La joven hoy tuvo otro episodio en el cual casi pierde la vida
La joven hoy tuvo otro episodio en el cual casi pierde la vida

“Tuve una asfixia. Pensé que me moría. Me despedí de la gente más cercana. Me tuvo que venir a buscar la ambulancia. Pude tomar codeína y un corticoide cuando empezó el episodio. Por suerte llegó rápido la ambulancia. Me reanimaron en el piso, me pusieron oxigeno y quedé internada”, le dijo a Infobae Marisol San Román, de 25 años. Ella es la paciente 130 en la Argentina pero se contagió el virus en Madrid, donde estaba cursado una maestría. Regresó al país el 12 de marzo, unos pocos días antes de que se decrete el aislamiento obligatorio. Y desde que el resultado de su hisopado dio positivo tuvo varios episodios de salud relacionados a la enfermedad que la llevaron al hospital ayuda respiratoria.

Marisol es una de las pocas personas contagiadas que salió a contar su lucha contra el virus sin tabúes. Lo hizo después de haber salido de su segunda internación -todavía haciendo un esfuerzo para respirar- y no sólo para ponerle una historia de carne y hueso al “quedate en casa”. También después de haberse enterado de que, al igual que le pasó a ella, otros casos confirmados y sospechosos estaban siendo víctimas de una cacería de brujas, con fotos viralizadas por whatsapp y amenazas de linchamiento.

“Fue el episodio más feo el de hoy. Estar escuchando los gritos de desesperación. Mi papá entró con el barbijo a agarrarme en el piso, para rescatarme. Pensé que no lo pasaba”, contó Marisol ante el nuevo ataque de asfixia que sufrió esta tarde. Y agregó: “Se me cerró la garganta a la mañana. Porque estoy con mononucleosis también, que lo despertó el coronavirus, por eso tenía la garganta muy inflamada". Fue trasladada a la Clínica Suizo Argentina, en Recoleta.

“Tuve una asfixia. Pensé que me moría. Me despedí de la gente más cercana. Me tuvo que venir a buscar la ambulancia. Pude tomar codeína y un corticoide cuando empezó el episodio. Por suerte llegó rápido la ambulancia. Me reanimaron en el piso, me pusieron oxigeno y quedé internada”
“Tuve una asfixia. Pensé que me moría. Me despedí de la gente más cercana. Me tuvo que venir a buscar la ambulancia. Pude tomar codeína y un corticoide cuando empezó el episodio. Por suerte llegó rápido la ambulancia. Me reanimaron en el piso, me pusieron oxigeno y quedé internada”

“Por suerte me auxiliaron a tiempo. La sensación de no poder respirar y pensar que todo se va a terminar ahí. Entre lágrimas. Estar tirada en el piso y solo ver gente de verde con barbijos y a papá”, siguió.

La joven todavía recuerda su última noche en Madrid, donde cursaba una maestría en Administración desde agosto. Eran cuatro en el restaurante aquel 10 de marzo: tres mexicanos y ella. “Brindamos por la juventud. Entre risas y besos, todo era fantasía e ilusión. Solo deseábamos volver a vernos”, contó Marisol a Infobae. La universidad había cerrado sus puertas y los alumnos tenían que dejar los estudios a medias para volver a sus países.

Hubo, esa noche, varias formas de “contacto estrecho”: chocaron las copas de vino, compartieron las comidas que pidieron, se convidaron el postre. Marisol había ido al restaurante de jogging, sin maquillaje y alpargatas cuando se enteró de que estaba por llegar el joven con el que había salido hasta diciembre. ¿Por qué no estaban más juntos? Él -que es colombiano- la había dejado con el argumento de que ella se merecía a alguien mejor. “Estaba enojadísima pero quería que me viera linda”, se ríe, y ameniza el drama.

Marisol fue entonces al baño con la otra chica de la mesa pero no llevó su cartera. Como ninguna de las dos tenía maquillajes, la joven mexicana le prestó el bálsamo labial (transparente e inútil para el objetivo inicial). De los cuatro que compartieron la mesa, tres fueron diagnosticados luego con Covid-19: la chica del lápiz labial es una de ellas.

“Los gritos de dolor hicieron que mi papá tenga que llamar otra vez a la Emergencia.
“Los gritos de dolor hicieron que mi papá tenga que llamar otra vez a la Emergencia.

“Una distracción puede resumir tu vida en dolor, en llanto y en gritos de ayuda. En locura y soledad”, sigue Marisol. Todos tuvieron que dejar la maestría en Madrid pero no sólo ese sueño destruyó el virus: “También la seguridad en nosotros mismos. Nuestra salud, que tanto sobrevaloramos por la juventud, esa juventud e incoherencia que tantas buenas noches nos había dado esta vez se convirtió en la última. Fue una noche sin suerte, sin fin, donde una pesadilla silenciosa se desató como un fantasma: el fantasma estaba dentro de nosotros y ya no había forma de sacarlo”.

Marisol llegó a Buenos Aires el jueves 12 por la mañana. No sintió nada durante todo el jueves pero el viernes 13 se despertó en Vicente López con un dolor de garganta que se fue haciendo cada vez más intenso. Cuando logró despertarse, tenía 40 grados de fiebre. Estuvo una semana internada en aislamiento, era el tiempo esperado para que el test proveniente del Malbrán confirmara o descartara la sospecha. La fiebre bajó durante esos días pero el dolor de garganta empeoró y apareció la tos.

Después de dos días sin fiebre le dieron el alta pero sólo estuvo un día en su casa. “Los gritos de dolor hicieron que mi papá tuviera que llamar otra vez a la Emergencia. ¿Qué pasó esta vez? Mientras el doctor me revisaba, la tos se apoderó de mí como un demonio, me di la cara contra el piso, mis ojos taparon de lágrimas todo el barbijo, mientras que el segundo barbijo que llevaba debajo de ese terminó completamente cubierto de sangre”.

Marisol, refuerza a cada día el mensaje de que que hay que cumplir la cuarentena porque esta enfermad “no es una gripe, como dicen algunos”. “Perdí a un amigo de 23 años esta semana, por el coronavirus, en España. La única forma de ganarle es cuidándonos entre todos”, remarcó Marisol, mientras está está conectada a un respirar artificial por el episodio que tuvo hoy.

“Con la garganta cerrada/en el piso con los gritos de todos/ y lo único que ves son caras borradas con barbijos blanco”, escribió sobre las sanciones que tuvo al momento de caer sin que un mililitro de aire le ingrese por la garganta totalmente tomada.

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