El duro momento y complejo futuro del emblema de una de las ciudades olímpicas más exitosas de la historia

El Fútbol Club Barcelona debe 1.350 millones de euros, una depresión a la que hay que sumarle el adiós al club por parte del argentino Lionel Messi, campeón olímpico en Pekín 2008.

BARCELONA - Cuando en el microcosmos olímpico se dice “Barcelona”, la reacción inmediata incluye una sonrisa y la evocación de unos grandes Juegos, seguramente entre los mejores de todos los tiempos. Pero si la pregunta se traslada a un mundo más amplio, lo que surge no son aquellos Juegos de Barcelona 1992, de los que en pocos meses se cumplirán 30 años, sino el muy mal momento y sombrío futuro de uno de los grandes emblemas de la ciudad: el Fútbol Club Barcelona.

“En caída libre. La devastación del Barcelona, al desnudo”, tituló hace pocos días “El Periódico”, uno de los dos principales diarios de la ciudad española, en primera plana. El club se ubica noveno en la Liga española, producto de pobres actuaciones.

La “due dilligence” a la que será sometido el club revelará seguramente nuevos problemas, pero hay uno que es ya muy claro. O dos, mejor dicho: el club debe 1.350 millones de euros, y su equipo de fútbol, durante años su orgullo, pasa por un momento muy malo, una depresión a la que hay que sumarle el adiós al club por parte del argentino Lionel Messi.

El Camp Nou, el estadio del Barcelona, fue escenario el 8 de agosto de 1992 de la final que la selección española de fútbol le ganó 3-2 a Polonia. Y en el cercano Palau Blaugrana se disputaron pruebas de artes marciales, así como el torneo de hockey sobre patines, que fue deporte de exhibición en aquellos Juegos.

Messi, además, fue campeón olímpico en Pekín 2008. Pero ya no está, se fue a París -la sede en menos de tres años de los Juegos de 2024- y dejó en su depresión a Barcelona, una ciudad que es uno de los ejemplos más claros de transformación positiva en lo urbano gracias a unos Juegos Olímpicos.

Una ciudad que fue cuna de un presidente trascendental para la historia del olimpismo, el español Juan Antonio Samaranch, al frente del COI entre 1980 y 2001.

Juan Antonio Samaranch, presidente del COI entre 1980 y 2001
Juan Antonio Samaranch, presidente del COI entre 1980 y 2001

¿No es exagerado plantear que Barcelona se deprime porque el Fútbol Club Barcelona pasa un muy mal momento? No, no lo es. Las elites gobernantes catalanas han hecho del Barcelona una bandera de su orgullo “nacional”, y el lema de “más que un club” apunta a que el club sirve de mascarón de proa para misiones más elevadas que un partido de fútbol: es parte de la identidad de una región de siete millones de habitantes que reclama ser reconocida como nación.

Otra cosa es ya la independencia de España, un asunto en el que no hay consenso y que divide a los catalanes en mitades casi exactas.

Si ese orgulloso Fútbol Club Barcelona está hundido, buena parte de los catalanes se hunden también. ¿Hay futuro? El periodista Marc Menchén escribió en “El Periódico” que el Barcelona debe olvidarse de ese orgullo de ser un club social -al igual que el Real Madrid- y abrazar un esquema más moderno, con aspectos propios de una Sociedad Anónima Deportiva (SAD). Y puso como ejemplo a la Bundesliga.

“El modelo alemán se rige por una norma muy sencilla: todos en la Bundesliga deben estar controlados en más del 51 por ciento por el club social del que surgieron (...). Respeto a la tradición, pero adaptando su naturaleza a un contexto en el que los grandes clubes ya facturan más de 500 millones de euros anuales y requieren inversiones millonarias”.

Menchén profundizó en los sistemas mixtos del Bayern, del Borussia Dortmund y de la Juventus.

“En el Bayern, la junta del club social la preside Herbert Hainer, ex CEO de adidas, y tiene a futbolistas, académicos y empresarios junto a él. En el consejo del club están altos cargos de adidas, Audi, Allianz, Unicredit y Deutsche Telekom”.

Aquel “Barcelona” de Freddie Mercury y Montserrat Caballé erizó la piel de los que vivieron entre el 25 de julio y el 9 de agosto de 1992 los Juegos de la XXV Olimpiada. Hoy el ambiente es otro, y parte de la depresión anida en el Camp Nou.

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