Perla Suez: "La literatura en sí es un lugar incierto, difícil e incómodo"

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¿Qué siente un autor al ver reeditado un libro, una ficción, que escribió muchos años atrás? Eso, entre otras cosas, respondió la escritora cordobesa Perla Suez durante una visita al estudio de Infobae. Su novela El arresto (Edhasa), segunda parte de su premiada "Trilogía de Entre Ríos", acaba de volver a ver la luz en librerías. Antes ocurrió lo mismo con Letargo y el año próximo será el turno de El complot. Se trata de novelas individuales pero que comparten un escenario, el de las colonias judías de principios del siglo XX, con historias de aquellos inmigrantes que llegaron desde el este europeo perseguidos y amenazados por los pogroms y que debieron hacerse de un lugar propio en tierra ajena. En El arresto (novela que se publicó originalmente en 1999), el protagonista, Lucien Finz -Lucien era el nombre del hijo del Barón Hirsch, promotor de la llegada de la inmigración judía a la Argentina-, crece en una casa de hombres ya que su madre murió durante el parto, al darlo a luz. Una relación prohibida lo lleva a abandonar su hogar en Entre Ríos y es entonces cuando parte a Buenos Aires, donde se dará de narices contra la violencia institucional y el antisemitismo que sus ancestros creyeron haber dejado atrás al cruzar el Atlántico. Entonces, vamos de nuevo: ¿qué siente un autor cuando vuelve a ver publicado su libro casi veinte años después?

"Es extraño: ahora El arresto me es bastante lejano", cuenta la autora que recibió por sus novelas premios como el Municipal, el Nacional (por Humo rojo), el Sor Juana Inés de la Cruz de la FIL Guadalajara (por El país del diablo) y el Grinzane Cavour. "Entonces me digo: ahhh, ¿y yo escribí este libro? Voy leyendo y, como si ayudara al lector, voy descubriendo qué pasaba; es como una necesidad de rememorar".

-¿Pero se identifica con esa historia, con esa escritura? 

-No, es algo lejano… Sé que alguna vez lo escribí, no me acuerdo cuándo, pero siento que lo que me pasa es un olvido necesario para poder pensar de acá hacia adelante.

-¿Pero le provoca rechazo o le resulta atractivo leerse a la distancia?

-No, no, nada de eso. La sensación es que hay una cosa afectiva que me liga a ese libro que, aunque tiene una portada diferente, sé que está ahí y me pertenece.

-La historia de El arresto está ubicada en un tiempo pretérito y esa distancia cronológica tal vez permite que envejezca menos. ¿Cuánto resuena hoy de temas como el antisemitismo, la figura del extranjero, la necesidad de huir de su tierra que tienen algunas personas?

-Las problemáticas que me plantée cuando escribí El arresto están vigentes, como la del que busca un lugar en la tierra para vivir o el antisemitismo: nosotros tuvimos los atentados a la Amia y a la embajada de Israel, cosas que no están claras, o la muerte de Nisman… entonces me parece que es bueno para el lector poder leer estos mismos temas desde la ficción. Esta historia lo único que tiene de real es que yo escuché a mi padre contar que cuando estudiaba medicina en Buenos Aires le tocó la vivir la Semana Trágica y que él una vez se escondió en el sótano de la confitería Richmond, que tenía ahí abajo como un pool. Se escondió ahí y se salvó de que los nacionalistas de la Guardia Cívica lo golpearan o lo mataran. Con esta historia de mi papá, con esa parte autobiográfica, inventé todo el resto. Por supuesto leí y me documenté para poder después liberarme e intentar otra cosa.

-Sus novelas nunca son extensas, parece una elección estética. ¿Cómo es trabajar en el formato de novela breve?

-No conozco otro formato, no sé hacer otra cosa, no podría escribir una novela de 300 o 28o páginas, no hay forma. Creo, es una hipótesis, que esto es por la influencia y la debilidad que tengo por el cine. Yo estudié cine, necesito visualizar: si no veo las cosas en escenas, no puedo hilar y construir un conflicto. Y, como en el cine, para la construcción de la trama me gusta que haya una historia fuerte que me lleve. Es también lo que me pasa con las lecturas: me gustan las historias fuertes.

-En El arresto hay una traición severa como uno de los ejes de la novela. ¿Cómo hace para ponerse por fuera del juicio moral como narradora?

-Y…ése es el tema de la literatura: cómo no sentenciar, cómo no explicarle todo al lector. Es el trabajo del pulido, porque uno cuando uno discurre y deja fluir la escritura -sea manual, porque siempre empiezo manualmente…

-¿Todavía hoy escribe a mano?

-Sí, los primeros borradores los escribo siempre en un cuadernito a rayas.

Manuscrito de “El arresto”. Perla Suez sigue escribiendo los borradores a mano.
Manuscrito de “El arresto”. Perla Suez sigue escribiendo los borradores a mano.

-Usted comenzó escribiendo para chicos ¿Dónde se siente más cómoda, escribiendo para niños o para adultos?

-Los premios a mis novelas para adultos me estimularon muchísimo, me sirvieron para seguir fuertemente aferrada a la literatura y hasta me estoy atreviendo más. Pero no sé si decir que estoy más cómoda porque la literatura es siempre un lugar incierto, difícil.

-¿Cómo es ser una escritora mujer en la Argentina? ¿Es fácil ser un escritor que vive en el interior del país?

-Sé que todo cuesta, que el camino no es fácil y punto. El lugar de la mujer está cambiando, hay cosas que están superadas, creo no equivocarme. En Córdoba está habiendo un movimiento cultural fuertísimo, yo no sé realmente qué es sentirse "en el interior". Esa cosa que se vive como ser del interior o marginal, yo no lo he sentido intensamente. Al contrario, lo he sentido como una cualidad, si se quiere, como la posibilidad de indagar más en mi interior, con otros tiempos.

-¿Cuál es el modelo de lector tiene en la cabeza?

-Alguien que se hace preguntas. Vengo de una familia judía en la que todos eran muy lectores y en mi casa me enseñaron que hacerse preguntas es importante. El camino es interpretar, poder saber siempre algo más de lo que se dice. Eso es lo que busco como lectora en los libros de los otros porque antes de escribir, leí. Siempre tengo ante mis ojos a alguien a quien admiro y el deseo de poder contar de tal manera que me permita volver atrás e interpretar. Por eso, cada vez que estoy puliendo, tallando una novela, le pongo al lector obstáculos en el camino para que él resuelva. Dejo espacios en blanco para que el lector pueda escribir y reponer a su manera. Cuando escribo, busco la complejidad y la sutileza y ése es el lector que anhelo. Y el que, afortunadamente, encuentro.

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