Alejandro Agresti: "Una escuela de cine es una escuela de moda, de corte y confección"

El reconocido director cinematográfico habló con Infobae sobre su nueva novela "Si te digo te miento", reflexionó sobre los aspectos tortuosos de la memoria en Argentina y destacó la importancia de la libertad en el arte.

Alejandro Agresti es uno de los directores y guionistas de cine más importantes y prestigiosos que tiene la Argentina. Se destacó por realizar El amor es una mujer gorda, Valentín (una película autobiográfica) y el exitoso film The Lake House (La casa del lago) protagonizado por Sandra Bullock y Keanu Reeves. Vivió en Holanda y trabajó en Estados Unidos. Hoy, de regreso a su país natal, acaba de lanzar la novela Si te digo te miento (Sudamericana), que cuenta la historia de Coco Campos, un hombre común que disfraza su realidad con palabras, hasta que llega un momento en que ya no sabe quién es.

Agresti (1961) se anima a hablar de cine desde la pasión y la práctica y no desde lo que puede ofrecer una escuela especializada. No cree en los profesores de cine ya que dice que influyen en los gustos de los alumnos, algo que ellos solos deberían descubrir. Con el tiempo se ha convertido en una leyenda que muy pocos tienen el privilegio de escuchar y motivarse al mismo tiempo.

-Recientemente acaba de publicar su novela Si te digo te miento. ¿Qué lo llevó a escribirla?

-Me gusta mucho escribir. En los últimos años vengo escribiendo novelas. También quería hablar de las connotaciones tortuosas de la palabra memoria en la Argentina. Hablar de la memoria es siempre denso y terrible. Y a través de eso hice la vida del personaje chanta de Coco Campos. Él se cree ser una cosa, confunde su pasado, lo da vuelta, y le echa la culpa a la gente que estuvo con él de lo que le pasó. Es muy argentino.

-¿Cree que muchos encarnamos al personaje de Coco?

-Creo que los argentinos tenemos una habilidad maravillosa, pero también terrible, de disfrazarnos con palabras. Nos disfrazamos porque las palabras son el disfraz más barato. No tenemos otra cosa para disfrazarnos. Con palabras podemos pasar a ser un embajador porque sabemos hablar como un embajador o un chanta de la calle, un colectivero o un albañil.

Los argentinos tenemos una habilidad maravillosa, pero también terrible, de disfrazarnos con palabras

-¿Cuánto de la historia de Valentín vivió en carne propia?

Valentín fue muy autobiográfica. Fue parte de mi vida cuando era chico. Me siento muy identificado. Es una película que tenía muchas ganas de hacer. La hice como para sacarme eso de encima y la hice de forma positiva. Creo que si la hubiera hecho de muy jovencito, Valentín hubiera sido más negra, más amarga, más como pesimista.

-¿Con el paso del tiempo los hechos se ven mejor?

-Yo creo que tiene que ver con las edades. Cómo uno recuerda según la edad. Por ahí a los 20 años recordás algo terrible que te pasó a los 10 y a los 30 ya lo ves un poco como normal. Según el recuerdo, también. Uno manipula el recuerdo según su conveniencia.

-Sé que estuvo trabajando en Hollywood con Sandra Bullock, Al Pacino, figuras internacionales muy reconocidas. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Fue muy buena, muy linda. Fue medio inesperada cuando apareció. Para un tipo que viene de abajo, como yo, que empezó haciendo cine robándose la película de canal 11 en blanco y negro de los noticieros, de golpe tener toda esa maquinaria tecnológica a disposición y de producción para hacer cine fue un poco como estar en Alicia en el país de las maravillas. Sobre todo, lo que rescato de la experiencia es la capacidad de trabajo. Me di cuenta de la tenacidad que tienen, cómo trabajan los guiones, cómo se trabaja todo, cómo se discute, cómo siempre hasta último momento se puede hacer todo mejor.

Acá cualquier persona que escribe una película ya es director, pasa a dirigirla. En Estados Unidos están los escritores y están los directores

-¿Y qué nota en la Argentina?

-La Argentina tiene directores muy buenos y un cine muy bueno dentro de las capacidades de producción que tenemos. Deberíamos seguir corrigiendo y seguir tratando de hacer mejor las cosas. Nos conformamos enseguida. Acá cualquier persona que escribe una película ya es director, pasa a dirigirla. Allá están los escritores y están los directores. Acá alguien escribe algo y ya es director y ya se considera guionista. Yo creo que necesitás mucho trabajo y mucha autocrítica constante para progresar en ese aspecto.

-¿Hay menos preparación en la Argentina?

-La preparación es relativa porque yo no creo directamente en las escuelas de cine. No creo en nada de eso. Pienso que una escuela de cine es una escuela de moda, de corte y confección. Te van a decir "mirá el cine francés, alemán" y vas a copiar un poquito de uno y otro. La técnica cinematográfica se aprende muy rápido. Lo demás es simplemente influencia de moda, de forma. Son formalismos y uno cuando cae en la trampa del formalismo muchas veces lo que hace es copiar.

-¿Y cómo debería formarse un estudiante de cine?

-Saliendo a filmar cortos. Creo que la escuela funciona como un lugar de reunión social. Me han ofrecido muchas veces ser profesor de la FUC y de otras escuelas y yo realmente tengo que decir: ¿Qué hago? ¿Qué enseño? Podés pasar películas, discutirlas, pero hay que tener mucho cuidado porque el arte es una de las actividades más libres y si vos empezás a influir y al alumno le empezás a decir que tal director te gusta, es maravilloso y lo repetís, el pibe termina pensando que el cine es eso. Cada uno tiene que descubrir el cine a través de ver cine y ver lo que tiene adentro. A eso no te lo pueden enseñar. Hace mal. Terminan todos haciendo películas muy parecidas.

No te pueden enseñar a hacer cine, hace mal

-¿Qué le aconsejaría a un estudiante de cine?

-Que vaya a aprender teatro con Julio Chávez, con los grandes maestros que tenemos. Que aprenda actuación. Va entender más al actor. Ser director de cine es saber comunicarle al actor qué es lo que tiene que hacer. Es como un ojo amigo que le dice "hasta ahí, un poco más, un poco menos, estuviste bien"; discutir el guión.

-¿Cuál es la diferencia entre Sandra Bullock y un actor no reconocido?

-Sandra es una persona muy especial. Es una persona muy preparada y muy eficiente. Sandy es una mujer que te sorprende, porque vos le das el guión cambiado y solo lo miró una vez y le sale. Por ahí con un actor argentino eso es más interesante porque podés hablar más del personaje y buscarlo juntos y discutir diferentes variaciones, tonos, pero el actor americano es más de leer y tirarse a la pileta.

-¿Qué cuestiones sociales le gusta transmitir en sus películas?

– Me atrae mucho el tema de hasta dónde usamos la palabra para darnos pedigree. Hasta dónde no discutimos las palabras. A veces las palabras no son orales, son escritas. Yo tengo la teoría de que si un día alguien en el mundo escribe un libro para no ser entendido, acá en Argentina van a correr a comprarlo y disfrutar no entenderlo.

Tapa de la nueva novela de Agresti
Tapa de la nueva novela de Agresti

-¿Por algo en particular?

-Creo que tenemos un complejo de vivir muy al sur y siempre pensamos que no somos parte de Europa. No somos parte del gran mundo. Entonces, una forma de acceder a eso es ser distintos.

-Estuvo viviendo en Holanda, en Estados Unidos y ahora regresó a la Argentina. ¿Qué lo hizo regresar teniendo la posibilidad de estar afuera?

-Vuelvo porque soy masoquista, amo mi país y amo mi cultura. Yo nunca fui un tipo muy ambicioso desde el punto de vista material. A mí lo que más me gusta es escribir y de vez en cuando hacer una película. No tengo aspiraciones de tipo material mientras tenga lo suficiente para vivir.

 

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