<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/tags_slug/voltaire/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Wed, 24 Jun 2026 17:28:27 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[Voltaire, escritor francés: “El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables”]]></title><link>https://www.infobae.com/cultura/2026/06/02/voltaire-escritor-frances-el-optimismo-es-la-locura-de-insistir-en-que-todo-esta-bien-cuando-somos-miserables/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/cultura/2026/06/02/voltaire-escritor-frances-el-optimismo-es-la-locura-de-insistir-en-que-todo-esta-bien-cuando-somos-miserables/</guid><description><![CDATA[A más de dos siglos y medio de su publicación, la fulminante sentencia de Voltaire en “Cándido, o el optimismo” funciona como un antídoto contra la complacencia, el conformismo y los discursos de felicidad obligatoria. El contexto de una Europa en ruinas, la burla a los grandes pensadores y la vigencia de un texto indispensable]]></description><pubDate>Tue, 02 Jun 2026 11:30:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CNNVO4F2IFA57A7DSHZ4XYKJ4U.jpg?auth=ebe4c558d0cb1b7ebe6f8b2f3ffb83fce6d14e8e07aa16353d21921dc2522965&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Voltaire, escritor francés: “El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables”" height="1080" width="1920"/><p>¿Es posible defender la felicidad cuando el mundo alrededor se desmorona? En 1759, una novela corta y demoledora sacudió los cimientos intelectuales de Europa. Llevaba por título <i><b>Cándido, o el optimismo</b></i>. Su autor, el siempre mordaz <b>François-Marie Arouet</b> —universalmente conocido como <b>Voltaire</b>—, decidió volcar en esas páginas toda su rabia, su ingenio y su desprecio por las filosofías bienpensantes que pretendían justificar el sufrimiento humano. Voltaire no estaba dispuesto a seguir con la farsa.</p><p>En el capítulo 19 de esa sátira implacable, el protagonista se topa en Surinam con un esclavo mutilado por sus amos azucareros. Ante el horror descarnado de la explotación, el joven Cándido, que había sido educado bajo la doctrina de que vivía en el mejor de los mundos posibles, se quiebra. Cuando su compañero le pregunta qué es realmente ese optimismo que tanto defiende, el muchacho responde con lágrimas en los ojos: “El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables”.</p><p>La frase, lejos de ser un recurso literario, funciona como manifiesto. Es una declaración de guerra intelectual. Para entender esa ferocidad hay que reconstruir el mapa mental del siglo XVIII. La intelectualidad de la época estaba fascinada con las teorías del filósofo alemán <b>Gottfried Leibniz</b>. Él había postulado el “optimismo metafísico”: la idea de que, siendo Dios perfecto, el mundo actual era, matemáticamente, el mejor que se podía haber creado. El mal, bajo esta mirada, era solo una ilusión óptica.</p><p>Para <b>Voltaire</b>, esta postura no era un consuelo; era una crueldad intolerable. Decirle a una madre que la muerte de su hijo o la miseria de su pueblo formaban parte de un “plan perfecto” equivalía a una bofetada racionalizada. El quiebre definitivo del pensador ocurrió el 1 de noviembre de 1755: un brutal terremoto seguido de un tsunami y un incendio devastó Lisboa, dejando decenas de miles de muertos en pleno día de Todos los Santos. La tragedia desarmó cualquier intento de justificación teológica. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RKEY5OH6QRBUNKUIKK5C4GBFUA.jpg?auth=db61ca722136bdd2855521a46beea15eafa3175eb01afaeecf376da9d906c213&smart=true&width=5000&height=3758" alt="Voltaire contando uno de sus cuentos (Crédito: Banco de España)" height="3758" width="5000"/><p><b>Voltaire</b> reaccionó primero con su <i><b>Poema sobre el desastre de Lisboa</b></i>, pero el golpe de gracia lo daría cuatro años más tarde con la publicación de <i><b>Cándido, o el optimismo</b></i>, una de las obras más importantes de la historia de la literatura y de la filosofía occidental. Su relevancia radica en que logró bajar la alta discusión filosófica a las masas a través de la ironía, el absurdo y la novela de aventuras. A través del personaje del maestro Pangloss construye una parodia directa e hilarante de <b>Leibniz</b>.</p><p>En esa obra <b>Voltaire</b> ridiculiza a los intelectuales que prefieren forzar la realidad para que encaje en sus teorías abstractas, en lugar de mirar lo que verdaderamente pasa en las calles. La novela es un viaje de desilusión. Cándido recorre el mundo sufriendo pestes, guerras, inquisiciones y naufragios, intentando sostener una teoría que se cae a pedazos a cada paso. La trampa del optimismo leibniziano, argumentaba el filósofo, es que genera pasividad. Si el mundo ya es perfecto, ¿para qué intentar cambiarlo? </p><p>¿Para qué combatir la injusticia, la censura o la tiranía? Aceptar que somos “miserables” y que las cosas están mal es, para <b>Voltaire</b>, el primer paso para transformar la realidad. Su pesimismo literario era, paradójicamente, un optimismo político: el mundo es un desastre, sí, pero podemos mejorarlo con la razón y el esfuerzo humano. Hacia el final de <i><b>Cándido, o el optimismo</b></i>, los personajes abandonan las discusiones metafísicas y van a una pequeña granja. “Hay que cultivar nuestro jardín”, cierra el libro. </p><p>En tiempos de gurúes de la felicidad obligatoria y de discursos que exigen sonreír ante la crisis, la advertencia que <b>Voltaire</b> lanzó hace más de 250 años sigue siendo un faro de lucidez: la verdadera inteligencia no consiste en negar la miseria, sino en tener el coraje de mirarla de frente para poder destruirla. Esa la respuesta práctica de <b>Voltaire</b> a la “locura” del capítulo 19. Dejemos de justificar el dolor universal con discursos grandilocuentes y dediquémonos a hacer lo que esté a nuestro alcance, aquí y ahora.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V6SQAMZYZZE3LER2SCULE5OCBI.jpg?auth=e2befa53ab4b6253e3903a84394f49c7cf644fe1ced1eb33ad021a9deda6e87e&smart=true&width=1024&height=1536" alt="Retrato de Voltaire a cargo del pintor Nicolas de Largillierre, 1718" height="1536" width="1024"/><h2>¿Quién es Voltaire?</h2><p><b>François-Marie Arouet</b>, conocido mundialmente por su seudónimo <b>Voltaire</b>, nació en París en 1694 y se convirtió en la figura más brillante y ácida de la <b>Ilustración</b> francesa. De origen burgués, su precoz ingenio para la sátira política y la crítica religiosa lo llevó a ser encarcelado en la Bastilla y, posteriormente, exiliado a Inglaterra, un destino crucial donde adoptó las ideas científicas de <b>Isaac Newton</b> y el liberalismo filosófico de <b>John Locke</b>. Se destacó como filósofo, historiador y dramaturgo.</p><p>Desafió al absolutismo y al fanatismo de la Iglesia Católica a través de una inmensa producción literaria que incluye tragedias teatrales como <i><b>Edipo</b></i>, ensayos históricos como <i><b>El siglo de Luis XIV</b></i> y su célebre <i><b>Diccionario filosófico</b></i>. Pero más allá de sus escritos, <b>Voltaire</b> fue un hombre de acción que utilizó su enorme fama y fortuna para defender públicamente a las víctimas de la intolerancia estatal y judicial, consolidándose como uno de los primeros intelectuales activistas de la historia. </p><p>Pasó gran parte de sus últimos años en Ferney, escapando de la persecución de las autoridades francesas, aunque regresó triunfalmente a París en 1778, donde murió a los 83 años. Debido a sus feroces críticas contra las instituciones eclesiásticas, se le negó un entierro cristiano tradicional; sin embargo, tras el estallido de la Revolución Francesa —proceso sobre el cual sus ideas ejercieron una influencia fundacional—, sus restos fueron trasladados con honores máximos al Panteón de París en 1791.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CNNVO4F2IFA57A7DSHZ4XYKJ4U.jpg?auth=ebe4c558d0cb1b7ebe6f8b2f3ffb83fce6d14e8e07aa16353d21921dc2522965&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Voltaire, escritor francés: “El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables”]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Voltaire, filósofo francés: “Quien tenga el poder de hacerte creer absurdos, puede hacerte cometer injusticias”]]></title><link>https://www.infobae.com/cultura/2026/03/30/voltaire-filosofo-frances-quien-tenga-el-poder-de-hacerte-creer-absurdos-puede-hacerte-cometer-injusticias/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/cultura/2026/03/30/voltaire-filosofo-frances-quien-tenga-el-poder-de-hacerte-creer-absurdos-puede-hacerte-cometer-injusticias/</guid><description><![CDATA[François-Marie Arouet fue uno de los principales representantes de la Ilustración, el período que enfatizó el poder de la razón humana y de la ciencia ¿Qué tiene para decirnos hoy?]]></description><pubDate>Mon, 30 Mar 2026 11:30:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CNNVO4F2IFA57A7DSHZ4XYKJ4U.jpg?auth=ebe4c558d0cb1b7ebe6f8b2f3ffb83fce6d14e8e07aa16353d21921dc2522965&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Voltaire, filósofo francés: “Quien tenga el poder de hacerte creer absurdos, puede hacerte cometer injusticias”" height="1080" width="1920"/><p>Hay que volver a los clásicos. En tiempos de reciclajes, antiintelecutalismo y fugacidad, atrás, en el pasado, allá lejos y no tan lejos, están las obras que la humanidad fue construyendo, las piedras angulares de nuestro pensamiento, de eso que llamamos civilización, gente que pensó y pensó hasta morir. Uno de esos clásicos es <b>Voltaire</b>. </p><p>Nacido como <b>François-Marie Arouet</b> en 1694 y fallecido en 1778, siempre en París, es uno de los principales representantes de la Ilustración, aquel período que enfatizó el poder de la razón humana y de la ciencia en detrimento de la religión. En ese proceso de transición tan complejo y contradictorio, este intelectual francés dejó una huella que tal vez pueda darnos una nueva perspectiva para pensar nuestro presente.</p><p>En el ensayo <i><b>Milagros </b></i>de <i><b>Cuestiones sobre la Enciclopedia</b></i> (1767) escribió: “Quien tenga el poder de hacerte creer absurdos, puede hacerte cometer injusticias”. La frase no es exacta. Se llegó a esas palabras luego de siglos de traducción y adaptación. En el original, Voltaire escribió: <i>“Certainement qui est en derecho de vous rendre absurde est en derecho de vous rendre injuste”</i>. La traducción literal sería: “Ciertamente, quien tiene el derecho de hacerte absurdo, tiene el derecho de hacerte injusto”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/RKEY5OH6QRBUNKUIKK5C4GBFUA.jpg?auth=db61ca722136bdd2855521a46beea15eafa3175eb01afaeecf376da9d906c213&smart=true&width=5000&height=3758" alt=""Voltaire contando uno de sus cuentos" es una destacada pintura al óleo realizada por el artista español Joaquín Sorolla y Bastida en 1905" height="3758" width="5000"/><p>Con el tiempo, la traducción al inglés y posteriormente al español evolucionó para ser más impactante, sustituyendo “injusto” por “cometer atrocidades”. Aunque no son sus palabras exactas, los estudiosos coinciden en que la frase captura perfectamente el mensaje de <b>Voltaire </b>sobre los peligros del fanatismo y la pérdida de la razón. </p><p><b>Voltaire</b> critica el fanatismo religioso y argumenta que cuando alguien abandona la razón para aceptar dogmas imposibles, queda vulnerable a ser manipulado para realizar actos crueles. Pero ese enceguecimiento no está solo en la religión, sino en otros aspectos de la vida. Hoy lo vemos con claridad: la cultura, la política, los medios, la tecnología, el entretenimiento... todo confabula para nublarnos la vista. </p><p>De algún modo, lo que propone <b>Voltaire</b> es un gran despertar, sacar la cara de la pantalla y mirar a los demás, al que está al lado, al mundo, a la vida. Volver a mirar. ¿Quién cometa las injusticias? ¿Y si en realidad fuéramos nosotros los ejecutores? </p><h2>Quién fue Voltaire</h2><p><b>Voltaire </b>(1694–1778), cuyo nombre real era <b>François-Marie Arouet</b>, fue un filósofo, escritor e historiador francés y una de las figuras más emblemáticas de la Ilustración. Se le reconoce mundialmente por su defensa de la libertad de expresión, la tolerancia religiosa y la separación de la Iglesia y el Estado. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/V6SQAMZYZZE3LER2SCULE5OCBI.jpg?auth=e2befa53ab4b6253e3903a84394f49c7cf644fe1ced1eb33ad021a9deda6e87e&smart=true&width=1024&height=1536" alt="François-Marie Arouet (nacido bajo ese nombre en 1694 en París) fue uno de los principales representantes de la Ilustración, aquel período que enfatizó el poder de la razón humana y de la ciencia en detrimento de la religión (Retrato de Voltaire de Nicolas de Largillierre)" height="1536" width="1024"/><p>Fue un defensor de la razón (creía que el progreso humano dependía de la ciencia frente a la superstición y el fanatismo dogmático) que utilizó la ironía y la sátira para cuestionar a la Iglesia Católica, la aristocracia y el absolutismo francés, lo que le valió múltiples encarcelamientos en la Bastilla y largos exilios. Además, intervino activamente en casos de injusticia judicial, siendo el más famoso el de <b>Jean Calas</b>, un protestante torturado injustamente, logrando que se rehabilitara su memoria. </p><p>Fue un autor extremadamente prolífico, con más de 2.000 libros y panfletos, y unas 20.000 cartas. Sus títulos más destacados incluyen <i><b>Cándido o el optimismo </b></i>(1759), <i><b>Tratado sobre la tolerancia</b></i> (1763), <i><b>Diccionario filosófico</b></i> (1764) y <i><b>Cartas filosóficas (o Cartas inglesas)</b></i> (1734).</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/CNNVO4F2IFA57A7DSHZ4XYKJ4U.jpg?auth=ebe4c558d0cb1b7ebe6f8b2f3ffb83fce6d14e8e07aa16353d21921dc2522965&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Voltaire, filósofo francés: “Quien tenga el poder de hacerte creer absurdos, puede hacerte cometer injusticias”]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Enojo, aceptación o negación: cómo describieron su vejez escritores y pintores célebres]]></title><link>https://www.infobae.com/generacion-silver/2026/02/05/enojo-aceptacion-o-negacion-como-describieron-su-vejez-escritores-y-pintores-celebres/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/generacion-silver/2026/02/05/enojo-aceptacion-o-negacion-como-describieron-su-vejez-escritores-y-pintores-celebres/</guid><dc:creator><![CDATA[Claudia Peiró]]></dc:creator><description><![CDATA[Vía autorretrato unos, en prosa o poesía otros, son varios los artistas que expresaron su manera de vivir la edad madura. De Goethe a Flaubert, de Da Vinci a Monet, con la pluma o el pincel, nos dejaron el testimonio de sus años finales]]></description><pubDate>Thu, 05 Feb 2026 04:27:52 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/O4QJ4SBXIVBOXKIOFC5457NPSM.jpg?auth=93962d32e4c0cfcea343eafb792797d81df4bc27c20c6dd05525945ecafd4fee&smart=true&width=409&height=307" alt="El poeta Walt Whitman transitó su vejez con optimismo a pesar de sus limitaciones físicas" height="307" width="409"/><p>“La edad se apodera de nosotros por sorpresa”, dijo el filósofo y escritor <b>Johann Wolfgang von Goethe</b> (1749-1832) y el poeta Louis Aragon expresó la misma sorpresa: <b>“¿Pero qué ha pasado?</b> La vida, y soy viejo”.</p><p>En su libro <i>La Vejez</i>, <b>Simone De Beauvoir </b>no deja de abordar ninguna de las aristas de esta etapa de la vida. En el capítulo en el que trata de <b>la manera en que las personas asumen su vejez,</b> apela a ejemplos de la literatura y el arte. Pero también se refiere a sí misma, sin eludir ni edulcorar la realidad: “¿Me he convertido en otra mientras sigo siendo yo misma? ‘Falso problema, me dicen. <b>Mientras usted se siente joven, lo es’. Esto es ignorar la compleja verdad”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TQYAVK3VM5DXDKNS2UEC5ZRTKA.jpg?auth=922413f7f6dd8ae7522f46db984893b428439f85663c9a686102c84c540e2c77&smart=true&width=1920&height=1079" alt="" height="1079" width="1920"/><p>Alude aquí al hecho, frecuente, de que <b>se envejece antes en la mirada de los otros que en la propia</b>.</p><p>A los 60 años, el escritor francés <b>André Gide</b> (1869-1951) se sinceraba, expresando un sentimiento común a muchos: “Debo hacer un gran esfuerzo para convencerme de que <b>tengo hoy la edad de los que me parecían tan viejos cuando yo era joven”.</b></p><p><b>Graham Greene</b> lo expresó con humor: “Los compañeros de niñez no dejan de envejecer”. Y <b>Francisco de Quevedo</b> dijo: “Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WX6JH64SAJCIROWNZESP4PUWBY.png?auth=149952206c8d4b70b926abb3ee329562aba48e4fd5522e16de755e919fc01e9a&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El escritor francés André Gide (1869-1951) " height="1080" width="1920"/><p>Entre incredulidad y negación, asumir la edad no es tarea sencilla. La propia De Beauvoir lo admite: <b>“La vejez se presenta con más claridad a los otros que al sujeto mismo;</b> el individuo que envejece no lo nota”. </p><p>Cita a O. W. Holmes: <b>“Una persona se sobresalta siempre cuando se oye llamar </b><i><b>vieja</b></i><b> por primera vez”, </b>para luego contar su propia vivencia: “Me estremecí a los 50 años cuando una estudiante norteamericana me contó la frase de una compañera: <b>‘¡Pero entonces Simone de Beauvoir es una vieja!’”</b></p><p>La autora de <i>La Vejez</i> señala que la reacción -en general, enojo- ante ese calificativo se debe a que “toda una tradición ha cargado esta palabra de <b>sentido peyorativo”</b>, haciéndola sonar “como un insulto”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/QTE4TSUOIZEGNCMMYXKQM2FT4A.jpg?auth=4aa00d58f7ffa48794c7c147207d8c2a84100f427ee4843f6b9dca5b69aeab69&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El escritor británico Graham Greene" height="1080" width="1920"/><p>“Sigo sintiéndome siempre bien y tengo un apetito y un vigor extraordinarios. Hace cinco o seis días fui a Bois-le-Vicomte a pie y casi sin haber comido; son desde aquí unas buenas cinco leguas”, escribía a los 72 años <b>Jean de La Fontaine</b> -el célebre autor de fábulas- a un amigo.</p><p>Y a los 68 años <b>Giacomo Casanova</b> se molestaba al ser tratado de “venerable anciano”: “Todavía no he llegado a la edad miserable en que ya no se puede aspirar a la vida”.</p><p>Las actitudes son tan variadas como personas hay, aunque se pueden definir algunos patrones. </p><p>El hombre y su circunstancia: el contexto también incide en la forma en que se encara la vejez. Para <b>Gustave Flaubert,</b> que se encontraba en una angustiante decadencia económica, la edad biológica representaba <b>una desgracia adicional</b>: “La vida no es divertida y <b>empiezo una vejez lúgubre”</b>, escribió en una carta. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XZXP7OXVBJDYZIQFMC2IT2KUGM.jpg?auth=b2c246e6e53458f1f4fcd7206a6eb47564de6ead590d2a563a3e93221ae5eefb&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Gustave Flaubert" height="1080" width="1920"/><p>“Me miro como un hombre muerto”, llegó a decir Flaubert. <b>“Deseo reventar lo antes posible porque estoy acabado, vacío y más viejo que si tuviera cien años</b>. A mi edad no se vuelve a empezar; uno concluye o más bien se derrumba”, expresó, desesperanzado. No era tan viejo en ese entonces. O quizás sí, para los parámetros de la época: el célebre autor de <i><b>Madame Bovary</b></i> murió a los <b>58 años. </b></p><p>Gide seguió expresando su incredulidad. En 1935 escribió en su diario: “Si no me repitiera incesantemente mi edad, seguro que <b>no la sentiría.</b> Y aun repitiéndome como una lección que hay que aprender de memoria <b>‘tengo más de 65 años’, apenas consigo creerlo </b>y sólo me convenzo de esto: que es estrecho el espacio en que mis deseos y mi alegría, mis virtudes y mi voluntad pueden todavía tener la esperanza de extenderse. Nunca han sido más exigentes”.</p><p>El 17 de enero de 1943, anotó en su diario: <b>“No siento para nada mi edad</b> y sin llegar a convencerme realmente, me repito a toda hora del día: pobre viejo, tienes 73 años bien cumplidos”.</p><p>Unos meses después, se queja de “todos los menudos achaques de la vejez que hacen del anciano una criatura tan miserable; <b>mi espíritu casi nunca consigue distraerse de mi carne, olvidarla, lo que perjudica al trabajo</b> más de lo que se podría imaginar”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/MXIO3G7BYZDKHHYYCOUWHXGGYU.jpg?auth=caa36665e394cf30f1a99cdb3c9fd356581d8fa031ae0a3e05be68718581051b&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Francisco de Quevedo: "Todos negamos haber llegado a viejos" (Getty Images)" height="1080" width="1920"/><p>Como interiormente se siente joven, Gide ve la vejez como un traje, una representación, un rol que debe jugar. En marzo de 1941 escribe: <b>“Mi alma ha permanecido joven</b> al punto de que me parece todo el tiempo que el septuagenario que indudablemente soy, es un papel que asumo; y los achaques, las fallas que me recuerdan mi edad vienen a la manera del apuntador a traérmelo a la memoria cuando yo me inclinaría a apartarme”.</p><p>La cosa cambia a los 80 años cuando admite: “Es mejor que no me encuentre en un espejo: esos ojos bolsudos, esas mejillas hundidas, esa mirada apagada. <b>Doy miedo</b> y eso me inspira otras ideas negras”. </p><p>Algo similar le dice <b>Paul Valéry</b> a un amigo: “No me miro nunca en un espejo, salvo para afeitarme”. </p><p><b>Voltaire</b> se describe a sí mismo con una crudeza quizás excesiva. En carta a Madame Necker le cuenta que un artista vendrá a hacerle un busto: “Pero señora, sería preciso que yo tuviera un rostro: apenas se adivina el lugar. <b>Tengo los ojos hundidos tres pulgadas, mis mejillas son pergamino viejo </b>mal pegado a unos huesos que no sujetan nada. Los pocos dientes que tenía se han ido… Nunca se ha esculpido a un pobre hombre en este estado”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CNNVO4F2IFA57A7DSHZ4XYKJ4U.jpg?auth=ebe4c558d0cb1b7ebe6f8b2f3ffb83fce6d14e8e07aa16353d21921dc2522965&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Un Voltaire todavía joven" height="1080" width="1920"/><p>A los 70 años, Voltaire se presentaba como “el viejo enfermo”, y más tarde, como <b>“el octogenario enfermo”. </b>“Hace ochenta y un años que sufro, y que veo sufrir y morir tanto a mi alrededor —escribió—. <b>El corazón no envejece, pero es triste alojarlo en ruinas”</b>. Aunque dice experimentar “todas las calamidades que van unidas a la decrepitud”, <b>su contexto es alentador</b>: es rico, venerado y sigue activo. Y lo refleja cuando en vez de quejarse dice: “Es cierto que estoy un poco sordo, un poco ciego, un poco incapacitado”, pero<b> “nada me quita la esperanza”.</b></p><p>Otro personaje cuya relación con la edad explora De Beauvoir es el poeta irlandés <b>William Butler Yeats,</b> recompensado en su veteranía —57 años— con el premio <b>Nobel de Literatura</b>, pero amargado por los achaques de la vejez que en su caso no eran pocos. Sordera y poca visión de un ojo. “Estoy cansado y <b>furioso de ser viejo”,</b> escribió. Describía su impotencia ante esta situación: “Un enemigo me ha maniatado y retorcido de tal manera que puedo hacer planes y pensar mejor que nunca, pero no ejecutar lo que proyecto y pienso”. También lo decía en tristes pero bellos versos: <i>“¿Qué haré de este absurdo, oh corazón mío, turbado / esta caricatura, la decrepitud que me han atado como a la cola de un perro?”</i></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4T2OU6UIOBA7ZF4CHVCAONU22U.jpg?auth=8ee92ead6f14e91035e8f809963c552803bbc90725d7d67b33c44ded1fa08925&smart=true&width=1200&height=800" alt="El poeta William Yeats, "furioso de ser viejo"" height="800" width="1200"/><p>Otro que odió envejecer fue <b>Chateaubriand</b>, el escritor y noble francés: <b>“La vejez es un naufragio”</b>. Y cuando un pintor lo quiso retratar, respondió de modo parecido a Voltaire: “A mi edad, <b>no queda ya vida bastante en la cara de un hombre</b> como para atreverse a confiar sus ruinas al pincel”.</p><p>El compositor <b>Richard Wagner </b>se mostraba escéptico: <b>“No me reconozco en esa cabeza gris</b>; ¿es posible que tenga 68 años?”, decía frente al espejo. </p><p>Según De Beauvoir, la descripción más cruel que hizo un anciano de sí mismo fue la de <b>Miguel Angel</b>. “Estoy roto, agotado, dislocado por mis largos trabajos. Mi cara parece un espantajo. En una de mis orejas corre una araña, en la otra un grillo canta toda la noche. Oprimido por el catarro, no puedo ni dormir, ni roncar”. </p><p>“Hay en mi cara algo que da miedo”, dice en una carta. Todo eso lo volcó en el <b>autorretrato caricaturesco </b>que incluyó en el fresco del <b>Juicio Final.</b> En ese “cameo”, se pintó como una máscara deformada y sombría.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/OA6KZOIIVVC2DL7PXQTMYXWZZE.jpg?auth=d99523dd6e3cdefc76b4af16fafbfbc8ecbf42bf283b4cfdf4d580f0cf34119b&smart=true&width=660&height=800" alt="Miguel Angel, un autorretrato caricaturesco y siniestro" height="800" width="660"/><p>Otros pintores también han dejado autorretratos de su vejez.</p><p>Uno de los más célebres es el de <b>Leonardo Da Vinci, a los 60 años,</b> con larga cabellera y barba, pero con expresión viva y concentrada. </p><p><b>Rembrandt y el Tintoretto</b> se han autorretratado también. El segundo, tenía más de 70 años, en 1588, cuando dejó esta semblanza que puede compararse con un autorretrato de su juventud. No hace trampa, no esconde las huellas del tiempo. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6OYK766YGBA5RMWBPMHMYFT5M4.jpg?auth=117ed7c09fe2a6da1afe77cea0d31b8736dcb626c3ee6585b895ff1ec04ee0ff&smart=true&width=660&height=457" alt="Dos autorretratos de Tintoretto: en la plenitud de su carrera, en 1548 y en 1588
" height="457" width="660"/><p>En cambio, en su autorretrato, <b>Goya, a los 70 años</b>, negó su edad y <b>se pintó como un hombre de 50 años</b>. Pero en el arte, todo está permitido…</p><p>El autorretrato de Tiziano, ya octogenario, aunque no se sabe la edad exacta, muestra a un anciano clásico, casi un modelo. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/SSXY2A3HPVCWXGLF26HKGGUDKQ.jpg?auth=91ac747afbcff6f0eef77a7d458d2e728274cca988839e1e3597b025a76abae3&smart=true&width=960&height=1258" alt="Tiziano, autorretrato. Un bello anciano octogenario" height="1258" width="960"/><p>“Conozco un solo autorretrato de anciano francamente alegre”, escribe De Beauvoir, en referencia a uno del pintor impresionista <b>Monet.</b> Su vista estaba deteriorada pero no dejó de pintar. Esa era su pasión y su alegría. “Dotado de una capacidad de trabajo sorprendente, con una excelente salud, acompañado, amante de la vida, así se representa en la tela, en lo que podría llamarse la<b> exuberancia de la vejez: erguido, risueño, la tez rozagante, la barba profusa</b>, la mirada llena de ardor y alegría”, dice Simone de Beauvoir.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XAZ6FOHUEFDPPG5CLIIDXLDZK4.jpg?auth=71ca257092a31ce31f0649b9b2f35ced06f502a7b793b66ebe1ba36dd16002f2&smart=true&width=960&height=1268" alt="El pintor impresionista Claude Monet" height="1268" width="960"/><p>El escritor y diplomático <b>Paul Claudel </b>se mostraba entre optimista y resignado: “¡Ochenta años! ¿Ni ojos ni oídos ni dientes ni piernas ni aliento! ¡Y es asombroso, al fin de cuentas, cómo uno llega a prescindir de ellos!”</p><p><b>El más francamente optimista de la lista es el poeta estadounidense Walt Whitman</b>. En un poema “A la vejez”, escribe: “Veo en ti el estuario que se agranda y se extiende magníficamente a medida que se derrama en el gran océano”. En otra poesía advierte: “Juventud amplia, robusta, voraz; juventud llena de gracia, de fuerza, de fascinación. ¿Sabes que<b> la vejez puede venir tras de ti con la misma gracia, la misma fuerza, la misma fascinación?”</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ADWFBJBP7JETBAEJTL3WQ7KV3Y.jpg?auth=458540a32cda173fec4861e3deb528331afa5a69515820a87d12d8c88b046f54&smart=true&width=960&height=1291" alt="A los 70 años, Goya se pintó varios años más jóvenes" height="1291" width="960"/><p>Whitman<b> mantuvo ese optimismo pese a su mala salud.</b> A los 54 años tuvo un ataque que lo dejó semi paralítico pero del que logró recuperarse. Después de nuevos ataques y recuperaciones, escribió: “El viejo navío ya no tiene agallas para hacer muchos viajes, pero el pabellón sigue en el mástil y todavía estoy en el timón”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/HRW4CKQPI5G5ZJNX4BSMOBHKNE.jpg?auth=b98c9cd45d3685d89bf51acbce1dde7a468a0bb982c4940bd765bb1b8daf9084&smart=true&width=511&height=640" alt="Walt Whitman, optmista a pesar de sus achaques" height="640" width="511"/><p>Podía usar el brazo derecho y mantenía la lucidez: <b>“¡Ahora que estoy reducido a estas dos cosas (cabeza y un mano), qué grandes bienes son!”,</b> escribía.</p><p><b>Goethe </b>se vio favorecido por una buena salud, y a los 60 años en su entorno admiraban <b>su lozanía y su elegante silueta</b>. A los 64, seguía montando a caballo para recorridos de hasta seis horas. podía pasar seis horas a caballo sin desmontar. A los 80 conservaba lucidez y no tenía achaques. Aun así,<b> la vejez lo ponía de mal humor. </b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JDTIFWLTUZAU7HLQ6DHAAGCQDA.jpg?auth=e961b95e43c981b78a08c64382110bee951d2ecc3fc03b04e7c25d179279059d&smart=true&width=1920&height=2368" alt="El filósofo y escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe" height="2368" width="1920"/><p><b>León Tolstoi </b>(1828-1910) fue otro longevo saludable y vigoroso. Aprendió a andar en bicicleta a los 67 años. Seguía montando a caballo y jugando al tenis. Se mantenía conectado e informado de lo que pasa en el mundo, e intervenía a veces públicamente en algunos asuntos. Pero en 1901, la edad se empezó a sentir. Chejov se sorprendió al verlo: <b>“Su principal enfermedad es la vejez </b>que se ha apoderado enteramente de él”. Sin embargo, en 1905 escribió al zar Nicolás II por un lado, y a los revolucionarios por otro y lanzó un llamado contra las ejecuciones de campesinos. <b>Cumplió 80</b> rodeado de admiración y cariño.</p><p>El pintor<b> Jean Renoir</b> fue otro ejemplo de longevidad activa, a pesar de que el cuerpo flaqueaba. Desde los 60 años, padecía una semi parálisis y no podía caminar. Su mano estaba rígida. Pero <b>no dejó de pintar hasta su muerte, a los 78 años.</b> Lo asistían apretando los tubos de pintura y le ataban el pincel a la mano. Usaba una silla de ruedas para pasear por el campo, pero también lo llevaban en brazos a sus rincones preferidos para seguir pintando. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Q4GNJCEHLZCMRJG6KP4FZCWAKE.jpg?auth=3e9d561c6198c71df6fcaa213bc73afc05d88e6bd31c079fe4431fdad27d969a&smart=true&width=1920&height=1170" alt="Leon Tolstoi" height="1170" width="1920"/><p>“Todavía no percibo la decadencia senil. Siempre tengo grandes deseos de aprender y de trabajar”, escribió en una carta <b>Giovanni Papini</b> (1881-1956). Tenía 70 años y entre manos dos libros monumentales: <i>El Juicio Universal </i>y el <i>Informe a los hombres</i>. Lamentablemente le diagnosticaron una<b> esclerosis lateral amiotrófica.</b> Papini <b>era un ferviente católico. “Atribuía un valor espiritual al sufrimiento</b> y se inclinaba ante la voluntad divina”, dice De Beauvoir. Solo le pesaba el dejar sus obras inconclusas. <b>Cuando ya no pudo hablar, inventó un código </b>con golpes de puño en la mesa para seguir dictando sus libros. Sobre su sufrimiento, decía: <b>“Siempre he preferido el martirio a la imbecilidad”. </b></p><p>Concluye Simone de Beauvoir sobre estos dos últimos casos: <b>“El empecinamiento de Renoir, de Papini, tenía su fuente en la pasión que los devoraba”.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3KHCHBWOEBALZGEFOQSSCGDKUA.jpg?auth=67abfb15222e6ff71a4f9012f3148c2252cbb02aadae78acf91f121840a2d302&smart=true&width=960&height=1497" alt="Autorretrato de Leonardo Da Vinci" height="1497" width="960"/>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/O4QJ4SBXIVBOXKIOFC5457NPSM.jpg?auth=93962d32e4c0cfcea343eafb792797d81df4bc27c20c6dd05525945ecafd4fee&amp;smart=true&amp;width=409&amp;height=307" type="image/jpeg" height="307" width="409"><media:description type="plain"><![CDATA[El poeta Walt Whitman transitó su vejez con optimismo a pesar de sus limitaciones físicas]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La República de las Letras: la primera red social que conectó a Newton y Voltaire e hizo virales las ideas del siglo XVII]]></title><link>https://www.infobae.com/cultura/2025/08/12/la-republica-de-las-letras-la-primera-red-social-que-conecto-a-newton-y-voltaire-e-hizo-virales-las-ideas-del-siglo-xvii/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/cultura/2025/08/12/la-republica-de-las-letras-la-primera-red-social-que-conecto-a-newton-y-voltaire-e-hizo-virales-las-ideas-del-siglo-xvii/</guid><dc:creator><![CDATA[Brisa Bujakiewicz]]></dc:creator><description><![CDATA[Mucho antes de internet, una red de sabios unió a pensadores de distintos países a través de cartas, libros y en los cafés. Sin algoritmos ni pantallas, compartían ideas, debatían ciencia y filosofía, y tejieron una comunidad que cambió para siempre la historia del conocimiento]]></description><pubDate>Tue, 12 Aug 2025 08:05:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KUUHAAK7SRFYJNAUYVSJVKKUMU.png?auth=430e1b7670346610bf23a53f451f96a0410176109141ef5ad6d3cd0504660d17&smart=true&width=1536&height=1024" alt="La República de las Letras fue la primera red social intelectual que conectó a pensadores como Newton y Voltaire en el siglo XVII (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1024" width="1536"/><p>En un mundo hiperconectado, regresar a las raíces puede conducir a respuestas más profundas. Siglos atrás, no fue necesario un teléfono ni internet para ser <i>influencer</i>. Los grandes ilustres de la historia dejaron huella social por otras vías. <b>La República de las Letras </b>surgió como una red transnacional de<b> eruditos </b>que, desde el Renacimiento hasta la Ilustración, cultivó lazos de<b> intercambio intelectual</b> por medio de las <b>cartas, los libros y las reuniones en salones, cafés y academias</b>. Su origen se sitúa en la Europa del siglo XV, aunque algunos estudiosos remontan sus raíces hasta la Antigüedad. Esta gran influencia sigue vigente, aunque sus formas hayan mutado con el tiempo. </p><p>Según precisó <i>BBC</i>, la primera mención documentada de la expresión “Respublica Literarum” aparece en una carta de Francesco Barbaro a Poggio Bracciolini en 1417, en la que agradece el envío de manuscritos antiguos “en nombre de todos los hombres de letras actuales y futuros, el don ofrecido a la Republica Literarum para el progreso de la humanidad y de la cultura”. Este gesto simbolizaba el ideal de<b> liberar el saber y democratizar el acceso al conocimiento</b>, superando el monopolio de las universidades eclesiásticas.</p><p>La República de las Letras no reconocía fronteras nacionales, sociales ni de género. El monje francés <b>Noël Argonne</b> la describió en 1699 como una<b> comunidad que “abarca al mundo entero</b> y está compuesta por todas las nacionalidades, todas las clases sociales, todas las edades y ambos sexos". “Se hablan todos los idiomas, tanto antiguos como modernos. Las artes van unidas a las letras, y en ella también tienen cabida los artesanos. La alabanza y el honor son otorgados por la aclamación popular”, detalló. En una época marcada por rígidas jerarquías y divisiones políticas y religiosas, sus miembros defendían la igualdad intelectual y el valor de cualquier argumento que impulsara el saber.</p><p>La pertenencia a esta república no dependía de una ciudadanía formal, sino de la <b>producción intelectual</b>: investigaciones, publicaciones y escritos funcionaban como credenciales. Aunque su epicentro fue europeo, en el siglo XVIII la red se expandió a ciudades como Batavia (actual Yakarta), Calcuta, Ciudad de México, Lima, Boston, Filadelfia y Río de Janeiro. Entre sus ciudadanos más célebres figuran <b>Galileo Galilei, John Locke, Erasmo de Róterdam, Voltaire y Benjamín Franklin</b>. Las mujeres, aunque menos numerosas, desempeñaron un papel activo: <b>Anna Maria van Schurman, Isabel de Bohemia, Marie de Gournay, Dorothy Moore, Bathsua Makin, Katherine Jones </b>y<b> Lady Ranelagh</b> fueron filósofas, maestras, reformadoras y matemáticas que colaboraron con figuras como <b>René Descartes </b>y<b> Michel de Montaigne.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CGYZTZD3F5EJFCFGNQHDBNPZOY.png?auth=d2cd95686b7f07de82c3d8edc84faca10662838bfdb2236100e7c7f6cb91da9c&smart=true&width=1536&height=1024" alt="Esta comunidad transnacional de sabios compartía ideas y debatía ciencia y filosofía a través de cartas, libros y cafés, mucho antes de internet (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1024" width="1536"/><p>En sus orígenes, <b>la República de las Letras surgió antes de la especialización disciplinar</b>. Sus integrantes se consideraban “filósofos”, amigos del saber, y cultivaban tanto el latín y el griego como la historia, la lógica y las ciencias naturales. No era extraño que un matemático como<b> Isaac Newton </b>dedicara años a la alquimia o a la historia antigua. El término “Letras” abarcaba todas las ramas del conocimiento, y la comunidad funcionaba como una fraternidad de curiosos y estudiosos.</p><p>El latín fue la lengua franca de la república hasta mediados del siglo XVII, aunque el griego y el hebreo también se empleaban. Desde el siglo XV, el auge de las lenguas vernáculas permitió un discurso más inclusivo y diverso. El corazón de la vida intelectual residía en la correspondencia:<b> las cartas suplían la escasez y el alto costo de los libros</b>, y permitían el debate, la consulta y la difusión de ideas. Los eruditos dedicaban gran parte de su tiempo a <b>escribir y responder cartas</b>, que a menudo contenían disertaciones científicas, reseñas de libros, poemas o noticias. El historiador<b> Peter Burke</b> explicó a <i>BBC</i> que “los secretarios eran indispensables, porque si eras un erudito famoso, la correspondencia era tanta que necesitabas ayuda”.</p><p>La magnitud de este intercambio epistolar se refleja en cifras como las<b> 20.000 cartas de Voltaire</b> o las <b>13.600 de Antonio Vallisneri</b>, médico y naturalista italiano. Muchas de estas cartas se digitalizaron en proyectos que buscan mapear la red intelectual de la república, dándole una dimensión visual a ese espacio metafórico. La circulación de la información era un principio fundamental: las cartas se enviaban por correo o a través de amigos, comerciantes y diplomáticos, y se esperaba que el destinatario las compartiera con otros. Incluso los libros y manuscritos que circulaban por esta red debían pasar de mano en mano, y era costumbre agradecerlos con un “antidoron”, un regalo de retorno.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LWJBPRRNKNB5LABBFNFEAFJE24.png?auth=1881dcc44feb973ca3049f1539b4bafc05aee7c0fb436d6319c6d8cd7e1b0848&smart=true&width=1536&height=1024" alt="El intercambio epistolar fue clave: Voltaire escribió 20.000 cartas y Antonio Vallisneri 13.600, muchas de las cuales hoy están digitalizadas (Imagen Ilustrativa Infobae)" height="1024" width="1536"/><p>El intercambio no se limitaba a la correspondencia. Los jóvenes que realizaban el “Grand Tour” por Europa, así como otros eruditos itinerantes, llevaban cartas de recomendación y eran recibidos en bibliotecas, archivos y colecciones. Esta práctica, conocida como “peregrinatio academica”, ofrecía la oportunidad de dialogar con sabios locales y participar en la vida intelectual de distintas ciudades. La conversación culta, idealizada como un simposio griego, se materializaba en <b>salones privados y cafés</b>, donde los ciudadanos de la república debatían sobre <b>historia, política, ciencia y filosofía.</b></p><p>A partir del siglo XVII, la fundación de academias y sociedades como la Royal Society de Londres y la Academia Francesa de Ciencias institucionalizó parte de la vida intelectual de la república. Estas entidades organizaban conferencias, experimentos y publicaciones, como la revista Nouvelles de la République des Lettres, que difundía información a sociedades de distintos países. Con el tiempo, las academias asumieron muchas de las funciones de la red epistolar, y la República de las Letras comenzó a diluirse, según algunos historiadores.</p><p>El avance tecnológico aceleró este proceso. <b>El telégrafo, el ferrocarril y los barcos a vapor</b> facilitaron la comunicación y el transporte, mientras que la impresión masiva abarató y multiplicó la circulación de libros y periódicos. No obstante, para intelectuales como Peter Burke, la república no desapareció, sino que se transformó. “Yo no rechazo ninguno de esos modos de comunicación que ayudaron a los estudiosos a asistirse y colaborar, lo que no significa que siempre lo hicieron pero al menos que existía una ética de cooperación”, afirmó Burke en <i>BBC.</i></p><p>La esencia de la República de las Letras reside en esa ética de colaboración y en la convicción de que <b>el saber debe circular sin barreras</b>. Aunque su geografía sea imaginaria, su legado persiste en cada intercambio intelectual que trasciende fronteras, disciplinas y generaciones.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/KUUHAAK7SRFYJNAUYVSJVKKUMU.png?auth=430e1b7670346610bf23a53f451f96a0410176109141ef5ad6d3cd0504660d17&amp;smart=true&amp;width=1536&amp;height=1024" type="image/png" height="1024" width="1536"><media:description type="plain"><![CDATA[La República de las Letras fue la primera red social intelectual que conectó a pensadores como Newton y Voltaire en el siglo XVII (Imagen Ilustrativa Infobae)]]></media:description></media:content></item></channel></rss>