<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/tags_slug/mengele/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Sat, 02 May 2026 17:31:52 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[Quería ser enfermera, le decían “el ángel de Auschwitz” y fue una de las criminales nazis más crueles: la breve vida de Irma Grese]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/12/13/queria-ser-enfermera-le-decian-el-angel-de-auschwitz-y-fue-una-de-las-criminales-nazis-mas-crueles-la-breve-vida-de-irma-grese/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/12/13/queria-ser-enfermera-le-decian-el-angel-de-auschwitz-y-fue-una-de-las-criminales-nazis-mas-crueles-la-breve-vida-de-irma-grese/</guid><dc:creator><![CDATA[Alberto Amato]]></dc:creator><description><![CDATA[También era conocida como “la bella bestia” o “la perra de Belsen”, otro de los campos de concentración donde desarrolló su capacidad para provocar sufrimiento. Ejerció su dominio sobre casi veinte mil mujeres, fue colaboradora de Mengele, violaba, torturaba con su látigo y mataba con sus propias manos. Tenía tan solo 22 años cuando en 1945, hace ochenta años, la ejecutaron en el cadalso]]></description><pubDate>Sat, 13 Dec 2025 04:53:21 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UEBXAQNYHBDSJL36JFTHFVYB3I.jpg?auth=58cad5e2ce10381b97938602b89efd3b471887eb25de11c3e2a1887dc5fb0d46&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Los testimonios de sobrevivientes describieron a Irma Grese como una de las mujeres más sádicas del régimen nazi" height="1080" width="1920"/><p>Su historia es breve porque su vida fue breve. Y está muy bien que haya sido así, breve. Cuando el 13 de diciembre de 1945, hace ochenta años, Irene Grese subió al cadalso donde iba a morir ahorcada por criminal de guerra,<b> no pudo evitar demostrar quién era, no podía siquiera intentarlo</b>. En un último intento por regir hasta su propia muerte, gritó en alemán una orden a su verdugo, “¡Schnell! ¡Rápido!”. El verdugo, que era Albert Pierrepoint, un experto británico en quitarle la vida a los condenados por la justicia, le hizo caso.</p><p>La leyenda dice que en esos segundos fatídicos que preceden al colgamiento de un ser humano, Pierrepoint intentó colocar una capucha negra sobre la cabeza de la condenada y que Grese se negó con violencia, que Pierrepoint la abofeteó un par de veces hasta que consiguió aplacar su rebeldía; tal vez entre sollozos, Grese dijo aquello de “Schnell” y todo terminó segundos después. La leyenda es la leyenda y los hechos son los hechos: lo cierto es que Pierrepoint anotó en su cuaderno, un extraño libro contable de una sola columna donde dejaba registrados los resultados de su trabajo macabro, el nombre y la edad de la ejecutada: “<b>Irma Grese, 22</b>”.</p><p>¿Cómo puede alguien de veintidós años convertirse en un criminal de guerra y de las características de Grese, de una extrema crueldad, de un brutal sadismo, de una gozada indiferencia hacia el dolor humano que ella misma provocaba?</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/32ZE5YABFREE7ARNXRUGNPUMA4.jpg?auth=38804b64c0fd9b7a56afe0021da71cb35826297ad73cba8ed7bac771525e846e&smart=true&width=1920&height=1963" alt="Irma Grese ejerció extrema crueldad en Ravensbruck y Auschwitz, donde fue responsable de la selección de prisioneras para las cámaras de gas" height="1963" width="1920"/><p>Había nacido en Wrechen, cerca del Báltico, el 7 de octubre de 1923, un mes antes del intento de golpe de estado que dio Adolfo Hitler y que se conoce como <a href="https://www.infobae.com/historias/2023/11/08/a-100-anos-del-putsch-de-la-cerveceria-el-disparo-de-hitler-en-el-techo-y-el-fracaso-que-cambio-la-historia/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/historias/2023/11/08/a-100-anos-del-putsch-de-la-cerveceria-el-disparo-de-hitler-en-el-techo-y-el-fracaso-que-cambio-la-historia/">el Putsch de la cervecería</a>. Tuvo una infancia desdichada. Su madre se suicidó cuando ella era una chica de doce años porque descubrió que su esposo le era infiel. El padre de Grese era un fervoroso antinazi, un campesino inflexible y silencioso que hizo nada por aliviar el sufrimiento de su hija. La hermana de Grese, Helene, relató en el breve juicio que precedió a su ahorcamiento, que Irma<b> era una chica sumisa, obediente, sin valor</b> incluso para enfrentar los abusos que sufría por parte de sus compañeras de colegio.</p><p>Los supuestos atenuantes tienden a justificar, un imposible, el particular carácter de Grese que con el tiempo sería una de las mujeres más crueles de los campos de concentración nazis por los que pasó, incluida aquella fábrica de la muerte que fue Auschwitz. En aquel hogar deshecho, Grese pasó casi de largo por la adolescencia. Dejó el colegio a los catorce años, se empleó en una granja en Lychen, a cien kilómetros al norte de Berlín y empezó a soñar con ser enfermera. Intentó ingresar al hospital de Hohenlychen, que se había construido en 1902 para albergar a chicos tuberculosos: estuvo en pie hasta el final de la guerra y hoy es una ruina. Allí la rechazaron por su falta de estudios.</p><p>Sin familia, sin identidad, sin futuro, <b>miró al nazismo con ojos de esperanza</b> y el nazismo, que se alimentaba de esas almas, le abrió los brazos y la integró a la Bund Deutscher Mädel, la “Liga de Muchachas Alemanas”. A los diecisiete años se convirtió en una aspirante a integrar el servicio femenino de las SS. Grese tenía diecisiete años en 1940, cuando la Segunda Guerra incendiaba Europa y las tropas nazis conquistaban Polonia, Holanda, Francia, Bélgica y coqueteaban con invadir Inglaterra<b>. Cuando Grese llegó a su casa con su uniforme negro y las SS incrustada en el cuello de su chaqueta, el padre la echó de casa</b>. Dice la leyenda, no está comprobado, que ella lo denunció como elemento antipatriótico y el tipo fue a parar a la cárcel. En 1942, Grese logró entrar como voluntaria en el campo de concentración femenino de Revensbruck, que albergaba más de veinte mil prisioneras. Allí desató su espanto personal.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KAISGHPENNB2FJRFUKDIVGMOJE.jpg?auth=024138507c46db478fb53e6cc61a25820c13fe55b7759b59b624b35350d95e6f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La infancia traumática de Irma Grese y su ingreso a las SS marcaron el inicio de su brutal carrera en campos de concentración" height="1080" width="1920"/><p>Es muy difícil intentar justificar el mal. Y, además, es inútil. Miles de historias trágicas de infancia no forjaron criminales de guerra, ni de ningún otro tipo. Los atenuantes frente al mal resultan a menudo piadosos, pero ridículos. La filósofa Hanna Arendt intentó una explicación positivista sobre el mal, influenciada por su mentor, el filósofo alemán Martín Heidegger, miembro y seguidor del Partido Nazi. La teoría de Arendt describe cómo un sistema político puede trivializar el exterminio de seres humanos, ejecutado de manera burocrática por funcionarios que no son capaces de pensar en las consecuencias éticas y morales de sus actos. En otras palabras, acaso torpes y desastradas, Arendt concebía <b>la posibilidad de que cualquier ser humano, en circunstancias especialísimas, podía convertirse en una especie de autómata capaz de cometer los crímenes más horrendos</b>.</p><p>Tras la teoría, la suya, Arendt viajó a Israel a ver cómo enjuiciaban a Adolf Eichmann, uno de los responsables del Holocausto, que había sido capturado por un comando israelí en Buenos Aires en mayo de 1960. De allí su obra, <i>Eichmann en Jerusalén – Un estudio sobre la banalidad del mal</i>. La teoría de Arendt estuvo siempre, y lo está aún hoy, sujeta a debate. En cambio el ejemplo que eligió para exponerla fue fruto de un gran error. Arendt creyó, o acaso quiso creer, que Eichmann era el cordero que se presentó ante sus jueces israelíes como un simple engranaje, un inofensivo tornillo de una gigantesca maquinaria a la que era imposible siquiera desentrañar. Sin embargo, la historiadora alemana Bettina Stangneth, en su obra <i>Eichmann before Jerusalem (Eichmann antes de Jerusalén)</i>, expone al criminal de guerra como un nazi fanático desde joven, un declarado antisemita seguidor de la doctrina hitleriana y miembro de número de la Conferencia de Wannsee, donde los nazis decidieron, en enero de 1942, eliminar a todos los judíos de Europa: once millones de personas.</p><p>Eichmann, al contrario de lo que imaginó Arendt que pretendió “estudiar su conciencia”, no fue un alma arrastrada por las circunstancias, un simple burócrata que podía ordenar un balance bancario o diseñar el sistema de transporte hacia la muerte de millones de deportados. Eichmann creyó y ayudó a forjar un poder legitimado por un sistema de valores que le diera a sus crímenes, y a los del nazismo, la apariencia de lo correcto, de lo que debía ser hecho. Y forjó así una autoridad que emanaba de él mismo, de su propia inquebrantable convicción.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6JGKKZ3CKFEKFCMW5H4BY7VHZY.jpg?auth=a44deb697588b6e3d4f34cc603494d58fc2d038d10b3cdaa6671458362b7a702&smart=true&width=1920&height=1629" alt="Hannah Arendt concebía la posibilidad de que cualquier ser humano, en circunstancias especialísimas, podía convertirse en una especie de autómata capaz de cometer los crímenes más horrendos" height="1629" width="1920"/><p>La teoría que enfrenta a la de Arendt, tal vez ni siquiera se opone, es más literaria pero tal vez no menos realista. La plasmó el gran escritor estadounidense John Steinbeck, Nobel de Literatura en 1962 y autor de novelas extraordinarias como <i>Viñas de ira</i> y <i>Al Este del Paraíso</i>. Steinbeck sostenía un supuesto no menos inquietante que el de Arendt. Decía que algunos seres humanos nacen con malformaciones físicas, graves o leves, con ciertas mutilaciones que son visibles al resto del mundo y que, para bien o para mal, condicionan su vida y la de quienes lo rodean. Pero que, en cambio, otros seres humanos nacen con malformaciones psíquicas que son invisibles al resto del mundo a las que llama mutilaciones del alma, que también condicionan su vida y la de los demás en general para mal y no para bien. Esa es, de alguna forma, parte de la base argumental que retrata a uno de los hermanos de <i>Al Este del Paraíso.</i></p><p>A cuál de las dos hipótesis obedece la personalidad de Grese es algo difícil de dilucidar. “En julio de 1942 intenté nuevamente ser enfermera, pero la oficina de Trabajo (de las SS) me envió a Ravensbruck”, diría Grese ante sus jueces. Lo que iba a ser un trabajo de asistente sanitaria se convirtió en el inicio de una carrera criminal en la que Grese <b>sobresalió por su capacidad para provocar sufrimiento a otros seres humanos</b>. Hija de la teoría de Arendt o de la de Steinbeck, para entonces Grese había ascendido al rango de Oberaufseherin, la segunda mujer con mayor autoridad en el campo detrás de María Mandl o Mandel, que era once años mayor que ella y que también fue colgada por criminal de guerra en enero de 1948. </p><p>En Ravensbruck, <b>Grese ejerció su dominio sobre casi veinte mil mujeres</b>; los testimonios recogidos en el juicio afirman que disfrutaba con el dolor ajeno, que golpeaba a sus víctimas en los pechos con un látigo y que lanzaba contra ellas a unos perros hambrientos que desgarraban sus carnes. Una sobreviviente declaró que Grese, “golpeó en la cara con sus puños a una mujer débil y enferma y, cuando cayó al suelo, se sentó sobre ella: su cara se volvió azul y murió asfixiada”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EPFHPZ2NRZEHDOA4C3FMHBXOOI.jpg?auth=789c0471e4e60bf79054964e04284a946ea1749bb5680cc3fabf0bd938b490a3&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La colaboración de Irma Grese con Josef Mengele en experimentos médicos en Auschwitz la vinculó a los peores crímenes del Holocausto" height="1080" width="1920"/><p>En marzo de 1943, a sus diecinueve años y cinco meses, fue trasladada a Auschwitz y asignada al departamento de Control de Alimentos del subcampo de Birkenau, pero de inmediato pasó de nuevo al control de las prisioneras y de la selección de las condenadas a las cámaras de gas. Por esa tarea recibía un sueldo de cincuenta y cuatro marcos al mes, veintiocho euros de hoy. <b>Fue colaboradora directa de Josef Mengele</b>, el médico acusado de los más terribles experimentos sobre seres vivos, obsesionado por la genética de los gemelos y por modificar el color de ojos de sus víctimas, en búsqueda de un “azul ario” que consagrara la pureza que buscaba el delirio de Hitler y sus secuaces.</p><p>En el banco de los acusados, Grese negó haber tenido noticias de las ejecuciones en las cámaras de gas, salvo las que le deban otras prisioneras: “Ellas tenían que formar en filas de cinco: era mi deber que lo hicieran así. Después venía el doctor Mengele y hacía la selección”. Era puro cinismo. Los testimonios de los supervivientes la condenaban; la conocían como <b>“El ángel de Auschwitz”, “La bella bestia” o “La perra de Belsen”</b> porque, entre enero y marzo de 1945, con la guerra ya perdida por Alemania y con los soviéticos que acechaban Berlín, Grese fue enviada al campo de Bergen Belsen, cerca de Hannover, Alemania, donde siguió con su accionar criminal.</p><p>Era una muchacha bella, porque todo el mundo es bello a los veinte años, que se paseaba con un uniforme impecable; era de estatura mediana, llevaba el pelo prolijo y rubio recortado al milímetro, botas altas, su látigo y su pistola. Detallar sus crímenes es un homenaje al morbo que estas líneas aspiran eludir. Tal vez basten un par de ejemplos. Un sobreviviente narró que Grese llegó a vaciar los ojos de dos muchachas a las que sorprendió cuando hablaban con un conocido a través de una alambrada; eran habituales sus abusos sexuales a menores, a los que enviaba luego a las cámaras de gas; un sobreviviente polaco, Daniel Szafran, relató haberla visto asesinar a dos chicas que intentaban escapar de ser elegidas para las cámaras de gas: “Las chicas se lanzaron por una ventana y cayeron al suelo. Grese se acercó a ellas y les disparó dos veces”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/6Y7PUKIWG5EQ7HPLT27IIJM57I.jpg?auth=3050e2db054fe7d9c2e8679406f1beb5fda1f294c74eb1223fe35f42ccb242c6&smart=true&width=1920&height=1080" alt="El juicio y ejecución de Irma Grese en 1945 la convirtieron en la mujer más joven ejecutada por crímenes de guerra en el siglo XX" height="1080" width="1920"/><p>Ya cerca el final de la guerra, en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1945, el comandante alemán de Bergen Belsen, Josef Kramer, negoció con la avanzada británica la rendición y entrega del campo. Mientras duró la negociación, los SS dispararon contra los prisioneros que intentaban huir. A primeras horas del 15, lo aliados entraron en Bergen Belsen y se toparon con ochenta alemanes, el resto había huido el día anterior, en formación militar, sus uniformes pulcros y en orden; detrás de ellos, un infierno de muertos y agonizantes sobre el que reinaban el tifus, la lepra, la disentería, el hambre y la locura. Los británicos cavaron una enorme fosa para enterrar los cadáveres que se amontonaban en los altos barracones de madera</p><p>El 17 de abril por la mañana, Grese fue fotografiada junto a Kramer en las instalaciones hediondas de Belsen; no vestía su uniforme de las SS, ni sus botas altas, ni su látigo, ni su pistola. <b>Había intentado pasar inadvertida, pero los sobrevivientes la identificaron de inmediato</b>. La foto fue conocida por su epígrafe: “Las fieras de Belsen”. Cuando registraron su casa, encontraron más espanto, si eso era posible: <b>varias pantallas de lámparas elaboradas con piel humana</b>. Kramer, a quien los británicos dieron una feroz paliza al capturarlo, fue a juicio junto con Grese y otros cuarenta oficiales de las SS. Ambos fueron condenados a muerte, entre otros sentenciados y subieron al cadalso el mismo día, con minutos de diferencia.</p><p>El 13 de diciembre de hace ochenta años, Irma Grese,<b> la mujer más joven en ser ejecutada en el siglo XX</b>, la que había sido verdugo de miles de personas, se enfrentó a su propio verdugo, el británico Pierrepoint, a quien le ordenó que se apurara. El experto Pierrepoint cometió un error de principiante: colocó mal el nudo de la horca en el cuello de Grese, de modo que cuando la trampa del cadalso se abrió, la soga no partió el cuello de la condenada sino que la asfixió en lo que tal vez haya sido una agonía larga y dolorosa.</p><p>El cuerpo de Irma Grese fue incinerado. Sus cenizas fueron arrojadas a una alcantarilla.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/KAISGHPENNB2FJRFUKDIVGMOJE.jpg?auth=024138507c46db478fb53e6cc61a25820c13fe55b7759b59b624b35350d95e6f&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[La infancia traumática de Irma Grese y su ingreso a las SS marcaron el inicio de su brutal carrera en campos de concentración]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[La historia de la mujer que sufrió los experimentos de Mengele en Auschwitz y sobrevivió para perdonar el horror nazi]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/11/28/la-historia-de-la-mujer-que-sufrio-los-experimentos-de-mengele-en-auschwitz-y-sobrevivio-para-perdonar-el-horror-nazi/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/11/28/la-historia-de-la-mujer-que-sufrio-los-experimentos-de-mengele-en-auschwitz-y-sobrevivio-para-perdonar-el-horror-nazi/</guid><dc:creator><![CDATA[Mariano Jasovich]]></dc:creator><description><![CDATA[Eva Kor sufrió la tortura junto a su hermana gemela en el campo de concentración. “Si no podía perdonar, iba a seguir siendo una prisionera toda mi vida”, afirma la mujer]]></description><pubDate>Fri, 28 Nov 2025 04:40:54 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CFFL43NISFFINFII3OFD2NXUBA.jpg?auth=21d23fa1171375e794bca139bb39f04644469dab55d131ebad67dff5ce39b5e3&smart=true&width=1920&height=1389" alt="Eva Kor en una de sus visitas a Auschwitz" height="1389" width="1920"/><p>La puerta de hierro de <a href="https://www.infobae.com/tag/auschwitz/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/tag/auschwitz/"><b>Auschwitz</b></a> lucía una inscripción que era una burla cruel: “Arbeit macht frei” (el trabajo libera, en castellano). Aquella mañana, <b>Eva Kor Mozes</b> tenía apenas diez años, una mano aferrada con fuerza a la de su hermana gemela <b>Miriam</b>. La multitud de judíos recién llegados se apretujaba en el andén, confundida, rodeada de gritos y de la mirada vacía de hombres de uniforme. <b>Eva Kor sobrevivió a los experimentos de Josef Mengele en Auschwitz y dedicó su vida a una militancia: el perdón.</b></p><p>La separación fue tan rápida y brutal como un hachazo. A la madre, a los padres, a los hermanos mayores, los empujaron a una fila distinta. “Solo gemelas”, decía un soldado, como si de repente fueran valiosas. Eran especímenes para la investigación. <b>Eva</b> y <b>Miriam</b> se encontraron rodando por una maquinaria de horror cuyo engranaje era la ciencia corrompida por el odio nazi.</p><h2>Sobrevivir a Auschwitz</h2><p>El primer recuerdo de <b>Eva</b> en las barracas de niños es el hambre. Un hambre que ni la desesperación lograba adormecer. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/7ACPGGXKWZDQ5LWA7ZEVF4G7FI.jpg?auth=ad824ecf8e76c9d10ab50112f0b1d9281f59f43b2de77d31e913987853b8382c&smart=true&width=1920&height=698" alt="Una imagen de las gemelas Kor antes de sufrir los experimentos nazis en Auschwitz" height="698" width="1920"/><p>Pero para <b>Josef Mengele</b>, el destino de las gemelas Mozes era otro. <b>“Gemelas, gemelas”, repetían los kapos de Auschwitz, y ellas sabían que eso significaba la vida, fuera lo que eso implicara.</b> Así pasaron de la fila de la muerte a la del laboratorio. Allí, los niños se convertían en piezas de catálogo. Las inyectaban, las medían, les sacaban sangre. A veces, solo quedaba el consuelo de una mirada compartida entre hermanas, una mano fría apretando otra igual de fría.</p><p>Las palabras de <b>Eva</b> resuenan aún hoy en las salas vacías del museo que compró y dirigió hasta el fin de sus días, en <b>Terre Haute</b>, <b>Indiana</b>: <b>“Sobrevivir era una rebelión. Cada día que el sol salía y yo seguía viva era una victoria sobre Mengele.”</b></p><p>Por las noches, en Auschwitz, <b>Eva</b> y <b>Miriam</b> se abrazaban bajo las mantas raídas, el cuerpo de una entrelazado con el de la otra como si pudieran fusionarse y así negarle al mundo la lógica del exterminio.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EQBUFA5GEFCQPJ5D4GOPNPXGG4.jpg?auth=296d6e2cf9d7033d6ce9f490ad56a361fe0cdc7e51a807a3631d5c9c9f911bab&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La mayoría de la familia Kor fue asesinada en Auschwitz (Wikimedia commons)" height="1080" width="1920"/><h2>Experimentos nazis con las hermanas Kor</h2><p>A veces, los médicos traían a las gemelas a una sala blanca, con bisturís relucientes y agujas largas. Las obligaban a desnudarse, a someterse a inyecciones misteriosas. Nunca preguntaban, nunca contestaban. Los niños que desaparecían después de ciertas pruebas no volvían nunca.</p><p><b>“Había doscientas gemelas en nuestro barracón. Cuando terminó la guerra, quedábamos cien. </b>De cada mil niños, al final de la liberación quedaban solo unas doscientas personas.” El dato lo repetía Eva.</p><p>Cuando las tropas soviéticas irrumpieron en <b>Auschwitz</b> en enero de 1945, el aire olía a ceniza y podredumbre. <b>Eva</b> y <b>Miriam</b> se buscaron entre el tumulto, abrazadas, incapaces de llorar. No sabían qué era el mundo más allá de los alambres de púas y la humillación rutinaria. Sabían solo que estaban vivas y que juntas habían derrotado, por un día más, el proyecto de destrucción total.</p><p>La libertad fue un vértigo. Ni madre, ni padre, ni casa. <b>Eva</b> y <b>Miriam</b> atravesaron más de un continente antes de encontrar refugio en <b>Israel</b> primero, y después, <b>Estados Unidos</b>. <b>Eva</b> se casó con otro sobreviviente, fundó una familia, pero no había exilio capaz de desterrar las pesadillas.</p><p>Años más tarde, frente a una sala de universitarios silenciosos en una pequeña ciudad de <b>Indiana</b>, <b>Eva</b> levantó la voz: <b>“Un día, entendí que si no podía perdonar, iba a seguir siendo una prisionera de Auschwitz toda mi vida.”</b> El perdón para muchos era traición. Para <b>Eva</b> era el único modo de tomar por asalto el destino.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ZNZJDJNWS5COBPYE2ON5Z37JYI.jpg?auth=4390bbe04755e81597ef7f7d0a69a468bb897b74865137d040bd2f948fbbeaf7&smart=true&width=1920&height=1814" alt="Eva Kor murió en 2019 durante una de sus visitas a Auschwitz" height="1814" width="1920"/><h2>Eva Kor, después de Auschwitz</h2><p>Durante años, <b>Eva Kor</b> vivió acosada por la culpa del sobreviviente. Miles de veces debió justificarse ante otros judíos y sobrevivientes que la acusaban de entregar la dignidad a los verdugos.</p><p>Una mañana, <b>Eva</b> simuló escribir una carta al “Doctor Mengele”. Era su ejercicio de control, un modo de forzar la memoria hasta convertirla en otra cosa. Al principio, la mano tembló. <b>“Te perdono, no porque lo merezcas, sino porque mi vida tiene que ser mía”.</b> </p><p>A veces, los niños que visitaban su <b>CANDLES Holocaust Museum and Education Center</b> en <b>Indiana</b> le pedían una explicación. —¿Cómo se perdona a quien hizo tanto daño, señora <b>Kor</b>?—. Ella sonreía, ladeando la cabeza con melancolía.</p><p>—El odio es un veneno que uno se toma esperando que el otro muera. Yo sobreviví a Auschwitz, no dejaré que me destruya el odio.</p><p>Esa militancia por el perdón la convirtió en una figura controvertida. Recorrió escuelas, universidades, congresos. En todas partes sostenía el mismo mensaje esencial: <b>“El perdón no absuelve el crimen, libera a la víctima.”</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3ISGZWZUA5FE5I627A6NDNPARI.png?auth=66c97a08a5974d93171c7aa7519c8816dad7ec71cfb91aa9ecc8f8187f635170&smart=true&width=1328&height=1306" alt="Josef Mengele se ganó el apodo del Ángel de la Muerte porque tenía el poder de decidir quien vivía y quien moría en Auschwitz y por sus horrendos experimentos con prisioneros." height="1306" width="1328"/><p>En el Museo <b>CANDLES</b> —cuyo nombre proviene de Children of Auschwitz Nazi Deadly Lab Experiments Survivors— <b>Eva</b> se encargó de recitar los nombres de las gemelas perdidas. Uno a uno, como incantaciones para que no los tragara el olvido. </p><h2>Perdonar el horror</h2><p>Quiso regresar a <b>Auschwitz</b> con sobrevivientes y niños de todo el mundo. En muchas ocasiones, la escena se repetía: <b>Eva</b>, pequeña, vibrante, se plantaba frente a las ruinas de los crematorios. Su voz no titubeaba. —Aquí aprendí lo peor y lo mejor del ser humano. Sobre todo, aprendí a decidir que nadie tiene el poder de dictar mi futuro—.</p><p>Nadie salía igual tras oír a Eva contar el terror de las experimentaciones. Detallaba los procedimientos, las inyecciones, la amenaza perpetua. Mostraba las cicatrices visibles y las otras, cuando el pasado aparece en sueños.</p><p>A lo largo de los años, miles de cartas llegaron al pequeño museo en <b>Terre Haute</b>. Algunas firmadas por descendientes de nazis, otras por personas que jamás pisaron Europa. Todas le suplicaban lo mismo: una fórmula secreta para sobrevivir al peso de la violencia. <b>Eva</b> respondía siempre con una única receta: <b>“Puedes elegir tu respuesta. Incluso en medio del horror, puedes elegir quién quieres ser.”</b></p><p>Su muerte en 2019 la sorprendió en uno de esos viajes de retorno a <b>Auschwitz</b>. Tenía ochenta y cinco años. Algunos medios internacionales titularon: <b>“Muere Eva Kor, la sobreviviente de Mengele que predicó el perdón.”</b> Las imágenes de sus últimos días muestran a una mujer sonriente, frágil pero luminosa bajo el cielo polaco, rodeada de alumnos que prendían velas en memoria de los niños perdidos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/KYSYQF737ZAYRM7COOQ5H5JOLA.jpg?auth=790c9b9e1ac9b4b05ce50f50546a27a2753acb1844a0edde5aea0c554071e035&smart=true&width=1920&height=1080" alt="La familia Kor llegó a Auschwitz hacinada en un vagón de tren (Wikimedia commons)" height="1080" width="1920"/><p>A escasos metros de donde sobrevivió al exterminio, <b>Eva Kor</b> decidió posar con los brazos extendidos. Cuando uno de los jóvenes le preguntó si no albergaba odio, ella replicó con su tono firme:</p><p>—Odiar es perder dos veces. Yo elijo la vida y elijo la paz.</p><p>A lo largo de décadas, <b>Eva</b> recogió testimonios de otras “niñas Mengele”. Exhibía ante las cámaras las escasas muñecas que le quedaban de la infancia, los brazaletes numerados, los retratos desvaídos en blanco y negro. Cada objeto llevaba una historia de resistencia, de pérdida y de ese triunfo mínimo de decidir el perdón.</p><p>Su activismo no conoció fronteras. Viajó a <b>Europa</b>, a <b>Israel</b>, a <b>América Latina</b>, donde su historia sirvió de testimonio y antídoto frente al olvido y la repetición del odio. </p><p>No aceptó ser tratada como heroína: “Sobreviví por azar. Viví para liberarme. Para mí, la verdadera rebelión es rehusar la venganza.” </p><p>En una ocasión, una sobreviviente abrazó a <b>Eva</b> después de escuchar su testimonio en un congreso. —Gracias por convertir el miedo en algo vivible—, le susurró. Apenas perceptible, <b>Eva</b> asintió. Debajo de su chaqueta llevaba, cosido en la tela, el número que le asignaron en <b>Auschwitz</b>. Nunca se lo quitó. “El perdón no cambia el pasado, pero puede cambiar el futuro”, solía decir.</p><p>En la penumbra rojiza de un crepúsculo en <b>Indiana</b>, bajo la bóveda de un museo fundado como una ofrenda a la memoria de los suyos, <b>Eva Kor</b> mostraba a los niños una pequeña prenda de lana deshilachada. —Esto fue lo único mío que sobrevivió a Auschwitz. Yo sobreviví también.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/4U22OV2CBFH7LJG57N5WMM5YX4.jpg?auth=b07de5da930233b3dd07cf941c260e70edb2d2e0ed2b22e9b6898173c921b8f4&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Estaba a punto de morir en una cámara de gas, Mengele la vio bailar y cambió su destino: Edith Eger es “la bailarina de Auschwitz”]]></title><link>https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/25/estaba-a-punto-de-morir-en-una-camara-de-gas-mengele-la-vio-bailar-y-cambio-su-destino-edith-eger-es-la-bailarina-de-auschwitz/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/sociedad/2025/10/25/estaba-a-punto-de-morir-en-una-camara-de-gas-mengele-la-vio-bailar-y-cambio-su-destino-edith-eger-es-la-bailarina-de-auschwitz/</guid><dc:creator><![CDATA[Ariana Budasoff]]></dc:creator><description><![CDATA[Después de sobrevivir al infierno nazi emigró a Estados Unidos, se doctoró en Psicología y se volvió especialista en estrés postraumático. Desde entonces —y aún hoy, a sus 97 años— dedica su vida a ayudar a otros a superar hechos atroces. Su primer libro, en el que vuelca sus memorias, lleva vendidos millones de ejemplares y este año lo relanzó en una versión para jóvenes]]></description><pubDate>Sat, 25 Oct 2025 04:35:39 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/65HV57ANEJEN3KZNSYUC7AKVJE.jpg?auth=5687a1cee50b7ed5bb9dbeec935410760a3f5c3e618da957d2f47ee2d98b2f82&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Edith Eger en su juventud" height="1080" width="1920"/><p>Arte entre las artes, la danza. Libertad, la danza. </p><p>Quien baila es atravesado por la melodía. Se entrega. Se deja envolver. Envuelve a quien mira. En el instante de bailar no hay más mundo que el de la música y su tempo. Que el del movimiento. El ritmo. La expresividad. Quien baila, vive. </p><p>Para <b>Edith Eger</b> sería más que una imagen retórica. Cuando de pequeña bailaba ballet y soñaba con ser gimnasta olímpica jamás lo imaginó: <b>la danza sería su sentencia de vida</b>. </p><p>Edith Eva Eger nació en Hungría, en 1927. Era la menor de tres hermanas, de una familia judía, como tantas. <b>Una familia con dotes para las artes</b>. Su hermana mayor, Klara, era violinista y había sido admitida en el Conservatorio de Budapest. Su hermana Magda era pianista. <b>Edith tomaba clases de ballet y practicaba gimnasia</b>, formaba parte del equipo olímpico de esta disciplina en su país. Soñaba con participar y brillar en los Juegos. Soñaba, también, con destacarse como su hermanas, quienes tocaban juntas, y ganarse la admiración de su familia. “Las dos eran conocidas porque Magda acompañaba a Klara y la gente ni siquiera sabía que yo existía”.<b> “Creo que pasé mucho tiempo sola y eso me preparó mucho, mucho para Auschwitz”</b> —dirá en una entrevista para el pódcast <i>Tiene que haber algo más</i>, de la ingeniera en sistemas y emprendedora Magalí Bejar, unos ochenta años después.</p><p>Edith era una adolescnete cuando, en 1942, el Gobierno húngaro anunció nuevas<b> leyes antijudías</b> y fue expulsada del equipo de gimnasia. El 19 de marzo de 1944 las fuerzas alemanas tomaron su país. Los judíos que vivían allí fueron hacinados en guetos. Ella se trasladó con sus padres y su hermana Magda al gueto de Košice, como se llamaba entonces su ciudad natal. Klara se escondió con su profesor de música. ​</p><p>En abril, su familia, junto a otros 12.000 judíos, fue obligada a permanecer en una fábrica de ladrillos durante un mes. <b>En mayo fueron deportados a Auschwitz</b>.</p><p>El destino que tenía frente a ella era una cámara de gas. <b>Fue el mismo “Ángel de la muerte”, Josef Mengele, el que la apartó</b>. La arrancó de su madre, que fue asesinada allí. Y la noche de ese día, su primera noche en Auschwitz, <b>la hizo bailar para él</b>. </p><p>El médico que experimentaba con seres humanos era un amante del arte. Y los jerarcas nazis solían elegir a prisioneras como objetos de entretenimiento. Mengele vio a Edith y la escogió. Sus compañeras de reclusión la empujaron a danzar. Se la llevó a su cuartel. Y la música sonó. Primero, <i>El Danubio Azul, </i>el vals de Johann Strauss; luego, <i>Romeo y Julieta</i>, de Tchaikovsky.</p><p>Era el mismísimo infierno sobre la Tierra. Su madre acababa de morir. Ella tenía 16 años. Cerró los ojos y se trasladó al centro del escenario de la Ópera de Budapest, ante un público expectante por admirarla y ovacionarla. <b>Y bailó como si estuviese ahí. Bailó como si estuviese ante ellos. </b></p><p>Del otro lado de la fantasía, el siniestro médico de las SS se deleitaba. <b>Su danza lo cautivó. Y Edith vivió. </b></p><p>En agradecimiento, Mengele le dio un trozo de pan que ella compartió con otras niñas.​</p><p>Ese instante, esa noche, dio inicio al resto de su vida. Su otra vida. <b>La de la supervivencia</b>. <b>La de la resiliencia</b>. La que décadas más tarde, a sus noventa años, la llevaría a escribir <i><b>La bailarina de Auschwitz</b></i><b>,</b> un libro con sus memorias convertido en <i>bestseller </i>mundial. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/LDYCTR7FYVEIPBACXCO365C374.jpg?auth=bb0fead27f6d46d00a4ba1a5b3391299bcfb46514fa15b189a719c1eb76bf01b&smart=true&width=1920&height=1280" alt="El documento de identidad con el que Edith ingresó a los Estados Unidos después de la guerra
" height="1280" width="1920"/><p>En la entrevista que dio para el pódcast <i>Tiene que haber algo más</i>, en 2023, la conductora le preguntó por qué había decidido publicar su primer libro contando lo sucedido recién a sus 90 años. Edith respondió: “Durante muchos años la gente me pidió que escribiera un libro, que escribiera un libro, y yo automáticamente decía que no tenía nada que decir. Finalmente, Philip Zimbardo, de Stanford [N. de la R. un psicólogo e investigador del comportamiento estadounidense, quien presidió la Asociación Norteamericana de Psicología, fallecido en 2024] me llamó y me dijo que había investigado y que <b>las personas que sobrevivieron y son famosas eran todas hombres y se necesitaba una voz femenina</b>. Así es como <i>La Bailarina de Auschwitz </i>es la voz femenina de Viktor Frankl”.</p><p><b>Viktor Frankl</b> —reconocido neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, fundador de la logoterapia, un tipo de análisis existencial, fallecido en 1997—, <b>también ​era un sobreviviente del nazismo</b>. Pasó por cuatro campos de concentración —Theresienstadt, Kaufering, Turkheim y Auschwitz—, experiencia que volcó en el libro, también <i>bestseller,</i> <i><b>El hombre en busca de sentido</b></i> (1946). Y se convertiría en el mentor de Edith.</p><p>Después de sobrevivir a Auschwitz, ella también pasó por otros campos de exterminio. Estaba en el de Mauthausen cuando los nazis comenzaron a evacuarlos sabiendo los pasos de los aliados cada vez más cerca. Entonces fue enviada con su hermana Magda al campo de concentración de Gunskirchen, a unos 55 kilómetros, en una <b>“marcha de la muerte”</b>: una caminata bajo el frío extremo, prácticamente sin alimento ni descanso. Allí, quienes no podían seguir andando eran fusilados. </p><p>En un momento Edith llegó a su límite. Estaba débil y físicamente agotada. Fue ahí cuando las niñas con las que había compartido el pan que le dio Mengele aquella noche de la danza la reconocieron y la ayudaron a llegar: “Me armaron una silla con sus brazos y me sacaron. Es hermoso que, en el lugar más oscuro, en la peor situación, la gente pueda sacar lo mejor de sí misma”, recordó en un diálogo con <i><b>Infobae</b></i><i>,</i><i><b> </b></i>en 2020.</p><p>En Gunskirchen Edith comió pasto para sobrevivir. Aún así, cuando el Ejército estadounidense liberó el campo, en mayo de 1945, la dieron por muerta entre los cadáveres. Pero un soldado vio que su mano se movía. Quizás en el sueño del agotamiento, en la entrega final del cuerpo, cuando ya no podía luchar, cuando ya no podía hacer más, su espíritu siguió bailando. </p><p>El soldado buscó atención médica y la salvó. <b>Pesaba 32 kilos. Su espalda estaba rota, su organismo enfermo. Pero Edith vivió.​</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5R43XQUKWRANXNIHTSIVMC53X4.jpg?auth=0664207eea38aec8cf5e019bcd2cc0a718648be93c70881a684e7fb8f5991cce&smart=true&width=4062&height=2654" alt="Después de la guerra Edith migró a Estados Unidos, se doctoró en Psicología y se especializó en estrés postraumático. A partir de su experiencia se dedicó a ayudar a otros a superar eventos atroces (X)" height="2654" width="4062"/><p><b>“Creo que Auschwitz fue un aula maravillosa para aprender realmente a no permitir nunca ser una víctima. Fui victimizada, no es mi identidad, no es quién soy, es lo que me hicieron”</b>, dijo en la entrevista de 2023. Y lo repitió en muchas otras ocasiones. En otras entrevistas. Lo deja claro: <b>no es víctima, es sobreviviente</b>. No tolera la idea de sentirse o de que la vean como una víctima. “No es lo que soy. Es lo que me hicieron”, repite, sentencia.</p><p>Al finalizar la guerra, Edith huyó a la antigua Checoslovaquia desde donde migró luego, en 1949, a los Estados Unidos. Allí comenzó otra vida. </p><p>Pasó un tiempo recluida, “escondida”, por no saber el idioma, por no saber cómo explicar quién era, de dónde venía, ni cuán pesado era lo que traía a cuestas. Pero luego comenzó a estudiar Psicología, disciplina en la que se doctoró, y se convirtió en terapeuta especialista en trastornos por estrés postraumático. También se casó y tuvo a su primera hija a los 19, poco después de haber escapado de Auschwitz. <b>La vida haciéndole un jaque mate a la muerte</b>.</p><p>Aún era una estudiante cuando conoció a Viktor Frankl, que le habló de la necesidad de superar sus traumas para alcanzar la felicidad y de que de las experiencias más trágicas podían sacarse los mayores aprendizajes. </p><p>Tras leer su libro en la Universidad de Texas escribió un artículo titulado “Viktor Frankl y yo”. Y un día recibió una carta de él diciendo que quería reunirse con ella en San Diego. “Fue maravilloso. [Él] tenía 70 años y estaba escalando montañas, aprendiendo a volar aviones. Era un hombre que verdaderamente había renacido”. </p><p>Fueron colegas y amigos. Frankl le transmitió a Edith su mirada existencial de la vida. Le habló de propósitos y sentidos. </p><p>Inspirada por él, y con los argumentos de Zimbardo, a sus 90, ella escribió su primer libro: <i>La bailarina de Auschwitz</i> (<i>The Choice</i>, en inglés, su título original) (2017), que rompió récords de ventas. Y luego otro, <i>El regalo: 12 lecciones para salvar tu vida</i> (<i>The Gift: 12 Lessons to Save Your Life) </i>(2020) también titulado <i>En Auschwitz no había Prozac</i>. En ellos vuelca lo aprendido en su propio camino de resiliencia y en su profesión como especialista en traumas y brinda herramientas para ayudar a las personas a salir de sus propias “prisiones mentales”. A levantarse cada día y a levantar consigo los hechos traumáticos que hayan atravesado. </p><p><b>“Nunca lo superas, solamente llegas a aceptarlo”</b>, le dijo la autora a <i><b>Infobae </b></i>en 2020. “Una parte de mí se quedó en Auschwitz, pero no la mayor parte ni la mejor. Y creo que en los lugares más oscuros se pueden hallar nuestros recursos internos, no puedes esperar a que nadie te haga feliz. Es muy importante mirar a Auschwitz como una oportunidad para descubrir qué hay dentro tuyo, porque nada viene de afuera. Incluso hoy si esperas a que alguien te haga feliz, nunca lo serás. Tendrás que amarte a ti mismo, porque el amor propio es sinónimo de autocuidado, no es narcisismo”.</p><p>Edith lo destaca una y otra vez —tiene razones para eso—: para ella <b>la respuesta a todo está dentro de uno</b>. “Me gustaría que la gente supiera que muchas veces nos pasan cosas para las que nunca estuvimos preparados, así que tenemos que encontrar la respuesta en nuestro interior” —dijo en una nota para el diario <i>El Mundo </i>en abril de este año—.<i> </i><b>“Nosotros tenemos la capacidad de cambiarlo todo cambiando nuestra forma de pensar”</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TOJQD5WS7ZDD7F76G35YD54I2A.jpg?auth=1f330e5602e712cf1f8fc59238f19884c6989d6f39fc89d2d5a3ca6bf8a820e4&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Su primer libro, "La bailarina de Auschwitz" ("The Choice", en inglés), en el que vuelca sus memorias, lleva vendidos más de tres millones de ejemplares " height="1080" width="1920"/><p>Sobre <i>La bailarina de Auschwitz, </i>la autora dice que es un libro en el que derramó muchas lágrimas. Algo que recomienda con énfasis: “Está bien llorar. <b>Lo que salga del cuerpo no te hará mal, lo que queda dentro sí lo hará</b>. Mira lo que hacemos con la angustia, la sacamos. Y por eso es bueno gritarlo. Mucha gente lo está reprimiendo y yo fui una de esas personas. No quise ver ni hablar de Auschwitz durante casi 20 años. Así que es muy bueno llorar, gritar y reconocer que tengo una historia, pero no soy solo eso. Eso solo no es mi identidad”. </p><p>En su segundo libro, <i>The gift, </i>condensa<i> </i>lo<i> </i>que aprendió como psicóloga, de ella misma y de sus pacientes, y brinda herramientas para llevar una vida feliz, sin resentimiento. Una vida que permita perdonar, soltar y crecer. </p><p>Sobre el surgimiento de esa obra la autora contó que luego del primer libro le pidieron algo más práctico. Las “lecciones” que brinda en su segundo texto hace las veces de manual para aplicar ante las adversidades de la vida, para permitir el cambio, “porque si no cambias, no creces. El cambio es sinónimo de crecimiento”. Allí busca guiar a las personas <b>“de la victimización a la fortaleza, empoderarlas, de la oscuridad a la luz, de la tragedia a la maravillosa victoria”</b>. Son “12 consejos” para enfrentar “las cárceles mentales”. Se refiere a aquellas prisiones que observa en sus pacientes, en las que se recluyen tras un episodio traumático. Es un texto con una mirada crítica sobre el victimismo, la culpa, el miedo y la vergüenza. En él habla de personas que conocieron el dolor de diferentes maneras, veteranos de guerra, mujeres víctimas de violencia de género, personas que atravesaron abusos, intentos de homicidio y femicidio, rupturas conyugales o diagnósticos de cáncer.</p><p><b>Todo su trabajo muestra cómo su propia experiencia le permitió ayudar a otros</b>. Su mensaje es certero: “Tenemos la capacidad de escapar de las prisiones que construimos en nuestras mentes y <b>podemos elegir ser libres, sean cuales sean las circunstancias de nuestras vidas</b>“. </p><p>Nadie podría contradecirla. </p><p>En abril de este año, a sus 97, publicó junto a Planeta una versión ficcionada y adaptada a lectores jóvenes de <i>La bailarina de Auschwitz </i>(Edición Young Adult). La sinopsis sintetiza su historia así: “En 1943, Edie, una joven bailarina húngara, es deportada junto con su familia a Auschwitz. A pesar de los horrores del campo de exterminio, logra sobrevivir gracias a su determinación y al apoyo de su hermana. De regreso a casa, la protagonista percibe su supervivencia más como una carga que como un regalo, hasta que descubre que, si bien no puede cambiar el pasado, sí tiene el poder de decidir cómo vivir su futuro. Esta historia inolvidable enseñará a las nuevas generaciones que siempre es posible encontrar esperanza en los momentos más oscuros de nuestras vidas”.</p><p><b>Las memorias de Edith Eger ya cuentan con más de tres millones de ejemplares vendidos. </b>Cuando en la nota del pódcast le preguntan a la autora si se imaginaba que sus libros iban a tener el éxito que cosecharon ella dice que no pero que le “resulta encantador <b>convertir la tragedia en triunfo</b>”.</p><p>La autora dedica esta reciente publicación a sus padres, hermanas, hijos, nietos y bisnietos. Las cinco generaciones de su árbol. Eso, dijo este año a <i>El Mundo,</i> <b>la familia que supo formar y nació de la supervivencia y la resiliencia, es su mayor revancha</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/NT4SS3T2KVHC5BZ6UDE3ILNHWM.jpg?auth=a29c2dbdcfd5cc0fd0ba57e7ca92e3795e7464cc9e2d67b595330d997042b077&smart=true&width=1920&height=1662" alt="Edith con una de sus hijas y una de sus nietas" height="1662" width="1920"/><p>La fortaleza más grande de Edith para sobrevivir a la fábrica de muerte y luego al peso de esa experiencia traumática fue el control sobre sus pensamientos y el estado de su espíritu. Su imaginación y su capacidad para evadirse fueron claves en los campos. En Auschwitz “desarrollé mis recursos interiores y esperanza en la desesperación. Y en lugar de decir ‘Sí, pero’, comencé a decir ‘Sí, y’: <b>‘Sí, no me gusta, es inconveniente, y es temporario y puedo sobrevivir’</b>. Nunca se pierde la esperanza", dijo en el pódcast en 2023. </p><p>Aseguró más de una vez que Auschwitz para ella fue una escuela en la que aprendió “a lidiar con lo inesperado y lo inanticipable”. También le enseñó sobre la gestión de sus emociones: luego del campo de exterminio y aún dentro de él, en las mismas fauces de la máquina de muerte que acababa de dejarla huérfana, ella, cuenta, rezaba por los nazis. Rezaba para que dejaran de odiar. Para que dejaran de matar. <b>“Sólo siento pena por esa gente. Yo no tengo tiempo para odiar. Si odiara, seguiría siendo prisionera”, dijo en varias ocasiones.</b></p><p>“Creo que cuando reaccionamos no pensamos. Si nos golpean, queremos devolver el golpe. Pero luego te conviertes en uno de ellos. Soy más grande que eso”, sostuvo cuando habló con este medio en 2020. Y agregó: “La violencia trae violencia, es algo muy primitivo. A mí me gusta la negociación y el compromiso. Está mi verdad y está tu verdad, que son ambas subjetivas. No hay que negar o huir del pasado. Nunca olvidaré Auschwitz ni me repondré de lo que pasó allí, lo que voy a hacer es atravesar el valle de las sombras. Las víctimas se quedan atascadas en vez de evolucionar, revuelven sobre sí mismas. <b>En vez de decir: “¿Por qué a mí?”, lo que digo es: “¿Ahora qué”?</b> Aún con la revancha, no te dará la última libertad como lo hace el perdón. Si siguiera enojada con los nazis, seguiría estando prisionera y secuestrada del pasado. No les voy a dar una pulgada más. Vivo hoy, tengo tres hijos y cinco nietos y tengo siete bisnietos. Esa es mi mayor venganza contra Hitler”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/65HV57ANEJEN3KZNSYUC7AKVJE.jpg?auth=5687a1cee50b7ed5bb9dbeec935410760a3f5c3e618da957d2f47ee2d98b2f82&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Edith Eger en su juventud]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[El día que el criminal de guerra más buscado del mundo se casó en Uruguay con su cuñada y usó su nombre real y documentos argentinos]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/06/08/el-dia-que-el-criminal-de-guerra-mas-buscado-del-mundo-se-caso-en-uruguay-con-su-cunada-y-uso-su-nombre-real-y-documentos-argentinos/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/06/08/el-dia-que-el-criminal-de-guerra-mas-buscado-del-mundo-se-caso-en-uruguay-con-su-cunada-y-uso-su-nombre-real-y-documentos-argentinos/</guid><dc:creator><![CDATA[Alberto Amato]]></dc:creator><description><![CDATA[Protegido por figuras políticas y exmiembros del nazismo, se divorció y contrajo segundas nupcias legalmente. El pasado abril, el Gobierno nacional revisó casi dos mil documentos sobre la actividad nazi en el país. Hasta ahora es imposible desentrañar cómo el criminal de guerra más buscado del mundo vivió en Buenos Aires sin que nadie lo molestara
]]></description><pubDate>Sun, 08 Jun 2025 04:19:21 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/UNJJ4I554RDPTBIHMT6MQJPB5Y.jpg?auth=e6ceba407a4e43d0dcc0937ade0ce6937a4f98724e2073c6e7003e5bf00df489&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Imagen del documento de identidad que Mengele utilizó durante sus años en Buenos Aires" height="1080" width="1920"/><p><b>Con su nombre y apellido verdadero</b>, con el Josef castellanizado a José, cuando la sola mención de su apellido, <b>Mengele</b>, provocaba terror y repulsión y alertaba a los servicios de inteligencia de varios países que lo buscaban, entre ellos el suyo, Alemania, e Israel que quería juzgarlo; cuando la mera mención de su nombre alertaba también a las autoridades de otros países que<b> debieron hallarlo y lo protegieron</b>, Argentina, Paraguay, Brasil entre ellos, el 25 de julio de 1958 <b>el criminal de guerra más buscado en el mundo, Josef Mengele, se presentó en el registro civil de la ciudad de Nueva Helvecia</b>, Colonia, Uruguay, para casarse con Marta María Will, que era su cuñada, viuda de su hermano Carlos Tadeo, que había muerto en Alemania el 26 de diciembre de 1949.</p><p>Días antes, Mengele había manifestado su voluntad ante el juez Pedro Izacelaya, y presentó la documentación indispensable para la boda civil: un certificado de defunción de su hermano, la sentencia de divorcio de su primera esposa, Irene Schönbein, todos documentos alemanes, traducidos al español, legalizados y certificados por la diplomacia uruguaya en Alemania, y la <b>documentación argentina que lo identificaba como quien era</b>. </p><p>Mientras daba curso al pedido de casamiento, el juzgado civil de Nueva Helvecia cumplió con el artículo 92 del entonces código Civil de Uruguay: fijó en la puerta del juzgado un edicto tendiente a saber si alguien se oponía al matrimonio que estaba por celebrarse, y ordenó <b>publicar</b> el mismo edicto en el periódico local <i>Helvecia</i>. No hubo ningún cuestionamiento. <b>Nadie en el resto del mundo, ni siquiera quienes buscaban con desesperación a Mengele para juzgarlo por sus crímenes, se dio por enterado del acontecimiento.</b></p><p>La pareja, Mengele de cuarenta y siete años y Will de treinta y ocho, firmaron el acta de matrimonio junto a dos testigos: Juan Carlos Germán “de nacionalidad oriental, de veinte y cuatro años, de estado casado, de profesión abogado, domiciliado en Montevideo y doña Lydia Florio de Germán, de nacionalidad oriental, de veinte y un años, de estado casada, de profesión labores, domiciliada en Montevideo”.</p><p>A Mengele le sentaba muy bien la impunidad y el casamiento. Se sabía <b>seguro y confiado en Argentina</b>, donde vivía y adonde había llegado el 20 de junio de 1949 en el buque “Noirth King”, con un pasaporte de la Cruz Roja, legítimo pero falso, número 100.501 a nombre de Helmut Gregor, “hijo de N.N. y de Berta Gregor, nacido en la localidad de Termeno, provincia de Trento, Italia, el 6 de agosto de 1911, de estado civil casado y de profesión técnico mecánico”. </p><p>Todas falsedades. Con ellas, “Gregor-Mengele” recibe una cédula de identidad argentina, número 3.940.484”. Cobijado en la comunidad nazi que había llegado antes y en la que llegó después —entre ellos <b>Adolf Eichmann</b> en 1950—, y al amparo de parte de la diplomacia argentina del Gobierno de Juan Perón, Mengele trabaja en lo que puede, incluso en una carpintería de obra, pero recibe siempre dinero de su familia de Günsburg, donde realmente nació. Allí, los Mengele manejan una poderosa empresa, Mengele Agrartechnik, que da trabajo a gran parte del pueblo. Junto a Mengele, en parte de su estadía en Argentina, está —y estará durante los años por venir— Hans Sedlmeier, jefe de ventas de la empresa familiar y <b>correo secreto entre Mengele y Alemania</b>.</p><p>Para casarse con su cuñada, Mengele tuvo que presentar las actas de su divorcio con su primera esposa. Figuran traducidas en el expediente del casamiento en Nueva Helvecia. El brevísimo juicio de divorcio entre Mengele e Irene Schönbein se celebró en Düsseldorf el 25 de marzo de 1954. La mujer testificó junto a sus abogados: por Mengele lo hizo otro profesional al que los documentos identifican como “Dr. Wellmann”. Irene es la demandante, Mengele es el demandado, que fija domicilio en <b>“Buenos Aires, Argentina, Sarmiento 1875, Olivos”</b>. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/XQ5X5YK4FNDT3IJGNL5Y6SV3GA.jpg?auth=24bc1856f06dbaf629ff8b9ae3fb5e52f09a40c371827628a96321360be1e67d&smart=true&width=2217&height=3263" alt="Acta traducida del divorcio de Menguele. En este documento su mujer, Irene Schönbein, declara que el matrimonio está arruinado, que su marido no tiene casi contacto con ella y que vive en Sudamérica hace tiempo

 " height="3263" width="2217"/><p>En el momento del juicio por divorcio, la futura exmujer de Mengele revela la verdad sobre el destino de su esposo a quien, para protegerlo, había dado por muerto en el frente ruso durante la Segunda Guerra. Las actas muestran también que todos los dichos de la mujer, todas sus quejas y demandas, fueron aceptadas sin objeción alguna por el abogado de Mengele, para facilitar el trámite. “Vi al demandado por última vez en noviembre de 1944. Desde ese tiempo —dice la traducción del acta original— ya no tengo relaciones personales con él. Puede ser que hayamos cambiado alguna vez correspondencia relativa a las reivindicaciones de manutención (Mengele y su mujer eran padres de un hijo, Rolf, que había nacido el 16 de marzo de 1944). No creo ya que la comunidad matrimonial entre el demandado y yo pueda ser reanudada. Nuestro matrimonio está arruinado; el demandado no volvió al principio a mi lado y en el año 1948 hasta emigró a la América del Sur y ya no se preocupó de mí. Bajo circunstancia alguna estoy dispuesta a reanudar el matrimonio con mi esposo”.</p><p>El abogado de Mengele no impugnó nada y “no se opone al divorcio propuesto. (…) Las partes renuncian mutuamente al mantenimiento o aportes para el mantenimiento en cuanto al pasado y al porvenir. Las partes están de acuerdo en que el cuidado del hijo, Rolf Mengele, corresponderá a la demandante. (…) Después de restablecerse la publicidad (sic), se pronunció el fallo siguiente: Queda divorciado el matrimonio contraído entre las partes el 28 de julio de 1939 ante el Oficial del Registro Civil en Oberstdorf (…)”.</p><p>Divorciado en 1954, impune en Argentina y nostálgico de Alemania, <b>Mengele se arriesga al límite: viaja a Europa</b>, a Alemania y a su Günsburg natal. Lo hace con un pasaporte argentino a nombre de Helmut Gregor válido por sólo tres meses. En el aeropuerto lo espera Sedlmeier, y en el hotel la viuda de su hermano, el hijo de la pareja, Karl-Heinz, y Rolf, el hijo de Mengele. Si bien se movió con suma cautela en sus días en Alemania, nadie ignoraba en Günsburg quién era el visitante. <b>No hubo denuncia alguna en su contra</b>. <b>El apellido Mengele figuraba hacía años entre</b> <b>los criminales de guerra nazis más buscados</b>.</p><p>A su regreso a la Argentina, ya decidido a casarse con su cuñada, Mengele, todavía como Gregor, busca una casona y la encuentra en Virrey Vértiz 970, Olivos. Para comprarla, precisa un préstamo. Los tiempos cambiaron en el país. Perón había sido derrocado en septiembre del año anterior y la vida de los jerarcas nazis es un poco menos cómoda, pero no mucho. Mengele busca llevar adelante dos proyectos: comprar la casa de Virrey Vértiz 970 y seguir el consejo que su padre le dio cuando lo visitó en Günsburg: invertir en una sociedad farmacéutica, Fadro Farm, como le aconsejó Roberto Mertig, dueño de la empresa Orbis que dio trabajo y amparo a varios nazis que llegaron en secreto e ilegales al país. Para conseguir un préstamo y para invertir en el país, Gregor <b>necesita volver a ser Mengele</b>. Para volver a ser Mengele necesita su partida de nacimiento alemana y debe tramitarla ante la embajada en Buenos Aires.</p><p>Tiene suerte, acude a territorio amigo. Le facilita todos los trámites el embajador Werner Junker, un nazi convencido que había sido un estrecho colaborador de Joachim von Ribbentrop, ejecutado en Núremberg, cuando era ministro de Relaciones Exteriores de Adolf Hitler. Es el mismo funcionario que otorgó sus pasaportes a la mujer de Adolf Eichmann y a sus hijos, que los tramitaron con sus nombres verdaderos mientras Eichmann siguió en el uso de su nombre falso, Riccardo Klement. En la embajada alemana <b>Mengele confiesa ante los funcionarios que llegó y vivió en Argentina bajo una identidad falsa: nadie se inmuta</b>. Todo el resto del expediente se tramita en Bonn donde, de nuevo, el apellido Mengele <b>a nadie le suena y nadie consulta la lista de criminales de guerra buscados</b>. En septiembre de 1956, el consulado de Alemania en Buenos Aires le entrega a Mengele una ficha de registro civil y una partida de nacimiento.</p><p>Con esos papeles en regla, en noviembre de 1956, <b>Mengele pidió que Argentina rectificara su nombre y apellido</b> en su documento de identidad, un trámite que encaró el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil número 9. Allí tampoco <b>nadie preguntó nada</b>, a nadie le repicó el apellido y Mengele dejó de ser Gregor y tuvo una cédula de identidad con el mismo número de la anterior y con su verdadero nombre y apellido. Fue así como el temido verdugo de Auschwitz, el llamado Ángel de la muerte, el hombre que realizó los más tremendos experimentos médicos con mujeres, hombres y chicos de aquella fábrica de muerte que fue Auschwitz, el tipo que estaba interesado en desentrañar el misterio de los nacimientos gemelares, se casó en Uruguay y vivió en Argentina junto a su nueva mujer —su cuñada— y su sobrino, Karl-Heinz.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D7XAD3VDUVH3XGW7KPPKUFUO5A.jpg?auth=3d180585ede6d4800eab9cc2c7c69123a59c0fb16ce2905275e6897f34bfe7bf&smart=true&width=2363&height=3321" alt="Acta de casamiento de Mengele con su cuñada, Marta Will, con nombre y apellido reales" height="3321" width="2363"/><p>Todo duró hasta 1959. En febrero de ese año, la fiscalía de Friburgo y el tribunal regional de Fráncfort, Alemania, pidieron al Gobierno argentino la extradición de Mengele según lo que había pedido el fiscal general de Hesse, Fritz Bauer. Mengele había sido juzgado en ausencia y <b>condenado a prisión perpetua </b>por las atrocidades que había cometido en Auschwitz, pero <b>la extradición fue denegada por las autoridades argentinas</b> por “fallas de forma y procedimiento”, una excusa acaso fundamentada pero pueril, y porque —aquí la sorpresa— los delitos investigados eran “de carácter político” según una versión extraoficial, por lo que no correspondía la extradición.</p><p>Para Mengele fue una señal de alarma. Su vida, desde entonces, fue la de un fugitivo. Dejó el país para radicarse en Paraguay, hizo viajes ocasionales a Buenos Aires, y entró en aguda paranoia después de la captura en San Fernando de Adolf Eichmann, en mayo de 1960, a manos de un grupo de inteligencia israelí. Vivió protegido por parte de los exmiembros del nazismo que vivían bajo el ala del entonces dictador Alfredo Stroessner. Terminó radicado en Brasil en el inicio de los años 70: había vuelto a perder su nombre real y adoptado el de Peter Hochbichler. Vivió en granjas y casas de Nueva Europa, Serra Negra, Caieiras y Diadema, en el estado de Sao Paulo, antes de mudarse a la capital. Su mujer y el hijo de ella regresaron a Europa. En Sao Paulo tuvo la protección del austríaco Wolfgang Gerhard, representante del “Kameradenwerk”, una organización de ayuda para los refugiados del nacionalsocialismo fundada por Hans-Ulrich “Uli” Rudel, un exitoso piloto de combate en la Luftwaffe de Hitler que llegó a la Argentina en 1948, fue confidente de Perón y estuvo involucrado en el desarrollo del primer avión a reacción del país, bautizado “Pulqui”.</p><p>Mengele siempre mantuvo contacto con su familia en Alemania, una familia que <b>todo el tiempo supo que estaba vivo, cuál era su país de residencia</b> y que le hizo llegar ayuda económica a través de terceros. </p><p>En octubre de 1977 Mengele recibió la visita de su hijo Rolf, que tenía ya treinta y tres años, era abogado, había pasado una dura infancia por llevar el apellido que llevaba, sentía un profundo desprecio por el nazismo y quería develar el misterio que representaba su padre. Le bastaron dos días y dos noches de agrias discusiones: se marchó antes de lo previsto, jamás volvió a verlo y, con los años, cambió su apellido para siempre.</p><p>En Sao Paulo, Mengele alternó la protección de Gerhard, que colocaba una esvástica en la punta del árbol de Navidad, con la pareja formada por Wolfram Bossert, un excabo del ejército alemán y su mujer, Liselotte. Los dos se habían acercado a él por medio de Gerhard, que regresó luego a Alemania y le entregó toda su documentación personal a Mengele para que la falsificara y pasara a ser Wolfgang Gerhard. Los Bossert le facilitaron al fugitivo alemán un bungaló en Eldorado, cerca de la playa de Bertioga. </p><p>El 7 de febrero de 1979, Mengele, que para entonces tenía su salud deteriorada, recurrentes ataques de pánico, el temor permanente a ser capturado, y dormía con una pistola cargada bajo la almohada cada noche, bajó a la playa con los Bossert. Se metió en el mar y un accidente cerebro vascular lo mató mientras nadaba.</p><p><b>Fue enterrado como Wolfgang Gerhard</b>. Los Bossert, que sabían quién era, callaron pero avisaron a Alemania. </p><p>Rolf Mengele vuelve a viajar a Brasil para hacerse de todas las pertenencias de su padre: correspondencia, efectos personales, sus escrupulosos cuadernos. Los Bossert, junto a otra pareja amiga, los húngaros Geza y Gitta Stammer, que también habían ayudado a Mengele, juran no divulgar jamás el secreto. Y cumplen porque también encubren su vital ayuda al criminal de guerra más buscado del mundo. Rolf también calla porque, dirá luego, quiso proteger a quienes habían ayudado a su padre.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5DRBZX6U5ND7XGUEOXDFACOZEQ.jpg?auth=27a40382ebc5bb822887be7d04e57974059da6d89eb8cb2816f97c883ba91aa2&smart=true&width=1920&height=2696" alt="Edicto de matrimonio entre Mengele y Marta Will publicado en el periódico 'Helvecia'" height="2696" width="1920"/><p>En el resto del mundo, Mengele, que ha muerto, es visto en diferentes escenarios; lo persigue el implacable Simón Wiesenthal y la también implacable Beate Klarsfeld, lo buscan en Alemania, en Turquía y en Argentina, Chile, Bolivia y Brasil; Israel afirma que se oculta en Uruguay; en Estados Unidos, el <i>New York Post</i> cree haberlo localizado en el condado de Westchester, no lejos de New York. En Alemania,<b> la familia Mengele calla.</b></p><p>Hasta que en el otoño europeo de 1984, y al parecer por una infidencia involuntaria de Hans Sedlmeier, el jefe de ventas de la empresa familiar, la Justicia decide allanar su casa; lo hace en marzo de 1985. Encuentran agendas codificadas, cartas fotocopiadas de Mengele, una carta de los Bossert que anuncia su muerte: todas las pistas miran a Brasil donde la Justicia alemana pide ayuda; la policía de Sao Paulo vigila al matrimonio Bossert y a los Stammer, pero Mengele no aparece. El 5 de junio, por fin, allanan la casa de Wolfram y Liselotte Bossert, que confiesan: <b>Mengele está muerto y enterrado como Wolfgang Gerhard</b> en el vecino cementerio de Embu.</p><p>La noticia sacude a Alemania; no muchos creen en la muerte del verdugo de Auschwitz: ¿y si todo es una nube de humo para ocultarlo por el resto de lo que le quede de vida? Hasta que Rolf rompe el silencio: admite que su padre ha muerto y cede la documentación que recogió en Brasil a la revista <i>Bunte</i>, con la condición de que los beneficios que depare la publicación sean destinados a las asociaciones de supervivientes de los campos nazis de concentración. La publicación también revela que la familia supo siempre dónde se ocultaba Mengele y lo ayudó con dinero hasta el final. Rolf vuelve a reafirmar que su padre murió en Brasil en 1979 y envía su simpatía a las víctimas de Auschwitz y a sus familias. </p><p>El 21 de junio de 1985, los forenses brasileños identifican el esqueleto desenterrado en Embu como el de Mengele. Recién en 1992 los análisis de ADN confirmarán la identidad: Rolf se prestó a dar una muestra de su sangre para la prueba. Alemania, Israel y Estados Unidos archivaron entonces toda la documentación sobre Mengele.</p><p>La empresa familiar de Günsburg cayó en 1985 luego de que se revelara la ayuda que había prestado al criminal. Fue vendida en 1991 y la marca desapareció en 2011. El material documental sobre el exilio de Mengele fue rematado en Estados Unidos en 2011 por un valor de doscientos cuarenta y cinco mil dólares. Vendedor y comprador permanecen en el anonimato. Rolf Mengele, según las últimas noticias, se radicó en Múnich y trabajó como abogado con el apellido de su esposa.</p><p>El Gobierno argentino abrió en abril pasado siete expedientes con <b>1850 documentos sobre la actividad nazi en el país</b>. De ellos no es posible hasta ahora desentrañar cómo fue que el criminal de guerra más buscado del mundo no fue molestado mientras vivió en Buenos Aires y cómo logró documentación argentina tras gestionarla con su verdadero nombre y apellido.</p><p>En marzo de 2016, el esqueleto de Mengele fue donado a la medicina brasileña.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/UNJJ4I554RDPTBIHMT6MQJPB5Y.jpg?auth=e6ceba407a4e43d0dcc0937ade0ce6937a4f98724e2073c6e7003e5bf00df489&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Imagen del documento de identidad que Mengele utilizó durante sus años en Buenos Aires]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La búsqueda desesperada de los investigadores argentinos por encontrar a Mengele y las conclusiones de los informes desclasificados]]></title><link>https://www.infobae.com/historias/2025/05/24/la-busqueda-desesperada-de-los-investigadores-argentinos-por-encontrar-a-mengele-y-las-conclusiones-de-los-informes-desclasificados/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historias/2025/05/24/la-busqueda-desesperada-de-los-investigadores-argentinos-por-encontrar-a-mengele-y-las-conclusiones-de-los-informes-desclasificados/</guid><dc:creator><![CDATA[Alberto Amato]]></dc:creator><description><![CDATA[Los servicios de inteligencia argentinos, entusiasmados tras haber capturado a Adolf Eichmann -otro criminal de guerra nazi-, persiguieron los rastros del “ángel de la muerte” en el país. Encontraron a su esposa, sospecharon de la veracidad de sus dichos, constataron que el pedido de extradición fue rechazado por el gobierno nacional y fracasaron en su búsqueda. Mengele murió como Wolfgang Gerhard en una playa de Brasil]]></description><pubDate>Sat, 24 May 2025 15:58:39 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2PIBA5ETSRGKFPBJK5DSZL2Q2I.jpg?auth=48d12c366071570896783b0faff08a25e35309a420ec9d9beb135ba97e097629&smart=true&width=770&height=771" alt="Mengele fue el más sanguinario criminal de guerra del nazismo. Llevó a cabo los más atroces experimentos médicos de prisioneros a los que, luego, enviaba a las cámaras de gas. Llegó a la Argentina en 1949 con un pasaporte falso" height="771" width="770"/><p>Un mes después de que un comando israelí secuestrara cerca de su casa en San Fernando al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, los servicios de inteligencia argentinos se lanzaron a<b> una desesperada, también infructuosa, búsqueda de Josef Mengele</b>, el asesino de las SS que en el campo de concentración de Auschwitz donde se dedicó a realizar experimentos mortales con los prisioneros y fue jefe del grupo de médicos que seleccionaba a las víctimas que serían ejecutadas en las cámaras de gas de aquella “industria de la muerte”, como pasó a la historia aquel enorme complejo de campos de exterminio.</p><p>Los investigadores argentinos tenían en sus manos todos los antecedentes de Mengele, que usaba una cédula de identidad argentina, 3.940.484, con su nombre verdadero; la había gestionado en noviembre de 1956 cuando ya era un criminal de guerra buscado en todo el mundo, con una partida de nacimiento legalizada en la Embajada de Alemania en Buenos Aires, que protegió a Mengele como también había protegido Eichmann. Los dos criminales de guerra también habían tenido la ayuda del gobierno de Juan Perón y de la dictadura militar que lo derrocó en 1955, la Revolución Libertadora.</p><p>Los servicios de inteligencia argentinos, “despertados” por el sensacional secuestro de Eichmann, <b>siguieron los pasos de Mengele hasta dar con su mujer</b>, con la que se había casado en Uruguay y que era su cuñada: era Marta María Will, viuda de Carlos Tadeo Mengele, (Karl Thaddeus) que había muerto en diciembre de 1949, y con quien había tenido un hijo, Karl Heinz. Mengele también tenía un hijo, Rolf, de su primer matrimonio con Irene Schönbein, de quien se había divorciado por poder ante los tribunales alemanes en marzo de 1954.</p><p><a href="https://www.infobae.com/historias/2023/05/11/un-sonido-y-estas-muerto-el-dato-clave-de-un-ciego-y-el-plan-del-mossad-para-capturar-a-eichmann-en-argentina/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/historias/2023/05/11/un-sonido-y-estas-muerto-el-dato-clave-de-un-ciego-y-el-plan-del-mossad-para-capturar-a-eichmann-en-argentina/">Eichmann fue secuestrado el 11 de mayo de 1960 </a>por un comando israelí que lo mantuvo cautivo durante diez días en una casa que aún hoy, sesenta y cinco años después, es desconocida. Los israelíes buscaban también a Mengele, sabían que vivía en Argentina, y le preguntaron a Eichmann por su dirección. Eichmann dio una pista a cambio de que los comandos no dañaran a su familia, algo que no estaba en los planes de los israelíes. Uno de sus agentes, Peter Malkin, autor de <i>Eichmann in my hands – Eichmann en mis manos</i>, reveló que le había dicho a su prisionero “usted no está en condiciones de negociar nada” y que Eichmann había dado una calle y un número: <b>5 de Julio 1045, Vicente López. Era la pensión “Jurmann”, que Mengele ya no usaba más como su domicilio</b>.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/EPFHPZ2NRZEHDOA4C3FMHBXOOI.jpg?auth=789c0471e4e60bf79054964e04284a946ea1749bb5680cc3fabf0bd938b490a3&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Mengele ingresó al Partido Nacional Socialista de Austria y Alemania y adhirió con fervor a Hitler. Era profesor de medicina en la Universidad de Leipzig cuando se dictaron en Alemania las leyes de “protección de la raza aria” (Holocaust Memorial)
" height="1080" width="1920"/><p>En realidad, a esas alturas, cuando Eichmann estaba en manos de los israelíes, era probable que Mengele ya no viviera en el país. En febrero de 1959, la fiscalía de Friburgo y el tribunal regional de Fráncfort, Alemania, habían presentado en Argentina un pedido de extradición de Mengele, porque había sido juzgado en ausencia en su país y condenado a prisión perpetua por sus crímenes. El pedido fue denegado por las autoridades argentinas por “fallas de forma y procedimiento”. <a href="https://www.infobae.com/politica/2025/04/28/el-gobierno-desclasifico-archivos-de-operaciones-nazis-en-argentina-aparecen-josef-mengele-y-erich-priebke/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/politica/2025/04/28/el-gobierno-desclasifico-archivos-de-operaciones-nazis-en-argentina-aparecen-josef-mengele-y-erich-priebke/">Uno de los documentos recién desclasificados por el gobierno</a> revela que “en forma extraoficial se habría expresado que los delitos atribuidos al investigado son de carácter político, razón por la que no correspondería hacer lugar a lo solicitado”.</p><p>El pedido de extradición alertó a Mengele que ya había empezado a buscar un nuevo país en el que vivir: Argentina le era peligrosa. <b>Eichmann en sí mismo era un peligro para Mengele</b>. Ambos criminales de guerra se conocían; el escritor Álvaro Abos sostiene en su libro <i>Eichmann en Argentina</i> que solían almorzar en el tradicional restaurante ABC de la calle Lavalle, que entonces tenía una decoración de neto corte bávaro. Pero Eichmann concedía entrevistas, hablaba ante miembros de la comunidad alemana y ante nostálgicos del nazismo; su mujer e hijos usaban también su nombre verdadero; <b>Eichmann proyectaba un retorno del nacionalsocialismo a Alemania</b>, al menos en de sus ideas centrales, que se produciría después de culpar a Adolf Hitler y a su entorno de las barbaridades del nazismo. </p><p>Eso hizo que Mengele decidiera alejarse de la Argentina, no sin antes advertir a sus allegados: “¡Aléjense de Eichmann!”. Uno de los documentos desclasificados por el gobierno establece, ya en junio de 1960: “En la Dirección Nacional de Migraciones existe una única constancia de que José Mengele ingresó a la República Argentina en el mes de noviembre de 1958, procedente de la ciudad de Asunción, República de Paraguay”. <b>Mengele, en realidad, había llegado al país el 20 de junio de 1949, un año antes que Eichmann, con un pasaporte de la Cruz Roja Internacional</b>, 100.501, a nombre de Gregor Helmut, un italiano técnico mecánico nacido en Termeno, Trento, el 6 de agosto de 1911. Lo sabían las autoridades argentinas, que sabían todo sobre Mengele.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/N4GWOK42EJDOFJFFQVG4OS43YM.jpg?auth=dfb6533c80a1a4234fe9a4826e9702c41bf4dc3332c79b98b06f18614f242bbd&smart=true&width=2140&height=1468" alt="Mengele fue el verdugo de Auschwitz, el más grande de todos los campos de concentración y exterminio que los alemanes instalaron, varios en Polonia, antes y durante la Segunda Guerra Mundial (AUSCHWITZ MUSEUM/Handout via REUTERS/File Photo)" height="1468" width="2140"/><p>Un mes después del secuestro de Eichmann y a sólo diecinueve días del anuncio al mundo que había hecho el primer ministro israelí Ben Gurión, Eichmann había sido capturado y estaba prisionero en Israel, un agente de inteligencia de la Policía Federal elevó un informe al Jefe de la División Servicios Extranjeros sobre el resultado de su intento de hallar a Mengele. Era el Auxiliar K.210, José Slootmann, si era ése su nombre verdadero. Slootmann había ido a cazar a “Joseph Menguele”, así figura en el documento, a los domicilios que el criminal de guerra había fijado en la documentación presentada para obtener su cédula de identidad, o certificados de buena conducta que le permitieran viajar fuera del país. </p><p>Empezó por la calle Virrey Vértiz, de Vicente López. “En realidad se trata de un pasaje –relata Slootmann en su informe que tiene fecha 11 de junio de 1960– constaté las numeraciones 968 y 970, dirigiéndome al número 990 donde fui atendido por el señor Jorge Valdivia, pasaporte diplomático n° 157, quien informó que tenía conocimiento que hasta el mes de enero <b>había vivido en el 970 un señor de apellido Menguele </b>(sic), el que se había mudado, desconociendo el actual domicilio”.</p><p>Slootmann tocó timbre entonces en el 970 del pasaje Virrey Vértiz, “siendo atendido por la mucama de los actuales ocupantes, la que se negó a dar su nombre, pero sí el de su patrón, que se apellida Walter, que habita la casa desde hace aproximadamente 15 días, con quien no pude hablar por desconocer esa persona el idioma castellano. No obstante interrogué nuevamente a la mucama, quien me informó que el llamado Menguele se mudó a San Isidro, ignorando su domicilio (…)”. </p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/D353BHRGENH5PGHOSVUVZKM5OM?auth=65327324256eef039d1d6acf3e6ff24231a0850061b3820bad16e123f67ef0ab&smart=true&width=600&height=360" alt="Mengele se afilió al partido nazi en 1937 y se integró a las SS en 1938, cuando Europa cedía a las exigencias de Hitler y la Segunda Guerra era inevitable. En 1943, después de ser oficial médico de un batallón, fue destinado a Auschwitz que ya era una maquinaria aceitada de exterminio" height="360" width="600"/><p>El agente consultó incluso en los coreos de Vicente López y San Isidro, habló con los empleados de guardia y con el jefe del correo de San Isidro, de quienes cita nombres, apellidos y números de legajos: <b>buscaba si había algún Mengele que recibiera correspondencia</b>. No, no había. Incluso aportó a los empleados del correo el nombre de la mujer del buscado, María Marta Will, y obtuvo la promesa de un pronto aviso si aparecía alguna correspondencia dirigida a ellos: lo iban a llamar a su teléfono particular. Después, volvió a la casa donde había vivido Mengele y ahora vivía Walter: “Cabe agregar que la finca de la calle Virrey Vértiz N° 970, es de propiedad del señor Levell, quien en la actualidad se halla radicado en Estados Unidos de Norteamérica, ignorándose si definitiva o temporalmente, datos obtenidos de la mucama de los actuales ocupantes”.</p><p>La búsqueda del “ángel de la muerte” de Auschwitz abarcó también la Capital Federal. El 23 de junio un mes y doce días después del secuestro de Eichmann, el Oficial Inspector Félix Osvaldo Nardelli trató de obtener información que permitiera detener a Mengele en tres direcciones: Callao 66, Paraná 140 y Azcuénaga 1551: “En el primero, –dice su informe – se encuentran instaladas oficinas, al igual que en el segundo, en ambos el buscado es completamente desconocido. Con respecto al último domicilio, desde hace tres meses aproximadamente se encuentran instaladas las oficinas de una agencia publicitaria, siendo también el mismo desconocido, pero se estableció que con anterioridad, <b>en dicha finca se encontraba el laboratorio Fadro Farm, actualmente con sede en Carapachay</b>”. Era una pista. En 1956, Mengele, que en su momento había comprado acciones de unos “Laboratorios Wander”, había aportado un millón de pesos para fundar Fadro Farm.</p><p>Cinco días después, el oficial ayudante Juan Francisco Raviele volvió a Azcuénaga 1551 y elevó su informe al “Jefe de la Mesa Anglo Sajón” de la Dirección de Coordinación Federal. Dice ese informe: “Asunto: dar cuenta comisión. Llevo a su conocimiento que en el día de la fecha, el suscripto se constituyó en la finca sita en Azcuénaga 1551, donde fue atendido por el señor Virgilio Ricardo Patalano, representante de la firma Etica Publicitaria – T.E. 80-5237 – o 80-4430 y estableció: 1) El laboratorio funcionó en la calle Drisdale 3572 – Carapachay – Vicente López y pertenece a la firma Fadro Farm S.C.A., y se especializan en drogas farmacéuticas. 2) Representante de la firma es el señor Von Petery. 3) En la calle Azcuénaga 1551, ocupaban dos o tres oficinas, y se retiraron hace aproximadamente 3 meses. 4) Se encontraban en esa finca en forma transitoria. 5) La correspondencia que se recibe en nombre del laboratorio Fadrofarm, es retirada por un empleado de esa firma, periódicamente, de apellido Trumpel o Strumpel, quien se moviliza con un automóvil Jeinkel, color amarillo, se ignora chapa”. El auto era un Heinkel.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/3ISGZWZUA5FE5I627A6NDNPARI.png?auth=66c97a08a5974d93171c7aa7519c8816dad7ec71cfb91aa9ecc8f8187f635170&smart=true&width=1328&height=1306" alt="Josef Mengele se ganó el apodo del "ángel de la muerte" porque tenía el poder de decidir quién vivía y quiñen moría en Auschwitz y por sus horrendos experimentos con prisioneros" height="1306" width="1328"/><p>Por fin, el 29 de junio, el jefe de la División Asuntos Extranjeros, comisario Gabriel Fernando González, elevó un detallado informe del caso Mengele al director de Coordinación Federal. Es un rico documento que sintetiza parte de la historia del criminal nazi en el país, narra una charla entre los investigadores y la mujer del criminal nazi, Marta María Will, a la que por fin habían localizado. El resultado de la charla, que figura en el informe, es muy revelador. El documento detalla paso a paso la llegada de Mengele al país, su pasaporte de la Cruz Roja, su nombre falso, Helmut Gregor, su historia falsa, el pedido en 1956 de una cédula de identidad argentina tramitada con su nombre verdadero, Josef Mengele, el casamiento en Uruguay con su cuñada, viuda de su hermano Karl Thaddeus, y hasta de su historial militar en la Alemania nazi “<b>se le acusa de horrendos crímenes y de torturas de toda índole</b>”, dice el informe, del pedido de extradición hecho por la fiscalía de Friburgo, de la denegación del gobierno argentino y de la alusión hecha, de forma extraoficial, de que <b>Mengele era acusado en Alemania por “delitos de carácter político”</b>.</p><p>Luego cita que Mengele había vivido en Sarmiento 1911, Vicente López, aunque en la tramitación de su divorcio en Alemania figuraba “Sarmiento 1875, Olivos”, y que habían dado con un antiguo domicilio del nazi, “en la calle Virrey Vértiz 790 de la localidad de Vicente López, lugar en el que vivió hasta enero próximo pasado”. Pero el agente Slootmann había tocado timbre en el 970 de Virrey Vértiz y no en el 790. La dirección correcta era la que había dado el agente Slootman. El informe dice que en las cercanías de ese domicilio “se lograron referencias que permitieron establecer que la esposa del causante se había mudado a la calle 5 de Julio 1101, lugar en el que alquila una habitación, mientras que su hijo, Carlos Enrique, lo hacía en la calle 5 de Julio 1074, ambos domicilios ubicados en la localidad de Vicente López, provincia de Buenos Aires; en lo que respecta a Mengele se le suponer (sic) ausente del país, previniéndose de que se produjera con él, una situación similar a la de Adolf Eichmann”.</p><p>Si la mujer de Mengele alquilaba una habitación en 5 de julio 1101, es de suponer que esa era la pensión “Jurmann” que Eichmann había fijado en el 1045 y no en el 1101 de Virrey Vértiz. Por otro lado, el 970 de Virrey Vértiz, la casa donde vivía un hombre de apellido Walter que no hablaba español, no era una pensión, sino una pequeña y elegante mansión. La policía también vigiló los laboratorios Fadro Farm y sus intentos de “establecer la concurrencia del causante (Mengele) o la presencia en el lugar de personas que pudieran relacionarse con los servicios de informaciones israelíes, <b>no dieron resultado positivo, estableciéndose solamente la presencia diaria en esas oficinas de una persona que guarda una gran similitud física con el causante</b>, del cual se posee una fotografía reciente; por razones de discreción no se han efectuado averiguaciones en el laboratorio de referencias, en el cual se ha establecido contacto con un señor Von Petery que se titula ayudante de José Mengele (…)“.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/2DJEQGVDUBFHBCJIYKIBGD2BVU.jpg?auth=d8709d14d26b3a980988dc5004d423e1cef35ca5acc5766c3c2841f7f2ea45bd&smart=true&width=1089&height=613" alt="Josef Mengele huyó de la Argentina mientras el servicio secreto israelí, Mossad, capturaba en Buenos Aires a otro de los jerarcas nazis: Adolf Eichmann" height="613" width="1089"/><p>Por fin, el documento detalla el interrogatorio de la policía a la esposa de Mengele. A mediados de ese mes de junio de 1960, a poco más de un mes del secuestro de Eichmann, María Marta Will y su hijo, Carlos Enrique (Karl Heinz) que tenía entonces dieciséis años, habían pedido un certificado de buena conducta para viajar a Suiza. Los investigadores ubicaron enseguida a la mujer: “A través de sus dichos se toma conocimiento de que se ausentan definitivamente de nuestro país para radicarse en Suiza, lugar en el que su hijo continuará sus estudios, y en el que ‘<b>me sentiré más tranquila porque las leyes suizas no contemplan los pedidos de extradición</b>‘”.</p><p>Sobre la mujer no existía ningún pedido de extradición, tampoco sobre su hijo adolescente. ¿Quería decir Marta Will que Mengele iba a radicarse en Suiza junto a ella? Sigue el informe: “Manifestó asimismo que en el momento mismo que complete su documentación adquirirá los pasajes para viajar de inmediato; preguntado por la situación de su esposo, <b>respondió que desconoce absolutamente donde se encuentra</b>, pues se retiró de su domicilio en el mes de abril próximo pasado sin expresarle donde se dirigía”. Si la mujer decía la verdad, Mengele habría salido de la Argentina un mes antes del secuestro de Eichmann. Will dijo también haber recibido un carta de Mengele: “En esa esquela –sigue el informe– que no tiene firma pero en la que la señora de Mengele reconoce la letra de su esposo, le expresa <b>sus intenciones de dirigirse a Venezuela o al Paraguay</b>; es de hacer notar que la estampilla de esa correspondencia tiene matasellos de una agencia de la Capital Federal”.</p><p>Paradero desconocido, cartas sin firma y sin remitente… ¿Cómo haría la pareja para reencontrase, uno en algún país de América Latina y la otra en un lugar todavía desconocido de Suiza? Fue una de las preguntas de los investigadores: “Manifestó que ignora cómo lo hará, pero que supone que establecerá contacto por intermedio de algún amigo común o por los medios que su esposo pueda arbitrar”. La declaración apestaba a mentira y los policías quisieron dejarlo en claro: “Queda en el ánimo de la investigación la seguridad de que <b>la señora de Mengele conoce perfectamente el lugar en el que se encuentra su esposo</b> y de que mantiene contacto con él, pues en el curso de la conversación mantenida expresó ‘quédense –y para ello usó todo su énfasis– tranquilos y absolutamente seguros, mi esposo hace tiempo que se fue de la Argentina’”.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/CMC34VPAIVD33KYVXN53FWGMEQ.jpg?auth=5d3bbc5f12b788f850b6c07eed523aa5d7c766d26f5c51a482de17b73e117551&smart=true&width=1920&height=2632" alt=" El criminal de guerra se convirtió en un hombre de negocios: fabricó juguetes, fundó un laboratorio y fue socio de la empresa Fadro Farm" height="2632" width="1920"/><p>El documento agrega: “Se tomó conocimiento asimismo –por el hijo de la señora Mengele– de que los mejores amigos del investigado en nuestro país son el señor Roberto Mertig y su socio en los laboratorios Fadro Farm”. Mertig era el dueño de Orbis Mertig, una firma que fabricaba artefactos de calefacción, y uno de los máximos miembros de la Unión Alemana de Gremios, continuadora bajo cuerda del partido nazi tras su prohibición en Alemania, que había sido socio del padre de Mengele, fabricante de máquinas agrícolas, y que dio trabajo al criminal nazi en Buenos Aires.</p><p>Los investigadores siguieron a la mujer de Mengele después de la reveladora charla. Se trató de “un discreto seguimiento” que los llevó hasta Maipú 62, un edificio “ocupado en su mayor parte por estudios de abogados, no estableciéndose a cual de ellos penetró, por razones de discreción; al salir se dirigió a la calle Rivadavia y Callao utilizando para hacer el viaje el subterráneo de la Línea ‘A’, razón por la cual el automóvil asignado al servicio perdió contacto con el personal; en el lugar de referencias ascendió a un automóvil conducido por una persona del sexo masculino, chapa 324.246, que según informes de la Dirección de Tránsito es de propiedad del llamado Gustavo Heriberto Paetsch, domiciliado en la calle Callao n° 53, Capital Federal. Es de hacer notar que en este último lugar se encuentra ubicado el local de exposición y venta de calefones y cocinas ‘Orbis’, de propiedad de Roberto Mertig, el cual se sindica anteriormente como una de las personas de confianza del investigado (…)”.</p><p><a href="https://www.infobae.com/historias/2025/02/08/el-nazi-que-se-refugio-en-argentina-fabrico-juguetes-y-fundo-un-laboratorio-el-final-de-mengele-el-monstruo-que-nunca-tuvo-paz/" target="_blank" rel="" title="https://www.infobae.com/historias/2025/02/08/el-nazi-que-se-refugio-en-argentina-fabrico-juguetes-y-fundo-un-laboratorio-el-final-de-mengele-el-monstruo-que-nunca-tuvo-paz/">Mengele jamás fue hallado</a>. Eludió a la justicia internacional, a la inteligencia israelí y a los cazadores de nazis porque <b>dejó de ser Mengele para siempre y borró con éxito sus huellas y su pasado</b>. Vivía en Paraguay cuando lo buscaban en Argentina y pasó luego a Brasil con otra identidad falsa: Wolfgang Gerhard. Vivió atormentado, con una pistola bajo la almohada de cada noche y con el fantasma del secuestro de Eichmann que velaba sus malos sueños. Vivió mal, pero vivió. No pudo hacerlo sin ayudas de todo tipo, que en sus últimos años, desde 1950 en adelante, pasaron a ser también secretas y ocultas.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/732OZLGF5JE6JAZGLBU44MXDKA.jpg?auth=a7c270cf71385be195a5bb20cc071f40a0b76f2f652eaca42cba0b4eff9366db&smart=true&width=1131&height=1699" alt="En febrero de 1959, la fiscalía de Friburgo y el tribunal regional de Fráncfort, Alemania, habían presentado en Argentina un pedido de extradición de Mengele. El pedido fue denegado por las autoridades argentinas por “fallas de forma y procedimiento”" height="1699" width="1131"/><p>El destino del que su mujer habló a los policías argentinos, Suiza, no le era extraño a Mengele. En 1956, con su flamante cédula de identidad argentina y con su verdadero nombre, obtuvo un pasaporte de la República Federal de Alemania, extendido por los buenos oficios de la embajada en Buenos Aires. También con su nombre verdadero viajó a la Europa de posguerra junto a su cuñada y al hijo de la mujer; recorrieron Suiza e incluso pasó una semana en su casa familiar de Gunzburgo, Baviera, donde había nacido el 16 de marzo de 1911. Luego regresó a la Argentina donde <b>vivió con su verdadero nombre, cuando era buscado en todo el mundo por criminal de guerra</b>, y con un pedido de extradición que las autoridades argentinas denegaron porque afirmaron que era un acusado de delitos políticos.</p><p>Cuando dejó para siempre de ser Mengele se instaló en Brasil al amparo de Hans Sedlmeier, un amigo de toda la vida y jefe de ventas de la empresa familiar de los Mengele en Gunzburgo. Su mujer no llegó a Suiza: el matrimonio acaso se rompió y Marta María Will regresó a Alemania con su hijo. El 7 de febrero de 1979, a cuarenta días de cumplir sesenta y ocho años, <b>un derrame cerebral abatió a Mengele mientras nadaba en el mar en la playa de Bertioga, San Pablo</b>. Fue enterrado como quien no era, Wolfgang Gerhard. Recién seis años después, en 1985, a pedido de la oficina del fiscal de Alemania Occidental, la policía allanó la casa de Sedlmeier y encontró una agenda con direcciones cifradas y cartas que probaban que Gerhard era Mengele. Confirmó su muerte Rolf Mengele, su único hijo de su primer matrimonio, que había cambiado su apellido por Jenckel, avergonzado de su padre. Los restos del criminal nazi fueron exhumados el 6 de junio de 1985 y el análisis forense determinó su identidad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/EPFHPZ2NRZEHDOA4C3FMHBXOOI.jpg?auth=789c0471e4e60bf79054964e04284a946ea1749bb5680cc3fabf0bd938b490a3&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Mengele ingresó al Partido Nacional Socialista de Austria y Alemania y adhirió con fervor a Hitler. Era profesor de medicina en la Universidad de Leipzig cuando se dictaron en Alemania las leyes de “protección de la raza aria” (Holocaust Memorial)
]]></media:description></media:content></item></channel></rss>