Claudio Ingerflom
Claudio Ingerflom

En el ciclo de conferencias organizado por al Secretaría de cultura de la AMIA, el historiador Claudio Ingerflom brindará el 12 de junio una conferencia titulada El Siglo de los Comunismos. Este año se cumplen 100 años de la Revolución Rusa que llevó a los bolcheviques al poder y, de alguna manera, posibilita que se reabra el debate. En febrero de 1917 una revolución popular derrocó al zarismo, sustituido por un Gobierno Provisional dirigido por la burguesía liberal que, sin embargo, no retiró al país de la Primera Guerra Mundial ni decretó la necesaria reforma agraria. "Paz y tierra" fue entonces la exigencia generalizada.

De regreso de su exilio, Lenin proclamó que todo el poder debía pasar a los sóviets, consejos barriales, urbanos, rurales y a la escala del imperio, elegidos democráticamente. El 25 de octubre según el viejo calendario, 7 de noviembre según el que se usa hoy, las milicias obreras entraron en rebelión y la insurrección triunfó. Se abría la posibilidad de realizar uno de los mas antiguos sueños de la humanidad: construir una sociedad política, económica y socialmente democrática. Sabemos que muy poco de ese sueño se hizo realidad y que el experimento terminó de manera bochornosa en 1991, dejando detrás no menos de cuatro millones de personas inocentes fusiladas o muertas en los campos de concentración del Gulag y una herencia que invalidó en gran medida las palabras socialismo y comunismo como portadoras de esperanzas el resto del mundo.

Ya no es el comunismo, sino los comunismos, que exigen abordarlos como un fenómeno complejo

"La interpretación de este fenómeno levantó pasiones, y casi siempre respondió a posicionamientos ideológicos de los que las enunciaron -explica Claudio Ingerflom en diálogo con Infobae-, pero la distancia centenaria puede ser un buen momento para trabajar con serenidad y repensar la Revolución con las precauciones metodológicas y teóricas con las que los científicos investigamos otros procesos históricos. Se trata de evitar en primer lugar la 'opinología' derivada de la adhesión de tipo religioso ya sea al comunismo o al anticomunismo. No defiendo la objetividad. Hay que reivindicar la subjetividad, porque supone ser consciente de que cada uno de nosotros pertenecemos a una tradición de lenguaje y de pensamiento en la que nos hemos constituidos como sujetos y que nos ha legado nuestras categorías de entendimiento. Pero a la hora de pensar o explicar un fenómeno histórico, la conciencia de pertenecer a esa tradición nos ayuda a no ser ingenuos, a encontrar la forma de desprenderse de ella para rendir cuenta del fenómeno de la manera mas aproximada a la verdad".

El asalto a Berlín por parte de las fuerzas soviéticas que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial
El asalto a Berlín por parte de las fuerzas soviéticas que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial

En el titulo de conferencia, la palabra comunismo figura en plural, y eso ya marca una distinción fundamental entre las distintas experiencias: "¿Qué tiene que ver un judío de la rusa zarista, que adhiere al partido bolchevique porque quiere terminar con la matanza recurrente de los judíos bajo el zarismo, con un gran profesor de Cambridge de los años 40 que después de la Guerra Mundial adhiere al partido comunista inglés porque lo que le interesa es la lucha por la paz, que era la consigna central de la política exterior soviética?, ¿y qué tienen que ver ese judío y ese profesor con un obrero metalúrgico brasileño que confía en el comunismo para terminar con su condición de explotado?, ¿o con un chino que, en nombre del comunismo, restaura el sistema capitalista? Salta a la vista que son distintas motivaciones y distintos objetivos. Ya no es el comunismo, sino los comunismos, que exigen abordarlos como un fenómeno complejo y como experiencias específicas aunque con rasgos definitorios comunes".

Ingerflom sabe de lo que habla. Estudió como pocos la historia de Rusia y vivió allí seis años, desde 1966 hasta 1972, obteniendo su Licenciatura y Maestría en Historia en la Universidad estatal de Moscú. Luego, se radicó en París donde obtuvo el Doctorado en historia rusa de la Sorbona y trabajó casi 30 años en el muy prestigioso Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia, el equivalente de nuestro Conicet, en donde se jubiló con el grado de Director de investigaciones. Es autor de un centenar de publicaciones entre libros y artículos. En el 2010, fue invitado por la Universidad Nacional de San Martín, casa de estudios donde hoy dicta clases; dirige la Licenciatura en Historia y la Maestría en Historia Conceptual, y sigue investigando y escribiendo.

Líderes de la Revolución Rusa: Iósif Stalin, Vladimir Ilyich Lenin y Mijaíl Kalinin en 1919
Líderes de la Revolución Rusa: Iósif Stalin, Vladimir Ilyich Lenin y Mijaíl Kalinin en 1919

Con respecto al número de víctimas, un tema que suele reaparecer en torno a los genocidios y guerras, Ingerflom toma posición contra las tentativas de igualar nazismo y comunismo: "Las motivaciones originales del comunismo fueron nobles. La razón de ser, la columna vertebral del nazismo es el racismo, la supremacía de la llamada 'raza' aria. El nazismo llevó sistemáticamente a cabo su programa original. Los comunistas en cambio se alejaron, también sistemáticamente, de sus propios ideales. Este alejamiento es un objeto complejo de estudio. Por ejemplo, en el conflicto entre la intención de establecer una justicia social y el recorte de libertades que casi siempre la acompañó, digo casi porque en el caso del Chile de Salvador Allende las libertades fueron escrupulosamente respetadas, ¿qué parte de responsabilidad en el avasallamiento de las libertades incumbe a la doctrina comunista y cuál es la de los líderes comunistas?, ¿y cuál es la responsabilidad de los que poseen el poder económico, nacional e internacional, y se oponen por medios no democráticos a las políticas a veces ni siquiera socialistas, sino en defensa de los mas necesitados, como hace pocos años en Honduras, para no recordar el 11 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile?".

Cada país tiene la revolución que se merece

Ingerflom se queda reflexionando en silencio y dice: "Si volvemos a nuestro tema, la revolución soviética, cada país tiene la revolución que se merece. El zarismo fue un despotismo de los más duros de la historia y generó al comunismo soviético como su espejo. Pero la Revolución sacó a Rusia de la Primera Guerra Mundial, produjo una movilidad social sin antecedentes en la historia y al mismo tiempo se transformó en la propiedad de una casta que gobernó para conservar sus privilegios, confiscando el plurisecular lenguaje de la revuelta por la justicia social".

Ilustración durante el comunismo soviético
Ilustración durante el comunismo soviético

Y continúa: "Lo que hay que elucidar es la deuda del comunismo soviético con el pasado despótico del país. En cada presente juegan capas geológicas que aun funcionan en las mentalidades, en las costumbres. Ningún presente es libre de su pasado, ni en Rusia ni en Argentina. El sentimiento de haber superado al pasado muchas veces es suficiente para legitimar durante un tiempo al nuevo poder, porque ningún régimen, el soviético tampoco, se mantiene 70 años a base de las bayonetas. Tuvo una gran adhesión popular. Si pensamos en el lugar de la Revolución Rusa en la historia, me pregunto si esa revolución, junto con la china… o sea, si esa época revolucionaria no marcó globalmente el fin del período de la historia en el cual las revoluciones fueron la forma de progreso que encontró la humanidad".

Ningún presente es libre de su pasado, ni en Rusia ni en Argentina

Su razonamiento lleva ineludiblemente, a pensar en los procesos que viven nuestras sociedades latinoamericanas ya modernas, y en particular en los populismos del continente. "Es curioso -continúa Ingerflom-, pero el primer movimiento populista de la historia se generó en Rusia. Sus detractores lo llamaron populista, porque sus militantes se fueron por centenares a vivir en las aldeas para alfabetizar, abrir puestos médicos, tratar de educar políticamente al campesinado. Pero lo que caracterizó al populismo ruso fue la negativa a importar la doctrina socialista de Occidente y la voluntad de identificar en la estructura social rusa las premisas de un socialismo ruso. Afirmaron que no hay pueblos adelantados y otros atrasado sino pueblos que transitan procesos históricos diferentes. Para el populismo ruso la historia no se despliega por una sola avenida, hay avenidas y calles. Ahora, si me pregunta por los populismos latinoamericanos, creo que esa convicción de los populistas rusos no les es extraña. Resta a ver cuáles son sus posibilidades en un mundo tironeado entre una globalización que beneficia a los países más ricos y una retirada sobre sí que beneficia casi exclusivamente a los Estados Unidos, o, dicho de otra forma, una estructura internacional fundada en los dos casos sobre el pillaje de países como el nuestro".

Vladimir Putin (AFP)
Vladimir Putin (AFP)

Pero, ¿cuál es la situación de Rusia hoy? ¿Qué rol juega Vladimir Putin que, con un gran peso en el escenario mundial, parece tener la capacidad de sostener un imperio? "La intención del presidente Putin me parece ser no la de reconstruir la Unión Soviética, sino un enorme país con una gran potencia y riqueza, un país que cuenta con un extraordinario capital de inteligencia humana, algo que Occidente no suele tener en cuenta. Pero más allá de las explicaciones obvias que se refieren a la resistencia de los dominantes o al gusto por el poder de dirigentes que en su juventud fueron insumisos, en otras palabras, pero sin ingenuidad, la pregunta que vuelve es: ¿por qué las empresas de emancipación chocan con la libertad?", cierra Ingerflom.

 

* Conferencias destacadas: El siglo de los comunismos
Lunes 12 de junio a las 19 horas
AMIA: Pasteur 633 – 4° piso
Entrada gratuita hasta agotar capacidad

 

_____

LEA MÁS

_____

Vea más notas en Cultura