Todos coinciden en que las ventas bajaron el año pasado y aún no repuntan.
Todos coinciden en que las ventas bajaron el año pasado y aún no repuntan.

"La Feria del Libro es el evento editorial del gremio", comienza diciendo Juan Boido, director de Penguin Random House Argentina. Hace años, esta maratón literaria ocupa el lugar central de encuentro entre escritores, lectores y editoriales en la Argentina, como una suerte de picnic gigante. Sin embargo, en los últimos años han aparecido nuevos polos donde debatir ideas y literatura, como ferias de editores, ciclos literarios, presentaciones, talleres, eventos encadenados. ¿Por qué? "Porque Argentina tiene una gran vitalidad cultural", le explica Boido a Infobae. Entonces, ¿qué significa hoy la Feria del Libro? ¿En qué momento está la industria editorial? ¿Cómo afectó el cambio de gobierno y las nuevas políticas culturales en torno al mercado del libro? ¿Por qué es tan importante fomentar la lectura en las escuelas?

Un gran picnic literario

Este jueves 27 de abril comienza la edición número 43 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Será en el predio de La Rural y durará nueve días, hasta el 15 de mayo. Entre los invitados, se encuentran figuras destacadas como J. M. Coetzee, Carlos Ruiz Zafón, Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte, Bernhard Schlink, Alessandro Baricco, John Katzenbach, Javier Cercas, Etgar Keret, Almudena Grandes, Pierre Lemaitre, Olivier Bourdeaut, Marta Sanz y Jesse Ball. "La Feria es una gran bolsa de cosas escondidas, a veces hay que saber buscar –le dice a Infobae Laura Leibiker, directora editorial de Norma–; para los editores, se abren posibilidades de nuevos negocios. Te permite mostrar tu catálogo completo. Además de ser una vidriera para la editorial, también lo es para los autores. Ocurren oportunidades que por ahí uno no tenía previstas, como venta de derechos internacionales o que tus autores viajen".

"Son las únicas semanas en las que los libros son la vedette de los medios", comenta Ignacio Iraola, director de Grupo Planeta; sin embargo, tiene sus contras: "Entre firmas y charlas tenemos cerca de 700 actividades. Para mí es excesivamente larga, creo que más corta sería más sana para todos los que la hacemos. Además nunca hubo una capitalización de la gente que pasa por la Feria. La gente la toma como un paseo, y durante el año no compra un libro. A mí eso me sigue pareciendo ridículo. La industria se tendría que replantear qué hacer con la Feria".

Son las únicas semanas en las que los libros son la vedette de los medios

Los miles y miles de lectores que allí se congregan ven, además de libros, una ganancia importante por parte de las editoriales, sin embargo no pareciera ser así. "Si de la Feria salís hecho, festejás -confiesa Iraola en torno a lo económico-, vos pagás el alquiler del lugar, la construcción del stand, los trabajadores, los costos de las salas, las cenas con el autor; hay un presupuesto obviamente, pero es un gasto. Ponele que vendas dos mil libros, como el de Facundo Manes, después el resto vende 12 libros. Pero por otro lado te da una visibilidad tremenda". En la Feria, para Penguin Random House, "es mucho más la ganancia simbólica y cultural que la económica", explica Boido, y sigue: "Todo lo que visibilice los libros ayuda. Además, internacionalmente, la Feria tiene una importancia mayor que la que Buenos Aires cree que tiene; es un destino codiciado para los autores argentinos y de todo el mundo. Junto con la Feria de Guadalajara, es la más importante de lengua castellana".

"Cuesta mucho dinero participar en la Feria. Uno está contento si no perdió plata", confiesa Constanza Brunet, directora editorial de Marea, y agrega: "La Feria se ha ido democratizando, se ha vuelto bibliodiversa, como decimos nosotros, porque hay más ideas, más textos, más autores. Empezaron a haber stands colectivos de editoriales independientes. Hoy es muchos más fácil para un editor independiente participar. La Feria dejó de ser tan aristocrática; antes tenías que tener un puntaje, y ese puntaje te lo daba la antigüedad. Ahora están las Jornadas de Profesionales, donde hay varios cientos de libreros de países lejanos y entonces se arman estas rondas de negocios y uno trata de encontrar nuevos mercados".

La industria del libro es un abanico amplio que también incluye como elemento clave al librero. Daniel Davicino es gerente de Cúspide, una de las cadenas de librerías más importantes del país. "Son increíbles todas las cosas que van a ocurrir este año en la feria, pero nada garantiza un buen resultado económico", le dice a Infobae.

Y además, están las cámaras editoriales. Para Roberto Lightowler, vicepresidente de la Cámara Argentina de Publicaciones, "hay un programa importante para esta Feria, van a venir autores muy importantes. Se ha tratado que la programación sea rica y con mucha oferta. Hay jornadas de educación, de promoción, de profesionales abiertas al público como todos los años, donde vienen compradores del exterior". Graciela Rosenberg, presidenta de la Cámara Argentina del Libro, también habló con Infobae, y lo que más le preocupa es la crisis que atraviesa el sector, determinada por la situación económica general: "Las ventas han caído y, dependiendo de cada editorial, las bajas son mayores que otras. Pero es algo que sucede en todas las áreas, la economía no se está reactivando". ¿Qué sucede entonces con el mercado del libro? ¿Cuáles son los temas que más preocupan?

Apertura de importaciones y bibliodiversidad

Veintiséis días después de la asunción de Mauricio Macri como presidente, Pablo Avelluto (ministro de Cultura) y Francisco Cabrera (ministro de Producción) anunciaron el levantamiento de las restricciones que impedían el ingreso de libros impresos del exterior. Se produjo un gran debate en torno a esta medida que, mientras hubo quienes la celebraron por "liberar los libros", otros aseguraron que representaba un ataque a la buena salud de las pequeñas editoriales nacionales. ¿El resultado? En el primer semestre de 2016 –según un informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL)– la importación aumentó un 50% en relación al mismo período del 2015, mientras que la producción argentina disminuyó un 12%. Pero, ya pasado un año y medio, ¿cómo está hoy la situación?

Para algunos editores, una feria de tres semanas es demasiado larga.
Para algunos editores, una feria de tres semanas es demasiado larga.

"La apertura de las importaciones está afectando al sector –dice Brunet, de Marea–, es importante la circulación de las ideas pero también es cierto que entran libros de saldo españoles, y ellos tienen una gran capacidad de producción. En los últimos años hubo protección entonces, al abrirse, la competencia nos perjudica". A Planeta, dice Iraola, su director, la medida no los afecta del mismo modo, sin embargo tampoco se sintieron tan afectados cuando existía la limitación: "A nosotros no nos mueve mucho. Planeta produjo siempre acá, el 99% de nuestros libros son edición argentina. Antes no es que no se podía importar, tenías un cupo. En esa época los libros que importábamos eran ventas chicas, 200 libros que, por ejemplo, eran de sellos como Paidós". Sucede algo similar en Penguin Random House. Lo explica Boido: "Nosotros imprimimos más del 90% del plan editorial en Argentina y tratamos de imprimir afuera lo que es técnicamente imposible de hacer en Argentina, sobre todo libros infantiles, que son más bien libros objeto, y algunos libros que por su circulación más restringida para lectores específicos son tiras tan bajas que es imposible hacerlas acá".

Adriana Hidalgo, directora de la editorial que lleva su nombre y que está cumpliendo 18 años de vida, también compartió con Infobae su análisis. "Consideramos que una de las ventajas de ser una editorial que publica en castellano es pertenecer a un vasto territorio que comparte el idioma y es por eso que adquirimos siempre derechos para Latinoamérica y España", explica, y continúa: "No hay que olvidarse que los derechos de muchos autores fundamentales pertenecen a editoriales extranjeras y no permitir la importación de los mismos equivale a no poder leerlos, o a dificultar su circulación. Sería deseable que se sostenga en el tiempo el Programa Sur, que subsidia la traducción de autores argentinos a otros idiomas, tal como hacen los países que tienen políticas de difusión de su cultura".

Davicino, de Cúspide, expone otra postura: "La tendencia hoy es a la baja de la venta, producto de todos los factores que todos conocemos, que son de dominio público: no es un período de ventas atractivas. Si bien hay mejor oferta en las mercaderías por la apertura en las importaciones, esto siempre fue marginal para nosotros, porque en Argentina ya hay buena oferta. Ahora estamos esperando a ver qué pasa con la reactivación".

Con la apertura de importaciones, pese a que nosotros creemos en la bibliodiversidad, las ventas nacionales han bajado (Graciela Rosenberg)

La Presidenta de la Cámara Argentina del Libro no quiere abandonar el optimismo, sin embargo comprende que la situación es difícil: "La esperanza es lo último que se pierde, ¿no? Esperemos que la situación cambie. Lo cierto es que con la apertura de importaciones, pese a que nosotros creemos en la bibliodiversidad, las ventas nacionales han bajado. Eso se ve, por ejemplo, en las vidrieras de las librerías". En cambio, para Lightowler, vice de la CAP, "en los años pasados, el mercado editorial tenía limitaciones importantes como no poder importar libros, con lo cual la diversidad bibliográfica se perdió muchísimo". Por eso, explica, el problema es claro: "Hoy los costos nuestros en Argentina no nos permiten ser muy competitivos".

El Estado y un paso atrás: menos libros en las escuelas

Para quienes no nacieron en una familia ilustrada con una gran biblioteca en el living, la forma de tomar contacto con la lectura y el conocimiento es la escuela. Según consultora PROMAGE, que desarrolla el Observatorio de la Industria Editorial, el año pasado el Estado compró 3,5 millones de libros para repartir en los colegios primarios, mientras que en 2015 la cifra había sido de 8,3 millones. ¿Cómo afecta esto al sector?

"Hubo durante muchos años compras por parte del Estado muy significativas que le dieron un espaldarazo muy fuerte al sector –asegura Leibiker, de editorial Norma–, sobre todo a las editoriales pequeñas. Eso es innegable. Ese cambio, más allá de nuestra editorial, es preocupante. Pero estamos a la expectativa de que en algún momento se repensarán esas políticas y volverán a comprar".

Ignacio Iraola, director de Grupo Planeta, comenta: "El Estado compró poco y eso no ayuda pero nosotros somos empresas privadas: no podés depender del Estado. Si nos sentamos a esperar que el gobierno compre estamos fritos y también hablaría mal de mí como editor. Nosotros queremos publicar bien". "Que haya más compras siempre es redituable, pero nosotros no hacemos el presupuesto en función de la eventual compra del Estado", dice Boido, de Penguin Random House.

Es muy difícil ganar plata en una feria, el mejor resultado es salir hecho, al menos, en cuanto a gastos.
Es muy difícil ganar plata en una feria, el mejor resultado es salir hecho, al menos, en cuanto a gastos.

En cambio, para Lightowler, vicepresidente de la CAP, la actual "va a ser una situación pasajera y las compras del Estado se van a poner a tono con la necesidad de entregar libros a los alumnos. Esto evidentemente ha afectado a algunas editoriales. Pero todos tenemos confianza en que las medidas que se están tomando van a tener buenos resultados. Ya algunos indicadores dicen que la economía se está empezando a reactivar, aunque no con la rapidez que todos queremos".

Recesión económica, recesión literaria

La Feria del Libro sirve para establecer un punto de encuentro, una suerte de mapeo de actores y conexiones, pero también para encuadrarlo en un contexto que, según comentan los entrevistados, va más allá del sector. ¿Cuál es el balance? "La temporada de la costa es un buen índice, al igual que el inicio de la temporada escolar, y no fueron buenas, por eso las expectativas para este año son bastante moderadas. Tenemos una realidad que nos indica que va a ser un año difícil", explica Davicino, de Cúspide, y agrega: "Los fantasmas del libro electrónico es algo superado. El mercado está sano, basta con ir a Frankfurt. Lo que no quiere decir que no cambie el modelo. Los libros técnicos están muriendo porque hay otras herramientas que los reemplazaron, lo mismo con los textos escolares. Lo que tracciona la industria es la ficción y está totalmente vigente".

Para la editorial Norma –explica Leibiker– "es un año complejo, porque hay claramente una retracción de la demanda, aunque la literatura infantil y juvenil son las que menos se retrajeron. Pero seguimos muy en línea con nuestra promoción escolar. Cuando hay cambio de gobierno, hay cambio de líneas, y estamos a la expectativa de qué líneas se seguirán". Iraola, de Planeta, está en la misma línea: "Es un año muy duro, el arranque fue durísimo. La gente está con cierto temor a nivel monetario. Marzo fue el mes más complicado de los últimos cincos años. La verdad es que el mercado editorial no crece desmedidamente pero no se achica. Hasta octubre va a ser bravísimo. A nivel país soy bastante escéptico, no veo cómo salir del lugar en el que estamos".

En general todos los editores coincidimos en que hay bajas pronunciadas

"Nuestro país no se ha caracterizado por tener políticas que favorezcan el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas y ni que hablar de las editoriales, que por sus características comerciales (ventas en consignación y plazos muy largos de cobranza) son difíciles de sostener financieramente. La inflación es siempre un problema y la carga impositiva, otro", dice Adriana Hidalgo; mientras que Brunet, directora editorial de Marea, sentencia: "Estamos un poco expectantes porque no viene bien el tema ventas. Ha sufrido una caída desde el año pasado. En general todos los editores coincidimos que hay bajas pronunciadas. Hay una baja del consumo en todas las actividades. Y el libro, que es considerado un bien de lujo, o sea, no es un bien de primera necesidad, es una compra que se relega".

Boido, de Penguin Random House también hizo su análisis: "El año pasado hubo una caída de la compra de libros. Nosotros tuvimos entre 4% y 5% abajo en unidades, y desde las fiestas esa caída se estabilizó, y ahí se mantienen tibios indicios de mejora, pero también esa mejora se da porque hemos sacado libros que vendieron muy bien, que entraron en los ránkings y consiguieron cautivar a más lectores". Y Lightowler de la CAP comenta: "No es una novedad que este año la industria del libro ha sufrido una merma. Depende de cada editorial, la caída va entre un 10 y un 20 por ciento. Sin embargo, con las promesas de reactivación que hay, esperamos que esta situación se revierta y que alcance los niveles de venta que ha tenido en los años anteriores".

 
Varios editores esperan por parte del Estado políticas más activas de fomento a la lectura.
Varios editores esperan por parte del Estado políticas más activas de fomento a la lectura.

Cómo explicarle a los niños que leer te hace más inteligente

Expectativas, reclamos y prudencia en torno al mercado del libro. Los números no parecen ser los mejores, sin embargo hay optimismo, o al menos ganas de que las cosas mejoren. Pero además de las ventas y la vitalidad de la producción y circulación de la literatura, hay dos debates que continúan en pañales: la calidad del contenido literario y la estimulación de la lectura en los niños. ¿Cómo explicarle a los niños que leer te hace más inteligente? ¿Cómo comenzar una política de Estado que fomente la literatura?

"Las editoriales tienen una responsabilidad, pueden formar a un lector, pero es la escuela y la familia los que lo crean", comienza diciendo Juan Boido, de Penguin Randon House. "No hay una política de fomento a la lectura, de fomento al arte. Creo que las artes se tendrían que enseñar con la misma importancia que se enseñan las ciencias duras. Un país que lee es un país mejor, es un país que puede proyectarse mejor, y a mí me parece que no hay una política de fomento a la lectura, y eso es una responsabilidad del Estado. Y eso que somos un país en que uno de los presidentes más importantes fue docente y escritor", comenta sobre Domingo Faustino Sarmiento, y en ese sentido, profundizando el tema, continúa: "Me parece notable la defensa a la educación pública, es uno de los grandes orgullos del país, así como su salud pública. Son pilares de este país que décadas de errores todavía no pueden destruir".

Las editoriales tienen una responsabilidad, pueden formar a un lector, pero es la escuela y la familia los que lo crean

"No hay una política cultural –dice Ignacio Iraola, director de Grupo Planeta–, no han encontrado la forma de generarle una buena prensa de la lectura a los chicos. Hay que decirles que con un libro vas a ser más inteligente y te vas a divertir. Si a los pibes se lo imponés, no lo van a leer. Tiene que haber una política del Estado que fomente la lectura desde chicos. Hay que hacer un replanteo de la industria para generar nuevos lectores, y se hace con editoriales pero también con el Estado".

Conclusión general: este debate nos compete a todos.

 

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