<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Infobae.com]]></title><link>https://www.infobae.com</link><atom:link href="https://www.infobae.com/arc/outboundfeeds/rss/tags_slug/lucio-v-mansilla/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[Infobae.com News Feed]]></description><lastBuildDate>Fri, 06 Nov 2026 02:39:33 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[El contexto, la técnica y un duelo entre escritores en 1856: Piglia, tras las pistas de la novela argentina]]></title><link>https://www.infobae.com/leamos/2022/04/01/el-contexto-la-tecnica-y-un-duelo-entre-escritores-en-1856-piglia-tras-las-pistas-de-la-novela-argentina/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/leamos/2022/04/01/el-contexto-la-tecnica-y-un-duelo-entre-escritores-en-1856-piglia-tras-las-pistas-de-la-novela-argentina/</guid><dc:creator><![CDATA[Luciano Sáliche]]></dc:creator><description><![CDATA[Eterna Cadencia acaba de publicar “Escenas de la novela argentina”, un libro que reúne las cuatro clases que el autor de “Respiración artificial” brindó en la TV Pública en 2012, tres antes de su muerte]]></description><pubDate>Tue, 22 Sep 2026 19:14:22 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/M7BMO6BSKFAXDMRYDQDIRDFYMA.jpg?auth=5a0b1d9e8084478776c963449f608fbb5ca29950f51c2e39ccefeab6cf6c4d69&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Ricardo Piglia (Foto: Télam)" height="1080" width="1920"/><p>Es 1856 en Buenos Aires y 1200 hombres esperan ver sangre. Un luchador estadounidense de nombre <b>Míster Charles</b>, enorme, musculoso, se golpea el pecho en el escenario del Teatro Argentino. Es, según se lee en los carteles de la ciudad, el hombre más fuerte del mundo. Su promesa: pagarle dos mil pesos al que fuera capaz de vencerlo. ¿Quiénes lo intentarían esa noche? Lo dicen las crónicas periodísticas del día siguiente: tres argentinos, tres italianos, dos vascos, un irlandés, un uruguayo, un francés y un hombre de nacionalidad desconocida. Personajes ilustres estuvieron presentes. Uno de ellos es Sarmiento, que ya había escrito el <i><b>Facundo</b></i>, que ya había escrito <i><b>Recuerdos de provincia</b></i>, que estaba de regreso de su exilio en Chile, que al día siguiente publicaría una crónica sobre la lucha como epopeya. Y también estaban dos escritores que nos interesan particularmente: <b>José Mármol</b> y <b>Lucio V. Mansilla</b>, quienes se desafiarían a duelo.</p><p>Con esta viñeta empieza <i><b>Escenas de la novela argentina </b></i>de <b>Ricardo Piglia</b>, recientemente editado como libro por Eterna Cadencia. El volumen reúne las cuatro clases que el escritor brindó en la <i>TV Pública </i>en el año 2012 y se pueden ver en YouTube. Volvamos a 1856. Mansilla, desde un palco del teatro, pega un grito. Le habla a Mármol pero a todos los presentes. “Pueblo de Buenos Aires, denuncio a Mármol como calumniador. Hace mucho tiempo que estuve buscando una oportunidad como esta para echarle públicamente un guante en la cara; hoy no estuvo presente ninguna dama y la oportunidad era la que yo ansiaba”. Efectivamente, al ser una noche de pelea, no estaba permitido el ingreso a mujeres. Mármol acaba de llegar del exilio. La Batalla de Caseros todavía está presente; sus cenizas continúan humeantes. Urquiza está en la Presidencia. Mansilla es cuñado de Rosas, por eso el público comienza a gritarle “mazorquero”, sin embargo no se achica.</p><p>¿Por qué Mansilla lo reta a duelo? <b>José Mármol</b> había publicado, cinco años atrás y en forma de folletín, su obra más importante, <i><b>Amalia</b></i>, una novela que si bien se centra en una historia de amor lo que narra es la persecución de <b>Juan Manuel de Rosas</b> a sus opositores políticos. Considerada por muchos la primera novela rioplatense, <i><b>Amalia </b></i>se publicó en formato libro en 1855, un año antes de aquella noche en el Teatro Argentino. Hay un capítulo puntual: “Quinientas onzas”. “Mármol dice de una manera explícita que la familia Mansilla es corrupta y cuenta una situación en la que alguien es presionado para dar quinientas onzas al padre de Mansilla. Pero lo extraordinario es que Mansilla dice que lo hace por la madre, que se siente ofendido por el modo en que la madre está siendo tratada en la escena, aunque en la escena de la novela la madre no aparece”, cuenta <b>Ricardo Piglia </b>en este libro que reescribió un año antes de morir.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/4NJUWAIFVNCPHPFEUS5F5E7SAM.png?auth=c4dfbc5b2985ab2ce2e51a5871db510ce53ec55388e093e26dee640a79b2de33&smart=true&width=1920&height=884" alt="José Mármol y Lucio V. Mansilla" height="884" width="1920"/><p>Lo que Piglia buscaba con estas clases era “adaptar la televisión a la cultura y no al revés”. Podría haber dicho literatura, adaptar la televisión a la literatura, pero no: marca una distinción, en esta especie de sutileza veloz, entre la cultura y el entretenimiento. Con su apasionada forma de hablar de literatura, se lanza a la caza de nuevos públicos, nuevos lectores; nuevas audiencias, se diría hoy. “No sólo llevar la literatura a un espacio como la televisión, sino también llevar el formato de la clase, que tiene, como sabemos, algo de teatral y tienen también una larguísima tradición como forma de transmitir la experiencia”, sostiene. “La clase como intercambio”, algo que “le da el aire de conversación que estoy buscando”. Un año antes, en 2011, Pigilia decidió volver a la Argentina luego de varios años viviendo en Estados Unidos, donde daba clases en universidades como Harvard y Princeton. Se instaló en Buenos Aires en diciembre; las clases las dictó en septiembre de 2012.</p><p>Su objetivo central es pensar lo específicamente argentino en la novela argentina. ¿Acaso hay algo particular en la forma que nuestro país, nuestra sociedad, nuestra contexto produce historias enmarcadas en ese “género mutante”? “La novela no es la historia”, dice Piglia. La historia “trabaja con grandes acontecimientos y grandes masas”; la novela “individualiza los hechos y trabaja sobre acontecimientos microscópicos a través de los cuales consigue transmitir la experiencia de la época, ya sea del presente o de un momento histórico”. Sin embargo, ambas dimensiones se retroalimentan. En la novela argentina, continúa, suele haber “una tensión con un presente que nunca está”, pero eso más bien “es un dato de la cultura argentina”. Una especie de maldición, la de nunca poder ser contemporáneo del todo. “La literatura no refleja la realidad, sino que muchas veces se anticipa y muchas veces da a juzgar situaciones históricas”, sostiene.</p><p>Esta edición al cuidado de <b>Luisa Fernández</b>, quien en la breve introducción dice que <i><b>Escenas de la novela argentina</b></i> permite “continuar, por otros medios, con el <i>rito inmemorial</i> de transmitir la experiencia, los modos de leer y los saberes culturales”, cuenta con un diagrama muy preciso: cada una de las cuatro clases tienen, además, una conversación entre Piglia y otro autor —<b>María Moreno, Juan Sasturain, Ricardo Bartís </b>y <b>Horacio González</b>—, las preguntas finales del público que el escritor siempre responde de forma muy esclarecedora, cuatro ensayos que se añaden como corolarios: “Una excursión a las indios ranqueles”, “Literatura y fotografía”, “Dificultades para decir la verdad” y “Un lapsus deliberado”. Este último ensayo es en realidad la transcripción de una de las clases del programa <i><b>Borges por Piglia</b></i> y que realizó <b>Sabrina Ramallo</b> a pedido del propio autor.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5IT75AEZ7JF4DPHALKTRW2CRL4.png?auth=dd50b6da627d3449a5d8e0e06a606d003e589d52350ac4349c622f5e4812b853&smart=true&width=1920&height=1080" alt=""Escenas de la novela argentina" (Eterna Cadencia) de Ricardo Piglia" height="1080" width="1920"/><p>Cuando<b> Eduardo Wilde</b> visita una muestra en Nueva York con los inventos de <b>Edison </b>se fascina y a la vez se aterra. Sus impresiones se publican en <i><b>Viajes y observaciones</b></i> de 1892. El fonógrafo le produce un especial interés. Grabar voces era algo novedoso, imposible. Se desliza hacia el espiritismo y escribe que “muchos muertos enterrados en los cementerios de Brooklyn continúan hablando por los aparatos de Edison”. Esta escena es la que abre la segunda clase de Piglia porque, para él, la técnica es fundamental para entender la literatura, porque son “formas de reconstrucción de la narración”. ”La novela no solamente tiene conexiones con el mundo social, también tiene conexiones con aquellos que nos comunica con el mundo social. Es decir, hay una mediación entre el mundo social y la novela. El grabador sería el ejemplo de un elemento donde esa suerte de discursividad social, que en un sentido ha sido siempre el contexto de la novela, puede ser capturada”.</p><p>El ejemplo del grabador es clave. Si, como dice Piglia, “la relación del narrador con la realidad está mediada por las historias que circulan en la sociedad”, un aparato que permita reproducirlas de manera textual genera posibilidades inéditas. “Si hablamos de origen, hay que decir que, como suele pasarles a los medios de masas cuando nacen, la novela también tiene en el comienzo esa cualidad de efecto extraordinario que nadie espera”, y cita al <i><b>Quijote</b></i>, “una novela que tiene como héroe a un lector de novelas”. En su mirada, la novela está inevitablemente ligada al contexto, por eso es necesario pensar su relación con el periodismo, con el cine, con el grabador, con la televisión. “Debemos entender la historia de la novela como la historia de las técnicas que la acompañan” por el simple hecho de que “la novela es el primer género narrativo que surge después de la imprenta”, por el que “supone una lectura y la lectura supone un tipo de narración”.</p><p>Volviendo a la noche de 1856, lo que desata la pelea entre Mansilla y Mármol es una novela, la primera novela argentina. Piglia, que está pensando en “novelas que están produciendo cierto tipo de efecto en lo real”, encuentra en <i><b>Amalia </b></i>el origen de todo. “Podríamos decir que lo que imaginamos del rosismo fue construido por <i><b>Amalia</b></i>, que fijó el modo en que lo pensamos, y que los intentos de cambiar esa imagen que <i><b>Amalia</b></i><b> </b>puso en circulación han sido, yo diría, inútiles”, explica. En medio de la multitud expectante del teatro, Mármol acusa a Mansilla de buscar “un beneficio teatral” porque “si hubiera ido a mi casa, le hubiera arrojado los guantes y después le hubiera tirado encima las botas”. Se trenzan, se genera un tumulto y Mansilla termina preso. Catorce años después escribiría <i><b>Una excursión a los indios ranqueles</b></i> y, casi sin quererlo, sería el continuador del legado de la novela argentina que se inició con <i><b>Amalia</b></i>. “Lo divertido del asunto —dice Piglia— es que el francés derrota a <b>Míster Charles</b>, pero el luchador se escapa del hotel de la calle 25 de Mayo sin pagar el premio de dos mil pesos”.</p><p><b>SEGUIR LEYENDO</b></p><p><a href="https://www.infobae.com/cultura/2022/01/06/5-anos-sin-piglia-cual-es-su-mejor-libro/"><b>5 años sin Piglia: ¿cuál es su mejor libro? </b></a></p><p><a href="https://www.infobae.com/cultura/2020/05/10/40-anos-de-respiracion-artificial-fue-piglia-el-autor-de-la-gran-novela-sobre-la-dictadura/"><b>40 años de “Respiración artificial”: ¿fue Piglia el autor de la gran novela sobre la dictadura? </b></a></p><p><a href="https://www.infobae.com/cultura/2021/08/11/ricardo-piglia-mas-de-cinco-decadas-de-una-literatura-lucida-hecha-cuento/"><b>Ricardo Piglia: más de cinco décadas de una literatura lúcida hecha cuento</b></a></p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/SFF44G7Y6VBAHEHDGH7RCA6SJQ.png?auth=0eeba08ff608c5e81e11c44beb1f66477fa9f692d7212eaabe68294183dc3943&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/png" height="1080" width="1920"/></item><item><title><![CDATA[El trágico final del nieto del autor del himno nacional y el último disparo “antes de amigarse” en un duelo a muerte]]></title><link>https://www.infobae.com/historia/2025/12/29/el-tragico-final-del-nieto-del-autor-del-himno-nacional-y-el-ultimo-disparo-antes-de-amigarse-en-un-duelo-a-muerte/</link><guid isPermaLink="true">https://www.infobae.com/historia/2025/12/29/el-tragico-final-del-nieto-del-autor-del-himno-nacional-y-el-ultimo-disparo-antes-de-amigarse-en-un-duelo-a-muerte/</guid><dc:creator><![CDATA[Adrián Pignatelli]]></dc:creator><description><![CDATA[En las primeras horas del 29 de diciembre de 1894 fallecía por un disparo en el vientre Lucio V. López. Se había batido a duelo con un militar, acusado de la venta fraudulenta de terrenos. Las causas que llevaron al lance de honor y la inútil muerte de un intelectual de fuste]]></description><pubDate>Mon, 29 Dec 2025 06:04:37 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/VLPS32MO2BDN5BWVWL7RAOZ5RQ.png?auth=347680a6717e985dce512e609f5f0bfc3073da261e80937dd21222df391ae66a&smart=true&width=305&height=363" alt="Lucio Vicente López era abogado, profesor en la facultad, periodista y literato. Hacía quince días que había cumplido los 46 años" height="363" width="305"/><p>Desde joven, <b>Lucio Vicente López</b> pintaba para promesa política y luminaria esclarecida en la intelectualidad porteña en las últimas décadas del siglo XIX. Había nacido en Montevideo el 13 de diciembre de 1848 y llegó a Buenos Aires a los 15 años enviado por su papá. Bajo la tutela de Juan María Gutiérrez, estudió Derecho, y se graduó en 1873 con la tesis “Las obligaciones divisibles e indivisibles”. Fue el autor del libro <i>La gran aldea</i>, de 1884, que había salido antes en formato de folletín en el diario <i>El Nacional</i>. Tres años antes había publicado <i>Recuerdos de viajes</i> y, siguiendo un poco la tradición familiar, escribió <i>Lecciones de Historia Argentina</i>.</p><p><b>Se dedicó a su cátedra en la facultad, al periodismo y a la crítica literaria.</b></p><p><b>Carlos Sarmiento</b> era un sanjuanino de 33 años, y siempre quedó en la nebulosa si lo unía algún parentesco con Domingo Faustino. Tenía el mérito de haber llegado a coronel a los 28 años gracias a su inteligencia y formación. Su trayectoria, hasta el momento del lance, se resumía en haber sido profesor del Colegio Militar, jefe de dos unidades de artillería y de haber sido secretario privado del <b>general Luis María Campos</b>, ministro de Guerra.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/5XHALNP5JJEONGQMACIYP7PC7U.jpg?auth=ce8e25e98459b9224da0aacf8b37db92c3c044b00cbb55e7ed351847aad18375&smart=true&width=382&height=384" alt="Carlos Sarmiento en su vejez. Tenía 33 años cuando se batió a duelo" height="384" width="382"/><p>Luego del frustrado golpe radical de fines de julio de 1893, se dispuso la intervención de la provincia de Buenos Aires. Eduardo Olivera, el interventor, renunció a los 35 días y el 21 de septiembre de 1893 <b>López se hizo cargo de un distrito complicado.</b> Parecía continuar una suerte de saga de desafíos familiares. La había iniciado su abuelo, Vicente López y Planes, el autor de las estrofas del Himno Nacional, cuando primero reemplazó a Bernardino Rivadavia cuando renunció en 1827 y luego cuando fue gobernador de Buenos Aires a la caída de Juan Manuel de Rosas. Su hijo Vicente Fidel López, historiador, legislador y abogado, debió exiliarse en Uruguay durante el rosismo.</p><p>Cuando se sentó en el sillón de interventor, <b>todos supieron que trabajaría en serio.</b></p><p>A los pocos días, recibió una denuncia sobre <b>ventas irregulares de tierras en tres partidos bonaerenses.</b> Navarro Viola, su ministro de Obras Públicas, se ocupó de investigar una en particular, en Chacabuco, cuyo monto era millonario. Le pidió al Banco Hipotecario los detalles de esa venta que se había realizado al <b>coronel artillero Carlos Sarmiento</b>, en ese momento empleado como secretario del general Campos.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/H6I4GBJXNFB6DA73WFHERDJSLY.jpg?auth=eb15fe88708569ad5575595fa94f762cc17e1be698b1b9ad5324da35057ea63d&smart=true&width=1920&height=1080" alt="Lucio V. Mansilla fue uno de los padrinos de López. Fue el que habría pedido hacer un par de disparos más" height="1080" width="1920"/><p>Al haber hallado serias irregularidades en la operación de dichos terrenos, destinados al ensanche del ejido urbano de Chacabuco, que debían subdividirse y no venderse como si fuera uno solo, tal como se había hecho, <b>López ordenó anular la venta.</b></p><p>Cinco días después, el interventor, a través de su abogado Manuel Montes de Oca, elevó una <b>acusación criminal contra Sarmiento</b>. El militar acusó de “jactancia” a López, ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la que se declaró incompetente.</p><p>El militar estaba fuera de sí. Acusaba a los diarios por las noticias del caso que publicaban y se enfrentaba con los vecinos de Chacabuco, donde tenía campo, con los que se llevaba pésimo.</p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/JL6KQUMNMZEZHKBDYTWYRFQPWM.jpg?auth=6cfd1d04ea4d550e5fb18535928f41ede1aea50d5404a5fe4aa17556d6f1b931&smart=true&width=271&height=186" alt="Hipódromo de Belgrano. En ese predio se realizó el duelo, uno de los pocos que terminaron en muerte en nuestro país" height="186" width="271"/><p>Cuando se celebraron elecciones en la provincia, en la que resultó electo Guillermo Udaondo, el interventor dejó el cargo con la tranquilidad de la tarea cumplida.</p><p>Volvió a su vida de abogado y de docente universitario. Mientras tanto, Sarmiento, sobre quien pesaba un auto de prisión contra él, fue detenido y luego de estar preso tres meses en el Departamento Central de Policía, <b>la Cámara Nacional de Apelaciones lo liberó.</b></p><p><b>Retó a un duelo a muerte a López</b>, a través de una violenta carta que publicó en el diario <i>La Prensa </i>el 27 de diciembre. Ese día, López fue a verlo a su amigo Carlos Pellegrini a su estudio.</p><p>-Hola, Lucio -lo saludó Pellegrini-. Ya sé a qué vienes.</p><p>-¿Qué debo hacer? - preguntó.</p><p>-Batirte - le respondió su amigo.</p><p>Donde está el Estadio Monumental y su barrio circundante serpenteado por calles, algunas de trazado irregular, responden a un motivo: allí funcionó el Hipódromo de Belgrano, también llamado Nacional. Cuando no había carreras, sus instalaciones se usaban para eventos sociales y, ocasionalmente, para <b>dirimir cuestiones de honor a través del duelo, como fue en este caso.</b></p><img src="https://www.infobae.com/resizer/v2/YXFDLQL66ZCSFEBFL2IVRKBZ4A.png?auth=ae4fdacd10a40495211ce427aafca588d4b5f42b424a61a12619e349fb276e00&smart=true&width=138&height=166" alt="El sacerdote Eduardo O'Gorman, párroco de San Nicolás de Bari, le dio la extremaunción a López. O'Gorman era hermano de Camila, fusilada junto al cura Gutiérrez en los tiempos de Rosas" height="166" width="138"/><p>Establecido para las once de la mañana del <b>viernes 28 de diciembre de 1894</b>, los padrinos de López eran Lucio V. Mansilla y Francisco Beazley, mientras que los del coronel fueron el contralmirante Daniel de Solier y el general Francisco Bosch. El director del duelo fue Luis F. Navarro.</p><p><b>Sería a tiro de pistola de arzón</b>, llamada así porque iban en pistoleras amarradas al arzón de la silla de montar. </p><p>El lance sería a doce pasos de distancia y el principal problema del desafiado era que <b>no era idóneo en el uso de armas. </b></p><p>En el lugar, solo estaban los padrinos y dos médicos, Decoud y Padilla. Acompañaban a López, sus hermanos y sus dos hijos mayores.</p><p><b>En los dos primeros disparos, ambos fallaron.</b> Hubo un instante de duda entre los presentes, que creyeron que ahí terminaría todo. Alguien recordó que el duelo era a muerte.</p><p>Contaron que Mansilla le propuso al director del duelo, medio en serio y medio en broma, <b>un tiro más antes de amigarse</b>. “Mansilla, cuando va por la calle, se sonríe delante de todos los espejos. Si se mirara con el ceño adusto, mandaría los padrinos a su propia imagen reflejada en el vidrio”, lo describió Aristóbulo del Valle.</p><p>Cuando dispararon por tercera vez, <b>López se llevó sus manos al vientre.</b> Intentó caminar pero, con rostro pálido, cayó de rodillas. “¡Esto que me pasa es una injusticia!”, se lamentó. <b>A Sarmiento, el proyectil disparado por López le rozó la oreja.</b></p><p>López pidió a un amigo que fuera a su casa y le avisase a su esposa Emma Napp que estaba herido, pero no de gravedad.</p><p>En camilla fue trasladado para ser atendido pero exigió que lo llevasen a su casa, en avenida Callao 1852. Allí ya estaba el doctor Padilla, que había preparado suero. A mitad de camino <b>se descompuso y debieron aplicarle una inyección.</b></p><p>El herido conversaba con quienes rodeaban su cama, hasta se permitió hacer algunas bromas. Una junta de médicos coincidió en la gravedad del herido: <b>la bala le había afectado el hígado, el intestino y el bazo, y había salido debajo de la última costilla.</b></p><p>Al atardecer la hemorragia se detuvo, el paciente estaba animado pero la cara del doctor Padilla era de preocupación. “Voy a morir con la convicción de que <b>he sido uno de los hombres más honrados de mi país</b>. He levantado resistencias pero ellas no venían jamás del lado de los buenos”, dijo el herido.</p><p>Cerca de las 11 de la noche el padre Eduardo O’Gorman, párroco de San Nicolás de Bari, le dio la extremaunción. A la medianoche, perdió el conocimiento y minutos después de la una de la mañana, falleció. <b>Dos semanas antes había cumplido 46 años. </b></p><p>El entierro en Recoleta fue multitudinario. Muchos de sus amigos lo despidieron con discursos. Su amigo Miguel Cané habló de “un resto de barbarie que predomina entre los hombres cultos”. Pellegrini destacó que “pierde la patria una de sus más grandes esperanzas”.</p><p><b>La justicia miró para otro lado.</b> Falló que no estaba asentado en ningún lado que el duelo sería a muerte, que los padrinos habían acordado efectuar solamente dos disparos.</p><p>De Vedia y Mitre, que en esa época era casi un niño, recordaba la “<b>impresión de dolor, de estupor y de protesta</b> que provocó la muerte trágica de aquel noble espíritu que se llamó Lucio Vicente López”.</p><p>Todos los inculpados quedaron libres, incluido Sarmiento, que desapareció de Buenos Aires y <b>se encerró en su estancia de Chacabuco.</b></p><p>En 1905 pidió el retiro y se radicó en su provincia. El 7 de junio de 1907 encabezó un golpe militar e integró un triunvirato que se hizo cargo del poder, pero no tardó la provincia en ser intervenida por el gobierno nacional. Cuando se celebraron elecciones, <b>fue elegido gobernador para el período 1908-1911</b>. Dejó la provincia y algunos dicen que vivía en Zárate cuando murió en 1915.</p><p>Los duelos en el país estaban prohibidos desde los tiempos de la colonia y hasta se amenazó con el fusilamiento a quienes lo practicasen. Sin embargo, <b>esa insólita costumbre de hacerse matar para lavar el manchado honor siguió hasta</b> <b>comienzos de 1970.</b></p><p>Muchos lo aceptaban por el miedo a la condena de la sociedad, la misma que, al ver que uno de los contendientes moría, condenaba esta práctica a la que calificaba de bárbara y estéril, tal como lo percibió el infortunado López cuando supo que la vida se le iba por esa inevitable herida en el vientre. </p>]]></content:encoded><media:content url="https://www.infobae.com/resizer/v2/KHGM2FABCZBUXH7KEGETEE6SE4.jpg?auth=cf0c613dda9b5dba9c9d3402a05a542b2f6bcf345a5b82bebab10954d1c16b43&amp;smart=true&amp;width=1920&amp;height=1080" type="image/jpeg" height="1080" width="1920"><media:description type="plain"><![CDATA[Lucio V Lopez- coronel sarmiento- duelos]]></media:description></media:content></item></channel></rss>