historiadores tradicionales: "Se han ocupado sistemáticamente de ocultarnos de la historia".

Durante su adolescencia escapaba del colegio para visitar librerías y leer. En esa época comenzó a escribir sus primeros relatos. Años más tarde, mientras trabajaba en sus cuentos, obtuvo la licenciatura en Psicología y ejerció algunos años. En 1989 terminó su primera novela, obra que permanece inédita por su voluntad.

En 1996, El anatomista ganó el primer premio de la Fundación Fortabat. Sin embargo, Amalia Lacroze de Fortabat dio a conocer su disconformidad y se desató un escándalo. Finalmente, la novela fue publicada por la editorial Planeta, traducida a más de treinta idiomas y ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo.

Más tarde llegaron Las piadosas, El árbol de las tentaciones, El príncipe, El secreto de los flamencos, Errante en la sombra, La ciudad de los herejes, El conquistador, El oficio de los santos, La historia sexual de los argentinos, El libro de los placeres prohibidos y Los amantes bajo el Danubio. Hoy llega el turno de El equilibrista.

En 2016, fue por más y se sumó al equipo de Alfredo Leuco en Radio Mitre como columnista y este año estrenó Vas a viajar en mi sidecar por la TV Pública. El ciclo invita al espectador a recorrer diferentes historias de la mano del escritor y ya está preparando la segunda temporada.

En El equilibrista encontramos un auténtico Andahazi con sus cuatro facetas: periodista radial, humorista satírico, intelectual apasionado por la historia y psicólogo: "En la imagen de la portada ves una cuerda floja con un hombre haciendo equilibrio en estos cuatro espacios que de alguna forma empiezo a transitar" dice sobre la ilustración que eligió. Agrega: "La historia nos ha ocultado personajes que deberían ser de conocimiento público. No solamente no nos los enseñaron en la escuela, sino que los han silenciado. El libro en su primera parte presenta personajes que pasaron más o menos inadvertidos injustamente y otros muy conocidos, pero hay algunos fragmentos de sus vidas, de sus existencias, que también nos contaron distinto".

—¿Se enojan algunos historiadores cuando te metés en estos aspectos de la historia?

—Se enojan porque los historiadores se han ocupado sistemáticamente de ocultarnos de la historia. Se han ocupado sistemáticamente de arrancar páginas, de adulterar la historia argentina. El último gran intento de adulteración fueron estos 12 años donde se pretendió reescribir la historia. Nos han mentido mucho, nos han traspapelado la información y me parece que los escritores por esta vía paradójica de la ficción a veces podemos contar la historia con algún rigor de verdad metódico más fiel que los historiadores.

—¿Dentro de tu propia bibliografía hay algún libro que quieras más? ¿Tu hijito?

—Para un autor es muy difícil, pero vos lo dijiste literal. Tengo una novela que se llama El conquistador que tiene mucho que ver literalmente con mi hijito. Yo tengo dos hijos, Vera, de 15 y Blas, de 11, y el más chiquito nació muy prematuro, de 25 semanas. Yo en ese momento estaba escribiendo la historia de un chiquito que había sido salvado de ser sacrificado a los dioses en el imperio mexicano, aduciendo que tenía una enfermedad intestinal y que no era digno. Esa misma enfermedad tenía mi hijo, lo tuvieron que operar un montón de veces. Me encerré a escribir en el Hospital Italiano, ya no una novela, sino escribirle un destino a mi hijo. Y funcionó. Era muy impresionante ver cómo la escritura tenía efectos sobre la realidad. Blas no solamente supo pelear sino que peleó con muchísima belleza y con muchísima dignidad, y ese chiquito, el protagonista de El conquistador, es un chico que pelea todo el tiempo, con una belleza que la verdad mi hijo imitó muy bien. Ese es mi libro más querido por obvias razones, porque literalmente Blas y Quetza son ese mismo personaje.

—Te cambio de libro, te llevo a la Historia sexual de los argentinos. ¿Qué opinás de los políticos y el sexo?

—Hablar de sexualidad siempre fue complicado. Los protagonistas de la Historia fueron muchísimo menos pacatos que los historiadores. Sarmiento es el caso más emblemático, era una persona que no tenía ningún empacho ni ningún pudor en contar ciertos aspectos de su vida privada. Cuando él se exilia en Chile, en la época de Rosas, el gobierno de Chile lo envía a Europa para que haga un relevamiento de las nuevas técnicas pedagógicas. El tipo viaja, hace un trabajo fenomenal. Y por supuesto liquida sus gastos, y no solamente los liquida sino que los publica. El primer punto es París y dice: "Un café, tanto, un paseo por acá, tanto, orgías, tanto".

La imagen de Néstor abrazado a una caja fuerte, esa cara que pone es como si viera al amor de su vida y se abalanza. Es una escena sexual.

—Si pensás en los políticos de la actualidad, en el poder, en el sexo. ¿Les queda deseo o la libido está puesta 100% en el poder?

—Se mezclan las dos cosas. Si alguien nos permite ver con claridad cuáles son esas relaciones de la sexualidad y del poder, hoy en Scioli encontramos una síntesis perfecta que es la hipocresía. No es un hecho de la vida privada, nos mintió. Se la pasó haciendo campaña con Karina Rabolini, nos enteramos después que eso era una ficción. Estaba haciendo viajes con esta otra chica. Ese Scioli presentándose en cámara apurándose a decir que iba a ser papá a los 60 al mismo tiempo que esta chica decía que le había pedido que abortara es tremendo. Sale del plano de lo personal, porque implica un tema muy polémico y muy trascendental para el electorado que es el tema del aborto. Él se había pronunciado en contra del aborto y nos encontramos con que le pide a su propia mujer, con la que vivía, que abortara. Después uno sí podría pensar que en los Kirchner esta libido estaba mucho más puesta, más que en el poder, en el dinero. Para mí esa imagen de Néstor abrazado a una caja fuerte, esa cara que pone es como si viera al amor de su vida y se abalanza, se le tira encima, la abraza, la toca y dice "éxtasis", es una escena sexual.

—¿Si le pregunto al historiador cómo la va a recordar la historia a Cristina?

—Va a depender fundamentalmente de la Justicia. Más allá de la opinión subjetiva de cada uno, un fallo o los fallos que sean necesarios, en todas estas causas terminarían de ponerle un nombre a esta corrupción que por ahora no deja de ser algo que está tocando las segundas líneas.

—¿Y si le pregunto al psicólogo?

—La sociedad tiene una suerte de tendencia a generarse ilusiones, a generarse personajes que no son ciertos. La percepción de la sociedad con los líderes no es muy diferente a lo que sucede en el amor. Lo que nos dice Freud es que tendemos a idealizar a aquellos líderes en los cuales depositamos nuestra confianza, entonces termina habiendo un abismo entre ese líder real y lo que uno deposita en él. El problema que tiene este país es justamente la necesidad de un liderazgo. Las democracias avanzadas ya no necesitan de la figura de ese líder. Eso es lo deseable, que en lugar de seguir pensando en el líder, en el tipo mesiánico que venga a sacar al país de la crisis, eso termine depositándose en las instituciones.

Cristina quiso alternativamente ocupar el lugar de Evita y el lugar de Perón. Tenía una forma de gobernar muy masculina.

—¿Cristina quiso ser esa líder mesiánica?

—Sí. Cristina viene de una tradición de líderes mesiánicos. El peronismo está construido sobre la figura de un líder mesiánico, de su esposa Evita, que también fue una figura fuertísima y una líder súper carismática. Y sí, me parece que todos los peronistas en esta instancia buscan ocupar ese lugar del líder que dejó vacante Perón. Cristina quiso alternativamente ocupar el lugar de Evita y el lugar de Perón. Tenía una forma de gobernar muy masculina, sumamente masculina.

—¿Cómo la imaginás hoy?

—Debe estar muy preocupada. Tiene una personalidad bastante compleja, tiene una megalomanía muy notable. El trato que les da a sus colaboradores la define. El otro día veía el escrache que le hacían a [Oscar] Parrilli, ni siquiera fue un escrache, lo increpan en un avión, y la mujer que lo increpa es sumamente delicada en comparación con Cristina. No lo insulta. Los insultos que escuchamos a Parrilli venían de Cristina, y ese es el trato que le da a todo el mundo. [Florencio] Randazzo quería presentarse en las PASO, con todo su derecho, y lo trató de empleado. No hay lapsus que sean gratuitos, cuando la mujer de [José] Alperovich y dice que Cristina está avasallando (en las encuestas), avasallar es convertir a la gente en vasallos, y yo creo que es lo que ha hecho siempre. Lo está tratando a Randazzo como a un vasallo, obviamente siempre lo trató a Parrilli como a un vasallo, pero así es como trata al peronismo, y finalmente me parece que así es como trata a sus propios votantes.

—En algún momento comparaste al kirchnerismo con los pastores brasileños y sus seguidores.

—Sí. El kirchnerismo tiene todos los rasgos de una secta. Han perdido el sentido crítico, han perdido el sentido de independencia de pensamiento. Siempre me resuena una frase de [Gabriel] Mariotto: "No somos librepensadores, somos militantes". Esa incapacidad que se autoprovoca el kirchnerismo al cercenarse la posibilidad de pensar me parece trágica. El votante de Cristina, del kirchnerismo en general, deposita completamente sus creencias, desde las más básicas y las más elementales hasta las más elevadas, en las manos de un líder, de una líder en este caso, que es Cristina.

—¿La grieta fue algo espontáneo o fue algo provocado?

—Las dos cosas. La crisis del 2001 hizo que saltara todo por el aire. Antes de 2001 los escritores estábamos casi todos, con alguna excepción, en la vereda de enfrente del menemismo y estaban esas diferencias latentes con las cuales podíamos convivir perfectamente. Después del 2001 cada uno toma su camino, pero yo veo a esos escritores abrazados a Aníbal Fernández, a Scioli, a [Luis] D'Elía, y es curioso, a tipos que provenían de la academia, de repente verlos en el barro con semejantes personajes. El kirchnerismo trabajó muchísimo para consolidar la grieta. Fue dirigiendo el lugar por donde partir a la sociedad. Ahí estaba Ernesto Laclau, que enseñaba exactamente cómo producir esa grieta basado en Carl Schmitt, que era el ideólogo de Hitler.

—¿Y hoy esa grieta no es funcional al gobierno?

—La grieta es una tentación. Es el viejo "divide y reinarás", fue una táctica desde siempre. Que esto le convenga al gobierno, no digo que no, pero tiene sus riesgos. Yo creo en otra forma de hacer política, la confrontación nos ha hecho muy mal. También es cierto que es muy difícil intentar levantar a alguien que está caído en el piso si, cuando le vas a dar una mano, te patea. Cuando ganó [Mauricio] Macri las elecciones, los votantes reprodujeron la actitud de Cristina de no reconocerle legitimidad a este gobierno.

El kirchnerismo creó un relato cuando fue gobierno y ahora está continuando con esa saga narrativa cuando no son gobierno.

—Hay un sector que piensa que hoy estamos peor que en el 2015 y que a Macri no le importan los pobres.

—El kirchnerismo creó un relato cuando fue gobierno y ahora está continuando con esa saga narrativa cuando no son gobierno. Pero ahora se ven los artilugios de ese discurso. Con poder y dinero, tenían todos los medios a su disposición, entonces podían armar ese relato con más recursos. Ahora se nota además la falta de recursos. Scioli tuiteó la cantidad de nuevos desocupados que había y tuvo que poner imágenes de despedidos de Lear, del 2014, época de Cristina Kirchner. Lo que me preocupa es que los propios militantes se crean ese relato.

—Hace algunos días estuvo Cynthia García, que me dijo que hoy hay listas negras y que ella es una de las perjudicadas. Sé que vos la pasaste muy mal. ¿Qué le respondés?

—Durante 12 años a mí me costó muchísimo entrar a los medios públicos en calidad de entrevistado, ni siquiera pensar la idea de tener algún programa de televisión. Yo, ahora, que tengo un programa en la televisión pública, me cruzo en los pasillos con Hebe de Bonafini, y está muy bien. Hay una cantidad enorme de gente en la Televisión Pública que no adhiere a este gobierno. Hay una cantidad enorme de gente en Radio Nacional que no adhiere a este gobierno y está muy bien. Cynthia García habla desde ese lugar, del resentimiento.

—Mencionaste tu programa en la Televisión Pública. ¿El rating te importa?

—Es un tema complejo porque los medios públicos, yo entiendo y siempre lo sostuve, que tienen que tener una función de difusión ajena a lo que uno puede consumir en el resto de los medios. En Inglaterra tenés la BBC, en Francia tenés la televisión pública francesa, que es fantástica, no son programas masivos ni apuntan a eso. Pero sí me parecería bien que los medios públicos pusieran toda la energía para llevar a la mayor cantidad de gente posible, eso sí me parece importante.

—Te escuché decir que en Venezuela no se imprimen tus libros por falta de papel. ¿Íbamos en camino a convertirnos en eso?

—Por supuesto, no existe ninguna duda. No se puede imprimir dinero ad infinitum y esperar que eso equivalga a la divisa, porque no lo es. Irremediablemente íbamos a eso. Cuando yo veo esta foto tremenda de este chico asesinado que apareció en estos días con una bomba lacrimógena en el pecho, todavía me resuena la voz de Atilio Borón pidiéndole a [Nicolás] Maduro que aplaste a la oposición. Esa foto es lo que anhela el kirchnerismo.

—¿Lo anhela en Venezuela o en la Argentina?

—Lo pide en Venezuela porque es lo que proyecta para la Argentina.

—Cuando el kirchnerismo habla de Macri y se refiere a un Estado represivo, ¿está poniendo algo propio ahí?

—Ese Estado represivo lo hemos vivido durante el kirchnerismo. Nuevamente, este ejemplo que pone Scioli de los desocupados mostrando una foto de 2014 con los empleados de Lear. Hay que recordar que esos empleados despedidos además fueron reprimidos por [Sergio] Berni. Hoy el kirchnerismo está buscando a toda costa represión, están provocando todo el tiempo. El gobierno hace bien en no entrar en ese juego.

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