El pánico en el cine y en los libros: la helada presencia de la muerte

El documental de Ernesto Ardito que se estrenó este jueves y un libro de Ana Prieto exploran sobre un fenómeno cada vez más extendido y aportan su mirada sobre “la cultura del miedo”

Terror sin razón, taquicardia, respiración forzada, mareos, temblores, escalofríos y la sensación de una muerte inminente. Así se manifiesta un ataque de pánico. Y así se llama la película de Ernesto Ardito estrenada este jueves: un repaso de casos en primera persona sobre esta condición cada vez más recurrente en todo el mundo. Un mal de época. En el film se analizan las causas de la enfermedad y cuál es la influencia de la cultura del miedo en este padecimiento.

Ataque de pánico: esclavos del miedo a la muerte intenta adentrarse en distintos casos de personas que padecen estos episodios. Son relatos en off acompañados de imágenes y sonidos que describen cada caso. Los protagonistas no aparecen en pantalla, solo sus voces y relatos. La sensación que produce la película en el espectador lo sumerge en el ataque de pánico. Quien vea el film sabrá qué significa un ataque de pánico.

La película cuenta con entrevistas a expertos en el tema que desarrollan la problemática y explican qué pasa cuando uno de estos ataques se manifiesta. Los síntomas que sufre el cuerpo y la mente son los mismos que se producen cuando se está frente a un gran peligro. El cuerpo se predispone físicamente a escapar y a evadir el riesgo. El ataque de pánico somete al cuerpo como si estuviera en esa situación de peligro, pero sin el peligro real. Se trata de síntomas creados por la percepción mental: "No existen amenazas físicas, pero los síntomas están ahí", explica la voz en off en el film.

Las personas que padecen esta condición viven en un estado de alerta permanente que va deteriorando el sistema nervioso. "La muerte no viene, pero sí su helada presencia", describe el documental.

El psiquiatra Rafael Kichic es entrevistado en el film y explica que en todo organismo vivo existen sistemas que nos permiten luchar o huir en caso de que se vea amenazada la integridad física. Estos sistemas preparan al cuerpo: las palpitaciones permiten bombear más sangre, como consecuencia se lleva más oxígeno y glucosa a los músculos largos preparándolos así para enfrentar al peligro o escapar. Por eso Kichic dice que a los pacientes que tienen ataques de pánico se les suele decir que el problema es que tienen el sistema de alertas fallado.

Una consecuencia extrema de los ataques de pánico es la agorafobia, un miedo intenso a los lugares abiertos o públicos que lleva a que algunas personas pasen hasta 20 años sin salir de sus casas. El miedo a que suceda algo que no se puede controlar, a una catástrofe, a pasar una situación vergonzosa, incluso el miedo al miedo -a volver a sufrir un ataque- hace que el enfermo se recluya con tal de no verse expuesto.

Ernesto Ardito
Ernesto Ardito

Ardito contó a Infobae cómo fue que se interesó por esta temática. "Todo empezó en el 2007 cuando yo sufría ataques de pánico -cuenta-. Entre 2007 y 2010 empecé a hacer una investigación sobre el tema, que era mi modo de ir procesando el estado en el que estaba porque no había mucha información, no se sabía bien qué era lo que pasaba y, a partir de ahí, surgió la idea del documental. Investigué toda la bibliografía que había en español sobre ataques de pánico, después empecé a buscar otras personas que también lo habían sufrido, porque es una enfermedad silenciosa, es muy masiva pero no se exterioriza, es casi un secreto que guarda la gente que lo sufre. Entonces cuando encontrás otra persona que lo sufre es como que se genera una situación de unión en donde quizás el que ya salió y está mejor le empieza a contar al otro qué es lo que está pasando, lo que le pasó a uno y que se puede salir. En principio surgió como eso: como una película para informar y para la gente que no lo sufre sepa cómo tratar o relacionarse con la gente que padece ataques de pánico. Pero después se transformó en una película que empezó a analizar la sociedad en la que vivimos, salió del individualismo de lo que puede ser el proceso psicológico de una persona para ver cómo lo afecta el mundo en el cual se desarrolla para que se produzca esa enfermedad".

El miedo que motoriza los ataques de pánico no es algo exclusivo del ser humano. Los animales sienten miedo, se preparan físicamente para enfrentar el peligro, para luchar, para huir. ¿Qué diferencia al ser humano de los animales? La razón. Y con ella el lenguaje, la inteligencia, la abstracción. Y es a partir de la abstracción que el ser humano puede aislar objetos, representarlos, figurarlos. El lenguaje mismo es una abstracción, una palabra no es nada en sí misma, es un sonido arbitrariamente asociado a un concepto. Entonces solo el ser humano es capaz de aislar al miedo, de representarlo aunque no esté allí presente, de poder verlo potencialmente observando el mundo que lo rodea. El sueño de la razón produce monstruos es el nombre de una famosa obra de Francisco de Goya. "Los humanos no solo somos animales. Cargamos con la prodigiosa condena de la razón y del lenguaje, y por lo tanto de la abstracción, la representación y la anticipación. Por eso los soldados más audaces no solo castañeaban los dientes y peleaban o huían ante el galope enloquecido de los hijos de Ares; también se sentían 'agobiados por insufrible pesar'", así dice Ana Prieto en su libro Pánico, diez minutos con la muerte (publicado por editorial Marea) que como la película de Ardito también explora la geografía de este padecimiento. Es quizás entonces inevitable el viaje al miedo y al terror que produce la razón.

De todas maneras, el film intenta demostrar que los casos de ataque de pánico están directamente relacionados con situaciones sociales traumáticas. En la Argentina de la crisis del 2001 las consultas por casos de pánico se multiplicaron. En los países del primer mundo las consultas sobre el pánico son también cada vez más frecuentes. ¿Cuál es la raíz común? La película de Ardito describe la "cultura del miedo". Los Estados y los medios de comunicación fomentan el miedo todo el tiempo: "el Ministerio del Miedo es más efectivo que el Ministerio de Guerra", dice la voz en off en el documental. La finalidad es que un pueblo asustado avale y legitime todas las decisiones de sus gobiernos con tal de sentirse seguros, por más injustas y atroces que parezcan estas decisiones. Terrorismo, asesinatos, robos, muertes, catástrofes: todas las personas pueden encontrarse con estos hechos a cualquier hora del día con solo prender un televisor, entrar a un portal de noticias o escuchar una radio. A ello se le suma la instantaneidad de los acontecimientos a nivel mundial: con solo mirar el celular puede enterarse de un atentado en Moscú sucedido diez minutos antes, ver imágenes del horror y sentir que eso le puede pasar a cualquiera. Este bombardeo constante lleva a la sensación de que la catástrofe y el horror son inevitables. El que teme sufrir ya sufre el temor.

El libro de Prieto, al igual que la película de Ardito, relata historias en primera persona sobre este padecimiento, pero también es una historia personal y un intento por desarrollar el tema que es poco conocido por el público. "Traté de escribir el libro que a mí me hubiera gustado leer cuando estaba atravesando un trastorno de pánico -explica la autora-. Yo además de ir a terapia buscaba mucha bibliografía sobre lo que me estaba pasando pero toda la disponible era demasiado teórica o de autoayuda. Yo quería leer algo que me explicara lo que me estaba pasando y a la vez no me hiciera sentir tan sola, porque los que pasamos por un trastorno de pánico nos sentimos tremendamente solos, creemos que a nadie más en el universo le pasa lo mismo. Yo sabía que no era así, que había otras personas que tenían lo mismo y entonces me interesó por eso recoger sus testimonios, sus voces, además de poner el mío".

Ana Prieto
Ana Prieto

El libro también cuenta su propia historia en relación a los ataques de pánico: "No pude evitar que de pronto el mundo se deslizara de su eje y me lanzara hacia un abismo corporal, un desgarro existencial, y a los brazos de la desesperación más pura. Porque así fue la desesperación de esa noche: perfecta y sobrecogedora, como la nieve blanca y profunda de los polos", escribe.

La película de Ardito está filmada en Buenos Aires, Bariloche, París y Nueva York. Cuenta con poderosas imágenes que sirven a modos de soporte del relato, ya sea en el momento en que se cuentan la experiencias en primera persona, o los momentos en que una voz en off desarrolla una explicación del padecimiento. Pero las imágenes funcionan siempre a modo de acompañamiento de las palabras: lo importante son los relatos que introducen en el pánico, producen que el espectador lo sienta e imagine. Así llega entonces al público esa helada presencia, la de la muerte, pero que no mata.

 

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