<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/tags_slug/men/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Thu, 07 May 2026 03:15:20 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[¿Timothée Chalamet podrá romper la maldición de los Oscar?]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2026/03/13/timothee-chalamet-podra-romper-la-maldicion-de-los-oscar/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2026/03/13/timothee-chalamet-podra-romper-la-maldicion-de-los-oscar/</guid><dc:creator><![CDATA[Kyle Buchanan]]></dc:creator><description><![CDATA[Reportajes Especiales - Lifestyle]]></description><pubDate>Fri, 13 Mar 2026 10:45:35 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/WFYECSV66BHN3EEQBHVXNG5YQI.png?auth=4c5614643e176ddff8daeb0445185c663ef0e71a1bcb41a97812f51f8ea7af31&smart=true&width=992&height=558" alt="" height="558" width="992"/><p>En el papel de un ambicioso jugador de tenis de mesa dispuesto a hacer lo que sea para salir adelante, Timothée Chalamet entrega uno de sus mejores trabajos en Marty Supremo y es casi seguro que conseguirá su tercera nominación al Oscar a fines de este mes. Ganar el premio, sin embargo, le exigirá superar una desventaja mucho más desalentadora que cualquier cosa a la que se enfrente su personaje en pantalla.</p><p>Durante casi un siglo, los votantes de los Oscar se han mostrado reacios a entregar el premio al mejor actor a hombres jóvenes, y han optado casi siempre por recompensar a intérpretes más veteranos. Chalamet, quien cumplió 30 años el 27 de diciembre, se convertiría en el segundo ganador más joven como mejor actor en la historia de la academia:Adrien Brody tenía 29 años cuando ganó por El pianista y sigue siendo el único hombre veinteañero que ha triunfado en esa máxima categoría.</p><p>¿Podrá Chalamet romper esa longeva maldición o seguirá los pasos de Leonardo DiCaprio, cuya condición de "eterna dama de honor" en los Oscar se convirtió en una broma recurrente a lo largo de sus 20 y 30 años?</p><p>Aunque los votantes de los Oscar no tienen reparos en recompensar a las actrices jóvenes, tradicionalmente quieren ver más experiencia en los hombres. Aparte de Chalamet, que ya obtuvo nominaciones por Llámame por tu nombre y Un completo desconocido, solo otros dos hombres menores de 30 años han sido nominados a mejor actor en la última década, Daniel Kaluuya (¡Huye!) y Paul Mescal (Aftersun). Durante ese mismo periodo, siete mujeres menores de 30 años fueron nominadas a mejor actriz, y tres --Brie Larson (La habitación), Emma Stone (La La Land. Una historia de amor) y Mikey Madison (Anora)-- llegaron a ganar.</p><p>A lo largo de los años, en las fiestas de la industria y en los eventos de la temporada de premios, he observado cómo se desarrolla esa dinámica, ya que los votantes masculinos de más edad charlan con entusiasmo con bellas ingenuas, mientras que muestran mucho menos interés por los jóvenes guapos con rumores de Oscar. Si un actor prometedor parece el tipo de hombre por el que se desmayaría su nieta, puede surgir la resistencia, y pueden pasar años hasta que ese actor se gane el respeto genuino de los mayores.</p><p>DiCaprio puede dar fe: cuando Titanic lo convirtió en una superestrella y empató el récord de victorias en los Oscar, los votantes se negaron incluso a nominarlo. La percepción de que DiCaprio era solo un rompecorazones adolescente perduró cuando pasó a papeles más maduros en películas de Martin Scorsese, y la academia le hizo esperar hasta los 40 años para recibir su primer Oscar, por El Renacido, un extenuante drama en tierras salvajes que demostró que había dejado muy atrás su imagen juvenil.</p><p>¿A qué se debe esa resistencia? Apostaría a que parte de ella tiene que ver con la forma en que hombres jóvenes como DiCaprio y Chalamet se abrieron paso en papeles románticos. Aunque las películas con esos papeles son algunas de las pocas que cuentan con actores menores de 30 años --es donde Mescal (Normal People), Robert Pattinson (Crepúsculo) y Jacob Elordi (El stand de los besos) se dieron a conocer--, el tufillo a romance también puede desanimar, dependiendo de quien lo huela.</p><p>Los hombres heterosexuales a menudo detestan a los actores que las mujeres adoran, una tensión que yo llamo la "brecha de la novia": en la década de 2010, mientras analizaba los datos sobre famosos de la empresa de estudios de mercado E-Poll, me sorprendió la cantidad de hombres que daban puntuaciones bajísimas a ídolos románticos como Pattinson y Zac Efron simplemente porque sabían que las mujeres los adoraban. (Buena suerte a Hudson Williams y Connor Storrie, los talentosos protagonistas de la romántica y exitosa serie Más que rivales, quienes merecen papeles importantes en el cine pero pueden enfrentarse a esa misma fricción).</p><p>¿Son los votantes de los Oscar realmente tan reaccionarios como esos resentidos hombres de clase media estadounidenses? Uno esperaría una sensibilidad más elitista, y con la diversificación de la academia en los últimos años, los caprichos de un bloque de votantes heterosexuales varones pueden tener menos peso.</p><p>Aún así, esa tradición consagrada me da que pensar incluso a la hora de predecir las nominaciones de este año para actores como Elordi y Michael B. Jordan, quienes encabezan importantes contendientes -Frankenstein y Sinners- pero aún así se enfrentan a vientos en contra en los Oscar. Jordan en particular nunca ha sido nominado, a pesar de un trabajo más que meritorio en Pantera Negra y Creed. Corazón de campeón. ¿Cuánto tiempo más harán esperar a este fenómeno de 38 años?</p><p>Cuando mujeres como Jennifer Lawrence y Natalie Portman cumplieron 30 años, los Oscar ya las habían canonizado como unas de las intérpretes preeminentes de sus generaciones. Puede que Chalamet y Jordan no necesiten esa validación para seguir prosperando como estrellas, pero yo diría que la academia tiene mucho más que perder si sigue pasándolos por alto.</p><p>Los Oscar están tan ansiosos por atraer a los hombres jóvenes a su retransmisión que la ceremonia pronto se trasladará a YouTube para llegar mejor a ellos. Y en los últimos años se han tomado varias decisiones en la academia --como ampliar la categoría de mejor película y proponer un Oscar a la mejor película popular-- con la intención de hacer sitio a más nominadas taquilleras que los hombres jóvenes puedan sintonizar para ver.</p><p>He aquí una reflexión: si cortejar a los hombres jóvenes es una prioridad, premiarlos debería ser más que una posibilidad. Apostaría a que hoy en día son muchos más los hombres jóvenes que sueñan con ser influentes que ganadores de un Oscar. Pero si vieran a actores de su edad en ese escenario, podría recordarles que esta tradición de casi 100 años sigue siendo importante.</p><p>Kyle Buchanan es reportero de cultura pop y escribe The Projectionist, la columna de la temporada de premios del Times.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/WFYECSV66BHN3EEQBHVXNG5YQI.png?auth=4c5614643e176ddff8daeb0445185c663ef0e71a1bcb41a97812f51f8ea7af31&amp;smart=true&amp;width=992&amp;height=558" type="image/png" height="558" width="992"/></item><item><title><![CDATA[Djokovic derrumba a Sinner y disputará la final contra Alcaraz]]></title><link>https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/30/djokovic-derrumba-a-sinner-y-disputara-la-final-contra-alcaraz/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/30/djokovic-derrumba-a-sinner-y-disputara-la-final-contra-alcaraz/</guid><dc:creator><![CDATA[Newsroom Infobae]]></dc:creator><description></description><pubDate>Sun, 01 Feb 2026 13:47:49 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z25JNTX5SRF4TNNP6BF5P2M67U.jpg?auth=0b98aa416bd6927ec24aa022f60946e3a88ac5c0d7fec538bf46b492c8161d3f&smart=true&width=5665&height=3777" alt="" height="3777" width="5665"/><p>Melbourne (Australia), 30 ene (EFE).- El serbio Novak Djokovic mantuvo el tipo ante las embestidas del italiano Jannik Sinner, tir&#243; de repertorio y despu&#233;s de cinco sets (3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4), y cuatro horas y nueve minutos de partido se clasific&#243;, por und&#233;cima vez, para la final del Abierto de Australia que disputar&#225; contra el espa&#241;ol Carlos Alcaraz.</p><p>El ganador de veinticuatro Grand slam se aferr&#243; a sus posibilidades y dio un giro a las estad&#237;sticas con el italiano con el que hab&#237;a perdido los &#250;ltimos cinco partidos.</p><p>El balc&#225;nico se convirti&#243; en el segundo jugador de la Era Abierta en alcanzar una final individual con 38 a&#241;os o m&#225;s despu&#233;s de Ken Rosewall, subcampe&#243;n en Wimbledon 1974 con 39 a&#241;os.</p><p>El serbio jugar&#225; el domingo con Alcaraz, que necesit&#243; cinco horas y 27 minutos en superar al alem&#225;n Alexander Zverev (6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5).</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/Z25JNTX5SRF4TNNP6BF5P2M67U.jpg?auth=0b98aa416bd6927ec24aa022f60946e3a88ac5c0d7fec538bf46b492c8161d3f&amp;smart=true&amp;width=5665&amp;height=3777" type="image/jpeg" height="3777" width="5665"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">JAMES ROSS</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La obesidad está matando a los hombres estadounidenses]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2025/09/24/la-obesidad-esta-matando-a-los-hombres-estadounidenses/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2025/09/24/la-obesidad-esta-matando-a-los-hombres-estadounidenses/</guid><dc:creator><![CDATA[Simar Bajaj]]></dc:creator><description><![CDATA[The New York Times: Edición Español]]></description><pubDate>Wed, 24 Sep 2025 18:00:22 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/C6YIFKBLWFFLPIRZEJIO4AEEGE.jpg?auth=9553ab1f72852671d2e682760d866f8d0f8ec5669d237a0da66b259eedb57baa&smart=true&width=2400&height=3600" alt="" height="3600" width="2400"/><p>Eric Reed siempre se consideró "un poco pesado". Pero de verdad comenzó a subir de peso en 2018, después de que una lesión en la espalda durante un entrenamiento del Ejército y un divorcio complicado lo dejaran en medio de una batalla emocional. El dolor le dificultó hacer ejercicio, y a los dos años de dejar el Ejército, subió 23 kilos más.</p><p>"Bebía todo el tiempo, al menos un paquete de 12 a 24 latas a la semana. Pedía pizza con regularidad, comía demasiado", aseguró Reed, que ahora tiene 41 años, es especialista en imagen médica y vive en Fairmont, Virginia Occidental. Su peso máximo ha sido de 162 kilos.</p><p>Reed había sido luchador en la preparatoria, pero ahora ya no podía terminar una partida de golf con su padre. A su nueva esposa, Kathleen, le encantaba explorar los parques estatales y navegar en kayak. "Intentaba hacer esas cosas con ella", dijo Reed, "pero no podía".</p><p>Aun así, nunca pensó en ir al médico. Simplemente era corpulento, como muchos de sus amigos, y la pérdida de peso le parecía más una preocupación de mujeres; en sus círculos, sacar el tema de la obesidad era como decir que eres "vegano en un asador", señaló.</p><p>Pero en 2023, su mujer lo llevó a la consulta del médico, donde le recetaron fármacos GLP-1 para la diabetes tipo 2 y la obesidad. "Si no hubiera sido porque ella me obligó, quizá no habría hecho nada", comentó Reed.</p><p>Datos recientes sugieren que alrededor del 40 por ciento de los adultos de Estados Unidos padecen obesidad, lo que abre el camino a la hipertensión, diversas formas de cáncer y cerca de 200 complicaciones más. Los hombres presentan tasas de obesidad similares a las de las mujeres, pero son menos propensos a buscar atención médica: solo representan el 20 por ciento de los pacientes de cirugía bariátrica y alrededor del 22 por ciento de las personas que toman fármacos contra la obesidad. Aunque los hombres toman medicamentos GLP-1, un estudio reciente sugiere que también son más propensos a dejar de usarlos.</p><p>Es difícil determinar con exactitud por qué existe esta brecha en el tratamiento, pero quizá esté vinculada a la mayor atención que la sociedad presta al cuerpo de la mujer y a la tendencia general de los hombres a retrasar la búsqueda de atención médica, sobre todo cuando se trata del peso. Las consecuencias, sin embargo, pueden ser graves, pues la obesidad tiende a ser más mortal en los hombres que en las mujeres. Además, los expertos afirman que la obesidad no tratada contribuye en gran medida a la diferencia de 5 años de esperanza de vida entre hombres y mujeres.</p><p>La obesidad puede ser más peligrosa en los hombres</p><p>La obesidad está relacionada con el envejecimiento acelerado y la muerte prematura, y suele definirse por el índice de masa corporal, una medida del peso y la altura. Aunque el IMC se utiliza de manera amplia, es una herramienta inexacta que no puede distinguir entre músculo y diferentes tipos de grasa. El lugar donde se acumula el exceso de grasa también es importante.</p><p>Las mujeres tienden a acumular grasa alrededor de las caderas y los muslos, mientras que los hombres tienden a acumular grasa visceral en lo más profundo del vientre y alrededor de los órganos, explicó Louis Aronne, director del centro integral de control de peso de Weill Cornell Medicine.</p><p>La grasa visceral es especialmente peligrosa. Produce moléculas inflamatorias y un flujo constante de ácidos grasos, por lo que el hígado se inunda de estas sustancias químicas, señaló Aronne. Con el tiempo, esto puede provocar coágulos sanguíneos, resistencia a la insulina y placas arteriales, lo que puede ayudar a explicar por qué los hombres tienen un mayor riesgo de sufrir cardiopatías, diabetes tipo 2 y otras complicaciones relacionadas con la obesidad.</p><p>Sin embargo, la grasa subcutánea --que suelen tener las mujeres-- puede proteger de muchas de estas complicaciones, pues retiran de circulación los ácidos grasos, según Aronne.</p><p>Se trata de una tormenta perfecta, ya que los hombres son más propensos a muchas enfermedades relacionadas con la obesidad, pero menos propensos a buscar ayuda médica, afirmó Michal Luniewski, endocrinólogo e investigador de salud metabólica de la Universidad Médica de Lublin, Polonia. A menudo acuden a consulta con complicaciones en fase avanzada más difíciles de tratar.</p><p>Por qué los hombres no se someten a tratamientos contra la obesidad</p><p>Es difícil señalar una razón de la brecha en el tratamiento de la obesidad, pero las mujeres en general se enfrentan a estándares de belleza más rígidos, dijo la doctora Juliana Simonetti, directora del programa de medicina de la obesidad en el Hospital de la Universidad de Utah. Por eso, las mujeres pueden sentirse más presionadas para buscar tratamientos contra la obesidad. Pero es menos probable que los hombres reconozcan siquiera que padecen obesidad.</p><p>Muchos hombres creen que pueden perder peso ellos solos, aseguró Spencer Tilley, médico especialista en medicina familiar de California. Hay un machismo que hace que los hombres sientan que pueden curar la obesidad con pura fuerza de voluntad, ya sea que decidan beber menos o ir al gimnasio. "Algunos no se dan cuenta de que en realidad se trata de una enfermedad", añade Tilley.</p><p>Los hombres de por sí son menos propensos a ir al médico, a diferencia de las mujeres; en cuanto a la idea de tener que perder peso, pueden sentirse menos hombres, afirmó Goutham Rao, jefe del departamento de medicina familiar y salud comunitaria del Centro Médico de los Hospitales Universitarios de Cleveland.</p><p>Nunca ha tenido un paciente varón que acuda a una consulta de atención primaria para perder peso, pero Rao dice que pueden venir porque les falta el aire constantemente y quieren mejorar su aptitud física, o después de haber tenido que ir a urgencias, pues quieren mejorar su salud cardiaca. Stephen Brandon, director de ingeniería de software de 46 años de Bremerton, Washington, buscó ayuda médica para la obesidad solo después de estar hospitalizado durante una semana debido a un problema cardiaco. El padre de Brandon tuvo que pasar por cuatro infartos para por fin decidirse a tomar un agonista del receptor GLP-1.</p><p>Cómo intentan los médicos llegar a los hombres con obesidad</p><p>Los nuevos fármacos contra la obesidad, como la semaglutida y la tirzepatida, también tratan las enfermedades cardiovasculares, la apnea obstructiva del sueño, las enfermedades renales y la hepatopatía grasa grave. Eso puede ser útil para los médicos que asesoran a pacientes reticentes, porque pueden vincular el tratamiento a afecciones que muchos hombres ya se toman en serio, dijo Tilley.</p><p>Del mismo modo, a menudo hace hincapié en que la pérdida de peso puede ayudar a sus pacientes a dejar de tomar otros medicamentos. La obesidad también está relacionada con un bajo recuento de espermatozoides, disfunción eréctil y escasa fertilidad, explicó Neel Shah, director médico de Maven Clinic, y los hombres suelen tomarse estas afecciones más en serio que el peso.</p><p>Las relaciones pueden ser otra motivación poderosa.</p><p>Rao afirma que muchos hombres solo acuden a su clínica de control de peso porque su pareja está preocupada por ellos o porque quieren dar un mejor ejemplo a sus hijos.</p><p>En cuanto a la mejor forma de llegar a los hombres, Reed ofrece un argumento más sencillo: la diferencia que los fármacos GLP-1 marcan en su propia vida. En los últimos dos años, ha perdido 34 kilos y, a medida que ha ido perdiendo peso, su diabetes se ha controlado, su dolor de espalda se ha calmado, y ahora él y su mujer están intentando tener hijos.</p><p>Este mes esperan hacer kayak en Elk River, cerca de donde creció Kathleen Reed. "Y hace solo unas semanas, pude completar 18 hoyos de golf con mi padre", dijo Eric Reed. Era la primera vez que podía jugar en cuatro años.</p><p>"Estaba cansado y adolorido", dijo, "pero no sentí que tuviera que parar".</p><p>En su momento de mayor peso, Eric Reed, en su casa de Fairmont, Virginia Occidental, pesaba 162 kg y padecía diabetes tipo 2, colesterol alto e hipertensión. Buscó ayuda médica para tratar su obesidad y comenzó a tomar medicamentos GLP-1 solo después de que su esposa lo animara a hacerlo. (Kristian Thacker/The New York Times)</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/C6YIFKBLWFFLPIRZEJIO4AEEGE.jpg?auth=9553ab1f72852671d2e682760d866f8d0f8ec5669d237a0da66b259eedb57baa&amp;smart=true&amp;width=2400&amp;height=3600" type="image/jpeg" height="3600" width="2400"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">KRISTIAN THACKER</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Hombres, ¿adónde se fueron? Vuelvan, por favor]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2025/06/27/hombres-adonde-se-fueron-vuelvan-por-favor/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2025/06/27/hombres-adonde-se-fueron-vuelvan-por-favor/</guid><dc:creator><![CDATA[Rachel Drucker]]></dc:creator><description><![CDATA[Reportajes Especiales - Lifestyle]]></description><pubDate>Fri, 27 Jun 2025 19:00:21 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M43K2TQNFBFOZEJ5BDQ3TTEERQ.jpg?auth=6ac4e34143b5841d4179c1cdaa1f4dc8a625c138173c304928ac994e149ae580&smart=true&width=2400&height=2858" alt="" height="2858" width="2400"/><p>TANTOS HOMBRES SE HAN RETIRADO DE LA INTIMIDAD, ESCONDIÉNDOSE TRAS CORTAFUEGOS, FILTROS Y PERSONAS CURADAS, CURIOSEANDO Y DESPLAZÁNDOSE POR LA PANTALLA. LOS ECHAMOS DE MENOS</p><p>17 de mayo. Una cálida noche de sábado en Wicker Park, un vibrante tramo de Chicago donde siete restaurantes abarrotan una sola manzana.</p><p>Troy y yo estábamos cenando en Mama Delia, uno de los restaurantes más tranquilos. En el patio de la acera había cinco mesas: tres de dos tableros, incluida la nuestra, y un par juntas para un grupo de ocho mujeres. En esas mesas, Troy era el único hombre.</p><p>La escena era hermosa: luces bajas, platos compartidos, hombros inclinados hacia dentro. El tipo de velada que la gente espera todo el invierno. Aun así, me encontré observando a la multitud que pasaba junto a nosotros: mujeres que caminaban en parejas o solas, vestidas con esmero. En los restaurantes cercanos, mesa tras mesa, había una notable ausencia de hombres, al menos de hombres sentados en lo que parecían citas.</p><p>Troy y yo nos conocemos desde hace casi 20 años. Nos conocimos en Playboy, precisamente cuando ambos estábamos aprendiendo cómo se empaqueta, se vende y, a veces, se malinterpreta el deseo. Seguimos siendo amigos íntimos, unidos no solo por nuestras opiniones, sino por el esfuerzo que supone permanecer en la vida de alguien.</p><p>Aquella noche, hicimos el esfuerzo. Sin embargo, lo que vi desarrollarse a nuestro alrededor me pareció algo totalmente distinto: un cambio colectivo que no podía dejar de ver.</p><p>Empezó a hacerse evidente el mes de abril anterior, cuando un hombre que me había estado cortejando canceló una cena en el último minuto. Hubo una confusión de horarios con el partido de su hijo. Fui comprensiva. Soy madre de un jugador de hockey; lo entiendo. Aun así, fui. Me puse lo que me habría puesto de todos modos. Tomé la mesa. Pedí bien. Y observé el lugar.</p><p>Solo dos mesas cercanas parecían ser para citas reales. Las demás eran grupos de mujeres, o mujeres solas, cada una ocupando su espacio con serenidad. Sin encogerse. Sin esperar. Sin disculparse.</p><p>Aquella noche marcó algo. No un desengaño, sino una revelación. Una sensación de que lo que había estado experimentando no era únicamente un desajuste personal. Era algo más grande. Cultural. Una lenta desaparición de la presencia.</p><p>Pasé más de una década detrás de la cortina del deseo digital. Como custodia de los registros de Playboy y sus propiedades afiliadas de contenido explícito, incluidos sitios como Spice TV, era responsable de algunos de los contenidos para adultos que eran más objeto de infracción en el mundo. Trabajé en estrecha colaboración con abogados de derechos de autor y equipos de mercadotecnia para comprender exactamente lo que hacía falta para que un hombre pagara por un contenido que podía encontrar gratis sin problemas.</p><p>Sabíamos lo que funcionaba. Sabíamos cómo enmarcar una cara, un gesto, un momento con implicaciones, apenas lo suficiente para encender la fantasía y abrir una cartera. Llegué a comprender, en términos exactos, qué pistas tentaban al hombre heterosexual cis promedio de 18 a 36 años. Qué le atraía. Lo que le hacía volver. No era la intimidad. No era la reciprocidad. Era el acceso a la estimulación, limpia, rápida y sin fricción.</p><p>En ese mundo, no hay necesidad de conversación. Ni esfuerzo. Ni curiosidad. Sin reciprocidad. No hay que tener en cuenta los sentimientos de nadie, no hay que navegar por la vulnerabilidad. Solo un circuito cerrado de consumo.</p><p>Lo que más me llamó la atención no fue lo extremo del contenido, sino la vacuidad emocional que había detrás. La deriva. La forma en que muchos hombres se habían retirado silenciosamente de la intimidad y la vulnerabilidad. No con violencia o resistencia, sino con indiferencia.</p><p>No estaban sentados frente a alguien un sábado por la noche, intentando conectar. Se desplazaban por aplicaciones de citas. Curioseaban. Desaparecían detrás de cortafuegos, filtros y personas seleccionadas. Y mientras desaparecían, las mujeres seguían reuniéndose. Atendiendo, en todos los sentidos. Para darse cuenta de quién no llegaba y de todos modos hacerse presentes.</p><p>Tengo 54 años. Llevo saliendo en citas desde mediados de los 80, he estado casada, he sido madre, me he divorciado, he tenido muchas relaciones largas y cortas. Recuerdo cuando parte de la cultura masculina heterosexual consistía en presentarse con una mujer para indicar algo: estatus, éxito, deseabilidad. Las mujeres eran antes significantes de valor, incluso para otros hombres. No siempre era sano, pero significaba que los hombres tenían que aparecer y esforzarse.</p><p>Esa dinámica se ha derrumbado silenciosamente. Hemos entrado en una era en la que muchos hombres ya no buscan a las mujeres para impresionar a otros hombres o para conectar por encima de las diferencias. Actúan en otra parte. Solos. Nos han filtrado.</p><p>Hace poco experimenté un destello de posibilidad. Con James. Nos conocimos en Raya, la aplicación de citas. Hubo algo mutuo desde el principio: juego de palabras, precisión emocional, un tono que parecía compenetrado. Fue breve, pero hubo luz. Recuerdo que le dije: "Incluso las conexiones fugaces importan, cuando son mutuas y se encienden desde dentro". Lo decía en serio.</p><p>Había justo la chispa suficiente para preguntarse qué podría ocurrir. Suficiente curiosidad para imaginar una puerta. Pero no la atravesó. No con un plan. Ni con presencia. Rondaba en torno a mí, coqueteaba, se alejaba, ofreciendo calor pero sin un objetivo claro.</p><p>La tensión sexual y una chispa no son razón suficiente para quedarse quieta y esperar que haya sustancia tras la chispa. Así que le puse nombre a lo que sentía. Le envié un mensaje claro, con cuidado, no solo para declararle atracción, sino para hacerle una invitación real a explorar lo que era posible. No lo perseguí. Le extendí una invitación, pero dejando la puerta abierta. Si alguna vez quería cruzar el umbral --no solo para tomar, sino para encontrarse--, yo estaba dispuesta. Lo deseaba. Sigo queriendo.</p><p>Nunca respondió. Aún sigue mis historias de Instagram, uno de esos pequeños gestos de compromiso pasivo que tantos de nosotros confundimos ahora con cercanía. Parece interés. Parece silencio.</p><p>Hay miles de James. Yo he conocido a docenas. El arco varía, pero la resaca es familiar.</p><p>Lo que no me interesa es estar orbitando sin dirección. Eso que tantos hombres parecen confundir ahora con una conexión: el "quizá" perpetuo. Los  emoji para hacer un "check-in". El "a ver adónde va" casual, sin llegar nunca a ninguna parte. Lo llamamos "relación de situación". Pero, sobre todo, es evasión. Una abdicación de la propiedad: de los sentimientos, del comportamiento, del sexo que no es un medio para obtener un fin, sino una comunión.</p><p>Hubo un tiempo, no hace tanto, en que incluso una aventura de una noche podía acabar con nuestros cuerpos entrelazados y un desayuno compartido. Cuando el acto de pasar la noche no anunciaba una relación, sino solo la voluntad de ser humano durante unas horas más. Ahora, incluso ese tipo de contacto sin guión parece raro. Hemos construido tantos límites que hemos amurallado los momentos que hacen memorable la conexión. Y, francamente, el sexo matutino suele ser el mejor sexo. A veces incluso te dan una ración de huevos antes de que desaparezcas de su cama y de su vida para siempre.</p><p>Esta idea de que la vulnerabilidad es una amenaza en lugar de una invitación ha creado una cultura de vacilación, de hombres que rodean la intimidad pero nunca entran en ella. Y el resultado son miles de pequeños silos. Todos interpretando la cercanía, pero nadie haciendo un movimiento que vincule. Aislamiento. Soledad. Un hambre de contacto que no tiene dónde aterrizar.</p><p>Quizá estemos entre paradigmas, de luto por lo que ha caído, sin dominar aún lo que viene después. Las infraestructuras de la intimidad --lentitud, curiosidad, responsabilidad-- han sido erosionadas por la prisa, la comodidad y una especie de retirada emocional autorizada.</p><p>No se trata de culpar a los hombres. Se trata de darse cuenta del desequilibrio. De lamentar lo que no nos satisface. Y de negarse a disfrazarlo de fracaso personal cuando en realidad es una realidad colectiva.</p><p>Así que esto es lo que diré: los extrañamos. No solo yo, sino el mundo que una vez ayudaron a formar.</p><p>Nos acordamos de ustedes. La versión de ustedes que permanecía en la mesa. La que reía desde el pecho. Que hacía preguntas y esperaba las respuestas. Que tocaba sin llevarse algo. Que escuchaba --escuchaba de verdad-- cuando una mujer hablaba.</p><p>No se han ido, pero su presencia disminuye. En los restaurantes, en las amistades, en los lentos rituales del surgimiento romántico.</p><p>Se han retirado, no hacia la malicia, sino hacia algo más suave y más duro a la vez: evitación. Agotamiento. Deterioro.</p><p>Quizá nadie les enseñó a quedarse. Quizá lo intentaron una vez y les dolió. Quizá el mundo les dijo que su papel era proporcionar, cumplir, proteger... y nunca sentir.</p><p>Pero esto es lo real: nunca necesitamos que fueran perfectos. Necesitábamos que estuvieran con nosotras. No por encima. No en silencio. No enmascarado. Solo con.</p><p>Y aún pueden volver. No convirtiéndose en otra persona, sino recordando cómo se siente la conexión cuando es honesta y lenta. Cuando se gana y es desordenada y sagrada.</p><p>Seguimos aquí, quienes estamos dispuestas a cocrear algo verdadero. No somos imposibles de complacer. No pedimos actuaciones.</p><p>Pedimos presencia. Por valentía. Para la respiración y el contacto visual y la capacidad de decir: "Estoy aquí. No sé cómo hacerlo perfectamente, pero quiero intentarlo".</p><p>Vuelvan. No con flores ni fuegos artificiales, sino con voluntad. Con todo su hermoso e imperfecto corazón.</p><p>Nosotras seguimos aquí. Y no hemos dejado de tener esperanza.</p><p>En cuanto a mí, seguiré estando presente. No porque esté esperando. Sino porque sé lo que se siente cuando alguien por fin llega.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/M43K2TQNFBFOZEJ5BDQ3TTEERQ.jpg?auth=6ac4e34143b5841d4179c1cdaa1f4dc8a625c138173c304928ac994e149ae580&amp;smart=true&amp;width=2400&amp;height=2858" type="image/jpeg" height="2858" width="2400"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">BRIAN REA</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Obama llamó a los hombres negros a dejar las 'excusas' y apoyar a Harris]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/10/12/obama-llamo-a-los-hombres-negros-a-dejar-las-excusas-y-apoyar-a-harris/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/10/12/obama-llamo-a-los-hombres-negros-a-dejar-las-excusas-y-apoyar-a-harris/</guid><dc:creator><![CDATA[Erica L. Green and Katie Rogers]]></dc:creator><description><![CDATA[Reportajes Especiales - News]]></description><pubDate>Sat, 12 Oct 2024 12:45:26 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/U3IOBA523RG23FECIXEF6YMKDM.jpg?auth=7658c6914843064412b13d5270cc814ddef058d6c28317a7c168c64e7bf57852&smart=true&width=5000&height=3334" alt="" height="3334" width="5000"/><p>Obama, BarackHarris, Kamala DDemocratic PartyPresidential Election of 2024Politics and GovernmentTrump, Donald JBlack PeopleMen and BoysPolls and Public Opinion</p><p>En un acto de campaña a favor de la vicepresidenta, el exmandatario se dirigió severamente a quienes no han decidido todavía su voto.</p><p>El expresidente Barack Obama viajó a Pittsburgh el jueves para instar a los votantes a elegir a la vicepresidenta Kamala Harris en noviembre, y envió un mensaje a un grupo en particular: los hombres negros.</p><p>La decisión que los votantes tienen que tomar entre la vicepresidenta y el expresidente Donald Trump, su oponente republicano, "no es difícil ni de cerca", dijo Obama mientras visitaba a un grupo de voluntarios y funcionarios de la campaña en una oficina local justo antes de su aparición en un mitin de Harris. Su mensaje iba dirigido a los votantes negros varones, de quienes dijo podrían no estar todavía del lado de Harris.</p><p>Citando "los informes que estoy recibiendo de las campañas y las comunidades", llamó la atención sobre lo que dijo era un entusiasmo decaído por Harris en comparación con el apoyo que él recibió cuando se postuló para la presidencia en 2008.</p><p>"Se están inventando todo tipo de razones y excusas", dijo Obama. "Tengo un problema con eso".</p><p>"Parte de eso me hace pensar que, bueno, simplemente no les agrada la idea de tener a una mujer como presidenta, y están inventando otras alternativas y otras razones para ello", continuó Obama, añadiendo que las "mujeres en nuestras vidas nos han estado cubriendo las espaldas todo este tiempo".</p><p>"Cuando tenemos problemas y el sistema no está funcionando para nosotros, son ellas las que salen a marchar y protestar".</p><p>Las severas palabras del expresidente pretendían hacer frente a señales preocupantes para Harris, como que el apoyo entre los votantes negros sigue siendo inferior al que recibió el presidente Biden cuando ganó Pensilvania en 2020, según una encuesta del mes pasado de The New York Times, The Philadelphia Inquirer y Siena College. Los asesores de Harris y varios estrategas demócratas creen que si alguien puede levantar la participación de los votantes negros, ese es Obama.</p><p>"Obviamente, tiene un enorme atractivo para los votantes negros", dijo el estratega demócrata James Carville. "Tiene un tremendo atractivo para los votantes blancos de los suburbios, que es otra gran parte de la coalición. Y vuelve loco a Trump".</p><p>La votación anticipada ya ha comenzado en Pensilvania, y Harris casi con toda seguridad debe ganar ese estado para derrotar a Trump. Allí mantiene una estrecha ventaja en las encuestas, habiendo superado el importante déficit que heredó de Biden. Los demócratas esperan una alta participación electoral en las ciudades más grandes del estado, Pittsburgh y Filadelfia.</p><p>Obama sigue siendo adorado por los demócratas, lo que le convierte en un sustituto natural de Harris en la campaña. Más del 90 por ciento de los demócratas y muchos independientes lo ven con buenos ojos, según una encuesta realizada en agosto por The Economist y YouGov, muy por encima de otros demócratas, como Biden, Bill Clinton y Hillary Clinton.</p><p>Harris fue una de las primeras partidarias de Obama, y en 2007 viajó a Iowa para tocar puertas en nombre del joven senador de Illinois cuando ella era fiscal del distrito de San Francisco.</p><p>El mitin de Pittsburgh fue el punto de partida a los planes de Obama de devolver el favor. El expresidente tiene previsto recorrer los estados más disputados en las últimas semanas antes de las elecciones para insistir en la importancia de votar.</p><p>El jueves por la noche, ante más de 4.500 personas en el Fitzgerald Field House de la Universidad de Pittsburgh, Obama defendió a Harris en gran medida lanzando un mordaz ataque a Trump. Se burló de Trump por ser incapaz de relacionarse con los estadounidenses de a pie y, entre abucheos, dijo bromeando que lo más probable es que nunca haya cambiado un pañal o un neumático. Los ataques también se tornaron serios cuando Obama criticó la respuesta de Trump a los mortíferos huracanes que han devastado los estados del sureste.</p><p>Obama se refirió a un mitin después de que el huracán Helene devastara las Carolinas y Georgia, en el que Trump hizo una serie de afirmaciones falsas. Lo contrastó con las visitas que Harris y Biden hicieron a esos estados en los días posteriores, donde se reunieron con trabajadores de emergencias y consolaron a las familias.</p><p>"Donald Trump, en un mitin, empezó a inventarse historias sobre que el gobierno de Biden retenía ayuda en zonas republicanas y la desviaba para dársela a inmigrantes indocumentados", dijo. "Simplemente se inventó esas cosas".</p><p>"Todo el mundo sabía que no era verdad", dijo. "Incluso los republicanos locales dijeron que no era cierto".</p><p>Obama dijo que las acusaciones de Trump acarreaban graves consecuencias porque podrían disuadir a la gente de buscar ayuda.</p><p>"La idea de intentar engañar intencionadamente a la gente en sus momentos más desesperados y vulnerables", dijo, "y mi pregunta es: ¿cuándo se volvió eso aceptable?".</p><p>Obama reconoció la frustración que siente la gente tras una pandemia que reventó la economía, lo que ha sido un punto vulnerable para la campaña de Harris.</p><p>"Entiendo por qué la gente quiere cambiar las cosas", dijo. "Lo que no puedo entender es por qué alguien podría pensar que Donald Trump va a cambiar las cosas de una manera que sea buena para ustedes, Pensilvania".</p><p>"No hay absolutamente ninguna prueba de que este hombre piense en alguien más que en sí mismo", añadió.</p><p>Obama también utilizó el historial de Trump para ampliar su llamamiento a todos los hombres para que apoyen a Harris.</p><p>"Y por cierto, lo siento, caballeros, me he dado cuenta de esto, especialmente con algunos hombres que parecen pensar que el comportamiento de Trump de intimidar y menospreciar a la gente es un signo de fortaleza", dijo. "Y estoy aquí para decirles que eso no es la verdadera fortaleza. Nunca lo ha sido".</p><p>"La verdadera fortaleza es trabajar duro y llevar una carga pesada sin quejarse", continuó, mientras elevaba el tono de su voz hasta convertirse en un grito. "La verdadera fortaleza consiste en asumir la responsabilidad de tus actos y decir la verdad incluso cuando no es conveniente. La verdadera fuerza consiste en ayudar a las personas que lo necesitan y defender a quienes no siempre pueden hacerlo por sí mismos. Eso es lo que deberíamos querer para nuestras hijas y para nuestros hijos, y eso es lo que quiero ver en quien ocupe la presidencia de Estados Unidos de América".</p><p>Erica L. Green es corresponsal en la Casa Blanca y cubre la información sobre el presidente Joe Biden y su gobierno. Más de Erica L. Green</p><p>Katie Rogers es corresponsal de la Casa Blanca. Durante buena parte de la década pasada se ha centrado en la presidencia, la familia del presidente y la vida en Washington, además de cubrir una variedad de temas, incluida la política interna y la política exterior. Es autora de un libro sobre las primeras damas de la Casa Blanca. Más de Katie Rogers</p><p>Nicholas Nehamas contribuyó informando desde Las Vegas. Más de Nicholas Nehamas</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/U3IOBA523RG23FECIXEF6YMKDM.jpg?auth=7658c6914843064412b13d5270cc814ddef058d6c28317a7c168c64e7bf57852&amp;smart=true&amp;width=5000&amp;height=3334" type="image/jpeg" height="3334" width="5000"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">MADDIE MCGARVEY</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[CORRECCIÓN: Desplacé a los hombres, pero desplazar mi deseo por ellos es más difícil]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/09/27/correccion-desplace-a-los-hombres-pero-desplazar-mi-deseo-por-ellos-es-mas-dificil/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/09/27/correccion-desplace-a-los-hombres-pero-desplazar-mi-deseo-por-ellos-es-mas-dificil/</guid><dc:creator><![CDATA[Jasmine Browley]]></dc:creator><description><![CDATA[Yahoo Spanish]]></description><pubDate>Fri, 27 Sep 2024 21:00:49 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/ODTCUQPXSFGDPCBSYGTWVQFQXY.jpg?auth=a52af44e39748f4d19ea077d29529b5934cf308e7aa8100d9699ad38463b09cf&smart=true&width=2520&height=3000" alt="" height="3000" width="2520"/><p>ORGANIZAR MI VIDA EN TORNO A UN FUTURO MARIDO IDÍLICO SIEMPRE ME HA PARECIDO MAL.</p><p>"¿No quieres casarte?", dijo Roy.</p><p>Esa pregunta siempre me erizaba la piel. "No", respondía con una sonrisa tímida y un modesto encogimiento de hombros. He aprendido a hacer que la gente, sobre todo los hombres, se sienta cómoda con mi respuesta severa a través de un humilde lenguaje corporal. "Querer eso es una carga demasiado grande cuando también quiero vivir una gran vida".</p><p>Roy arrugó el ceño mientras jugaba con las papas fritas tibias de su plato. Esta soleada cafetería me recordaba a la cocina de mi tía sureña favorita. Quizá por eso me sentía tan a gusto sentada aquí con él. O quizá era él.</p><p>"Creo que entiendo lo que dices", dijo con su acento tejano. Pasó un largo rato. Era una de las muchas cosas que me gustaban de él: su relación coqueta con los silencios medidos. Finalmente, dijo: "Quiero casarme algún día. ¿Quieres saber por qué? Sé que mi gran vida será aún más grande con ella".</p><p>Conocí a Roy en un bar de Dallas el 19 de junio de 2022, uno de los mejores momentos y lugares para ser negra, joven y orgullosa. Recién llegada en avión desde Chicago, estaba calientita, borracha y feliz mientras seguía a mis amigas entre una multitud de juerguistas. Al sentir un tirón en la trabilla trasera de mis pantalones de mezclilla, volteé y vi a Roy ahí parado, alto, moreno y sonriente.</p><p>"¿Puedo ayudarte en algo?", pregunté.</p><p>"Sí, creo que puedes", respondió.</p><p>Acabamos bailando, bromeando y tocándonos el tiempo suficiente para que mis amigas tuvieran que venir a buscarme entre la multitud para comunicarme que se iban al siguiente bar. Antes de seguirlas afuera, Roy y yo intercambiamos números. No esperaba volver a saber de él, como con la mayoría de los contactos coquetos que había tenido con hombres a lo largo de los años. No podría haberme importado menos.</p><p>A los 32 años, hacía tiempo que me había dado permiso para alcanzar la autorrealización con o sin encontrar nunca el amor romántico eterno. Tenía amor de familia. Amor de amigos. A diferencia de algunas de mis amigas, cuya felicidad absoluta dependía de su futuro marido e hijos sin nombre ni rostro, a mí a menudo me aterraba la idea de atarme a esas cosas.</p><p>"¡La vida es mucho más que eso!", pensaba mientras mis amigas hablaban del vestido de sus sueños o del corte de diamante ideal para el anillo que llevarían con orgullo el resto de sus vidas. Cómo serían la matriarca en su versión moderna de los Huxtable: el epítome de la estructura familiar nuclear negra y excelente.</p><p>Todo eso me daba náuseas solo de pensarlo.</p><p>Me gustaría pensar que mi desconexión de la vida doméstica se debió a una serie de desamores adolescentes y veinteañeros causados por relaciones y situaciones que salieron mal, pero todo empezó mucho antes. En el segundo año de la escuela primaria, me di cuenta de lo serias que se ponían las chicas con sus enamoramientos. Y cómo cambiaban sus pequeñas personalidades incipientes para adaptarse a lo que creían que llamaría la atención de los chicos.</p><p>Incluso entonces, a los 6 años, pensaba: "Qué asco".</p><p>Leí que a muchas adolescentes las inundan durante sus años de formación con imágenes que moldean sus expectativas del amor, en lo que se basa la mayoría de sus decisiones más importantes en la vida, y que la mayoría de los anhelos que tendrán más tarde de ser esposas son la manifestación del condicionamiento temprano de las películas de cuentos de hadas de Disney que veían mientras crecían.</p><p>Precisamente por eso no me permití esperar demasiado de Roy aquella primera noche que nos conocimos. Sí, el coqueteo fue delicioso, y él mostró las clásicas señales de que yo también le gustaba. Pero, ¿y qué? No tenía visión de lo que vendría después y me pareció bien dejarlo donde lo conocí.</p><p>En ese momento llevaba casi un año sin salir con nadie, y era maravilloso, algo un poco raro. Así que recurrí a internet para investigar, y encontré el término que se proponía en TikTok para lo que había estado sintiendo durante la mayor parte de mi vida: oficialmente había "desplazado a los hombres".</p><p>Es un movimiento que deja espacio para que las mujeres se pongan a sí mismas en primer lugar en vez de enfocarlo todo, se den cuenta o no, en las opiniones y la influencia de los hombres. Después de caer en el agujero negro de TikTok, me di cuenta de que una de las cosas que más me gustaba del fenómeno era que el movimiento no consistía en rechazar tu feminidad. Tampoco se trataba de odiar, repeler intencionadamente o eliminar a los hombres. Simplemente preocuparse por los hombres requería mucha energía --al menos en mi caso--, y se trataba de que las mujeres no pusieran a los hombres en el centro de sus vidas.</p><p>No es un concepto nuevo en absoluto. Al menos cuatro olas de feminismo implicaron alguna forma de centrarse en las mujeres por encima de los hombres en sus vidas, incluso las mujeres cishetero. Por fin. Sentí que no estaba sola en mi desinterés por el concepto de conseguir y conservar a un hombre como validación de mi existencia como mujer.</p><p>Y, sin embargo, el corazón me dio un vuelco cuando Roy me envió un mensaje de texto dos días después. Y me dolía la cara de tanto sonreír cuando tuvimos nuestra primera cita perfecta la noche siguiente. Me dolía el estómago de las carcajadas que me arrancaba con sus bromas oportunas.</p><p>Acabamos pasando toda la noche juntos, estrechando lazos como no lo había hecho con un chico desde antes de reconocer el tipo de daño que podían hacer los hombres si no cuidaba mi corazón. Dios, ¿en quién me estaba convirtiendo?</p><p>Durante los siguientes meses, cada vez que estaba en Dallas por trabajo o para visitar a amigos, Roy era prioridad. Cuando estaba allí, era suya.</p><p>Lo irónico es que estuve mucho tiempo sin hablar con él. Sin mensajes. Ni llamadas. Nada de nada. Era una forma estupenda de afirmarme a mí misma que yo era lo primero. Para no perderme demasiado en la florida naturaleza poética de toda la situación. Mi vida seguía siendo mía. Mis pies seguían en el suelo. No habría planificación familiar, ni ilusiones, ni fantasías ni ensoñaciones flotantes sobre cómo sería un hogar si los dos lo creáramos juntos.</p><p>No, pensaría. Los hombres no son mi prioridad. Roy no es mi prioridad.</p><p>Y eso funcionó bien hasta que hice planes para verlo durante un viaje a Dallas con motivo del cumpleaños de mi mejor amiga. Le envié un itinerario, planeé una cena, compré ropa cara, me peiné, me depilé y me preparé para el tiempo que pasaríamos juntos.</p><p>Al aterrizar, le envié un mensaje sencillo: "¿Todavía tienes tiempo para mí? Acabo de llegar a tu ciudad".</p><p>"Por supuesto", respondió.</p><p>Le envié un mensaje con la dirección del restaurante que había elegido laboriosamente para cenar esa noche. No respondió. Le envié otro mensaje unas horas más tarde para asegurarme de que la hora que había elegido le venía bien.</p><p>Las horas pasaban. Nada.</p><p>Al día siguiente, me alarmó que no me hubiera respondido, así que volví a escribirle para asegurarme de que estaba bien.</p><p>"Lo siento, estaba ocupado con algunas cosas", escribió. "No puedo esperar a verte hoy".</p><p>No pasa nada, le dije. Podíamos repetirlo ese mismo día en el almuerzo o esa noche en el bar al que mis amigas y yo planeábamos ir.</p><p>Estuvo de acuerdo.</p><p>Compartí todos los detalles del encuentro. Cautelosamente alegre de nuevo, imaginé cómo se desarrollaría la noche: si la gente comentaría lo bien que se veía la versión que Roy y yo teníamos del amor negro cuando entráramos en el local tomados de la mano.</p><p>Pero nunca apareció.</p><p>Al día siguiente, en el avión de vuelta a casa, tuve tiempo para reflexionar sobre cuánto espacio ocupaba Roy en mi vida, y cómo su ausencia lo reforzaba. Por mucho que quisiera creer que la carrera de mis sueños, las amistades sanas y las aficiones autocomplacientes ocupaban todo el espacio de mi corazón, aún quedaba suficiente margen para que algo más entrara.</p><p>El amor, ¿no?</p><p>Al final, al llegar a Chicago, Roy me envió un breve y vago mensaje de disculpa por su falta de respuesta. Evidentemente, no dio más explicaciones sobre la causa. En ese momento, me daba igual. Tenía que darme prisa y llegar a casa para planchar el vestido sexy que pensaba ponerme para la cena que tenía reservada para dentro de unas horas.</p><p>Tenía una cita muy esperada... conmigo misma.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/ODTCUQPXSFGDPCBSYGTWVQFQXY.jpg?auth=a52af44e39748f4d19ea077d29529b5934cf308e7aa8100d9699ad38463b09cf&amp;smart=true&amp;width=2520&amp;height=3000" type="image/jpeg" height="3000" width="2520"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">BRIAN REA</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Desplacé a los hombres, pero desplazar mi deseo por ellos es más difícil]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/09/27/desplace-a-los-hombres-pero-desplazar-mi-deseo-por-ellos-es-mas-dificil/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/09/27/desplace-a-los-hombres-pero-desplazar-mi-deseo-por-ellos-es-mas-dificil/</guid><dc:creator><![CDATA[Jasmine Browley]]></dc:creator><description><![CDATA[The New York Times: Edición Español]]></description><pubDate>Fri, 27 Sep 2024 16:15:22 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/BDOG4I2RMNDWJINUAXPVVA66RI.png?auth=a028d5dd416338c02a328fdcbd202aba4fa47ff8860adaab0e7f8ff470aae19f&smart=true&width=1920&height=1080" alt="" height="1080" width="1920"/><p>ORGANIZAR MI VIDA EN TORNO A UN FUTURO MARIDO IDÍLICO SIEMPRE ME HA PARECIDO MAL.</p><p>"¿No quieres casarte?", dijo Roy.</p><p>Esa pregunta siempre me erizaba la piel. "No", respondía con una sonrisa tímida y un modesto encogimiento de hombros. He aprendido a hacer que la gente, sobre todo los hombres, se sienta cómoda con mi respuesta severa a través de un humilde lenguaje corporal. "Querer eso es una carga demasiado grande cuando también quiero vivir una gran vida".</p><p>Roy arrugó el ceño mientras jugaba con las papas fritas tibias de su plato. Esta soleada cafetería me recordaba la cocina de mi tía sureña favorita. Quizá por eso me sentía tan a gusto sentada aquí con él. O quizá era él.</p><p>"Creo que entiendo lo que dices", dijo con su acento tejano. Pasó un largo rato. Era una de las muchas cosas que me gustaban de él: su relación coqueta con los silencios medidos. Finalmente, dijo: "Quiero casarme algún día. ¿Quieres saber por qué? Sé que mi gran vida será aún más grande con ella".</p><p>Conocí a Roy en un bar de Dallas el 19 de junio de 2022, uno de los mejores momentos y lugares para ser negra, joven y orgullosa. Recién llegada en avión desde Chicago, estaba calientita, borracha y feliz mientras seguía a mis amigas entre una multitud de juerguistas. Al sentir un tirón en la trabilla trasera de mis pantalones de mezclilla, volteé y vi a Roy ahí parado, alto, moreno y sonriente.</p><p>"¿Puedo ayudarte en algo?", pregunté.</p><p>"Sí, creo que puedes", respondió.</p><p>Acabamos bailando, bromeando y tocándonos el tiempo suficiente para que mis amigas tuvieran que venir a buscarme entre la multitud para comunicarme que se iban al siguiente bar. Antes de seguirlas afuera, Roy y yo intercambiamos números. No esperaba volver a saber de él, como con la mayoría de los contactos coquetos que había tenido con hombres a lo largo de los años. No podría haberme importado menos.</p><p>A los 32 años, hacía tiempo que me había dado permiso para alcanzar la autorrealización con o sin encontrar nunca el amor romántico eterno. Tenía amor de familia. Amor de amigos. A diferencia de algunas de mis amigas, cuya felicidad absoluta dependía de su futuro marido e hijos sin nombre ni rostro, a mí a menudo me aterraba la idea de atarme a esas cosas.</p><p>"¡La vida es mucho más que eso!", pensaba mientras mis amigas hablaban del vestido de sus sueños o del corte de diamante ideal para el anillo que llevarían con orgullo el resto de sus vidas. Cómo serían la matriarca en su versión moderna de los Huxtable: el epítome de la estructura familiar nuclear negra y excelente.</p><p>Todo eso me daba náuseas solo de pensarlo.</p><p>Me gustaría pensar que mi desconexión de la vida doméstica se debió a una serie de desamores adolescentes y veinteañeros causados por relaciones y situaciones que salieron mal, pero todo empezó mucho antes. En el segundo año de la escuela primaria, me di cuenta de lo serias que se ponían las chicas con sus enamoramientos. Y cómo cambiaban sus pequeñas personalidades incipientes para adaptarse a lo que creían que llamaría la atención de los chicos.</p><p>Incluso entonces, a los 6 años, pensaba: "Qué asco".</p><p>Leí que a muchas adolescentes las inundan durante sus años de formación con imágenes que moldean sus expectativas del amor, en lo que se basa la mayoría de sus decisiones más importantes en la vida, y que la mayoría de los anhelos que tendrán más tarde de ser esposas son la manifestación del condicionamiento temprano de las películas de cuentos de hadas de Disney que veían mientras crecían.</p><p>Precisamente por eso no me permití esperar demasiado de Roy aquella primera noche que nos conocimos. Sí, el coqueteo fue delicioso, y él mostró las clásicas señales de que yo también le gustaba. Pero, ¿y qué? No tenía visión de lo que vendría después y me pareció bien dejarlo donde lo conocí.</p><p>En ese momento llevaba casi un año sin salir con nadie, y era maravilloso, algo un poco raro. Así que recurrí a internet para investigar, y encontré el término que se proponía en TikTok para lo que había estado sintiendo durante la mayor parte de mi vida: oficialmente había "desplazado a los hombres".</p><p>Es un movimiento que deja espacio para que las mujeres se pongan a sí mismas en primer lugar en lugar de enfocarlo todo, se den cuenta o no, en las opiniones y la influencia de los hombres. Después de caer en el agujero negro de TikTok, me di cuenta de que una de las cosas que más me gustaba del fenómeno era que el movimiento no consistía en rechazar tu feminidad. Tampoco se trataba de odiar, repeler intencionadamente o eliminar a los hombres. Ellos simplemente requerían demasiada energía para preocuparse por ellos --, al menos-- y se trataba de que las mujeres no pusieran a los hombres en el centro de sus vidas.</p><p>No es un concepto nuevo en absoluto. Al menos cuatro olas de feminismo implicaron alguna forma de centrarse en las mujeres por encima de los hombres en sus vidas, incluso las mujeres cishetero. Por fin. Sentí que no estaba sola en mi desinterés por el concepto de conseguir y conservar a un hombre como validación de mi existencia como mujer.</p><p>Y, sin embargo, el corazón me dio un vuelco cuando Roy me envió un mensaje de texto dos días después. Y me dolía la cara de tanto sonreír cuando tuvimos nuestra primera cita perfecta la noche siguiente. Me dolía el estómago de las carcajadas que me arrancaba con sus bromas oportunas.</p><p>Acabamos pasando toda la noche juntos, estrechando lazos como no lo había hecho con un chico desde antes de reconocer el tipo de daño que podían hacer los hombres si no cuidaba mi corazón. Dios, ¿en quién me estaba convirtiendo?</p><p>Durante los siguientes meses, cada vez que estaba en Dallas por trabajo o para visitar a amigos, Roy era prioridad. Cuando estaba allí, era suya.</p><p>Lo irónico es que estuve mucho tiempo sin hablar con él. Sin mensajes. Ni llamadas. Nada de nada. Era una forma estupenda de afirmarme a mí misma que yo era lo primero. Para no perderme demasiado en la florida naturaleza poética de toda la situación. Mi vida seguía siendo mía. Mis pies seguían en el suelo. No habría planificación familiar, ni ilusiones, ni fantasías ni ensoñaciones flotantes sobre cómo sería un hogar si los dos lo creáramos juntos.</p><p>No, pensaría. Los hombres no son mi prioridad. Roy no es mi prioridad.</p><p>Y eso funcionó bien hasta que hice planes para verlo durante un viaje a Dallas con motivo del cumpleaños de mi mejor amiga. Le envié un itinerario, planeé una cena, compré ropa cara, me peiné, me depilé y me preparé para el tiempo que pasaríamos juntos.</p><p>Al aterrizar, le envié un mensaje sencillo: "¿Todavía tienes tiempo para mí? Acabo de llegar a tu ciudad".</p><p>"Por supuesto", respondió.</p><p>Le envié un mensaje con la dirección del restaurante que había elegido laboriosamente para cenar esa noche. No respondió. Le envié otro mensaje unas horas más tarde para asegurarme de que la hora que había elegido le venía bien.</p><p>Las horas pasaban. Nada.</p><p>Al día siguiente, me alarmó que no me hubiera respondido, así que volví a escribirle para asegurarme de que estaba bien.</p><p>"Lo siento, estaba ocupado con algunas cosas", escribió. "No puedo esperar a verte hoy".</p><p>No pasa nada, le dije. Podíamos repetirlo ese mismo día en el almuerzo o esa noche en el bar al que mis amigas y yo planeábamos ir.</p><p>Estuvo de acuerdo.</p><p>Compartí todos los detalles del encuentro. Cautelosamente alegre de nuevo, imaginé cómo se desarrollaría la noche: si la gente comentaría lo bien que se veía la versión que Roy y yo teníamos del amor negro cuando entráramos en el local tomados de la mano.</p><p>Pero nunca apareció.</p><p>Al día siguiente, en el avión de vuelta a casa, tuve tiempo para reflexionar sobre cuánto espacio ocupaba Roy en mi vida, y cómo su ausencia lo reforzaba. Por mucho que quisiera creer que la carrera de mis sueños, las amistades sanas y las aficiones autocomplacientes ocupaban todo el espacio de mi corazón, aún quedaba suficiente margen para que algo más entrara.</p><p>El amor, ¿no?</p><p>Al final, al llegar a Chicago, Roy me envió un breve y vago mensaje de disculpa por su falta de respuesta. Evidentemente, no dio más explicaciones sobre la causa. En ese momento, me daba igual. Tenía que darme prisa y llegar a casa para planchar el vestido sexy que pensaba ponerme para la cena que tenía reservada para dentro de unas horas.</p><p>Tenía una cita muy esperada... conmigo misma.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/BDOG4I2RMNDWJINUAXPVVA66RI.png?auth=a028d5dd416338c02a328fdcbd202aba4fa47ff8860adaab0e7f8ff470aae19f&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[Donald Trump en el machoverso]]></title><link>https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/09/02/donald-trump-en-el-machoverso/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2024/09/02/donald-trump-en-el-machoverso/</guid><dc:creator><![CDATA[John Branch]]></dc:creator><description><![CDATA[Reportajes Especiales - News]]></description><pubDate>Mon, 02 Sep 2024 21:30:21 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/TSMTOM7VCFHZFIBSMES42YYF7E.jpg?auth=7a9c4b08061ef603068200b56e0817c53cc86b52e8f38fc7604123500921b142&smart=true&width=6000&height=3530" alt="" height="3530" width="6000"/><p>LAS VEGAS -- Un sábado sofocante en los suburbios de Las Vegas, dentro de un casino fresco a varios kilómetros del Strip, alrededor de 100 personas se formaron para ver al grupo Nelk Boys. La mayoría de los aficionados eran hombres jóvenes, veinteañeros, que habían ido para conocer a su grupo favorito de bromistas y podcasteros de YouTube. Dos mujeres jóvenes, que vestían pantalones cortos y camisetas ajustadas, repartían refrescos alcohólicos Happy Dad, parte de la creciente línea de mercancía de los Nelk Boys.‌Unas horas después, los Nelk Boys estaban en el corazón de la ciudad dentro de la T-Mobile Arena, llena a reventar. Dana White, director ejecutivo del Ultimate Fighting Championship, le dio la bienvenida a la multitud que agotó las entradas para el evento más reciente del UFC. Donald Trump Jr. estaba sentado al lado del octágono.‌Unas dos semanas después, White presentó al expresidente Donald Trump en la Convención Nacional Republicana, donde se anunció que el senador de Ohio JD Vance sería el compañero de fórmula de Trump. Los Nelk Boys aparecieron ahí también. Poco después, entrevistaron a Vance en su pódcast, Full Send.‌Estas colisiones repetidas de órbitas impulsadas por testosterona son una estrategia de campaña, no una coincidencia.‌En una época en que la brecha de género es inmensa en la política entre los jóvenes (las mujeres son de izquierda, mientras que los varones son de derecha), el equipo de campaña de Trump se ha esforzado en fomentar el voto que podría calificarse "de cuates", el bando de los chicos de fraternidad. Se trata del rango de edades entre 18 y 29 años, que desde hace tiempo se ha considerado inalcanzable y poco confiable, pero que los republicanos creen que podría ser decisivo en las elecciones de este año.‌Para encontrarlos, Trump y sus aliados se han dedicado a explorar hasta las profundidades del universo --un machoverso-- de estrellas de las redes sociales con audiencias machocéntricas: los Nelk Boys, White y UFC, Dave Portnoy y su red de medios Barstool Sports, youtuberos como Jake y Logan Paul, podcasteros como Theo Von y anfitriones de transmisiones en vivo como Adin Ross.‌Estas personalidades ya son los Sean Hannity, Tucker Carlson y Rush Limbaugh de esta generación, pero sin el velo político obvio. Solo son chavos que la pasan bien, hablan sobre deportes, apuestan, organizan fiestas y, más que nunca, se interesan en la política presidencial.‌Los Nelk Boys han jugado golf con Trump, abordado el Air Force One y visitado Mar-a-Lago. Han conversado con el expresidente dos veces en su pódcast. En algunas ocasiones, Trump los menciona en sus discursos de campaña, referencia que probablemente no comprenden los asistentes de mayor edad, pero no así los hombres jóvenes de la audiencia.‌"Creo que necesitamos que vuelvas justo ahora", le dijo a Trump Kyle Forgeard, el rostro público de 30 años de edad de los Nelk Boys, antes de arrancar una entrevista frente a las cámaras en 2023. "O sea, necesitamos que regreses a ocupar el cargo".‌Trump, sin filtros ni refutaciones, habló de la locura de los molinos de viento y los autos eléctricos, de la "invasión" de extranjeros de segunda que salieron de "asilos para dementes", de Hannibal Lecter, de ovnis, del presidente ruso Vladimir Putin y el de Corea del Norte, Kim Jong-un, de la posibilidad de una guerra nuclear, y también de los demócratas.‌"Casi parece que de verdad odian a nuestro país", afirmó Trump.‌Forgeard y Aaron Steinberg, los dos miembros de los Nelk Boys que realizaron la entrevista, asintieron. Después de que se fue Trump, rieron con un empleado de apoyo y se abrazaron, al parecer contentos por la proximidad y el acceso.‌Quizá no escuchaste el pódcast ni lo viste en YouTube. Quizá nunca has escuchado nada sobre los Nelk Boys, los hermanos Paul o Portnoy.‌Pero otros millones sí. La mayoría de ellos son varones jóvenes que podrían votar y, de hacerlo, podrían tener una influencia importante para decidir quién gana.‌ El voto de los cuates ‌En el poblado universitario de Bozeman, Montana, miles de personas con gorras y camisetas de Trump se formaron para entrar a un mitin con el expresidente el 9 de agosto. Muchos de ellos eran hombres jóvenes. Y la mayoría sonrió con familiaridad cuando salió el tema de los Nelk Boys.‌Entre ellos estaban Louis Wagner-Lang y Van Ricker, ambos de 21 años, estudiantes de último año en la Universidad Estatal de Montana, y el hermano de Ricker de 23 años, Charlie Ricker.‌"Los Nelk Boys y la política van de la mano", explicó Van Ricker. "Las redes sociales estallaron al mismo tiempo que está estallando la política".‌Hicieron referencia al Cybertruck de Tesla que Ross, una celebridad de internet con millones de seguidores, le dio a Trump unos días antes durante una transmisión en vivo. Comentaron que se enteraban de cuestiones de política gracias a los Nelk Boys y otros.‌"Es parecido a lo que hacen los adultos con las noticias", señaló Charlie Ricker.‌Comentaron que les gusta la estructura informal de los pódcast, sin la fachada profesional de las opiniones de expertos en las cadenas.‌"Son muy directos", opinó Wagner-Lang. "Dicen algo y piensas: 'Suena de lo más lógico'".‌Los tres jóvenes compartieron sus inquietudes sobre la situación del país: el costo de la vivienda, el precio de los víveres, la frontera. Opinaron que Trump refuerza la idea de que a los hombres, en especial los hombres blancos como ellos, los han pintado como villanos, cuando en realidad solo quieren poder mantener a su familia en el futuro.</p><p>En un video reciente, los Nelk Boys aparecen viendo el discurso de aceptación de Kamala Harris en la Convención Nacional Demócrata en un enorme televisor; de repente, uno de ellos se levanta y golpea el rostro de la candidata en la pantalla varias veces con un mazo.‌ Ya no son solo los deportes ‌En el verano de 2016, otro año de elecciones con Trump, la política invadió los deportes y la cultura pop de otra manera. El mariscal de campo de la NFL Colin Kaepernick comenzó a arrodillarse para el himno nacional en señal de protesta por la brutalidad policial contra los hombres negros. Trump y sus seguidores se sumaron a las críticas verbales contra "lo progre" y llamados a "limitarse a los deportes" que se escuchan con regularidad hoy en día como queja cuando algunos atletas o celebridades apoyan causas demócratas.‌No obstante, algunas celebridades de internet como los Nelk Boys y líderes deportivos como White ahora hurgan en los recovecos más escondidos de la política estadounidense, ya sea por principio o por obtener ganancias. ¿Deberían también limitarse a aquello que los hizo famosos?‌"Solía pensar así", comentó Charlie Ricker. "Pero lo que dicen es lógico. Y de verdad quiero que gane Trump".‌La primera aparición en público de Trump después de que un jurado de Nueva York lo condenó por 34 cargos de delitos graves fue en un evento del UFC en Newark, Nueva Jersey. Ingresó a la arena al son de la canción "American Bad Ass" de Kid Rock y aprovechó el evento, al lado de White, para lanzar su cuenta de TikTok.‌Poco después, Trump apareció en el pódcast de Logan Paul, luchador profesional y estrella de las redes sociales. Su primera pregunta fue la siguiente: ¿Por qué querría Trump darle su tiempo a un país que intenta derribarlo? Bien motivado, Trump dedicó casi una hora a gimotear sobre teorías de fraude electoral, la injusticia de los medios y el mundo en llamas. "Este país se va a ir al infierno", declaró.‌Unas semanas antes, Logan Paul tuvo en su programa al mariscal de campo de la NFL Patrick Mahomes. En esa ocasión, la conversación versó sobre Travis Kelce y los supertazones; en esta, fue sobre la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial.‌"Escúchame bien, si Hillary Clinton hubiera ganado, habríamos tenido una guerra nuclear", afirmó Trump.‌También hablaron de ovnis. Trump dijo que la clave para una mayor seguridad en la frontera era tener más pastores alemanes. Cuando le preguntaron si alguna vez se había peleado a golpes, Trump tartamudeó. "Tal vez no", respondió, y concluyó con una broma: "Me gustaría decir que me abrí paso a golpes en la escuela de finanzas Wharton".‌Al terminar, los hombres se dieron la mano. "Claro, van a tener números elevados de audiencia en este episodio", vaticinó Trump. Sus predicciones fueron correctas. La entrevista acumuló más de seis millones de vistas en YouTube, mientras que el episodio centrado en deportes con Mahomes tuvo un millón.‌Jake Paul, el hermano de Logan Paul, peleador del UFC y otro gigante de las redes sociales (que ahora espera pelear con Mike Tyson) también es muy franco con respecto a su apoyo hacia Trump.‌"Cuando intentas matar a los ángeles de Dios y salvadores del mundo, solo consigues agrandarlos", publicó en la plataforma de redes sociales X poco después del intento de asesinato contra Trump el 13 de julio. "El bien vence al mal siempre. #Trump2024".‌Unas semanas después, publicó un clip en Instagram en el que aparece con el expresidente, sobreactuando como si estuvieran en la ceremonia de pesaje de un par de tipos duros. "Necesitamos que Trump noquee a todos sus oponentes el día de las elecciones para salvar a Estados Unidos", escribió. Trump compartió esa publicación con sus 26 millones de seguidores en Instagram, casi los mismos que Paul.</p><p>Política de masculinidad ‌Cada cuatro años, los equipos de campaña y analistas políticos dividen a los electores en subgrupos pequeños que creen podrían cambiar el voto. Las madres de los suburbios de Míchigan. Los jubilados de Arizona. Los latinos en Nevada. Los electores negros en Georgia.‌Pero la brecha de género es una tendencia inmensa que abarca estados pendulares y grupos raciales. Encima, es más prominente entre los electores jóvenes. Una serie de encuestas organizadas por The New York Times y Siena College en seis estados pendulares en agosto revelaron que los varones jóvenes prefieren a Trump por 13 puntos, mientras que las mujeres jóvenes prefieren a Harris por 38 puntos, una diferencia de 51 puntos.‌John Della Volpe, director de encuestas del Instituto de Política en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, identificó una división similar en sus estudios.‌"Los varones jóvenes me dicen que están reflexionando sobre lo que significa la masculinidad, lo que significa ser adulto", afirmó Della Volpe. "Muchos de ellos vieron en Trump a alguien que puede ser su versión de masculinidad".‌Della Volpe explicó que esos posibles electores, algunos de los cuales votarán por primera vez, siguen a Trump más por su personalidad que por sus políticas. Ven que habla en contra de la corrección política y recibe oleadas de ataques, desde críticas moralistas y casos judiciales hasta un intento de asesinato.‌La pregunta es si Trump es capaz de atraer a los hombres jóvenes a las urnas. Hay motivos para ser escépticos: las encuestas del New York Times y Siena College muestran que aproximadamente un tercio de los jóvenes que comparten que planean votar por Trump no votaron en 2020. Los hombres jóvenes también dicen que es menos probable que voten que los electores mayores.‌De los hombres jóvenes que sí se presentan a votar, Della Volpe hizo notar que, al parecer, es más probable que los más jóvenes, los que votan por primera vez, voten por Trump.‌"El votante primerizo estaba en la secundaria cuando Trump apareció en escena en 2015, 2016", comentó Della Volpe. "Lo ven más como un antihéroe que como un villano".</p><p>La silueta del expresidente Donald Trump aparece detrás de una cortina antes de su discurso durante un mitin en Wilkes-Barre, Pensilvania, el 17 de agosto de 2024. (Doug Mills/The New York Times).</p><p>Electores varones entre los seguidores en un mitin del expresidente Donald Trump en Wilkes-Barre, Pensilvania, el 17 de agosto de 2024. (Doug Mills/The New York Times).</p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/TSMTOM7VCFHZFIBSMES42YYF7E.jpg?auth=7a9c4b08061ef603068200b56e0817c53cc86b52e8f38fc7604123500921b142&amp;smart=true&amp;width=6000&amp;height=3530" type="image/jpeg" height="3530" width="6000"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">DOUG MILLS</media:credit></media:content></item></channel></rss>